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Diego Muñoz Camargo
Nydus Foundation
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1 pues aun cuando los bibliófilos se refieren á alguna otra crónica en mexicano, se tiene por perdida, y acaso yo solamente poseo algunos capítulos de ese manus- crito.
La obra de Muñoz Camargo puede considerarse inédita. De ella publicó Ternaux Compans una traduc- ción parafrástica. Mala es la traducción y rarísimos los ejemplares. En un periódico de Tlaxcala, se hizo 1 El Sr. Troncoso tiene preparado un extenso estudio sobre Muñoz Camargo. Por lo tanto aquí me limito á reproducir la noticia que de él trae Beristain. Dice: "Muñoz Camargo (D. Diego), notable mestizo tlaxcalteca, intérprete de los españoles, y diligente investigador de las antigüedades de su patria. Nació (dice Torquemada) en los primeros años de la Conquista y murió muy anciano. Escribió Historia de la Ciudad y República de Tlaxcala, manuscrito, de la cual se sirvió Torquemada para su Monarquía Indiana, y de la que asegura Clavijero que hay muchas copias en Europa y América."
La verdad es que Clavijero (Storia antica del Messico, tomo 1°, pá- gina 10) no dice que hay muchas, sino que existen copias, tanto en España como en México; y agrega que Muñoz Camargo escribió en cas- tellano.
también una edición de esta Historia; pero salió rnüy incorrecta, y no se encuentra un ejemplar de ella. En el año de 1871, cuando fui Gobernador del Distrito, dispuse que en el Periódico del Gobierno se imprimie- ra esta importante obra, para lo cual sirvió un manus- crito corregido por el Sr. D. Joaquín García Icazbal- ceta. Se publicó con el título de Fragmentos de la His- toria de Tlaxcala por Diego Muñoz Camargo; y abraza la impresión, desde el principio de la obra hasta la muerte de Tlahuicole y primeras noticias de la teoge- nía tlaxcalteca. Cuando me separé del Gobierno, mis sucesores suspendieron la publicación.
Corre esta obra en los manuscritos con el título de Pedazo de Historia, por faltarle el principio; aunque según mi parecer, falta muy poco; acaso solamente lo relativo á los toltecas. El original es una relación co- rrida, sin división alguna. Aquí se divide en dos li- bros: el primero trata de la Historia antigua; y el segundo de la Conquista, hasta el 59 Virrey D. Alvaro Manrique. A su vez cada libro se divide en capítulos con sus correspondientes sumarios. Al fin se pone el índice respectivo, para facilitar la consulta de la obra.
El Sr. Orozco y Berra me permitió que copiase yo algunas notas escritas por el Sr. D. José Fernando Ra- mírez, y éstas van marcadas con su inicial R.
Mérito ninguno hay en mi trabajo propio, si no es el afán de salvar nuestros viejos manuscritos, antes que la incuria y el tiempo los destruya.
Alfredo Chavero.
TJORTH CAROLINA
CAPITULO I.
"Tezcatlipoca Huemac persigue á Quetzalcoatl. — Matanzas que hace en los pueblos donde éste se había refugiado.— Separación délos Tarascos de las otras tribus pobladoras.—Trajes y costumbres bárbaras.—Motivos de la separación.—Adelántanse, dejando atrás á los Mexicanos, Tepanecas y otras tribus.—Origen de los nombres Tarasco y Michhuaque.
Linaje de los Tlaxcaltecas é que pasó con ellos por aquel estrecho * de que tienen noticia que vinieron 1 * ó que vi- niendo por el camino nacieron el Camaxtle* Dios de los Tlax- caltecas, sino que éste atravesó de la mar del Norte á la del Sur y que después vino á salir por las partes de Pánuco, como tenemos referido y adelante diremos; mas en efecto, después que Tezcatlipoca Huemac vino en demanda de Quetzalcohuatl, se hizo tanto de temer de las gentes, como no les oviese halla- 1 Las frases que están entre asteriscos son las variantes ó adiciones que tie- ne el manuscrito que me sirvió para la impresión que comencé á hacer en el año de 1871.
2 La verdadera ortografía es Camaxtli. En la edición de 1871 dice Yoa- maxtle, lo cual significa paño de la guerra. Si el primer nombre vino á ser co- rrupción del segundo, tendríamos la explicación de por qué Torquemada dice que Camaxtli era el mismo dios de los mexicas -Huitzilopochtli, deidad de la guerra. (Monarquía Indiana, tomo 1?, página 258).
do, hizo matanzas á toda la tierra, de suerte que se hizo temer y adorar por dios, tanto y de tal manera, que pretendió escu- recer la fama de Quetzalcohuatl, que vino á señorear la provin- cia de Cholula, y Quauhquecholla, Izúcar y Atlixco, y todas las provincias de Tepeyacac, Tecamachalco, Quecholac, Teohua- can; de tal manera que no había provincia de éstas que no le adorasen por dios; y ansí no fué menos en la provincia de Tlax- cala, que entre todos los dioses lo ponían por el primero y más valiente, ansí en ánimo como en fuerzas, industrias y ma- ñas, otro no se le igualaba, y ansí en la mayor parte de esta Nueva España fué muy conocido y por Dios adorado; y porque hemos tratado largamente deste Tezcatlipuca y de Quetzalco- huatl, no será razón pasar debajo de silencio ni de paso la cau- sa y razón que hubo de la división y apartamiento de los Ta- rascos Michuacanenses, según dejamos atrás declarado.
Como los Tarascos se adelantaron luego que pasaron el es- trecho de mar, en los troncos de árboles y balsas, y otros ins- trumentos de pasaje, y se metieron á vivir y á habitar en las siete cuevas, 1 espeluncas y cavernas de la tierra, hasta que hicie- 1 Todos los antiguos pueblos que habitaban el Valle de México, y los que se extendieron fuera de él por el Oriente, del otro lado de sus montañas, con- servaban el recuerdo de haber salido de una región común, llamada Chico- moztoc. Los antiguos cronistas, desde Motolinía en 1541 (Colección de docu- mentos para la Historia de México, publicada por Joaquín García Icazbalceta. —Epístola proemial.—Tomo 1?, página 7), nos hablan de ese Chicomoztoc, como punto de partida de las emigraciones. Los elementos jeroglíficos que so- bre ésto tenemos, son abundantes.
El códice Vaticano (Lord Kingsborough. Antiquities of México, tomo 2?, lámina 97) nos presenta gráficamente las siete cuevas que significan el Chico- moztoc; y en cada una de ellas se ve á un indio, con su arco y su flecha en la mano izquierda y un manojo de hierbas en la derecha. En las estampas del códice Kamírez (Eelación de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, página 18) las siete cuevas están representadas por siete círculos, y en cada uno de ellos se ve á un grupo de indios, hombre y mujer, los cuales- expresan las razas que habitaban en el Chicomoztoc. Sobre cada círculo está escrito un nombre, y los siete de las tribus son: Xuchimilcas, Chalcas, Tepa- necas, Culhuas, Tlalhuicas, Tlaxcaltecas y Mexicanos. En el atlas jeroglífico ron habitaciones y moradas, y como desde allí fueron crecien- do y tomando el tiento de la tierra y disposiciones della para poblarla; ya tenemos noticia cómo la mayor parte destas Na- ciones es gente desnuda y desarrapada, é de cómo la mayor parte no alcanzaban ropa con que cobijarse aunque algunas del P. Duran (Historia de las Indias de Nueva España, lámina 1?) se ve igual- mente á las siete tribus en las siete cuevas; y en la pintura inferior salen los emigrantes de una de ellas, que semeja la boca de una fiera. En el códice Au- bin (página 3) se representa á Aztlan, y debajo de la pintura está escrita la siguiente leyenda mexicana: Huexoízinca, Chalca, Xochimilca, Cuitlavaca, Malinalca, Chichimeca, Tepaneca, Matlatzinca, Ompahuallaque quinehuayan.
Esta leyenda significa: salieron después los huexotzincas, los chalcas, los xo- chimilcas, los cuitlahuacas, los malinalcas, los chichimecas y los matlatzincas.
Aquí, como en otras pinturas, en los huexotzincas están comprendidos los an- tiguos pueblos del otro lado del Valle de México, y entre ellos los tlaxcal- tecas.
Tenemos en esta materia otro jeroglífico de gran importancia: la tira del Museo. (Cuadro histórico-jeroglífico de la peregrinación de las tribus aztecas que poblaron el Valle de México. — Número 2. — Publicado en el Atlas geo- gráfico del Sr. D. Antonio García Cubas, de 1858). En ella están representa- das las tribus peregrinantes, cada una con su nombre jeroglífico, colocadas en línea vertical en el siguiente orden:
Matlatzincas, expresados con una red matlatl.
Tepanecas, expresados con el símbolo de piedra tetl.
Chichimecas, expresados, como de costumbre, con un arco y una flecha.
Culhuas, expresados con el símbolo del agua torcido, de culoa torcer el agua* El Sr. Kamírez equivocadamente tomó este signo por la hierba malinalli; pe- ro en él vemos claramente las gotas de agua.
Chololtecas, expresados con el signo figurativo del agua que cae, de choloa caer el agua.
Xochimilcas, expresados con una flor en un campo, de xochitl flor y campo Chalcas, expresados con su signo especial, un disco con cuatro circulillos equidistantes, símbolo de la piedra preciosa ehalchihuitl.
Huexotzincas, expresados con un sauz huexotl y el signo fonético tzinco, par- te inferior del hombre.
En la colección de M. Aubin (Eugéne Boban.—Documents pour servir á l'histoire du Mexique.—Paris.—1891) hay un códice titulado: Codex mexica- no, que contiene la historia de los mexicanos desde su partida de Aztlan has- ta 1590. En la pintura ó página 22, se ve en la parte inferior un semicírculo con siete curvas en su borde interior, las cuales representan las siete cuevas naciones vestían cueros y pieles de animales, ó por no tener industria para eso ó por haberles faltado instrumentos para po- der beneficiar algodón ó lana, ó porque totalmente carecían de todo lo necesario para se vestir, por cuya causa vinieron en demanda de las tierras más templadas que pudieron hallar, pa- del Chicomoztoc. A su lado hay una leyenda mexicana, que dice: De este lu- gar llamado Chicomoztoc salieron, etc. Sobre el símbolo del Chicomoztoc hay un cuádrete, del cual salen siete líneas que terminan en siete signos jeroglífi- cos, algo borrados ó por defecto del original ó de la fototipia. Sin embargo he comprendido algunos de ellos, y son los siguientes, comenzando de abajo arriba:
Chalcas, expresados con su símbolo conocido y ya descrito.
Huexotzincas, expresados con su signo ya referido, medio borrado.
Tepanecas, expresados con el signo de piedra tetl y una bandera pantli.
Culhuas, expresados con su signo ya referido, medio borrado.
Aculhuas, expresados con el signo de agua atl y un brazo acolli.
El signo sexto no puede distinguirse.
Xochimilcas, expresados con su signo conocido y ya explicado. En la misma colección hay otro códice, que se titula Historia mexicana. Da razón de él Boturini, en el catálogo de su Museo, párrafo VII, número 3. En las páginas 4 y 5 de este códice (Planche núm. 60 de la obra citada) están re- presentadas las ocho tribus peregrinantes que salieron con los mexicas del Chi- comoztoc. Estas tribus, según sus signos jeroglíficos, son: matlatzincas, tepa- necas, chichimecas, colhuas, chololtecas, xochimilcas, chalcas y huexotzincas.
Obsérvese que en esta pintura los nombres de las tribus y su orden correspon- den exactamente á los de la tira del Museo.
En el jeroglífico del pueblo de Cuauhtinchan, del Estado de Puebla, se po- ne igualmente á Chicomoztoc como el punto de partida de las emigraciones. En fin, los tarascos, en el mapa del pueblo de Jucutucato, aparecen también saliendo de Chicomoztoc.
Resulta pues, que todas las pinturas, contestes con la tradición y con las cró- nicas antiguas, reconocen un lugar común de origen, llamado Chicomoztoc.
Después de la expedición de nuestro colega el P. Aquiles Gerste á la Tarahu- mara, en donde viven aún la vida troglodita más de treinta mil indios, ya no podemos dudar de la ubicación del antiguo Chicomoztoc. Siete cuevas signi- fican esa vida troglodita. El Chicomoztoc era la Sierra Madre de nuestra ac- tual frontera.
Algunos refieren el Chicomoztoc á las siete cibdades del Nuevo México, que descubrió el calumniado P. Niza; pero la palabra cueva nos aleja por comple- to de esa suposición. Sin duda los nahuas de las casas grandes, cuando se ex- tendieron al Gila y á Chihuahua, se pusieron en contacto con los trogloditas, ra mejor poder conservar su desnudez y modo de vivir, con- vertida ya en uso de naturaleza; la causa que dicen que fué de su despojo y desnudez, es á saber que los Tarascos no acos- tumbraban traer bragueros, calzones ni zaragüelles, 1 ni otras maneras de coberturas para las partes deshonestas, sino como brutos animales inestados 2 de la venérea honestidad de hombres de razón, solamente tenían unas ropetas cortas á manera de saltambarcas que aún no les llegaban á las rodillas y sin man- gas, como unos coseletes sueltos y sin cuellos y abiertos para meter la cabeza, y lo demás todo cerrado, el cual hábito y tra- je en esta tierra es de mujeres; y el día de hoy usan en toda esta Nueva España y los llaman huipitti y los Españoles llaman camisas, y sobre esta ropeta se ponían encima una mantilla delgada de algodón á manera de sobre ropa que los mismos Tarascos llaman tzanatzi y los Mexicanos ayatl, y este fué su traje antiguo; la cual sobre ropa, manta ó sábana era labrada de labores tejidas muy curiosamente de colores muy vivos y diferentes imitativas á labores de seda, que se hacían de pelos de liebres y conejos, y el día de hoy se usan y estiman en mu- cho entre los naturales, y estas mantas ó sábanas anudaban sobre un hombro que les llegaban al tobillo más ó menos cortas ó largas. Las más cortas traían los mozos pulidos, y las largas los hombres viejos y ancianos, y este fué el uso antiguo de la gente Tarasca y el modo de su traje. Aunque usaban de otros géneros de ropa de plumas que llaman Pellones, de diferentes y les comunicaron parte de su cultura: entonces bajaron de las montañas algu- nas tribus de éstos, y se establecieron en las llanuras de la región meca, buscando de preferencia las islas de los lagos para sus habitaciones; y entonces también debieron recibir la lengua común, hoy llamada mexicano, y la arit- mética, el calendario y la religión de los tlapaltecas.
La región meca, que era al mismo tiempo la de los lagos, fué su nuevo pun- to de partida.
Véase la comprobación de esto en el códice Dehesa, Antigüedades mexica- nas publicadas por la Junta Colombina de México.—1892.
1 Especie de calzones follados y con pliegues. — R.
2 Inusitados, en la impresión de 1871.
colores y géneros ele aves; aunque los Mexicanos, Gulhuas, Te- panecas, Ulmecas y Xicalancas y demás naciones no usaron las camisas de los Tarascos ni de estas saltambarcas, mas usa- ron ele unos bragueros y coberturas para las partes genitales y posteriores por gran honestidad, aunque todo lo demás de su cuerpo quedaba desnudo y descubierto: usaban de muy ricas mantas de la manera y modo que atrás dejamos tratado, añu- dadas sobre un hombro.
La variedad que dicen haber habido entre los Mexicanos y Tarascos y demás naciones en el modo de vestir, fué que sien- do todos de una prosapia, descendencia y generación, y todos venidos por una vía y derrota y camino y parte, é que al pasar de un estrecho de mar de una parte á otra, ó de algún río cau- daloso, aunque algunos quieren decir que es el río de Toluca é que la tierra dentro por donde van, cuando se va acercando á la mar, que es muy grande é caudalosísimo, finalmente, que en esto no hay más claridad de esta de que si fué estrecho de mar ó si fué río el de Toluca, otra cualquiera; y al fin y al cabo estos Tarascos al pasarse quisieron adelantar y pasar primero, aunque les iban á la mano no consintiéndoselo las otras cua- drillas, estorbándoselos, diciéndoles que non pasasen así ni se pusiesen en tan grande peligro, porque en aquellos tiempos se tenía por gran hazaña y atrevimiento pasar la mar, mayor- mente aquellas gentes que perfectamente 1 supieron de nave- gación, en especial faltándoles barcos é instrumentos para se- mejante ocasión y pasaje; mas con todas estas persuaciones y porfías, entretanto que salieron con su comenzado propósito en que se obieron de adelantar como se adelantaron, y ansí fue- ron éstos los primeros de que se tiene noticia que pasaron aquel estrecho que ha de estar hacia á la parte del Poniente en cuan- to á nuestro centro. Finalmente, que al tiempo de pasar bus- caron modos y maneras inauditas, que fueron por unos troncos de árboles y balsas y otras cosas que la necesidad les enseña- ba, y ansí que para hacer maromas y sogas compelidos de la 1 Quizá imperfectamente.—R.
necesidad, se quitaron los bragueros y maxtles 1 (que ansí se llamaban en la lengua mexicana), los cuales son largos de más de cuatro brazas, á manera de almayzales labrados á los cabos de muy primas 2 labores de varias y diversas colores, de más de un palmo de labrado y tejido, y de ancho tendrán el que más palmo y medio de más y de menos; de manera que con esta necesidad se despojaron de sus bragueros para atar sus balzas y maderos, con que pasaron su naufragio hasta que se pusieron de la otra parte con sus hijos y mujeres, que debieron de ser gran muchedumbre de gentes.
Gomo quedasen tan desnudos, como en efecto quedaron y desabrigados, fueles necesario quitar las camisas de sus muje- res, y huipiles, y vestirse ellos, 3 dejándoles tan solamente las enaguas cubiertas y abrigadas de la cinta abajo, aunque adelan- te usaron echarse otra manta encima de los hombros con que se cubrían todo el cuerpo á manera de almalafas moriscas; y ansí quedaron con esta costumbre en memoria de aquel pasa- je, donde jamás perpetuamente los dichos Tarascos se pusieron bragueros, ni dejaron de traer los huipiles de sus mujeres, ni menos sus mujeres los traían ni ponían, en recordación y me- moria de su peregrinación y pasaje, ni menos las mujeres jamás se pusieron para ceñirse las enaguas, faja ni cinta, mas de las enaguas puestas y con una vuelta á manera de ñudo; y an- sí como estos fuesen los primeros que pasaron, vinieron á po- blar las provincias de Mechoacan, 4 donde después de muy can- sados pararon hallando aquellas tierras muy á su propósito y 1 Maxtli.
2 Primorosas, en la impresión de 1871.
3 En la tradición mexica es diferente esta leyenda. Según ella, estando los mexicanos en Pátzcuaro con los tarascos, les mandó su dios Huitzilopochtli que siguiesen su camino, y cuando éstos estuviesen bañándose les robasen sus ropas, para que no pudiesen seguirlos: así lo hicieron, y al salir los tarascos del agua, se encontraron sin trajes; y desde entonces usaron camisas largas has- ta el suelo. (Duran.—Historia de las Indias de Nueva España, tomo 1?, pági- nas 21 y 22).
4 Michihuacán, en la impresión de 1871.
conforme á su calidad y costumbres; y ansí los que se queda- ron atrás que fueron los Mexicanos y Tepanecas con todas las demás legiones y cuadrillas, como no perdieron ninguna pieza de sus trajes y siempre ellos y sus mujeres fueron gentes ves- tidas y adornadas de ropas de algodón, y de palmas y de ma- guey que llaman ixtli los mexicanos y de pieles de animales y * pelos * de conejos y liebres, como atrás dejamos declara- do, llamaron los mexicanos Tarascos á estos de la provincia y reino de Michoacan, porque traían los miembros genitales de pierna á pierna y sonando, especialmente cuando corrían. Lla- máronse los Michoacanenses Michhuaques, porque las tierras que poblaron eran abundantes de pescado; y ansí se llama la provincia, del pescado, Michhuacan.
Arte militar. — Armas ofensivas y defensivas. — Prisioneros de guerra.— Sa- crificios humanos.
Y para que mejor nos demos á entender, será razón se haga mención de su arte y ejercicio militar, que aunque bárbaros, y no guiados enteramente por razón, los tuvieron en su ser y mo- do de gobierno, en sus reencuentros y peleas, acometiendo y retirándose á sus tiempos, conforme á las ocasiones que se ofre- cían: diremos ante todas cosas de la manera de sus armas ofen- sivas y defensivas que generalmente usaban, con las cuales pe- leaban y combatían á sus enemigos.
La primera arma que usaron fueron arcos y flechas, con que mataban las cazas con que se sustentaban. Usaron asimismo hondas en las guerras y vardaseos, 1 todos de más de una braza y media, arrojados con amientos de palo, que son á ma- nera de gorguses y ozagayas ó dardos, los cuales tiraban con tan gran fuerza que hacían notable daño, porque tenían por hierros puntas de varantos todos, que son tan fuertes como si fueran de acero, ó puntas de espinas de pescado, ó puntas de cobre ó pedernal, y lo mismo era de las saetas y flechas que los arcos despedían. 2 Usaban porras de palo muy fuertes y pe- 1 Ballestas con dardos, en la impresión de 1871.
2 Este pasaje dice en la impresión de 1871: los cuales tiraban con gran fuer- za, y tenían puntas tan fuertes como si fuesen de acero, 6 de espinas de pes- sadas que llamaban Macanas, 1 y espadas de pedernal agudas y cortadoras: usaban de rodelas recias con que se escudaban, y de fosas y cabás con que se aprovechaban y de albarradas:
para su defensa buscaban lugares fuertes, aguajes. 2 Usaban de emboscadas muy sotiles y engañosas para sus enemigos y otras celadas, y si podían, por los pasajes forzosos cavaban la tierra, y ponían estacas puntiagudas hacia arriba dentro, y las torna- ban á cubrir con tierra á manera de trampas; con el cual en- gaño mataban innumerables gentes cuando salían con ello. 3 Emponzoñaban las aguas de los ríos y fuentes para que los contrarios bebieran de ellas y muriesen; hacían sus asaltos de noche á deshora en los Reales de sus enemigos: peleaban des- nudos, y embijados la mayor parte de ellos con tiznes y otras colores; y algunas gentes destas de más posibilidad, ansí Mexi- canos y Acolhuaques y Tlaxcaltecas, usaban de unos sacos es- tofados de algodón f pasados, de nudillo á manera de cueros: 4 usaban divisas de animalías fieras, de tigre y leones, de osos y lobos y de águilas cabdales, guarnecidas de oro y plumería ver- de de mucha estima y valor; todo labrado y compuesto con mucha sutileza y primor. 5 cado, y también de cobre ó de pedernal, y lo mismo usaban en las saetas y flechas que despedían con arcos.
1 Por estas palabras del cronista debería entenderse necesariamente que tal era el nombre mexicano del arma de que se trata; mas parece que él em- pleaba en este caso, así como en otros, la voz comunmente introducida por el uso; pues no creo que sea, como algunos juzgan, una corrupción de Maccua- huiil, nombre propio de la espada mexicana. Oviedo dice expresamente que aquel pertenece á la lengua Haiti y de Cuba. Los conquistadores lo introdu- jeron en México con otros muchos que vulgarmente se juzgan mexicanos, ta- les como cacique, maíz, canoa, etc., que pertenecen á las lenguas de las An- tillas.—E.
2 Este pasaje dice en la impresión de 1871: Hacían pozos, cabás y albarra- das: buscaban para su defensa lugares fuertes con aguajes y emboscadas.
3 Dice la impresión: con cuyo ardid hacían mucho daño.
4 En la impresión: de mullido, al modo de cueras de ante.
5 En la impresión: usaban viseras de animales ñeros, como tigres, leones, osos, lobos y águilas, guarnecidas de oro y plumas verdes de mucha estima y valor, todo labrado y compuesto con mucha sutileza y primor.
Solían llevar á las guerras muchas riquezas de joyas de oro y plumería muy preciada y muy ricos atavíos: 1 según su modo, peleaban por sus escuadrones apesgados, 2 y no por la orden nuestra; salía una cuadrilla de un puesto, contra otro que salía el contrario, en medio del campo; de suerte que se encontra- ban uno contra otro con el mayor furor é ímpetu que podían, llevando de encuentro el batallón que menos fuerte era: y an- sí como unos y los otros bandos conocían la flaqueza de los su- yos, salía otro escuadrón de refresco al socorro, contra los que más podían, hasta que los hacían retraer; y de este modo sobre- salían otros escuadrones de nuevo 3 hasta que se trababa gran batalla, aunque siempre había gente de socorro de todas par- tes, según la orden de los generales y más astutos capitanes en la guerra: hasta que conocidamente iba la guerra de tropel ven- cida ó desbaratada, y conocidamente se veía el vencimiento, porque á este tiempo se conocía la ventaja de alguna de las partes; y cuando este rompimiento había, unas veces iban tras los unos y otras tras los otros, hasta que se iba ganando tierra;
1 A pocos autores han maltratado tanto los copistas como á Muñoz Camar- go. Este pasaje dice en la impresión de 1871: solían llevar á las guerras mu- cha riqueza de joyas de oro y de pedrería de mucho precio y muchos atavíos, según su modo. Peleaban sus escuadrones á pelotones y sin orden, encontrán- dose una cuadrilla contra otra con el mayor furor é ímpetu, llevándose del encuentro á los menos fuertes; y así conociéndose unos y otros la flaqueza de los suyos, salía otro escuadrón de refresco á el socorro contra los que más po- dían hasta que los hacían retraer; y de este modo iban saliendo escuadrones de nuevo, hasta que se trababa la batalla general, aunque siempre quedaba gente de socorro de todas partes, según el orden de los generales y más astutos capi- tanes, hasta que por una parte ú otra era el vencimiento, siguiendo el vence- dor á el enemigo; gritando victoria é invocando á sus dioses, prendían y cau- tivaban los que podían, que era el principal despojo para sacrificarlo á sus ído- los, y luego comer sus carnes, teniendo por mayor hazaña prender que matar.
2 Es decir, pesados.
3 Esta táctica délos tlaxcaltecas explica bien, cómo con su gran ejército no pudieron desbaratar á Cortés, que tenía solamente unos cuatrocientos cas- tellanos y mil trescientos totonacas; pues presentando su fuerza en detall y un escuadrón después de otro, perdían la ventaja que les daba su superioridad numérica.
y aquellos que más ganaban apellidaban victoria á grandes vo- ces, invocando á sus dioses con más ánimo y fuerza los vence- dores, y seguían los alcances, y entonces prendían y cautiva- ban los que podían, y este era su principal despojo y victoria, prender á muchos para sacrificar á sus ídolos, que era su prin- cipal intento, y por comerse unos á otros como se comían, y tenían por mayor hazaña prender que matar; y esto era en las continuas guerras, aunque sucedían escaramuzas de mucha ventura muchas veces, fingiendo alguna huida de industria y ardid de guerra, se salían de través algunas celadas que hacían en él mortal daño á sus enemigos.
Mas cuando iban á ganar ó conquistar algunas provincias, ó les venían á entrar por algunas partes de la tierra que poseían y señoreaban, peleaban de otra manera y con otra resistencia, hasta que escalaban á viva fuerza, y saqueaban las tales pro- vincias y pueblos quemando y matando, y asolando las casas si no se les querían buenamente dar; y 1 esta orden que tenían de guerra, como antes hemos referido, siempre iban ganando tierra sin volver atrás, si no era cuando hallaban gran pujanza de fuerza y resistencia, que por esta ocasión volvían las espal- das al enemigo: aunque atrás puse por figura que no llevaban orden en sus guerras, hase de entender según nuestro modo;
que entre ellos orden era, pues tenían sus caudillos que los go- bernaban en las cosas de guerra, cómo y de qué manera habían de salir y entrar en ellas y con qué orden y concierto, y llevan- do esta orden por escuadrones de ciento en ciento y de más ó de menos, haciendo grande alarido los unos escuadrones en se- guimiento de los otros, teniendo 2 bocinas y trompetas hechas de madera, bailando y cantando cantares de guerra, y animan- do á sus comilitones 3 con grande gritería y más y mayores vo- ces y gritos en el tiempo en que se daba el combate, tocando sus atambores y caracoles y trompetas, que hacían extraño 1 Aquí parece que falta la palabra con.
2 Debe ser: tañendo.
3 Es decir, sus compañeros de guerra.
ruido y estruendo, y no poco espanto en sus corazones frágiles é inusitados de esta milicia con los golpes de las rodelas y ma- canas, acompañados de la inmensa gritería.
Este era el modo de sus peleas y combates con tiros de pie- dras y saetas y dardos, hasta que venían ájas manos y á los porrazos y macanazos, y con las espadas de pedernal que da- ban mortales heridas y cuchilladas, aunque el día de hoy no han quedado más armas de arcos y flechas, las cuales usan los Chi- chimecas, y toda la tierra nueva de Cíbola y Gran Quivira, 1 y Señora 2 y las demás provincias que llamaron de las siete ciuda- des que fué la entrada que hizo Francisco Vázquez Coronado, y toda la tierra que llaman de la Florida, los cuales arcos y fle- chas es la más terrible arma que las gentes bárbaras pueden usar; y esta debió de ser la primera y más antigua arma que hubo en el mundo y la que los primeros hombres homicidas inventaron, que tan cruel y mortal daño hace y ha hecho, y ansí lo usan los Turcos desde su origen hasta estos nuestros tiempos, y también sé que lo usaron los Griegos y Troyanos;
por donde se debe colegir que no debió de ser en solas estas naciones habitadoras de este nuevo mundo donde la usaron.
1 Quivira. Nombre de un país fabuloso que hizo grandísimo ruido en el siglo XVI, y que los mapas de la época colocaban al N. del Nuevo México. En las relaciones de entonces se daba también á Sonora el nombre de Seño- ra.—E.
2 En la impresión de 1871 dice: Cíbola, Teque, Quivira, Sonora. En estos pasajes hay también grandes variantes. Tales diferencias entre los manuscri- tos, aunque en el fondo dicen lo mismo, harían sospechar que el autor escribió en mexicano, y que de su obra hay diversas traducciones. Debemos agregar que Cíbola fué la ciudad que en el Nuevo México vio el P. Niza; y Quivira la región á su N.E., adonde llegó Vázquez Coronado, por haber extraviado camino.
Arribo al Valle de México de los Chalmecas, Olmecas y Xicalancas. — Estos y los Olmecas prosiguen su peregrinación.—Llegan al territorio de Tlax- cala.—Ruinas de sus antiguas poblaciones.— Las de la tribu Zacateca.
Arribo de una tribu Chichimeca.—Lengua y dialectos de los pobladores. —Se establece aquella en Poyautitlan, territorio de Tetzcuco.— Etimolo- gía del nombre Chichimeca.— Convertido en un título y renombre hono- ríficos.— Carácter feroz y costumbres salvajes délos Chichimecas. — De ellos han tomadj su denominación los bárbaros que hoy llamamos Mecos.
Habiendo poblado México y toda su comarca y redondez de la laguna, al cabo de tanto tiempo vinieron los Ulmecas, Chai- mecas y Xicalancas, 1 unos en seguimiento de otros; y como ha- llasen toda la tierra ocupada y poblada, determinaron de pasar adelante á sus aventuras, y encaminaron hacia la parte del vol- cán y faldas de la sierra nevada, donde se quedaron los Chal- mecas, que fueron los de la provincia de Chalco, porque que- daron en aquel lugar poblados; y los Ulmecas y Xicalancas pa- 1 Aquí trastorna Muñoz Camargc el orden cronológico de las peregrinacio- nes. En igual error incurre Torquemada en el capítulo VIH del libro 8? de su Monarquía Indiana (tomo 1?, páginas 256 y 257), que no es más que la repro- ducción de este pasaje. Por ser éste punto tan importante, voy á hacer las co- rrespondientes rectificaciones.
La civilización nahua pura y primitiva se manifiesta por la habitación en casas grandes: ésta llegó hasta nuestra frontera del Norte, y su centro fué allí Huehuetlapallan. En la Sierra Madre inmediata vivía el pueblo troglodita aborígene, y ahí estaba el Chicomoztoc. Esta raza, al contacto de la n¡ihua, recibió parte de su cultura, y bajó por el Occidente á establecerse en los lagos:
saron adelante atravesando los puertos y otros rodeándolos, hasta que vinieron á salir por Tochimilco, Atlixco, Calpan y Huexotzinco, hasta llegar á la provincia de Tlaxcala. Aunque antes de llegar á ella vinieron tomando el tiento, reconociendo la disposición de la tierra, hasta que hicieron su asiento y fun- daron donde está agora el pueblo de Santa María de la Nativi- dad, y en Huapalcalco junto á una hermita que llaman de Santa Cruz, que los naturales llaman Texoloc, y Mixco, y Xiloxochi- tla donde está la hermita de San Vicente, y el cerro de Xochi- tecatl y Tenayacac donde están dos hermitas á poco trecho una de otra que se llaman de San Miguel y de San Francisco, que por medio de estas hermitas pasa el río que viene de la ya no construyó casas grandes, pero sí habitaciones; se tornó agricultora, y adoptó por lengua el náhuatl ó mexicano.
En este último punto forman excepción los tarascos. O porque fueron los primeros que bajaron, ó por haberse establecido más al Sur, y por lo mismo más lejos de la influencia nahua, ó por ambas causas, conservaron su lengua propia; si bien invasiones posteriores de los mecas, los magueyas de la tradición michuaca, y la de los mexicas, les llevaron la cultura nahua. Importante se- ría comparar el tarasco con el tarahumara.
Los pueblos que quedaron más al Norte, aceptaron la lengua náhuatl, y á su vez se fueron extendiendo al Sur. La carta etnográfica del Sr. Orozco y Berra (Geografía de las lenguas) nos pone de manifiesto el camino de las emi- graciones. La región meca de Sonora y Jalisco es el almácigo de la raza, y Culiacán, el antiguo Culhuacán, aparece como centro. Los aztecas se estable- cen en el punto de unión de ambas localidades; y al Sur, sobre la costa los ame- cas, en los lagos los zapotecas, y más abajo aún los ulmecas y los xicalancas.
Dejando encerrados á los tarascos en parte del Michuacan, sigue por su costa la emigración nahua y penetra en Guerrero, abarca todo su territorio, sale á tierras de Puebla y sigue hasta las costas de Veracruz. Lógico es que los pue- blos que llegaron más lejos en esta corriente, fueran los primeros emigrantes.
Estos fueron los amecas, que penetraron en la península maya, y los yaquis, que llegaron al territorio kiché. Siguieron los xicalancas, los ulmecas y los zapotecas, los cuales según la tradición peregrinaron juntos; pero estos últimos se separaron al salir de los actuales terrenos de Guerrero, y penetraron en el Didjazá. Esto explica por qué el códice Dehesa (Antigüedades mexicanas pu- blicadas por la Junta Colombina de México) nos presenta solamente los luga- res de peregrinación de los zapotecas al partir de ese punto.
Amecas, yaquis y zapotecas, al contacto de pueblos superiores, perdieron su sierra nevada de Huexotzinco; y aquí en este sitio hicieron los Ulmecas su principal asiento y poblaron, como el día de hoy nos lo manifiestan las ruinas de sus edificios, que según las mues- tras fueron grandes y fuertes; y ansí las fuerzas y barbacanas, al- barradas, fosas y baluartes, muestran indicios de haber sido la cosa más fuerte del mundo, y ser obrada por mano de innume- rables, y gran copia de gentes la que vino á poblar, porque don- de tuvieron su principal asiento y fortaleza es un cerro ó peñol que tiene casi dos leguas de circuito, y en torno de este peñol, por las entradas y subidas, antes de llegar á lo alto de él tiene cinco albarradas y otras tantas cavas y fosas de más de veinte pasos de ancho, y la tierra sacada de esta fosa servía de bas- tión ó muralla de un terrapleno muy fuerte, y la hondura de las dichas cavas debía de ser de gran profundidad, 1 porque con lengua; si bien mezclaron con ellos la cultura nahua, sobre todo en sus mani- festaciones del calendario, de la religión y de la aritmética.
Los xicalancas y los ulmecas hicieron predominar en parte la lengua, si bien los totonacas guardaron la suya. Mezclados ulmecas y vixtotis, empeza- ron á confundirse las civilizaciones del Sur y del Norte, y formóse la raza mix- ta nonoalca, que fué verdaderamente la que ocupó los terrenos de Tlaxcala.
Más tarde bajaron del Norte los toltecas: eran de raza nahua, y trajeron pu- ra la cultura tlapalteca. Su papel histórico fué importantísimo. Durante cinco siglos conservaron su civilización y la llevaron á su apogeo, habiéndose asi- milado la nonoalca que á su arribo encontraron. Cuando sus guerras religio- sas hicieron peregrinar á los quetzalcoatl, llevaron éstos todas sus ideas y todos sus progresos á la región del Sur; y á la destrucción de Tollan, guardaron su civilización en Culhuacan los últimos toltecas, para transmitirla íntegra á las tribus que llegaron á enseñorearse del Valle del Anahuac, y entre ellas á los mexicanos.
Estos datos prueban la unidad de raza; y que al ponerse ésta en contacto con la del Sur, produjo la unidad de civilización en lo que después ha forma- do nuestro actual territorio, desde Tlapallan y Chicomoztoc en nuestra fron- tera Norte, hasta la región maya-kiché en nuestra frontera Sur: hecho socio- lógico de gran importancia, y que en aquellos remotos tiempos preparaba ya la unidad nacional.
1 £1 pasaje que sigue dice así en el manuscrito de Panes: " Pues aun estan- " do arruinada cuando en nuestros tiempos se encontraba obra tan antigua se " halló de más de una pica de alto; pues el que esto vió entró dentro á caballo y " con una lanza desde á caballo aun no alcanzaba á lo alto en muchas partes, estar como están arruinada de tantos tiempos atrás, tienen más de una pica en alto; porque yo he entrado dentro á caballo de algunas de ellas, y de industria las he medido, que un hombre á caballo y con una lanza aun no alcanza á lo alto en muchas partes, con haberse tornado á henchir de tierra con el tiempo y con las avenidas de aguas de más de trescientos y sesenta años á esta parte: las cuales fosas y albarradas ciñen toda la re- dondez del cerro, que no debió de ser de poca fuerza ni menos reparo en aquellos tiempos; y en este dicho Peñol hay muchos indios poblados hoy en día en partes, y va cavada por peña vi- va, y se aprovechaban de muchas cuevas en que vivían en este cerro; y en este fuerte tan antiguo, tan inexpugnable, en las cum- " con haberse vuelto á llenar de tierra por tanto tiempo que pasó, etc." Las variantes anotadas no dejan duda que el autor de la copia tuvo la intención de apropiarse la obra de Muñoz Camargo; de lo cual ya veremos otra prueba en otra nota adelante. Estos plagios no son raros, y de ellos tenemos muestras más que suficientes para hacer desesperar á nuestros bibliógrafos. En el Mu- seo Nacional existe una copia manuscrita de la Historia antigua de México por Veytia, que presenta señales patentes de tal fraude, sobre el cual llamó la atención D. Francisco Ortega en la edición que hizo de aquella obra (tomo 2 página 27 en la nota); dando la casualidad que el manuscrito del Museo, per- teneció también á Panes.
En el artículo Chimalpain del Diccionario Universal de Historia y Geografía (edición mexicana de 1853) hice ver que la obra atribuida á este escritor indí- gena era una copia alterada de la Crónica de Gomara, por su carácter idéntica á esta de Muñoz Camargo que poseía Panes.
En el artículo Ixtlixochitl del mismo Diccionario citado manifesté {párrafo 10 del Catálogo de Boturini) que un tratado cronológico que se le atribuye, se encuentra literalmente en la Historia escrita por el P. Sahagún. De este mismo venerable escritor franciscano, he reconocido largos pasajes citados como originales de otros; v. g., de Cristóbal del Castillo-, historiador indígena de fines del siglo XVI, altamente encomiado por Gama, y de cuyos escritos hoy en- teramente desconocidos en México, he visto un considerable fragmento en Pa- rís, en lengua mexicana.
El famoso Dr. Hernández, escritor de la propia época, ha vertido textual- mente al latín un largo capítulo del P. Sahagún, y extractado otros, según lo manifiestan los fragmentos que de aquel célebre naturalista nos ha dado el P. Nuremberg en su Historia naturce máxime peregrinos.
La Monarquía Indiana del P. Torquemada, el más rico y seguro depósito bres de él y en la sierra de Tlaxcala que llaman Matlalcueye, y en lo alto y cumbre de Tepeticpac, se retiraron y guarecieron las mujeres y niños, cuando el Capitán Hernando Cortés y sus compañeros vinieron á la conquista de esta tierra y entraron por esta provincia de Tlaxcala, hasta que se le dio su paz y se- guridad.
Demás de esta población tan antigua, hubo otras en los lla- nos de San Felipe, que serán dos leguas adelante hacia la parte del Poniente, en cuanto á nuestro centro, en parte llana y es- combrada; ansí mismo hubo otra de los propios Ulmecas, Xica- lancas y Zacatecas, cuyo caudillo de ellos fué uno que llamaban Coxanatecuhtli, 1 que según parece, estos primeros pobladores vinieron en tres legiones de las siete cuevas, que unos y otros eran de un lenguaje y de una misma disposición y traza, los cuales tuvieron poblado más de cuatro leguas de tierra en di- versos lugares de esta provincia, cuyos edificios son conocidos de las antiguas tradiciones y de memorias históricas irreparablemente perdidas, contiene también el pasaje que nos ocupa.
Aunque allí está copiado casi á la letra, como la generalidad de los que forman aquella inapreciable historia, con todo, las variantes que introdujo lo li- bertan déla nota de plagiario, bien que habría andado más acertado, haciendo la transcripción literal. Dice así: " porque con estar (las cavas) como están de " presente, tan arruinadas, por los muchos tiempos que han pasado, tienen más " de una lanza en alto, y entrando yo á querer satisfacerme de la grandiosidad 11 del lugar, quise medir su altura y haciendo poner á un hombre á caballo, le " di una hasia del tamaño de una lanza, y apenas llegaba arriba en muchas par- " tes de estas dichas fosas, estando como digo, ya ciegas y llenas de tierra con el mucho tiempo que ha pasado y avenidas de agua etc."
Un tal testimonio y vertido en esta forma, es de gran importancia porque sir- ve de confirmación á las noticias de Camargo. Las de éste la tienen particular para determinar aproximadamente una época histórica, harto obscura, cual es la destrucción ó dispersión de la tribu Olmeca establecida en el Territorio de Tlaxcala; pues diciendo que las ruinas contaban más de trescientos sesenta años, y escribiendo él su Crónica entre los años puede colocar- se aquel suceso hacia el de que será también el del arribo de la última tribu pobladora de Tlaxcala.—R. (Los huecos de las fechas existen así en la no- ta del Sr. Ramírez).
1 Así en ambos manuscritos; mas la voz parece corrompida.—R.
aunque deshechos y arruinados, y éstos se pueden tener por los primeros pobladores de esta provincia de Tlaxcala que pobla- ron sin defensa ni resistencia alguna, porque hallaron estas tie- rras inhabitadas y despobladas.
Y estando en estas sus poblaciones quietos y seguros mucho tiempo, continuando en su quieta paz y sin imaginar cosa en contrario, llegaron las Chichimecas sediciosos y crueles con la sedienta ambición, últimos pobladores y conquistadores de esta provincia de Tlaxcala cuyo principio y origen 1 copiosamente según y de la manera que han venido prosiguiendo has- ta que se sujetaron estas tierras y habitadores, y hasta que las pusieron debajo de su dominio, bien y ansí de la manera que lo tratan sus crónicas y cantares cifrados en suma, según su mo- do, olvidados ya de la cuenta que tenían en los tiempos que es- tas cosas acaecieron y en qué edades, que hacen no pequeña falta para nuestra satisfacción, aunque no dejaremos de poner algunos números de su cuenta y edades que ellos seguían.
Habiendo, pues, de tratar de la venida de los Chichimecas 2 que fueron los postreros y últimos habitadores de esta provin- cia de Tlaxcala, la cual fué muchedumbre de gentes, que ansí mismo tienen noticia que puede haber trescientos años poco más ó menos que vinieron con ejércitos formados, á poblar y buscar tierras en que habitar como las demás gentes que antes habían venido; y ansí estas gentes vinieron de las siete cuevas en su demanda y busca de estotras gentes que se habían ade- 1 Así en ambos manuscritos. Esta laguna podría llenarse con la frase he- mos relatado.—R.
2 Hay que distinguir el arribo de diversas tribus cbichimecas. Los prime- meros bajaron por el lado oriental de la Sierra Madre, sin recibir ninguna in- fluencia ni cultura nahua; penetraron en nuestro Valle, y se establecieron en Caubtitlan y Amaquemecan. Los cbichimecas cazadores, tlamintinomia, salie- ron el año 271 de nuestra era, se reunieron á los nonoalcas de Cuaubtitlan en el año 639, y pronto aceptaron la cultura nahua. Otra parte fué á seguir su vida troglodita á Amaquemecan, en las vertientes del Iztacihuatl. El año de 1120 llegaron los chichimecas de Xolotl, y ocuparon las cuevas del nordeste de* Valle. (Véase los Anales de Cuaubtitlan y las obras de Ixtlilxochitl).
íantado, siguiéndoles el rastro que habían traído en su venida, maquinando por diversas partes del mundo, peregrinando por grandes desiertos, arcabucos y serranías y grandes y muy áspe- ras montañas, como referido tengo, en demanda y busca de los Gulhuas y Tepanecas y Aculhuaques, Chalmecas, Ulmecas y Xicalancas, deudos y parientes suyos, todos de una descenden- cia, linaje y lenguaje y frasío, aunque en cada provincia tenían su diferente manera de hablar, tan solamente en su consonan- cia ó sonsonete que le quisieron dar por diferenciarse en esto, mas en todo lo demás todo es una cosa, 1 aunque es tenida la lengua mexicana por materna y la tezcucana por más cortesa- na y pulida, y salidas de éstas, todas las demás lenguas son te- nidas por groseras y toscas, y en esta forma se va entorpeciendo mientras más se van desviando las provincias de México. Pre- supuesto que toda sea una lengua y una cosa que se entien- da, esta es la que corre en esta Nueva España y la mayor parte del nuevo mundo, y á donde quiera en estas partes prefiere á las demás lenguas, y 2 extendida por todas las naciones de ella;
y ansí las otras lenguas son tenidas por bárbaras y extrañas, y entre este barbarismo la hablan comunmente, y tienen intérpre- tes mexicanos que la dan á entender y se precian y estiman de saberla hablar: es una lengua la más amplia y copiosa que se ha hallado; después de la dignidad, es suave y amorosa y en sí muy señoril y de gran presunción, compendiosa y fácil y dócil, que no se le halla fin ni cabo, é se pueden con facilidad componer versos en la propia lengua con mensura y consonancia.
Venidos, pues, en seguimiento como atrás dejamos dicho, de sus deudos y parientes, de tierra en tierra y de provincia en provincia, hallaron la mayor parte de la tierra ocupada y pobla- da de sus propios deudos; y con la noticia de cómo adelante estaban las mayores poblaciones, siempre fué su designio de pa- 1 Esto no se refiere á la verdadera lengua chichimeca. Las tribus de Xolotl trajeron lengua propia: más tarde recibieron la nahua. (Véase el mapa Tlotzin y las obras de Ixtlilxochitl).
2 Parece que falta la palabra está.
sar adelante como lo hicieron; y ansí de lance en lance, y de tierra en tierra llegaron á la provincia de Xilotepec, y de Huey- puchtlan, y á Tepotzotlan y Quauhtinchan donde pararon y estuvieron algún tiempo; y allí trataron de grandes y muchos partidos con los Culhuas y Tepanecas Mexicanos que tenían po- blada la redondez de la laguna y toda su comarca y marisma. 1 Vista la multitud grande que allí había llegado de gentes Ghi- chimecas, y la estrechura que había de tierras, procuraron de proseguir su viaje hacia la provincia de Tetzcuco donde era la cabeza y señorío de los Aculhuaques Tetzcucanos; y como hu- biesen llegado cerca de esta provincia, fueron muy bien recibi- dos de los Señores de aquella tierra, sabiendo y entendiendo que eran todos unos y de una generación, deudos y parientes, y ve- nidos de una patria y tierra; y viendo que no tenían tierras en que poder poblar tantas gentes, los acomodaron y señalaron un sitio donde pudiesen asentar su campo, y en el inter que ha- 1 Como se ve, estos no fueron de los chichimecas llegados por el lado orien- tal; sino los teochichimecas, délos cuales desendían los tlaxcaltecas. Formaron parte de la peregrinación común de las tribus mecas, y son los que están mar- cados jeroglíficamente en la tira del Museo, con el arco y la flecha. Aunque bárbaros, al contacto de las otras tribus recibieron algo de su lengua y de su religión: así adoraban al dios Camaxtli; y por eso les decían teochichimecas ó chichimecas del dios.
Las tribus mecas penetraron en el Valle á fines del sig , o IX, pues en el je- roglífico de Sigüenza encontramos ya á los mexicas, asentados en una isla in- mediata á Culhuacan, en el año 908. Los primeros llegados fueron los culhuas, venidos del antiguo Teoculhuacan, conservadores de la cultura nahua, y á los cuales se agregaron en 1116 los restos de los toltecas. En esos primeros tiem- pos aparecen como la tribu principal del Valle. Se establecieron en el lago dulce. Sin embargo, el códice Kamírez (página 19) pone como primeros á los Xochimilcas, quienes ocuparon la ribera occidental del lago dulce, y como se- gundos á los chalcas que se asentaron en la ribera oriental por los años 999; pero ya hemos visto que Culhuacan existía desde 908. Llegaron después los tepa- necas, y como encontraron ocupada la laguna dulce, se extendieron por el lo- merío hasta el lado occidental del lago salado, de Coyoacan á Atzcapotzalco.
Después, en 1120 ocuparon los chichimecas de Xolotl la orilla oriental del lago salado. Entretanto los mexicas peregrinaban. Los últimos llegaron los teochi- chimecas.
liaban donde poder poblar; y ansí poblaron junto á la laguna de entre Tetzcuco y Chimalhuacan, arrimados á la falda de la sierra y montaña de Tetzcuco, que los naturales llaman los lla- nos de Poyauhtlan; que hoy en día pretenden acción y derecho de estas tierras los naturales de Tlaxcala, porque en efecto fue- ron suyas por merced y donación que los Señores y Rey de Tetzcuco les hicieron: y ansí poblaron los Chichimecas, que su principal asiento y poblazón fué donde es agora el pueblo de Cohuatlichan cerca de la laguna mexicana sujeta de Tetz- cuco.
Fué el año de su fundación Orne Tecpatlxihvitl que llaman año de dos pedernales: 1 siempre estuvieron en continua arma y vela, porque aunque los naturales de aquellas provincias les habían dado tierras é oviesen recibídolos de paz, hospedándolos y re- galándolos con muchas mercedes y caricias, no se fiaban del todo de ellos, porque temían no les hiciesen alguna traición y cogie- sen descuidados, como suele suceder en semejantes casos: y estando como estuvieron tanto tiempo poblados en estos llanos de Poyauhtlan, se sustentaban de cazas, como Chichimecas, por ser como eran muy grandes arqueros y cazadores de arcos y flechas, y aventajados con esta arma más que otras naciones: 2 que Chichimecas propiamente quiere decir hombres sulvajes, como atrás dejamos referido, aunque la derivación de este nom- bre procede de hombres que comían las carnes crudas y se be- bían y chupaban las sangres de los animales que mataban, porque Chichiliztli es tenido en la lengua mexicana por mamar, y Chichinaliztli por cosa que chupa, y Chichihualli es la teta ó la ubre; por manera que como estas gentes, ansí como mataban y se bebían la sangre, era tenida por una gente muy cruel y feroz, de nombre espantable y horrible entre todas las nacio- nes de estas partes; y por esta derivación de chupadores que 1 Según el cómputo que he hecho, este año fué el V208 de nuestra era.
2 Este relato está de acuerdo con las costumbres de los chichimecas consig- nadas en los mapas Tlotzin y Quinatzin.
quiere decir en la lengua mexicana Chichimeca Techichinani; 1 y ansí los que proceden de estos Chichimecas son tenidos y es- timados en mucho; y ansí mismo llaman á los perros Chickime porque lamen la sangre de los animales y la chupan; finalmen- te, que los que proceden de estos Chichimecas por línea recta y derecha sucesión son muy estimados, y ha quedado este nom- bre de Chichimecas el día de hoy ya arraigado tanto, que todos aquellos que viven como salvajes y se sustentan de cazas y mon- terías y hacen crueles asaltos y matanzas en las gentes de paz, y aquellos que andan alzados con arcos y flechas como alarbes, son tenidos y llamados Chichimecas; especialmente en los tiem- pos de agora son los más crueles y espantosos que jamás lo fue- ron, porque en otros tiempos que ha menos de cuarenta años no mataban sino cazas y animalías fieras y silvestres, y agora matan hombres, y saltean caminos y hacen grandes estragos é inauditas crueldades en los españoles y en sus haciendas y es- tancias que no se pueden averiguar con ellos; por manera que el nombre de Chichimecas que solía ser la cosa más noble que entre los naturales había, ha venido á ser y á parar que los que llaman el día de hoy Chichimecas, se han de entender por hombres salteadores y robadores de caminos y todos aquellos que son indomésticos, que habitan las tierras remotas de la Flo- rida y la demás tierra que está por ganar y por conquistar; to- dos tienen este nombre de Chichimecas, y esto se entiende en la lengua mexicana culhua de la Nueva España, y de estos Chi- chimecas se podrían tratar de sus hechos y hazañas muy espan- tosas cosas muy temerarias, y de muy gran encarecimiento de sus ánimos y acometimientos que no se puede tratar en breve suma, porque han sido sus hechos temerarios tan grandes y tan espantosos, que casi han tenido rendida la tierra con ljarta costa de los nuestros, y ansí no han podido ser sujetados: poseen grandes tierras y muy ricas de metales de plata, que en algún tiempo será Dios servido se labren y descubran, y otras tierras 1 Ixtlilxochitl dice que chichimecas, en su lengua propia, significa águilas.
y gentes de otras naciones, porque hay gran noticia de ellas, que son las tierras de donde vinieron los mexicanos; finalmen- te, que con estos Ghichimecas se han señalado muchos Capitanes famosos de nuestros españoles, y muerto los más de ellos con- tinuando la milicia más cruel y bárbara que ha habido en el mundo, con arco y flechas, y desnudos en carnes sin otro algún reparo ni defensa.
Camaxtli.—Deidad tutelar de la tribu Chichimeca.—Hechiceros y mágicos.
Temores y desconfianzas que inspiran álos vecinos.— Les hacen la guerra. — Sangrienta batalla en Poyauhtlan en que queda vencedora — Fiesta ó banquete instituido en su conmemoración.—Origen fabuloso del nombre del marisco llamado Ezcahiiitl.—Se retira la tribu del territorio de Tetz- cuco por mandato de su Dios Camaxtli.—Hace antes las paces con los Culhuas y Tetzcucanos.—Emprende su peregrinación con dirección á Ohalco.
Tornando á nuestro principal propósito, aquellos sinceros y antiguos Chichimecas que vinieron á las poblazones y en segui- miento de sus parientes y amigos, trajeron por ídolo y adora- ban por Dios á Camaxtli, los cuales eran grandes cultores de los demás dioses é ídolos, que los veneraban é adoraban con mucha reverencia, é inviolablemente observaban sus preceptos é instituciones y promesas que les hacían. Este ídolo Camaxtli no pudo ser sino el mismo demonio, porque hablaba con ellos, y les decía y revelaba lo que había de suceder, y lo que habían de hacer, é en qué partes é lugares habían de poblar y perma- necer. 1 Eran ansí mismo estos Chichimecas grandes hechiceros é nigrománticos, que usaban del arte mágico con que se hacían 1 En las antiguas leyendas de la humanidad, todos los pueblos peregrinan por orden de su dios: lo mismo los hebreos que los mexicanos. El dios habla siempre en esas tradiciones; lo cual manifiesta una organización teocrática, la única correspondiente á la época sociológica de las peregrinad nes, pues sola- mente el fanatismo podía dar fuerzas á los pueblos para llevar á cabo tan lar- 32 DIEGO MU5¡OZ CAMARGO.
temer, y ansí eran temidos, 1 por cuya causa no los osaban eno- jar las gentes vecinas y comarcanas; y con esto se sustentaron muchos tiempos en Poyauhtlan, donde tuvieron su habitación algunos tiempos.
Visto por los comarcanos que iban ocupando muchas tie- rras, é que grandemente se iban apoderando de ellas y enseño- reándose, les ovieron recelo é temor de que en algún tiempo no prevaleciesen tanto, que después viniesen á ser señores é que los viniesen á sujetar, y ansí mismo porque estos Chichi- mecas comenzaban á hacerles mala vecindad y algunos malos tratamientos, por quererse ensanchar y extender, de cuya cau- sa los Tepanecas y Gulhuas mexicanos, que estaban muy con- formes y confederados, trataron de los desviar y hechar de Po- yauhtlan, é que se fueran á poblar á otras partes, por lo cual les movieron guerra de parte de estos Tepanecas Gulhuas mexicanos, reynando en México Huitzilihuitzin el año que ellos llamaban Cetochtli Xihuitl, año de un conejo, 2 para la cual se gos y dilatados viajes, los cuales debían traer, por ley del progreso humano, el resultado histórico del establecimiento de muchos centros de una nueva cul- tnra.
1 En Chimalpain (Anales, página 1), los chichimecas llegan á Xico, en don- de hacía diez y ocho años que residían los chalcas, y se ocupaban en el arte de adivinar en el borde del agua, por lo cual los llamaban atempanecas: los chal- cas se metían en el agua, nadaban y respondían á las gentes que venían á con- sultarles sus espantosas nigromancias.
2 Claramente se ve que los teochichimecas, que en un principio debieron ser una pequeña tribu que se había establecido en las grutas ó cuevas de las mon- tañas del Oriente de nuestro Valle, había crecido con el tiempo, é inquietaba á los vecinos con sus invasiones salvajes; por lo cual tuvieron que hacerles la guerra para destruirlos ó arrojarlos del Valle. La fecha citada aquí, si admitimos la cronología del autor, ya antes referida, no puede coincidir con el reina- do de Huitzilihuitl; y si la conectamos con éste, deberá ser 1402. Hay que llamar sin embargo la atención, sobre que tal campaña no está consignada en el códice Mendocino entre las de Huitzilihuitl, sino solamente las cinco de Chal- co, Tollantzinco, Xaltocan, Otompan y Texcoco. La verdadera fecha es 1350, bajo el reinado de Quinatzin.
La versión de Ixtlilxochitl sobre esta guerra, es más verosímil y convence más. Según ella ^Historia Chichimeca, capítulo XI), Quinatzin quiso obligar HISTORIA DE TLAXGALA. 33 juntaron grandes huestes por la laguna é por tierra é vinieron á dar sobre los Chichimecas de Poyauhtlan; los cuales, como fuesen gente belicosa y feroz, y á la continua estuviesen sobre el aviso, no estaban tan descuidados que no les salieran al en- cuentro con gran furia á defender y resistir su partido, defen- diéndose con esfuerzo y ánimo terrible, y de tal suerte y mane- ra que dicen las historias y antigüedades que desde donde está el pueblo de Gohuatlichan hasta el pueblo de Ghimalhuacan y toda aquella marisma y orilla de la laguna, no había otra cosa sino arroyos de sangre y hombres muertos, de tal suerte y ma- nera, que el agua de la laguna por toda aquella ribera no pa- recía ser agua, sino pura sangre y laguna de sangre, toda ella convertida en sangre; y con un buen esfuerzo y maña corrieron y desbarataron á sus enemigos con gran afrenta, y se volvieron victoriosos y llenos de gloria á su principal asiento; y en memo- ria de tan sangrienta batalla comen los naturales de allí cierto marisco que en esta laguna se cria, que tiene por nombre Izca- huitli, de lo cual hay mucha cantidad: tiene color de sangre re- quemada, cara leonada y á manera de lama colorada, en la cual lama se coge mucha cantidad, y la tienen por granjeria los pes- cadores de allí, y ansí quieren decir que de la sangre que allí se derramó, se convirtió aquella lama y marisco de aquella co- lor, lo cual es fábula; mas sólo quedó en memoria de aquella guerra y cruel estrago que hubo en ella á manera de encareci- miento, porque sangre en la lengua mexicana se llama eztli y y ansí (por corrupción del vocablo) se llama esta lama IzcahuitL Pasada esta gran guerra entre los mexicanos Tepanecas con los Chichimecas, determinaron de irse de allí; y para pasar ade- lante en busca de tierras más extendidas y anchas donde más á su sabor y gusto estuviesen, y salir de aquella estrechura en que vivían, mayormente porque entendían estar malquistos con sus vecinos comarcanos, é porque ansí mismo su Dios Camaxtli les á los chichimecas á que abandonasen sus cuevas y edificasen y poblasen ciuda- des: los teochichimecas se alzaron con este motivo, y después de varios comba- tes, fueron vencidos y arrojados del Valle.
decía que alzasen su real, que no había de ser allí su permanen- cia, que adelante habían de pasar á donde habían de amanecer y anochecer, dándoles á entender donde habían de ser Señores supremos y vivir con descanso y quietud, porque dice la metá- fora Uncantonazoncantlathuiz, oncanyazque ayancomican 1 "ade- " lante habéis de pasar y no es aquí aún donde ha de amanecer "y hacer sol, y resplandecer con sus prósperos y refulgentes "rayos." Y estando tan malquistos con sus vecinos é que for- zosamente habían de tener reencuentros y pesadumbres, y por evitar tan grandes ocasiones é inconvenientes, trataron con los Señores Tetzcucanos de cómo se querían ir y desviar de los Te- panecas, porque su venida no había sido con intento de pelear sino de poblar donde hallasen comodidad para ello, pues traían sus hijos y mujeres, y eran muchos, y otros ejércitos que atrás quedaban que venían en su seguimiento, é pues que los trataban tan mal que ellos querían pasar adelante, hacia las partes de donde el sol sale y llegar hasta la mar Teuhtlixco Anahuac que quiere decir " al fin de la tierra y hasta la orilla y costa de la "mar, 1 ' 2 pues era todo desierto y despoblado; é para emprender esta jornada querían tomar su beneplácito, é que fuese con su licencia y voluntad, porque si algún tiempo les acaecían algu- nos infortunios y trabajos é adversidades, é los oviesen me- 1 En el manuscrito de Panes se lee: Un cantonaz oncontlahuitz onceen yarque aya monscan, cuya lectura no es menos bárbara. Torquemada nos ha conser- vado esta tradición y la respuesta del oráculo, quien les dijo que aquel lugar 11 no era el propio de su asiento, que fuesen buscando el día y el sol. Este mo- " do de hablar (agrega) cuentan las historias tlaxcaltecas que se los dijo el ído- " lo por estas palabras: Oncantonaz, oncantlahuiz, ocanyazque ayamonican;
11 quiere decir: Adelante habéis de pasar que aún no es aquí á donde ha de " amanecer y salir el sol, queriéndoles decir en esto, que estaba adelante su ven- " tura y señorío."—K.
2 Este pasaje nos proporciona la ocasión de desvanecer un error del Sr. Se- ler, sostenido en el Congreso de Americanistas de 1890, y que prohija en un opúsculo del año siguiente el ilustrado Sr. Desiré Pector. Según él, Anahuac significa siempre hasta las costas del mar, y no era el Valle de México. Además de que tal aseveración tiene en contra la mayoría de autoridades, desde Mo- nester para algún socorro, que como hombres prosperados é que estaban de asiento, los favoreciesen como á hermanos, ami- gos y parientes.
Y ansí en esta despedida y apartamiento pasaron grandes ne- gocios de la una parte y de la otra con los Aculhuaques Tetz- cucanos, y al fin quedaron resueltos en que se fuesen, é que buscasen asiento donde pudiesen poblar á su voluntad; y antes de esta partida para más favorecellos, les dieron adalides y guías que los guiasen por las sierras altas de Tetzcuco, é que les mos- trasen desde la más alta cumbre de aquellas montañas y sie- rras de Tlallocan, altísimas y umbrosas, en las cuales he estado y visto, y puedo decir que son bastantes para descubrir el un hemisferio y el otro, porque son los mayores Puertos y más altos de esta Nueva España, de árboles y montes de grandísima al- tura, de cedros, cypreses y pinares, que su belleza no puedo en- carecer con palabras, que parece llegan al cielo por orden de naturaleza; é pues con palabras no puedo explicar los conceptos que á esto me inspiran, supla el buen entendimiento del discreto lector. Dejando aparte la sierra nevada y el volcán que son más altas que estas montañas, puso el artífice del mundo uno de los principales ornatos de su creación, que de la una parte se descubría todo el reyno de los mexicanos Tepanecas y su gran- de laguna, por la otra el reyno y provincia de Tlaxcalla, Cho- lulla, Huexotzinco, Quauhquecholla, Tepeyacac, Tecamachalco y otras provincias de inumerables naciones, que visto lo uno y lo otro, se dan inmensas gracias al Artífice Universal de todo lo creado, mayormente el día de hoy, que visto el retruécano que el verdadero Dios ha obrado con los suyos, se dan inmensas y sempiternas gracias y loores, que lo que el demonio y señoreado tolinía hasta Clavijero, debemos manifestar que Anahuac significa solamente junto al agua; y que así se aplicó este nombre lo mismo á Anahuac Ayotla y á Anahuac Xicalanco, lugares que estaban junto al mar, que al Valle de México donde las principales ciudades estaban á orillas de los lagos. Este Valle se llamó Anahuac por excelencia, y es el Cemanahuac de Xolotl de que nos habla Ix- tlilxochitl.
3G DIEGO MUÑOZ CAMARGO.
tenía, 1 esté el día de hoy reducido al verdadero Dios y su Igle- sia militante. ¿Quién no se harta de llorar de puro contento?
¿Quién no se goza con alegría sublimada con milagros tan cono- cidos y tan á las claras obrados, que al cabo de tantos millares de años haya sido Nuestro Señor servido de traer en conoci- miento de su Santa Fe, tantas y tan inumerables gentes y nacio- nes? ¿A su Divina Majestad se dan las alabanzas y gracias por tantas mercedes como cada día obra con sus criaturas raciona- les? Subidos los Ghichimecas con los adalides á las sierras de Tlallocan, 2 descubrieron y divisaron desde allí grandes y amplí- simas tierras, valles, sierras y llanos con sus ríos y fuentes, casi como otro nuevo mundo ó nuevo hemisferio; é como los atala- yas ovieron visto tan grandes tierras despobladas, que de no- che ni de día hobiese fuegos ni moradas, conocidamente vie- ron que eran tierras desiertas, yermas, habitables y por poblar, y con esta noticia bajaron de la sierra, y dando relación y no- ticia de lo que habían visto, hicieron grandes fiestas y solemnida- des, especialmente los Ghichimecas á su ídolo Camaxtii, el cual dicen que les dijo hablando con ellos, que comenzasen á ca- minar, que aquella era la tierra en que habían de poblar y á donde habían de permanecer señoreando, é que comenzaran á marchar que ya era tiempo de no estar más en aquella pro- vincia de Poyauhtlan, ni entre Aculhuaques; mas que en sus ne- cesidades y trabajos, les darían favor é ayuda y grandes socorros de gentes á su tiempo y cuando fuese menester.
De esta manera alzaron su Real é poblazón, y comenzaron á caminar con mujeres é hijos hacia Ghalco, la mayor parte de ellos; aunque quieren decir afirmativamente que algunas cua- 1 Esto es; que tenía señoreado allí.—E.
2 Este camino que siguieron los teochichimecas, prueba su derrota y expul- sión, pues hubieron de pasar por la fragosísima sierra de Tlaloc, por no poder tomar, ni el camino de Apam, pues se los estorbaban los texcocanos, ni el de los volcanes, pues se los impedían los chalcas. Kesulta, pues, falso lo que dice el autor al fin del capítulo, de que algunos tomaron el camino de Tollantzinco y otros el de Amaquemecan, pues aquí los confunde con otras tribus chichi- mecas.
HISTORIA DE TLAXGALA. 37 drillas de éstas caminaron hacia la parte Norte á poblar las pro- vincias de Tullantzinco, por no subir ni atravesar las grandes serranías y puertos de la sierra nevada y volcán de Amaque- mecan. 1 Acaecieron estas cosas desde el año orne Tecpatl, que fué el año que poblaron en los llanos de Poyauhtlan los Chichi- mecas por consentimiento de los Señores de Tetzcuco, y el año de tres Calli, y el año de cuatro Tochtli, y el año de cinco Acatl, y el año de seis Tecpatl, y el año de una Casa que es ce Calli, y el año de cinco Tochtli, y el año de nueve Acatl, y el año de diez Tecpatl, y el año de once Catti, y el año de doce Tochtli, y el año de trece Acatl, y el año de dos Tecpatl, y el año de dos Catti que fué el año que llegaron á la provincia de Chalco Amaquemecan, después de la salida que hicieron de los llanos de Poyauhtlan. 2 1 Estas montañas son el Popocatepetl y el Iztacihuatl. Esta, por la figura que semeja de una mujer blanca acostada, se llama así; y aquélla, desde su erup- ción tomó el nombre de cerro que humea, pues antes tenía el de Xalliquehuac:
esta erupción tuvo lugar en el año de 1347, según Chimalpáin.
2 En la impresión de 1871 dice: el año de tres Calli, y el año de cuatro Toch- tli) y el año de cinco Acatl, y el año de seis Tecpatl, y el año de diez Tecpatl, y el año de once Calli, y el año de doce Tochtli, y el año de trece Acatl, y el año de ce Tecpatl, y el año de dos Calli. Esta cronología es más correcta. Si la tomáramos al pie de la letra, resultaría que los teochicbimecas habían estado en Poyauhtlan solamente unos catorce ó quince años; y ya hemos visto que llegaron el año de 1208, y salieron el 1350. La repetición de un mismo signo cada cincuenta y dos años en el calendario nahua, expone á esas equivocacio- nes; pero en este caso tenemos un dato preciso, pues el suceso pasó bajo el rei- nado de Quinatzin, y como este murió en 1357, el año ce Tecpatl correspon- diente fué el 1350.
Inmigración de la tribu Chichimeca que fundó á Tlaxcala.—Derrotero.—Di- vinidades que traía.—Caudillos.—Genealogía de los Beyes de Tetzcuco. —Monogamia.—Poblaciones que fundó.—Los Teuhtli ó Tecuhtli, especie de orden militar de caballería.—Ceremonial.
Antes de que pasemos de aquí, nos pareció tratar de las jor- nadas que vinieron haciendo los Chichimecas desde que desem- barcaron ó pasaron aquel pasaje del agua y río ó estrecho de mar, 1 el año que tienen los naturales por su cuenta que dicen de esta manera. Año de cinco Tochtli llegaron á las siete cuevas y de las siete cuevas vinieron á Mazatepec, en cuya provin- 1 Esta leyenda del paso del estrecho de mar, que repiten varios cronistas, no se encuentra apoyada en las pinturas jeroglíficas. Fué una invención de ellos para seguir las ideas bíblicas del monogenismo, y traer á todos los habi- tantes de América del Viejo Continente. Aquí el autor hace pasar á los chi- chimecas ese estrecho, y después llegan á las siete cuevas del Chicomoztoc.
Esto no es exacto, pues como hemos visto, el Chicomoztoc fué el punto de par- tida de todas las tribus mecas: éstas pertenecían á nuestra raza autóctona.
Sin embargo, los cronistas, como se ve en Torquemada, habían buscado el modo de apoyar estas ideas en una pintura, la cual parece ser la tira de la Pere- grinación, existente en la actualidad en el Museo de México. Pero ya elSr. D.
José Fernando Ramírez, en las explicaciones quede esa tira dió en el Atlas del Sr. García Cubas, ha demostrado que el primer lugar de ese jeroglífico era una isla en donde residieran los mexicas al llegar al Valle, la cual estaba inmedia- ta á Culhuacan del mismo Valle de México. Ya fuera esta isla un segundo Az- tlan, como se anota en el códice Aubin, ó Acocolco como resulta de la lectura cia dejaron á Itztolli 1 Axiunel personas principales; y de Ma- zatepec vinieron á la provincia de Tepenenec 2 que quiere decir en el cerro del Eco, y aquí mataron á Itzpapalotl, el cual mató Mimich á flechazos; y de aquí vinieron á Comayan 3 donde tuvie- ron grande guerra, hasta que por fuerza la destruyeron y ga- naron; y de esta provincia de Comayan vinieron á la provincia de Oulhuacan y á Teotlacochcalco y á Teohuitznahuac: aquí quisieron flechar y matar á una Señora Cazica que se llamaba Cohuatlicue, Señora de esta provincia, á la cual no flecharon, antes hicieron amistades con ella y la hubo por mujer Mixco- huatl Camaxtli, y de esta Cohuatlicue y Mixcohuatl Camaxtli nació Quetzalcohuatl; 4 por cuya causa y razón dejo atrás declarado, jeroglífica de la pintura de Sigüenza, no importa: siempre es una isla en nues- tro Valle, y el agua que la rodea la del Lago de Chalco y Xochimilco.
Con menos razón podría sostenerse la opinión del Sr. Buelna (Peregrinación de los Aztecas. 1892), quien cree ver en el jeroglífico que hay sobre el templo de esa isla, el nombre de la Atlántida. Para esto supone, que dicho jeroglífico se compone del signo del agua atl, lo cual es cierto, y del arma atlatl, lo que es inexacto. Esta figura no es la del atlatl, cuya forma conocemos, porque hay dos ejemplares de esa arma rarísima en el Museo; y no es tampoco su forma jeroglífica, pues también conocemos ésta y es muy diferente, como puede ver- se en la página 33 del códice Aubin, en el signo gráfico Atlacuihuayan, hoy Tacubaya. La figura en cuestión, no es más que una asta de flecha; y la flecha es el signo del día acatl, como puede verse en muchas pinturas, y entre ellas en el códice Borgiano, en casi todas sus páginas.
Además, los jeroglíficos de lugar siempre están solos ó sobre un cerro, nunca sobre un templo. Esto demuestra que aquí el jeroglífico se refiere á la deidad de la tribu. Esta deidad se llamaba, pues, Aacatl. ¿Será el mismo Huitzilo- pochtli, y éste su segundo nombre, como lo era Ceacatl de su gemelo Quetzal- coatí?
1 Creo que debe leerse "y á Xiuhnel. ,}—B.
2 En el manuscrito de Panes se lee Tepeñaque, pero ni de esta palabra, ni de la de Tepenenec, se puede deducir la significación de Cerro del Eco.—B.
3 En la impresión de 1871 dice: pasaron de allí á Comallan.
4 Los tlaxcaltecas, como las otras tribus, mezclaban su historia con su teo- gonia. Ya hemos visto que los llamaban teochichimecas ó mecas del dios, por- que adoraban al ídolo Camaxtli, para distinguirlos de los otros chichimecas que no tenían ídolos, sino que llamaban al sol padre y á la tierra madre, y cuyo cul- to consistía en cortar la cabeza de la primera caza que tomaban, y mostrarla que aunque Quetzalcohuatl dijo que vino por la parte Norte y por Pánuco, y de Pánuco por Tulantzinco y por Tula donde tuvo su habitación, todos estos vinieron por la vía del Poniente, é que como fuesen personas tan principales y de grandes habili- dades, los tuvieron por dioses, especialmente Camaxtli, Quet- zalcohuatl y Tezcatlipuca, y todos los demás ídolos; sino que vi- nieron discurriendo por diversas partes de este nuevo Mundo, y ansí estos que tuvieron por dioses debían ser nigrománticos, hechiceros y encantadores ó brujos, ó tenían hecho pacto ó co- nivencia con el demonio, porque les hacía ó 1 por conjeturas alcanzar muchas cosas de las porvenir, ó eran hombres nacidos de íncubos, pues tanto dominio tenía el demonio sobre ellos, que bastaran para pervertir tantas y tan numerosas naciones de gentes.
al sol como sacrificándola. (Ixtlilxochitl, tomo I, página 76). Pero aquí Ca- maxtli toma también el nombre de Mixcohuatl, lo cual confirma que era el dios naliua del fuego, que ellos como cazadores convirtieron en deidad de la caza, y cuyo culto recibieron al pasar por la región meca.
Es notable, que en este pasaje se ponga á Quetzalcoatl como hijo de Camax- tli y Coatlicite, cuando en la leyenda tolteca solamente es hijo de ésta.
En el códex Zumárraga ó Historia de los mexicanos por sus pinturas, capí- tulo I, se refiere que Tonacatecuhtli, el dios creador, tuvo por mujer á Tona- cacibuatl ó por otro nombre Xochiquetzal; y que este dios y esta diosa engen- draron cuatro hijos. El primero fué Tlatlauhquitezcatlipoca, espejo rojo, el sol;
y que á éste tuvieron por dios principal los tlaxcaltecas, y le llamaban Camax- tli. Natural fué que los cLichimecas, que adoraban al sol, tomaran como ídolo al de la deidad nahua que lo representaba, cuando con los nahuas se pusieron en contacto. En el capítulo VIII agrega: que andaba Camaxtli en el campo y se encontró con una parienta de Tezcatlipoca, y de ella tuvo un hijo llama- do Ceacatl, que es Quetzalcoatl. Esta leyenda es semejante á laque trae aquí el autor, y tiene significación astronómica. (Véase sobre esto mi Historia Anti- gua). En el mismo capítulo dice que Camaxtli dió con un palo en una peña y salieron cuatrocientos chichimecas: así los tlaxcaltecas unían su origen tro- glodita á su leyenda religiosa. Más adelante dice el mismo capítulo, que Ca- maxtli se hizo chichimeca: manera simbólica de expresar cómo la raza aceptó el culto del dios nahua, dejando así en su historia un recuerdo permanente de esa teofanía.
1 debía.
Habiendo nacido Quetzalcohuatl en esta provincia de Tehuitz- nahuatl, les hizo grandes fiestas Xicalan, 1 y les dio de presentes grandes dádivas de ropas de algodón; y de esta provincia los llevó á Aculhuacan, y aquí dió el dicho Xicalan una hermana suya llamada Coyollimaquiz á un principal llamado Tzonteco- matl, de cuyos padres nació Acul, y de éste nació Huehueyac, y éste ovo á Ilanaceytl Atotoz 2 y esta dicha Atotoz ovo Quetzal- chihuatzin. 3 Y de Ixtlilxochitl nació é ovieron por hijo á Neza- hualcoyotl, y de éste nació 4 (que fué el Lobo ayunador de que atrás hicimos mención) Netzahualpilzintli su hijo, de donde pro- ceden los Señores de Tetzcuco por línea recta. 5 Habiendo, pues, pasado por tantas tierras y provincias como atrás dejo referido, vinieron á pasar 6 á Hueypuchtlan y Tepot- zotlan. En esta provincia se armaron caballeros Culhuatecuhtli, y Xicalan se llamó Tecpanecatl, porque en esta ceremonia se tro- caban los nombres, porque ansí era pemitido por grandeza, y este que se llamaba Cetecpatl lo llamaron Mixcohuatecuhtli, y Mix- cohuatl se llamó Chichimecatecutli; y estos 7 que voy nombran- 1 En el manuscrito de Panes Xicolan. Tratándose de un nombre de perso- na debía ser Xieali ó Xicoli.—K.
2 Sin tener á la vista el grupo jeroglífico denotativo de este nombre no pue- de fijarse con entera certidumbre su verdadera ortografía. Puede ser Atotoci, Atototzin y probablemente sin la .4 inicial, que parece ser una preposición in- corporada con el nombre; defecto muy frecuente en este manuscrito.—E.
3 "la cual casó con Ixtlilxochitl y de ésta Qíietzalchihuatzin y.—Manuscri- to de Panes.—R.
4 Así se lee en ambos manuscritos, pareciendo quedar trunca la narración; mas trasladada esa frase después del paréntesis queda completo y exacto.—E.
5 Ixtlilxochitl en sus obras sostiene, que los señores de Tlaxcala descendían de los cuatro hijos de Quinatzin, que habían salido del señorío texcucano ha- cia ese rumbo: aquí Muñoz Camargo quiere por el contrario, que Nezahual- coyotl descienda de los tlaxcaltecas. Como cada cronista quería sublimar su raza, debemos desconfiar de tales aseveraciones, pues uno y otro hecho son inexactos.
6 á parar.—Manuscrito de Panes.—E.
7 " que se han nombrado fueron los principales caudillos que trajeron estas gentes, y sus mujeres aquí se nombran por sus nombres antiguos, pues aún des- pués de la conquista vivieron muchos principales
descendientes de éstos. Así do, fueron los principales caudillos que trajeron estas gentes y sus mujeres, y á esta causa los voy aquí nombrando por sus nombres antiguos y á sus mujeres, porque hoy en día viven mu- chos principales de la descendencia de éstos, lo cual no pusimos al principio, que allí se había de hacer relación de éstos; mas no se ha perdido coyuntura, pues se deja entender que lo ha- cemos por dar noticia de los principales caudillos que hubo en el origen de estas poblazones, desde donde comenzaron esta su muy larga itineraria, inaudita peregrinación. 1 Finalmente, que Mixcohuatl y Hueytlapatli, Pantzin y Cocoltzin fueron caudillos de estas gentes: Xonecuilinan fué mujer de Xicalan y Cetecpatl- tecuhtli tuvo por mujer á Yacaxoxouhqueilama, y Mixcohuatecuh- tli tuvo por mujer á Totonilama; llamóse el hijo de Xicalan Ma- zatlheuhue, que casó con la hija de Cotecpatltecuhtli que se llamó Centecihuatzin, de quien nació Tochtzin y Apanecatz'm; y Cetecpatl damos noticia de los principales caudillos que hubo en el origen, etc."—Ma- nuscrito de Panes. Esta es Ja variante á que aludía en la nota de la página 22 y que me parece confirma la intención que tuvo el copiante de apropiarse la obra de Muñoz Camargo. R.
1 Todas las tribus peregrinan en nuestra Historia antigua, durante largos años. Los mexicas, según el códice Kamírez, salieron de Aztlan el año de 820, y hasta principios del siglo XIV fundaron á México. Esto se explica bien por Ixtlilxochitl (tomo I, pagina 83), quien dice de los chichimecas, que en donde hallaban lugares acomodados y montuosos, se pertrechaban para lo de adelan- te, repartiéndose por capitanías, y en los lugares más acomodados á su propó- sito venían dejando algunas gentes y algunos nobles para sus gobernadores. Al hablar de la peregrinación tolteca (segunda relación), refiere cómo esa raza iba haciendo largas estancias, sembrando los campos, levantando ciudades, y dejando siempre á algunas gentes para que poblasen.
De manera que todas estas emigraciones, en su lentitud, tenían el carácter de colonizadoras. Esto nos explica por qué todo su largo trayecto, desde Sina- loa hasta la costa de Veracruz, aparece en la Carta etnográfica ocupado por pueblos de lengua nahua.
Si suponemos que los teochichimecas salieron del Chicomoztoc hacia el siglo IX, resultará que tardaron en su peregrinación cerca de cuatro siglos, hasta asentarse en el año de 1208 en las vertientes délas montañas orientales de nues- tro Valle; y que allí vivieron su vida troglodita siglo y medio, hasta que fue- ron expulsados por Quinatzin en 1350.
ovo por hijo á Apantzin, y Mixcohuail ovo por hijo á Acon- tzin.
Háse de advertir, que en aquella era, los Chichimecas no te- nían más de una mujer, y hoy en día los indomésticos que no tienen más de una, tienen en mucho los hijos varones que les nacen y aborrecen á las hijas; los padres crían á los varones y á las hembras las madres: por manera que como hubieren lle- gado á Poyauhtlan el año de dos Teepatl y tres Calli y cuatro Tochtli y cinco Acatl y seis Teepatl y siete Calli y odio Tochtli y nueve Acatl y diez Teepatl y once Calli y doce Tochtli y trece Acatl Inanlir Tonalli, 1 y el de un pedernal que es Cetecpatl Xihuitl fué el día que salieron de Poyauhtlan los Chichimecas y dejaron allí á Chimalcuixintecuhtli, y éste fué á las provincias de Quauh- chinanco con mucha parte de estas gentes á poblallas, que es hacia la parte del Norte, y halló poblado allí á Macuilacatlecuh- tíi, el cual lo recibió muy bien y de paz, y le dió mujer con quien casó allí en Tollantzinco, y lo mismo hizo con Quauhto- tolamihua. 2 1 Naulin Tonalli manuscrito de Panes. Ambas lecturas son defectuosas y la de nuestro manuscrito es absolutamente bárbara. Por ella podría entenderse que se trataba de un año mexicano de aquel nombre; pero él no existe en el ca- lendario. Tal vez el copiante suprimió por descuido las frases intermedias, en que el autor precisaba la fecha en que la tribu salió de Poyauhtlan, conservan- do solamente la del día Nahui-olin, sincopado Naolin con la adición Tonalli, que significa día. Parece que este pasaje ininteligible por aquella supresión y por la viciosa ortografía del manuscrito, podría restaurarse conforme á lamen- te y estilo del autor, poniendo un punto final en la frase trece Acatl, y prosi- guiendo así: "Y en el día Naolin tonalli del año un Pedernal que es Ce-tecpatl 11 Xihuitl, fué el día, etc."—R.
2 Para comprender bien este pasaje y no entrar en las confusiones del autor, debemos observar que no fueron los teochichimecas los únicos expulsados por Quinatzin. En Ixtlilxochitl se refiere claramente, que se unieron á numerosas tribus trogloditas capitaneadas por Yacanex; y que era tan numeroso este ejér- cito, que pudo ir á sitiar á Texcoco, y después presentó batalla desde Coatlin- chan hasta Chimalhuacan, y con la sangre que derramó en la pelea tiñó las aguas del lago. Tampoco debemos olvidar que estas tribus en su derrota, hu- bieron de huir del Valle por la escarpada montaña de Tlaloc, porque no tenían otra salida. Pues bien, una vez del otro lado del Valle, unas tribus se fueron HISTORIA DE TLAXGALA. 45 De estas gentes se poblaron grandes provincias, como fué to- da la sierra y costas del mar, como Tuzapan, Papantla, Tona- tiuhco, Muxtitlan, 1 Achchalintlan y Nauhtlan. Los que se armaron caballeros en Poyauhtitlan fueron: Ixcoatl, Acolpiteeuh- Üi que se llamó Pantzintecühtli, y Tecpanecatl Cocotzin se llamó Mixcohuatecuhtli, y Jlueytapachtli se llamó ChichimecatecuJitli.
Esta ceremonia de armarse caballeros los naturales de Méxi- co y Tlaxcala y otras provincias de la lengua mexicana, 2 es cosa muy notoria; y ansí no nos detendremos en ello más de pasar sucitamente. Es de saber que cualquier Señor ó hijo de Señores, que por sus personas habían ganado alguna cosa en la guerra ó que oviesen hecho ó emprendido casos señalados y aventaja- dos, como tuviese indicios de mucho valor é que fuese de buen consejo y aviso en la República, le armaban caballero; lo mismo que hacían con los mercaderes ricos, que como fuesen tanto que por sus riquezas se ennoblecían, y hacían negocios de Hijosdalgo y caballeros, los armaban caballeros por dos; diferentemente que los caballeros de línea recta, porque los llamaban Tepilhuan:
al mercader que era armado caballero y á los finos 3 que por descendencia lo eran, llamábanlos Tecuhtles. 4 Estos se armaban caballeros con muchas ceremonias, porque ante todas cosas estaban encerrados cuarenta ó sesenta días en un templo de sus ídolos; y ayunaban todo este tiempo, y no trataban con gentes más de con aquellos que les servían, y al cabo de los cuales eran llevados al templo mayor, y allí se les daban grandes doctrinas de la vida que habían de tener y guardar; y antes de todas estas cosas, les daban vejámenes con muchas pala- bras afrentosas y sátiricas y les daban de puñadas con grandes á las sierras de Cuauhchinanco, y otras á las del Totonacapan; pero los verda- deros teochichimecas no pasaron adelante, y veremos como se establecieron en ese territorio.
1 Quizá V etztitlan.—E.
2 En la impresión de 1871 dice: de la laguna mexicana.
3 Así en ambos manuscritos.—R.
4 Tecuhtli.
reprensiones, y aun en su propio rostro, según atrás dejamos tratado, y les horadaban las narices, y labios y orejas; y la sangre que de ellos salía la ofrecían á sus dioses. Allí les daban públicamente sus arcos, flechas y macanas, y todo género de armas usadas en su arte militar: del templo eran llevados por calles y plazas acostumbradas, con gran pompa, regocijo y so- lemnidad. Poniánles en las orejas orejeras de oro, y bezotes de lo mismo y en las narices, llevando delante de ellos muchos truanes y chocarreros que decían grandes donayres con que hacían reir á las gentes; pero como vamos tratando, se ponían en las narices piedras ricas, horadábanles las orejas y narices y bezos, y no con hierros ni cosa de oro ni plata, sino con hue- sos de tigres y leones y de águilas, agudos.
Este armado caballero hacía muy solemnes fiestas y costosas, y daba grandes presentes á los antiguos Señores y caballeros, ansí de ropas como de esclavos y oro, y piedras preciosas y plu- mería rica, y divisas, escudos, rodelas, arcos y flechas, á mane- ra de propinas, como cuando se doctoran nuestros letrados. Andaban de casa en casa de estos Tecuhtles, dándoles éstos pre- sentes y dádivas, y lo propio hacían con estos armados caballe- ros después que lo eran; y se tenía cuenta de todos ellos en la República, y ansí no se armaban muchos caballeros pobres hi- dalgos por su poca posibilidad, si no eran aquellos que por sus nobles y loables hechos lo habían merecido, que en tal caso 1 los caciques cabezas y los más supremos que eran reyes, pues te- nían mero mixto Imperio en sus tierras, horca y cuchillo para ejecutar los casos de justicia, como en efecto era ansí. Final- mente, los que horadan las orejas, bezos y narices de estos que ansí se armaban caballeros lo eran ancianos y muy antiguos, los cuales estaban dedicados para esto; y ansí como para los ca- sos de justicia y consejos de guerra, servían estos caballeros veteranos de la República, los cuales eran temidos, obedecidos y reverenciados en grande veneración y estima como atrás deja- 1 Aquí falta algo para que haya sentido. Ya sea: los armaban; ó bien eran.
mos dicho. Al cabo de los cuarenta ó sesenta días de ayuno de los caballeros nobles, los sacaban de allí para llevarlos al tem- plo mayor, donde tenían sus simulacros: no les horadaban en- tonces las orejas, narices ni labios, que son los de la parte de abajo, sino que cuando se ponían en el ayuno, entonces y ante todas cosas, les hacían estas bestiales operaciones. 1 En todo el tiempo del ayuno estaba en cura para que el día de la mayor ceremonia, fuese sano de las heridas para que pudiesen ponelle las orejeras y bezotes sin ningún detrimento ni dolor. En todo este tiempo no se lavaban, antes estaban todos tiznados y embi- jados de negro, y con muestras de grande humildad para con- seguir y alcanzar tan gran merced y premio, velando las armas todo el tiempo del ayuno según sus ordenanzas, usos y costum- bres entre ellos tan celebradas. También usaban tener las puer- tas donde estaban ayunando, cerradas con ramos de laurel, cuyo árbol entre los naturales era muy estimado.
1 En la impresión de 1871 dice: estos bestiales espectáculos.
Continúa la peregrinación de los emigrados de Poyauhtlan.—Menciones y nombres que les imponen.—Sepáranse algunas cuadrillas y fundan pobla- ciones.—Llegan al actual territorio de Tlaxcala.—Expulsan los restos que quedaban de los Olmecas y Zacatecas.—Etimología del nombre Tlaxcallan. —Guerra con los pueblos vecinos.—Imploran el auxilio de los Texcuca- nos.—Se fortifican en sus montañas.—Conducta pérfida de los Tepanecas Mexicanos.—Invocan los Tlaxcaltecas la protección de su dios Camaxtli. —Prodigios con que los favorece.—Ofrendas que le tributan.—Preparati- vos para repeler el asalto.—Sacrificio humano.—Lo que es un Xippe.— Sangrienta batalla.—Efectos terríficos de las flechas de Camaxtli.—Can- tares históricos é historiadores de este suceso.—Costumbres.—Monogamia.
El año de dos Calli llegaron los ejércitos de los Chichimecas de Poyauhtlan á la provincia de Amaquemecan, que fueron los que tomaron la derrota de los puertos aquende de la sierra ne- vada, hacia las provincias de Tlaxcalla y Huexotzinco, y Cholo- lian y Quauhquechollan, los cuales vinieron rodeando por las faldas del volcán hacia Tétela, Tochimilco, Atlixco, Cohuatepe- que y Tepapayecan; 1 aunque algunos quieren decir que se ha- bían adelantado otras cuadrillas de Chichimecas, y venido á Cholollan el año de primero de un Acatl, é que fueron los capi- tanes que allí vinieron Tololohuitzitl, Ixicohuatl, 2 Quetzaltehuiac, Coliuatlinechcuani y Ayapantli, y que este Tololohuitzitl salió á re- cibir á los Chichimecas á la provincia de Chalco y Amaqueme- 1 El Sr. Galicia lee: Tepapanyocan.—K.
2 Ioxicohuaíl en la impresión de 1871.
can, y que los que en aquella era poseían la provincia de Chalco, eran Petlacatl, y sus hijos se llamaban Tlacatecuhtli, y Xiuhto- totl, 1 y Totcotzin; y movidos de esta provincia, vinieron á pasar 2 á un lugar que se llamaba letliyacac, junto á Huexotzinco, el año de tres conejos, y de este lugar se desaparicieron 3 los ejércitos para ir á poblar las tierras que hallasen desocupadas.
El año cuatro Gasas fué con sus cuadrillas á poblar la provin- cia de Quauhquechollan Toquetzaltecuhtli é Iyohuallatonac, 4 y asentaron su poblazón en Cohnatepec, y 5 otro caudillo que se llamó Quetzalxiuhtli. 6 Ansí mismo llegaron el año de tres conejos al lugar de Ahua- yopan otras cuadrillas, habiendo llegado antes á poblar los Ul- mecas y Zacatecas, 7 á los cuales hallaron poblados como atrás tenemos de ello hecha relación, y en el lugar que tenían pobla- do que se nombra Tecoyocan. En esta provincia se apartó un 1 La impresión de 1871 agrega: Cemacatl.
2 á parar; manuscrito de Panes.—K.
3 se esparcieron; manuscrito de Panes.—K.
4 En la impresión de 1871 dice: y Yohuallatonac.
5 Quizá con—ó el texto está trunco.—R.
6 En la impresión de 1871 dice con mejor ortografía: Quetzalxihuitli.
7 Antes de pasar adelante, debemos dar una explicación sobre estas invasio- nes, porque el autor confunde la de los teochichimecas con otras anteriores de tribus también cbicbimecas.
Recordemos que el autor refiere, que los teochichimecas de Poyauhtlan tu- vieron que salir del Valle por las escabrosidades de la montaña de Tlaloc: no pudieron pues, ser éstos los que pasando por Amaquemecan, atravesaron entre las dos montañas nevadas, el Popocatepetl y el Iztacihuatl, y bajaron por ahí al territorio de Cholollan y Huexotzinco.
Ya en nota anterior explicamos, cómo los chichimecas cazadores, tlemonti- nimia, habían llegado á la serranía de Amaquemecan siglos antes del arribo de los teochichimecas. Más tarde, por una parte debieron ir creciendo en po- blación con el transcurso de los años, y por otra los chalcas se habían ido ex- tendiendo á Tlalmanalco, y debieron empujar á aquellos á las cumbres de las montañas: ambas causas debieron obligar á los chichimecas á pasar del otro lado del Valle. Esto tuvo lugar á principios del siglo XI, y hasta dos siglos después llegaron los teochichimecas á nuestro Valle.
capitán que se llamó Ixcohuatl, 1 que por otro nombre se llama- ba Xopanuatecuhtli, é se fueron á la provincia de Zacatlan 2 por no poder sufrir á los Chichimecas, á cabo de grandes reencuen- tros que tuvieron y muchas muertes; y en Totoyac 3 pobló Tet- zitzimitl, y Quauhtzintecuhtli pobló en Atlmoyahuacan: entonces entró por la poblazón de Huexotzinco Cozcacuauhhuehue en el barrio de Tecpan, y Tlotlitecuhtli más abajo; y en el barrio de Contlan pobló Tempatlahuac, y el barrio de Xaltepetlapan pobló Cacamatecuhtli, y Tolteoatecuhtli pobló en Galpan, y Cematecuhtli fué á poblar la parte de Atlixco, y ovo generación en el pueblo La región invadida desde la primera vez, era el territorio que se extiende de Tlaxcalla á Huexotzinco, y cuya principal ciudad era Cholula.
Cholula había sido fundada, de siglos atrás, por pueblos de la civilización del Sur, por los vixtoti. Fué primeramente invadida por los nahuas ulmecas, que al fin tras muchos años de contiendas, se establecieron en ella y Kitema- ki, que después fué Teotihuacan; y así se formó la nueva raza nonoalca. En el siglo VII, los toltecas conquistaron á una y á otra, y las hicieron sus dos ciudades sagradas, dedicando Teotihuacan al Sol y á la Luna, y Cholollan á la estrella de la tarde Quetzalcoatl. Su gobierno particular fué teocrático; y por motivo de las guerras religiosas de Tollan, los partidarios de Quetzalcoatl se refugiaron en Cholollan; y de esta manera quedó constituida en poderosa teo- cracia, á la destrucción del señorío tolteca, en 1116.
Ya antes Cholula había sido atacada por los chichimecas, y éstos se habían extendido por la región inmediata, pues encontramos la noticia, de que en el año nueve tochtli 1046, los chalcas habían ayudado á los toltecas á restaurarla teocracia de Quetzalcoatl en Cholula; y además nos refiere Ixtlilxochitl (tomo I, página 120), que el gran sacerdote de Cholula llamado Iztamazin, vino á pe- dir socorro á Cuxcux, rey de Culhuacan, quien le dió mucha gente de guerra, con la cual fueron contra Quauhquechollan, Cuetlaxcohuapan y Ayotzinco, que eran tres provincias de chichimecas.
De manera que las invasiones de que trata el principio de este capítulo, no son de los teochichimecas que fueron después tlaxcaltecas, sino de otras tribus chichimecas anteriores.
1 Ixcohuatlcoxana; manuscrito de Panes.—R.
2 Varias veces se dice, que vinieron juntos los ulmecas y los zacatecas: como se ve, éstos no eran una tribu aparte, sino nonoalcas que, empujados por los chichimecas, se fueron á establecer á Zacatlan, de donde tomaron el nombre de zacatecas.
3 Tototla; manuscrito de Panes. R.
de Totomihuacan; y en esta sazón de estas poblazones, no esta- ban divididas las provincias, hasta que por discordias y pasio- nes las vinieron á dividir, por manera que fué á poblar To- tomalotecuhtlioquichtzin de quien nació Tezonistac, Ictopan 1 y Ixtaccoyotl y Temayahui y Ocotochtli, en cuyo tiempo ganó y des- truyó la provincia de Tepeyacac, y fué á residir allí Quauhtzin- tecuhtli 2 el año que llamaban de cinco pedernales, á los veinte días de su bisiesto 3 que llamaban Tititl fueron movidos los ejércitos de los Ghichimecas para proseguir sus poblazones ha- cia la parte de Tepeyacac y Tecalpan, y yendo marchando hacia la otra sierra nevada que llaman Poyauhtecatl, y las sierras de Napantecuhtli 4 y las sierras de Perote por no dejar cosa nin- guna sin ver, llegaron á Amaliuhcan y á Nacapahuaxcan y Gha- chapatzinco, lugares que iban poblando y poniéndoles nombres conforme á los acaecimientos que les sucedían en su viaje, por- que desde aquí comenzaron á usar á comer las carnes guisadas, cocidas y asadas, porque de antes las comían crudas y mal asa- das en barbacoas que eran más crudas que asadas, y aquí en estos lugares los vino á ver y visitar Tolololiuitzitl y Quetzalte- huiyac é Ixcoatl; allí les dieron presentes de ollas de barro para que guisasen de comer, y ansí por este nombre de guisar las carnes en ollas lo llamaron Nacapahuacan. 5 Se armaron caba- lleros muchos de ellos, después de haber echado de sus tierras á los Xicalancas y Ghozamecas 6 y Zacatecas, como en efecto lo 1 y Topan; manuscrito de Panes.—E.
2 Parece que aquí debe terminar el período con un punto final.—K.
3 Aquí hay un error difícil de enmendar, porque ningún año mexicano lle- va el nombre Tititl, y es muy controvertible si el que algunos escritores llaman su bisiesto, corresponde exactamente al nuestro: Tititl, es el nombre de uno de los meses del calendario mexicano. Quizá se omitió por descuido el número or- dinal del día, con la cual la data podría considerarse suficientemente regular. — li.
4 Nappate-euhtli. Nombre de una antigua deidad de los Mexicanos y hoy de la montaña conocida con el de Cofre de Perote.—K.
5 y de aquí fueron á Huehuetlan y á Atlixtacan, Tepexico: allí en Acapahuecan se armaron, etc. Manuscrito de Panes.—R.
6 Así en ambos manuscritos.—R.
hicieron y les quitaron las tierras que poseían, y se fueron á po- blar á otras partes, y después de esta destrucción, se vinieron á poblar muy despacio y de propósito á esta provincia de Tlax- calla. 1 Entraron poblando por un lugar de esta provincia que se llama Acallan y Yacacuanac y Yacahuaca Capechapan, á donde hallaron á Tlalchiyac y Aquiyach, los cuales les dijeron que no tenían que parar allí, que aquellos términos los habían ganado ellos y adquirido por linderos de la provincia de Cholollan y toda la sierra de Matlalcueye, que es la que llaman sierra de Tlaxcallan. Estáis engañados, respondieron los Chichimecas, todo es nuestro, y no hemos parado, que aun todavía camina- mos; y ansí pasaron adelante por diversos lugares de esta pro- vincia, haciendo poblazones, y llegaron á Contlan, donde está agora la hermita de San Bernardino, y allí pararon más de vein- te días, y el primero que faltó 2 de aquí fué AÜapahuehue en compañía de Teyohualmiqui, gran encantador y hechicero, y su- bidos en el cerro de Moyotepec flechó de noche este Teyohuol- miqui á Cozcatecuhtli y lo mató y á Cuetlachuatecuhtti, y Texteco ma Axotl Teotzin Zacatlamincetoxcatl, 3 y éstos llegaron después que rodearon estas tierras, después de la división que ovo en Tepeyacac, en ciento veinte días, y llegaron á la Sierra 4 de Te- peticpac, que es en esta ciudad de Tlaxcalla en el propio año de 1 Hasta aquí las invasiones de los primeros chichimecas, que el autor quie- re ligar con las de los teochichimecas. Sabemos que éstos salieron de nuestro Valle en 1350, y desde el siguiente párrafo vamos á ver como se fueron exten- diendo y asentando en el territorio de Tlaxcalla.
2 que salió; manuscrito de Panes.—E.
3 En el manuscrito de Panes dice: 11 Zacatlamin, el día de Toxcatl, etc." La variante es sumamente grave porque parece indicar, como fecha la del día ce Toxcatl; pero como en el calendario mexicano no existe día alguno de este nombre, la variante queda únicamente para comprobar que el autor de aquella copia alteró el texto del original, no comprendiendo su asunto. En el caso par- tió el nombre propio Zacatlamincetoxcatl.—E.
4 alta; manuscrito de Panes.—E.
cinco pedernales. 1 Finalmente, puestos en Tepeticpac acabaron de echar de allí á todos los Ulmecas y Zacatecas de estas tie- rras de Tlaxcalla y de Xocoyucan, donde estaban apoderados, que es cerca del pueblo de San Felipe de esta provincia, donde mataron á un capitán famoso que se llamaba Colopechtli, y per- dido su capitán, se fueron por la parte del Norte, caminando con sus mujeres é hijos, porque ansí los dejaron salir é fueron por Mitlinima, 2 y por Goyametepec, y por Tlecoyotlipac, 3 y por Mamaztlipilcayan y por Hucheychocayan, y como no halla- ron por esta tierra cuevas 4 en que meterse pasaron grandes tra- bajos, porque les llovió más ele veinte días aguas menudas, y aquí tuvieron los viejos y niños muy gran llanto por las tierras que dejaban perdidas, y por esta causa se llama aquel valle el día de hoy Huehueychocayan, y aquí quedó Coxana, y los demás pasaron adelante y llegaron á Atenatie 5 donde está agora el pueblo de la provincia de Zacatlan, con los Ixcohuatl, Xopanca- tecuhtli y Atala: 6 asentaron su pueblo por consejo de Coxana que debió ser el Señor de todos estos ejércitos vencidos de los Chichimecas de Tlaxcalla.
1 Ya esta fecha nos comienza á dar una cronología segura. Habiendo atra- vesado los teochichimecas las montañas del Valle en el año 1350, después de haber pasado por los lugares aquí citados, se asentaron en la sierra de Tepetic- pac, propia para sus costumbres trogloditas, en el año cinco tecpatl 1380.
2 Mitzmani; manuscrito de Panes.— R.
3 Tlecoyoly Yacao; manuscrito citado.—R.
4 Este es un dato muy importante, porque nos muestra que esos primeros habitadores de Tlaxcalla habían seguido su vida troglodita. Encerrados en las asperezas de sus sierras, se habían substraído á toda influencia de las culturas nonoalca y tolteca: así, más bien que ulmecas como los considera el autor, de- bieron ser otomíes. Autoriza esta presunción la gran cantidad de otomíes que aún en tiempos posteriores había en el territorio de Tlaxcalla. Aparecen sobre todo, en los extremos del señorío tlaxcalteca, como en Tecoac, cual si hubiesen sido empujados hasta allí por los invasores; y en el espacio que separaba á Tlax- calla del señorío de Texcoco, estaba precisamente la gran región otomí, y su principal ciudad Otompan.
5 Tonactic; manuscrito citado.—R.
6 Otlatla; manuscrito citado.—R.
Puestos y apoderados de la sierra de Tepetiepac, enviaron desde allí á Tzoraacatl á la provincia de Xilotepec; y los que fueron á poblar á Xicochimalco, fué Pucaniocchitl 1 y su mujer Pucani-Axoch, que después fué llamado el dicho Pucanioechitl Cipactecuhtli: y como los Ghichimecas tanto se iban apoderan- do de toda la tierra, y haciéndose Señores muy poderosos de ella, y .todas las gentes que habían traído, y habiéndose encasti- llado y cogido la más inexpugnable sierra para su fortaleza, considerando los comarcanos pobladores que de tanta fortifica- ción de estos Chichimecas no podría redundar ningún bien para ellos, porque desde allí los habían de supeditar y tenellos por vasallos, lo cual no cabía en razón porque todos eran unos, igua- les en linaje, pues habían venido á poblar, que cada uno se contentase con lo que había adquirido y ganado para sí y para sus deudos y demás descendientes, determinaron de no suje- tarse á ellos, que eran los Ghichimecas mayores y más princi- pales, los cuales poblaron las tierras 2 de Tepetiepac que fué llamada Texcalticpac y Texealla, y de Texcalla 3 Tlaxcalla, 4 y substrayéndose como se substrajeron de su antiguo reconoci- miento, presuponiendo quitalles y atajalles la pujanza que lle- vaban de señorear todo el mundo y derriballes de su altivez y 1 Pusani-Oeelotl; en el manuscrito de Panes. Ambas lecturas son vicio- sas.—K.
2 sierras; manuscrito de Panes.—R.
3 se derivó ó formó el nombre.—R.
4 Los teochichimecas, como pueblos que habían peregrinado con las otras tribus, habían recibido en parte la lengua nahua; pero siempre la hablaron in- correctamente, aun después de que estuvieron en contacto continuo con los mé- licas y los texcocanos; y así fué preciso á los grámáticos escribir reglas espe- ciales para la inteligencia de los provincialismos de Tlaxcala. Los Sres. Gerste y Troncoso tienen una de estas obras. Natural fué por lo mismo que corrom- pieran los primeros nombres nahuas que conocieron: ya hemos visto que de Yaomaxtli hicieron Camaxtli. El nombre del lugar aquí citado, se llamaba Texcalla, que significa despeñadero; y lo corrompieron en Tlaxcalla. Oportuno por lo tanto es advertir, que el jeroglífico de este nombre, el cual representa dos manos haciendo una tortilla tlaxcalli, es solamente un signo fonético, y de ninguna manera etimológico ni representativo.
soberbia, y que cada uno se quedase con lo que oviese ganado dividiendo sus provincias y lugares, y señalando sus términos para que fuesen conocidos é no estar sujetos á un solo Gober- nador, Rey ni capitán; y estando en esta contingencia 1 tanto pudo la codiciosa ambición, que entre sí movieron guerras ci- viles, 2 conspirando contra sus mayores capitanes y señores y caudillos que los habían traído y guiado de tan lejanas tierras y cansadas peregrinaciones, ovieron lugar de tener entrada los alborotos y rebeliones entre estos bárbaros, 3 no pudieron sufrir mayoría ni igualdad, y ansí con voz de libertad en boca, con la mayor parte de la gente plebeya que vino con ella, dieron tras sus más principales capitanes Chichimecas, en tanto grado, que vinieron á guarecerse á las cumbres más altas de Tepeticpac, todo lo cual hicieron á fin de substraerse y ser señores de lo que habían ganado y poblado con sus gentes, y ansí conjurados contra los Chichimecas mayores y más poderosos que entonces había, vinieron á rompimiento, y á tener la más cruda y san- grienta guerra civil que en el mundo ha habido, matándose unos á otros como enemigos crueles y rabiosos perros, siendo hermanos contra hermanos, padres contra hijos, hijos contra pa- 1 en estas contiendas; manuscrito de Panes.—K.
2 Se ve claramente por este relato, que habiendo ocupado los teochichime- cas la sierra de Tepeticpac, quisieron extenderse á otras serranías y á la llanu- ra; pero que los pueblos comarcanos se alzaron en armas para impedirlo y les movieron á la guerra. Kesulta pues falso el relato de Iztlilxochitl (tomo I, pá- gina 290), en que cuenta que los cuatro hijos de Quinatzin se fueron á. Tlax- calla con su tio Xiuhquetzaltzin, señor de ella, quien los había enviado á llamar muchas veces; y que de ellos descendiéronlos que después fueron los cuatro señores de Tlaxcallan. El prurito de sostener que todos los señores de la tierra descendían de los reyes de Texcoco, hizo cometer á Ixtlilxochitl estas inexac- titudes. Por el contrario, y esto era lo lógico, los pueblos invadidos recibieron con guerra á los invasores.
3 En la impresión de 1871 dice este pasaje: "porque como la natural é in- saciable ambición tuvo lugar y entrada entre estos bárbaros, no pudo sufrir mayoría ni igualdad en el mundo." Variantes tan notables y tan repetidas, no pueden ser descuido de copistas, y parecen confirmar la idea de que hay dife- rentes versiones de la obra original.
clres, mezclándose la sangre derramada de ellos propios y de su propia Patria, que con'palabras no se pueden explicar ni enca- recer las no pensadas crueldades que en esta guerra se usaron y acaecieron.
Desbaratados los Ghichimecas de Texcaltepec de la gran trai- ción que contra ellos usaron, se retiraron á sus fuertes con gran ofensa que los contrarios les habían hecho, hasta que los vinie- ron á sitiar y poner cerco por todas partes para acaballos, con gran muchedumbre y pujanza de gentes que contra ellos con- vocaron, que necesitaron y obligaron á los Ghichimecas de tal manera, que enviaron por socorro á la provincia de Tetzcuco, y á los Señores de allí y otras partes donde tenían amigos ca- pitanes que por su mano habían puesto y repartídoles provin- cias en que estaban poblados; y ansí Colhuatecuhtli, único Señor de Texcalla y de Tepeticpac, envió á llamar á Cipactecuhtli que estaba en las poblazones de Xicochimalco, y lo fué á llamar Uuitzilacan y Quittlilxochapanecatl, los cuales no se hallaron en este combate ni cerco, ni menos Pantzintecuhtli, porque estaban ocupados en las poblazones de Xalpan y en las de Itztlottan; y el año de nueve pedernal 1 quieren decir que fué el acaecimiento del cerco que se puso á esta insigne y muy inexpugnable ciudad de Tlaxcalla, que fué la primera guerra que contra ella se tuvo, á la cual vinieron á socorrer los Tetzcucanos con grandes ejér- citos y poder, y truxeron por presente á Culhhatecuhtli, un vaso de alabastro muy fino que le enviaba por grandeza el Señor de Tetzcuco con un capitán belicoso y valiente llamado Chíname, el cual con sus gentes fueron muy bien y agradablemente recibi- dos; y estando fortificado en los riscos de Tepeticpac con muchas albarradas, y fosas y otros reparos y pertrechos de guerra, y muy grandes profundos despeñaderos que tiene la propia sierra de peña tajada, estuvieron encastillados allí aguardando el fin que había de tener esta guerra comenzada. Fué tan grande la fuerza y reparos que los Ghichimecas aquí hicieron, y fué su intento 1 Este año de nueve pedernal ó íepactl, correspondió á 1384.
hacella con tanta pujanza, que fué más para inmortalizar su fama y memoria, que para defensa y resistencia presente, y por si en algún tiempo no les sucediese alguna siniestra y contraria fortuna ú otra cualquiera adversidad, como suele acaecer en el mundo á los muy prosperados y favorecidos de ella: y ansí puestos en razón de guerra aguardaban el fin, porque su ídolo Camaxtli les tenía asegurados que habían de ser vencedores de todas las gentes, y allí había de ser el principio de su monarquía.
Señoreando en aquella era y sazón en la provincia de Hue- xotzinco Xiuhtlehuitecuhtli, como viese que tan prósperamente los Ghichimecas se iban apoderando de toda la tierra, y como ca- da díales venían gentes de socorro de diversas partes y lugares, procuró abreviarla guerra, para lo cual envió por socorro á los Mexicanos Tecpanecas, reynando en México todavía Matlalihui- tzin: 1 rogóle Xiuhtlehuitecuhtli le enviase socorro contra los Ghi- chimecas de Poyauhtlan, sus enemigos capitales, 2 porque se 1 La mención de este personaje como Rey de México, debe causar suma ex- trañeza, porque no se conoce ninguno de sus monarcas con tal nombre. Tor- quemada, que sigue paso á paso la narración de Muñoz Camargo salva con la suya todas las dificultades en el siguiente pasaje: "para lo cual (dice) envió á "pedir ayuda y favor á los Mexicanos Tecapanecas, reinando en ellos Matlali- "huitzin, etc." Tratáse, pues, de un auxilio pedido al Rey de Azcapotzalco, que lo era de los Mexicanos denominados Tecpanecas.—R.
2 Aquí aparecen los huexotzincas como enemigos de los teochichimecas, y sin embargo, Torquemada dice que éstos fundaron á Huexotzinco. (Monarquía Indiana, tomo I, página 283). Esto merece una explicación. En medio de las noticias contradictorias de los cronistas y de cronologías in- conciliables, hemos visto ya que en aquellos rumbos hubo una irrupción dechi- chimecas, más de cien años antes de la llegada délos tlaxcaltecas. No podemos asegurar si aquellos fundaron á Huexotzinco, ó si ya lo encontraron fundado;
lo cierto es que era lugar de teochichimecas, pues en el Códex Zumárraga (ca- pítulo I citado) se dice que los de Tlaxcalla y Huexotzinco tenían á Camaxtli por dios principal.
Un pasaje de los Anales de Chimalpain (páginas 47 y 48) da en mi concepto la solución de estas contradicciones. Dice que en el año siete tecpatl, 1304, lle- garon á Panohuayan-Amaquemecan los poyauhtecas, llevando por jefe á Nochhuetzin, y de porta-ídolo á Tlotlitecuhtli. Ya hemos visto, que desde el año 1208 se asentaron los teochichimecas en el Valle, en el sitio llamado Po- iban rehaciendo con grandes fuerzas y usurpándole las tierras que tenía ganadas, y estaban en determinación de no parar hasta lle- gar á los confines de la tierra y costa del mar; é que no sería razón se les diese tanto lugar, ni que se apoderasen tanto siendo tan crueles y belicosos como lo eran. Visto por Matlalihuitzin Rey de México la persuación de Xiuhtlehuitecuhtli, maravillándose de tan gran novedad y repentina mudanza, no supo que le responder hasta que al fin procuró cumplir con el dicho Xiuhtlehuitecuhtli, yauhtlan, el cual se extendía desde las montañas hasta el lago en Coatlinchan.
Los que quedaron en las montañas siguieron su vida troglodita; fueron los que se alzaron contra Quinatzin con Yacanex; y los que expulsados en 1350, se con- vierten en tlaxcaltecas. Los poyauhtecas que habitaban la llanura, aceptaron la vida de ciudad, y es de creer que al contacto de los chalcas, civilizadores de aquella región (Mapa Tlotzin), alcanzasen cierta cultura. Ya por necesidad de mayor territorio, ya porque acaso sufrieran las depredaciones de los otros teochichimecas, antes de que éstos se alzaran en 1350, ellos peregrinaron pací- ficamente desde 1307, y fueron ellos los que tomaron el camino del volcán, Pa- nohuayan, y pasando por Amaquemecan, fueron á establecerse en Huexotzinco. De allí se extendieron al parecer pacíficamente, á otras poblaciones cercanas, como Matlatzinco y Cholollan, y llegaron hasta Quauhtinchan. Eespecto de Cholollan, hemos visto que hacia el año de 1220 (Ixtlilxochitl, tomo I, pági- na 120) su gran sacerdote Iztamantzin, aliado á los culhuas, sostuvo guerra contra los chichimecas. Tenemos además la noticia de que los teochichimecas llegaron á Cholollan en 1311, y que Tololohuitzitl salió á recibirlos hasta Ama- quemecan: de manera que fueron de paz á colonizar y á mezclarse con los an- tiguos chololtecas. Esto nos va á explicar con claridad el número de tribus de la tira del Museo, que son las que arribaron al Valle con los mexicas. Queda- ron en el Valle, ó sea el Anahuac, los culhuas, los chalcas, los xochimilcas y los tepanecas; y fueron á establecerse del otro lado de las montañas orientales del Valle, los chichimecas tlaxcaltecas, los chololtecas, los matlatzincas y los huexotzincas; tribus cuyos jeroglíficos son los consignados en dicha tira del Museo.
Además de la tradición, tenemos otra prueba arqueológica del paso de los poyauhtecas por Amaquemecan. Sabido es que los primeros frailes, para faci- litar la conversión de los indios, procuraron hacer sus iglesias donde éstos te- nían sus teocallis, y poner en ellos alguna deidad cristiana de forma semejante al ídolo que allí se adoraba. Así en el monte de Ameca colocaron un Santo Entierro, pues Mixcoatl se representaba como un hombre acostado ó metido en el agua, cual si fuera á tomar un baño, con un disco, el del sol, en las dos ma- nos. (Véase en el Museo, el Kinich Kakmó de Yucatán, conocido por Chac y le prometió enviar socorro como se lo pedía. Visto también por el Rey de los Mexicanos y Tecpanecas, lo que entre los Chichi- mecas trataban los de Huexotzinco, envió á dar aviso de ello á los Ghichimecas, diciéndoles por sus embajadores de esta manera:
" Avosotros los poseedores de la alta cumbre de Tlaxcalla, sabed que somos mensajeros y embajadores del muy gran Señor vues- tro sobrino y pariente, aquel que señorea y tiene en guarda las aguas de la gran laguna de Tenochtitlan: el llamado Matlali- Mol, y el Camaxtli de Tlaxcala; y el Mixcoatl de la antigua casa de Barron en Tacubaya).
Esto nos manifiesta otro hecho histórico importante: las tribus mecas habían aceptado por deidad principal al dios del fuego. Los amecas lo llevaron á la Península maya, y fué el Kinich Kakmó, que tuvo culto privilegiado en Iza- mal y en Chichen. Kepetimos que en el Códex Zumárraga (capítulo I) se di- ce que los de Huexotzinco y Tlaxcalla tenían por dios principal á Camaxtli. En el capítulo X de la misma obra se refiere, que los de Xochimilco sacaron su dios que decían Quelaztli, el cual era el venado de Mixcoatl: en efecto, la pierna de este venado da la significación de fuego tletl, en el jeroglífico de Tle- huexolotzin, en la lámina 18 bis del Lienzo de Tlaxcala. También llama la atención, que á veces en el jeroglífico de Cholollan se pone una pierna de ve- nado. Agerga el Códex, que los tepanecas traían por dios á Ocotecuhtli, que es el fuego: este nombre significa el señor ó dios del ocote, y el ocote es el ár- bol resinoso que servía á los mexicanos para hacer el fuego y alumbrarse con sus llamas. Finalmente dice, que salió Atitlalahuaca, y su dios era Amimitli, que era una vara de Mixcoatl, al cual adoraban por dios, y por su memoria te- nían aquella vara.
Amimitli se compone, de atl agua, de mimi plural de mitl flecha, y del su- fijo de persona tli. Significa, pues, la personificación de las flechas del agua;
pero para entender esto, debemos explicar que según las creencias nahuas, el fuego estaba sobre el agua, y que las flechas eran símbolo de los rayos del sol.
Este Amimitli es precisamente el dios que está sobre el templo al principio de la tira del Museo, y que yo he llamado Aacatl, que significa lo mismo.
Todavía debemos notar, que el primer dios de los aztecas fué Mexi, el tallo del maguey, de donde tomaron el nombre de mexicas: aquí aparece como segundo Aacatl ó Amimitl; y en la misma tira, pasan á Culhuacan á adorar á Huitzilopochtli. Más tarde hicieron uno de Mexi y Huitzilopochtli, y sin duda confundieron con él también á Aacatl. A su vez los tlaxcaltecas parece que con- fundieron á Yaomaxtli y á Huitzilopochtli, é hicieron de ellos á Camaztli.
El Sr. Orozco creyó que Mixcoatl, que literalmente significa culebra de nu- be, era la tromba; pero Mixtoatl era el humo de la hoguera, que al elevarse se- HISTORIA DE TLAXCALA. Gl huitzin os envía á decir y avisar cómo la gente trasera 1 de Hue- xotzinco y su caudillo Xiuhtíehuitecuhtli le ha enviado á pedir socorro porque quiere venir sobre vosotros y moveros muy cru- da guerra, é que ruega á este gran Señor nuestro, el que á tí nos envía, le favorezca con gran muchedumbre de gente que venga en su ayuda contra vosotros, el cual se la ha prometido y se la piensa enviar, y de tal manera que no le sea provechosa para ningún efecto, sino tan solamente que haga una reseña con apa- riencia de socorro, y no porque haya de combatir contra vos- otros. Enviamos á daros aviso para que de su parte estéis en- terados que ni él ni sus gentes os vendrán á ofender; por tanto os ruega con grande instancia que no seáis contra los suyos, que no vienen á pelear sino á hacer una manera de cumplimien- to para con los de XiuhtlehuitecvAtli Señor de Huexotzinco; y esto se nos mandó que dijésemos á los Ghichimecas, y que cuando hagáis vuestros encantamientos que reserváis á los Mexicanos, no les hagáis ningún daño como lo hicisteis cuando la gran ba- talla de Poyauhtlan á la orilla de la laguna."
Pasado esto, Culhuatecuhtlicuanez 2 envió á dar las gracias ai Señor de México de la merced y aviso que le había mandado decir; y puestos ya en orden para venir en regimiento de guerra, habiendo ganado las voluntades y amigos de sus confederados, y estando todos juntos en lo más alto de la cumbre de Tepe- meja en sus espirales una nube en forma de culebra. Ahora bien, la hoguera era la señal de la guerra, y con hogueras escalonadas avisaban nuestros anti- guos pueblos la aproximación del enemigo: de ahí viene el nombre de Yao- maxtlij paño de la guerra, ó más bien, el que se encarniza con el enemigo.
Los otros pneblos del Valle, texcocanos y otomíes, no figuran en estas leyen- das ni en la tira, porque los primeros vinieron por rumbo distinto, y los segun- dos eran los viejos habitantes del Anahuac.
1 de la hera; manuscrito de Panes.—K.
2 Antes lo ha llamado el autor Culhuatecuhtli, único señor de Texcalla y de Tepeticpac. Además de la diferencia de nombre, aunque muy semejante, esto nos hace notar que en un principio el señorío tenía un solo jefe, y que se componía de dos territorios, Tepeticpac y Texcalla; aunque en otros pasajes parecen confundirse entre sí, y con Texcaltipac, el cual pudiera ser una voz compuesta de las otras dos.
ticpac, entraron á hacer oración en el templo de su ídolo Ca~ maxtli, ante el cual pusieron muchas cañas de carrizo, xara y puntas de vardascas, todas con sus lengüetas y arpones, cantidad de nervios y plumas para hacer flechas y saetas, y colocado esto ahí, invocaron al demonio con muy grandes oraciones, pidiéndo- le les favoreciese y ayudase, pues en todo tiempo lo había hecho ansí, é que agora más que nunca lo habían menester, pues los suyos propios habían conspirado y rebeládose contra ellos, lo cual pedían con grandes lloros y gemidos, ayunos y sacrificios que le hacían. Fuéles respondido por el mismo demonio que no temiesen, y les fué revelado que usasen de una superstición ó encantamiento, el cual luego se hizo en esta forma. Puestos en esta diabólica oración, buscaron una doncella muy hermosa que tenía la una teta grande mayor que la otra, la cual trajeron al templo de Camaxtli y la dieron á beber un bebedizo medici- nal, que tomado provocó que la teta tuviese leche, la cual le ex- trajeron y no salió de ella más de una gota, la cual pusieron en un vaso que llamaban vaso de Dios, que tenía la hechura si- guiente. El asiento era redondo y ancho y en medio un remate redondo á manera de botón en lo alto, que era la copa del vaso á manera de un cáliz que tenía el altor de un codo, de madera muy preciada, negro de color de ébano, aunque otros dicen que era de piedra negra muy sutilmente labrada de color de azaba- che, que la hay en esta tierra y la llaman los naturales leotetl^ que quiere decir piedra de Dios. Sacada esta leche y puesta en el vaso, y las cañas de carrizo, y las arponadas lengüetas y var- dascas con los nervios de venados, todo junto en el altar y ta- bernáculo de Camaxtli, lo cubrieron de rama laurel, y hallándose en este estado su sacrificio y diabólica superstición, le ofrecie- ron papel cortado, espinas, abrojos y Picietl que es una yerba que parece beleño. En aquella época, los Chichimecas no se sacaban sangre, ni se sacrificaban las carnes, solamente ofre- cían papel blanco cortado, perfumes oloríficos, codornices, cu- lebras y conejos que mataban y sacrificaban ante su ídolo Ca- maxtli. Ansí mismo le ofrecían abrojos y Picietl.
Habiendo puesto los Chichimecas esta superstición por obra, los sacerdotes del templo, y el mayor de ellos que le llamaban Achcauhtli Teopixque Tlamacazcuachcauhtli, comenzaba á orar é incensar con grandes perfumes ante el tabernáculo de Camax- ili, y allí, donde estaba el vaso de leche, que había destilado de la mujer doncella, comenzando desde la mañana, á medio día, á puestas del sol y á media noche, incensaban y perfumaban; lo cual se hizo tres días arreo y siempre mirando en el vaso las sae- tas si se obraba algo en ello, lo cual no vían que hacían ningún efecto sus hechicerías, antes la gota de leche estaba ya casi se- ca y marchita y encogida: habiéndose de dar el combate otro día, estando los Chichimecas muy acongojados y afligidos, llegó á ver el sacerdote mayor el vaso y las cañas de carrizo, xara, nervios y puntas de vardascas, todas con seis lenguentas, y ha- lló que las saetas y arpones estaban fabricadas, hechas y enca- jadas en las cañas, las vardascas todas con sus lengüetas y emplumadas, y el vaso lleno de espuma á manera de saliba y es- cupitina, finalmente, espumando aquella leche y en grande abundancia que se derramaba del vaso y hervía por todo el al- tar; y en este tiempo ya el campo de los Huexotzincas y todos los demás sus aliados se habían puesto en hazes, y repartidos sus escuadrones por orden para romper la batalla, y entrar por los fuertes de los Chichimecas con gran osadía y ánimo teme- rario y atrevimiento, con espaldas y favor de todo el común y gente plebeya y demás parcialidades que habían convocado para la total destrucción de los Chichimecas y de Culhatecuhtlicuanez su caudillo mayor, sin género de pusilanimidad que quieren de- cir ni cobardía, que las gentes que para este efecto se habían convocado, cubrían los cerros y campos que casi agotaban los ríos y arroyos por donde pasaban, el cual número no sabré de- cir porque no he hallado quien lo pueda saber por noticia ni memoria; mas al fin se dice que se hicieron grandes escuadro- nes en esta manera. En los campos y cerros de Xoloteopan que es junto al barrio de San Nicolás, y en Totollan donde está la Iglesia de Señor San Juan y todo aquello hasta el Puente de Pa- notlan, y el barrio de Teotlapan donde está la ermita de la Pu- rificación, y el barrio que es agora de San Marcos Contlantzinco;
finalmente, que toda la redondez de la sierra estaba tomada por todas partes para dar el combate á la sierra de Texcaltic- pac.
Y á este tiempo el socorro de México 1 que venía á los Hue- xotzincas no hizo más que hacer una reseña y vista, y se subie- ron á unas sierras muy altas que se llaman Hualcaltzinco Quauhtlipac, 2 que no llegaron al socorro; y colocados en este puesto y extremo los Ghichimecas, cercados de tantos enemigos, y con gran riesgo de perderse, otro día siguiente que había de ser el combate postrero y final de toda la guerra, los sacerdotes y el mayor del templo de Camaxtli fueron al sacrificio comenzan- do á hacer sus ofrendas y á perfumar á su oráculo con los in- ciensos y sacrificios acostumbrados y diabólicas supersticiones, y acabado esto, no sin gran turbación, llegaron á ver sus he- 1 Debemos observar, que ni en las crónicas texcucanas ni en las mexicas, consta el auxilio de los texcucanos en la primera guerra, y la presencia de los mexicanos en la segunda: tampoco constan estos hechos en los anales jeroglí- ficos. Además, parece que el autor divide en dos una sola guerra, pues á am- bas les da la misma fecha nueve tecpatl, 1384. Yo me explico esos sucesos de la siguiente manera. Expulsados los teochichimecas el año de 1350, tomaron el camino de la sierra que después se ha llamado Monte de Kíb Frío, y en ella estuvieron merodeando, hasta que invadieron y ocuparon por la fuerza los te- rritorios de Tepeticpac y Texcalla. De ellos, en 1380, hizo Culhuatecuhtli el señorío de Texcalticpac. Las hordas salvajes vencedoras, quisieron continuar sus conquistas y sus depredaciones; y entonces los otomíes expulsados, los no- noalcas de la llanura, y las ciudades vecinas de Oholollan y Huexotzinco, se alzaron en armas contra los invasores. Estos rechazaron el ataque; pero no de- bemos creer que la victoria fué tan completa como la cuenta Muñoz Camargo, pues no se apoderaron de aquellas ciudades: más bien parece que la campaña concluyó por un tratado de paz, pues quedaron fijos y determinados desde en- tonces los límites de Texcalticpac.
2 Tlamacazcatzinco; manuscrito de Panes.—La designación de este manus- crito es incompleta, y la del otro defectiva y defectuosa, según la que se encuen- tra en Torquemada, que da á esta sierra el nombre Tlamacazcatzinco Cuauh- ticpac.—K.
chizos y supersticiosos encantamientos, y hallaron que estaban todas las flechas formadas y en su perfección acabadas, y el vaso de la venenosa leche lleno hasta arriba que vertía por to- das partes: á esta sazón los ejércitos Huexotzincas comenzaban con grande y muy altanera 1 gritería y alaridos á combatir con- tra los Ghichimecas y á subir por la sierra, y yendo por esta orden les salieron al encuentro los defensores de su patria, con la mayor furia y resistencia que pudieron, y á los primeros gol- pes y reencuentros de su combate prendieron á uno de los con- trarios y lo llevaron á sacrificar ante el ídolo Camaxtli, y á ofre- cerlo por primicia y ofrenda sacándole el corazón, abriendo al miserable prisionero por el siniestro costado, el cual, después de sacado por mano del cruel y carnicero sacerdote el corazón, lo puso por ofrenda en el altar del pésimo y horrendo ídolo de Camaxtli, que aún estaba palpitando, pues aún no se habían acabado de enfriar los espíritus vitales; y fué desollado en un ins- tante, quitado el cuero y puesto sobre uno de ellos atado y ce- ñido con sus propias tripas: arrastrando por el suelo los pies y manoplas 2 del sacrificado se presentó de aquella forma ante su infernal ídolo, hecho Chipe 3 (que ansí los llamaban á los que hacían esta ceremonia y diabólico espectáculo, que eran aquellos que se vestían de cueros humanos desollados); 4 y á es- te tiempo tocaban sus atambores, vocinas, y caracoles marinos, 1 alternada; manuscrito de Panes.—K.
2 manos; manuscrito de Panes —K.
3 "ante su ídolo infernal Cohochipe, etc.; " manuscrito de Panes.—Esta lec- tura indica necesariamente que se trata de una deidad llamada Cohochipe, lo que es un absurdo. La lectura de nuestro manuscrito no se comprende por co- rrompida y porque su frase es además técnica. Su aplicación se encuentra en las líneas que siguen: Xipe 6 Xippe, según escribe Torquemada, es la lectura propia, siendo también el nombre de una deidad del Panteón Mexicano.—R.
4 En este pasaje encontramos también notables variantes que acreditan ser versiones distintas de un mismo original. En la impresión de 1871 dice: y á este tiempo tocaban sus tambores y bocinas y caracoles marinos,
y trompetas de palo y otros instrumentos de guerra sonoros, con grande estruendo y iuido, acom- pañado de aquella inmensa gritería, que el coraje y cólera les causaba: coma y trompetas de palos y otros instrumentos de guerra sonoros, con grande estruendo y ruido, acompañado de aquella inmen- sa gritería que el coraje les causaba, que como rabiosos perros arremetían á sus contrarios, los unos por vencer, y los otros por defenderse y resistir á sus enemigos: unos contra otros pug- naban con el mayor ímpetu porfiado que podían, y con el arre- batado furor que su pasión les encendía, se incitaban. Allí las piedras duras con las tejidas hondas desprendidas, que con tem- pestuoso estruendo ofendían, y con sus duros golpes por los aires se despedazaban y deshacían de los encuentros que se da- ban; allí el torbellino de las saetas y varas tostadas que se arro- jaban, los brazos desnudos, y diversos 1 que el claro día obscu- recían, que el diáfano aire espesaban entretegiéndose unas con otras, que los rayos del sol impedían con su velocidad y furia brava, que el campo belicosísimo asombraban según la muchedumbre de tiros y saetas que por los aires volaban con increí- ble ímpetu y espesura; pues el daño y ofensa que de la una y otra parte se hacían, la sangre derramada de los miserables cuerpos muertos y heridos que por los cerros y collados corría como avenidas de agua llovida, puede ser comparada, que por imposible caso se puede poder contallo.
Ya en este tiempo y en la mayor furia del combate, el sacer- rabiosos perros acometían á sus contrarios, los unos por vencer, y los otros poi defender y resistir contra sus enemigos; los unos y los otros peleaban con unos ímpetus y furor, que su pasión les encendía y incitaba allí, las pedrerías duras con las texidas hondas despedidas, que con tan tempestuoso estruendo ofen- dían con sus golpes por los aires, se despedazaban y deshacían de los encuentros que se daban: allí el torbellino de las saetas y varastos todos que se arrojaban, los brazos desnudos, que el claro día oscurecían con espesas polvaredas, que el diáfano y cristalino aire espesaban, entrecogiéndose unas con otras, que los ra- yos del sol impedían con su velocidad y furia brava, que el campo belicosísimo asombraban según la muchedumbre de tiros y saetas que por los aires volaban con increíble ímpetu y espesura; pues el daño y ofensa que de la una y de la otra parte se hicieron, la sangre vertida y derramada de los cuerpos muertos y heridos que por los cerros y collados corría, que como venidas de agua llovida puede ser comparada, que por imposible caso es poder contar.
1 Quizá dardos.
dote mayor del templo, con mayor ahinco y eficacia oraba in- vocando el favor del demonio fiero, y animando con altas voces álos rústicos capitanes valerosos, diciéndoles: que no temiesen, que el tiempo del vencimiento y de la victoria era llegado, que ya su gran Dios Camaxtli se compadecía de ellos y dicien- do estas nefarias é inicuas exhortaciones, tomó el vaso de la le- che que estaba espumando, y derramándolo sobre aquel que estaba vestido de la piel del soldado prisionero, y tomando in- continenti una flecha de las que por arte diabólico se habían forjado, y tirándola con un arco corvo, grosero y mal formado á sus enemigos; luego, al mismo instante, las saetas comenza- ron á moverse y salir con gran furia contra la gente enemiga, y comenzando á herir en ellos á gran priesa, se levantó una nie- bla espesa y obscura que unos á otros no se veían; aquí fué el matarse sin saber cómo, unos á otros y sin conocerse ni saber con quien peleaban, 1 y ansí tornados ciegos y turbados con tur- bación mortal y temeraria, unos se despeñaban por grandes y profundos voladeros, mirando atrás y huyendo, sin saber por donde, despavoridos, sucediendo casos desastrosos, no oídos, ni en el mundo acaecidos, que se cuentan por memorables y hazañosos; las grandes barrancas y quebradas quedaban llenas de cuerpos muertos, que las mujeres délos Ghichimecas salían al despojo de tan sangriento campo, y prender y cautivar se- guramente las gentes que querían, y quedaron tales con este endemoniado hecho, que casi no escapó nadie que no quedase muerto ó cautivo, y los que se pudieron escapar llevaron tales 1 En la impresión de 1871 dice: Así, todos ciegos y turbados, temerariamen- te se despeñaban por grandes y profundos despeñaderos: otros, sin saber por dónde, iban despavoridos; y otros casos desastrosos, no oídos ni en el mundo acaecidos, que se cuentan por memorables y hazañosos hechos; que las barran- cas y grandes quebradas quedaban llenas de cuerpos muertos; que las mujeres de los Chichimecas, viejos y niños imposibilitados, salían al despojo del san- griento campo á prender y á cautivar las gentes que querían; y quedaron tales con este endomoniado hecho, que casi no escapó nadie que no fuese muerto 6 cautivo; y los que se pudieron escapar, han tenido que contar de la derrotada batalla.
nuevas, que tenían bien que contar eternamente de su derrota.
Visto por los mexicanos el fin de la batalla cruel y lamentable T se Itornaron á sus tierras, desde los cerros de Tlamazcatzinco, como atrás dejamos referido, sin querer llegar al socorro de los Huexotzincas demandó; 1 lo cual pasó por el año de nueve peder- nales según su cuenta. Lo cual dejó numerado Tequanitzin 2 Chi- chimecatl Tecuhtli, en unos cantares ó versos que compuso de sus antepasados Teochichimecas, primeros pobladores de la pro- vincia de Tlaxcalla.
Hállase que en esta edad, los Ghichimecas de aquellos tiem- pos no tenían más de una mujer, y que no se sacrificaban sus carnes, ni se sacaban sangre para ofrecer al demonio, como atrás dejamos declarado. Hácense en esta historia memorables dos batallas, las más crueles y lamentables que en el mundo han pasado, la una la de Poyautitlan 3 en el año de un Conejo, y la segunda y última la de Texcalticpac, 4 que pasó el año de nueve pedernales, ya memorado por el dicho Tequanitzin, hom- bre muy principal y sabio de la cabeza de Quiahuiztlan, de quien el día de hoy hay sucesores y descendientes en la ciudad de Tlaxcalla, reputados por muy principales en la República de ella, y como tal persona que fué la de Tequanitzin Chichimecatl Te- cuJitli, dejó en memoria estas dos guerras como hombre de fe y crédito; por lo que sus historias son celebradas y tenidas, in- mortalizando la fama de sus antepasados, y eternizando su me- moria entre los vivos desde los siglos pasados y presentes, como se eternizará en los venideros.
1 Es mejor la lectura de la impresión, que dice: Y visto por los Mexica- nos esta lastimosa guerra y lamentable, se volvieron á sus tierras desde los ce- rros de Tlamacazlatzinco como atrás dejamos dicho, sin querer ellos menearse ni darles socorro á los de Huexotzinco, con quien ellos venían, lo cual pasó el año de nueve pedernal, según su cuenta.
2 Teyanitzin Chichimeca Tecuhtli, en la impresión de 1871.
3 á orillas de la laguna desde Cohuatlichan hasta Chichimalhuacan, que pasó el año, etc.; manuscrito de Panes. El último nombre debe leerse Chimal- huacan.
4 Aquí se ve claramente, según la expresión del mismo autor, que fué una sola la batalla de Texcalticpac, aunque antes la había dividido en dos diferen- tes.
Hacen la paz con todos los pueblos vecinos.—Señalan sus límites.—Progresos de la población.—Fundación de Tlaxcalla.—Cabecera de Tepeticpac.—Su primer Key.—Parte con su hermano el territorio y las cenizas de su Dios Camaxtli.—Formación de la cabecera de Ocotelolco.—Sucesión de sus go- bernadores ó Señores.—Conjuración contra Acateníehua.—Dánle muerte con su familia y allegados.—Escapan dos hijos suyos.
Pasada esta guerra 1 que puso á los Ghichimecas tan grande espanto en todo este Nuevo Mundo, pretendieron tener amistad con todos los comarcanos é no enojarlos jamás; ansí fué que luego se confederaron con los Tepanecas, Culhuas Mexicanos, Aculhuaques y Tetzcucanos, prometiendo que no se enojarían unos á otros; lo mismo sucedió con los Huexotzincas, Ghololte- cas, Tepeaqueños, Quauhquecholtecas é Itzucanos, y con los de Quauhtlinchan, Totomihuacan, Chochos, Pinumes, Tecamachal- cas, Quecholtecas de Quecholacy con los de Tecallimapan, que por otro nombre se llaman Tecala; con los de Teohuacan y Goz- catecas de Guzcatlan y Teotitlan, sin otras gentes de otras pro- vincias de los Ulmecas y Zacuhtecas, Iztacas y Maxtilanecas, 2 Tlatlauhquitepecas, Tetellacas y Zacatecas; finalmente, tuvieron 1 Es mejor la lectura de la impresión de 1871, que dice: Pasada esta guerra, y puesto los Chichimecas tan gran espanto en toda esta máquina del nuevo mundo, etc.
2 No recordando ninguna tribu ni población de este nombre, presumo que está corrompido y que debe leerse Matlatzincas.
paz con todas estas gentes, provincias y naciones muchos tiem- pos sin tener ninguna refriega; trataban y contrataban entre sí con toda amistad: y habiendo este asiento y conformidad uni- versal, tuvieron lugar de hacer sus poblazones haciendo sus lí- mites y mohoneras de lo que cada provincia había de tener, para lo cual señalaban ríos, sierras y cordilleras de serranías grandes, haciendo sus compartimientos según y de la manera que cada legión y capitanía lo merecía, ó le había caído en suer- te, poblando en las mejores partes que podían y según los mé- ritos, deméritos ó calidades de las personas. Y puestos en esta comunicación, se fué hinchando la tierra toda, en tanto creci- miento, que en trescientos años ocuparon toda la Nueva España de mar á mar, desde la costa del Sur hasta la del Norte, y desde las partes del Poniente hasta la costa de Oriente, que es hacia Tabasco, Champoton, Yucatán, Gozumel, Campeche hasta las Higüeras, quedando otras muchas provincias sin podellas nom- brar, como son, las de Gohuatzacoalco, Cempohuallan, Nauh- tlan que es agora donde llaman Almería, Tonatiuhco, Tozapan, Papantla, Achachalintlan, la provincia de Meztitlan y toda la Huaxteca de Pánuco, hacia la parte del Norte en cuanto á nues- tro centro; que para ir nombrando todas estas provincias, sería gran prolijidad, y ansí evitaremos lo más que pudiéremos, de manera que se ha de entender que estas poblazones se hicieron en toda esta Nueva España, esto es, en todo lo descubierto de este Nuevo Mundo, y ansí se ha de comprender. 1 Dejadas estas provincias en su tranquilidad y paz, volveremos en lo que toca á la ciudad y provincia de Tlaxcalla, que es donde particularmente hacemos nuestra relación. Habiendo 1 Así como los texcucanos aparecen en Ixtlilxochitl ocupando y poblando de un mar á otro, aquí Muñoz Camargo pretende hacer á los teochichimecas pobladores de todo el territorio que hoy forma la Eepública, lo cual no pasa de ser una absurda pretensión. Los teochichimecas solamente ocupaban el pe- queño señorío de Huexotzinco, algunas otras localidades no muy lejanas, y el señorío de Tlaxcalla que no era más grande que el no muy extenso Estado ac- tual del mismo nombre.
pues poblado los Chichimecas en los riscos y peñascos que quieren decir en lengua Nahual, Texcalticpac ó Texcalla, que an- dando el tiempo se vino á llamar Tepeticpac, Texcallan y más adelante Tlaxcalla, como á los principios de esta relación de- jamos dicho, que esta fué y en este lugar la fundación de este reyno y provincia; siendo Señor único Culhuateeuhtli de los Tlax- caltecas, y teniendo éste un hermano menor que se llamó Te- yohualminqui Chichimacatecuhtli, boo 1 de Tepeticpac, Texca- lla ó Ocotelulco^que quiere decir en el barrio alto del pino ó en el altozano del pino, y la casa que pobló se llamó Gulhuacan en memoria de Gulhuacan, de donde vinieron, y ansí el primer Señor se llamó Oulhua Tecpanecatl Quanexteyoalminqui, 2 con el cual hermano partió amigablemente la mitad 3 de toda la pro- 1 Así en nuestro manuscrito. Ea el de Panes se lee—" hubo "—que tampo- co forma sentido con el período que se sigue. Todo indica la supresión de al- gunos renglones intermedios por descuido del copiante. Afortunadamente pue- den sustituirse con la narración de Torquemada, que enlaza perfectamente desde este lugar. Dice así á continuación de la palabra Chichimecatecuhtli— " y después fué llamado Cuitcuitzeatl Teochichimecatl y vídose viejo y tan po- 11 deroso con las muchas gentes que regía y gobernaba, determinó de partir el " reino con el dicho 2 eyohualminqui, su hermano; y así fué que Colhuacatecuh- 11 tli llamó á su hermano y delante de todos los Señores que podían recibir par- " te de este caso, le hizo entrega de la mitad de las gentes de su gobierno, en- 11 cargándole los tratase como padre y á todos los tuviese por hijos. Lo cual " 1 eyohualminqui recibió con mucha alegría y lo estimó como muy fiel y buen " hermano. El cual, viéndose ya Eey de la mitad del reino de Tlaxcallan, bau jó su casa á un sitio que se llamó y de presente llama Ocotelolco, que quiere a decir en el Cerrillo del Pino hecho á mano 6 en el Altozano del Pino, y la casa, 11 etc."—R.
2 Torquemada lo llama Culhuatectchtlieuanez, y Culhuateeuhtli Tepanecatl- cuanez. Ambas denominaciones me parecen las exactas, juzgando por lo mismo impropia la adición de la palabra rl eyohualminqui que era el nombre del hijo, y aquí sólo se trata del padre.—R.
3 Esta hermanable división supone una extensión y aumento de territorio. Al principio, y el autor lo ha dicho, solamente ocuparon los invasores las re- giones de Tepeticpac y Texcallan. Al contacto de pueblos más cultos, como los chololtecas y los nonoalcas de la llanura, comenzaron á civilizarse, dejaron su vida troglodita, construyeron poblaciones y se tornaron agricultores. Como vincia de Tlaxcalla y de todo lo que se había ganado y poblado, y por consiguiente partió con él dándole una parte de las reli- quias de Camaxtli Mixcohuatl que eran sus cenizas, de las cua- les ansí mismo quedaron parte de ellas en la ciudad de Hue- xotzinco cuando se quedaron á poblar en aquella provincia los Chichimecas, como atrás hemos dejado tratado, de las cuales cenizas hablaremos en adelante en lo que vinieron á parar des- pués de la venida de Cortés y sus españoles.
Habiendo pues dado Culhuatecuhtlicuanez á su hermano la mitad de todo lo que había ganado, entró á gobernar sus gen- tes con gran prudencia al barrio de Culhuacan, Tecpan y Oco- telulco, quedando el reyno de Gulhua dividido en dos partes. 1 Fué tan valeroso por sí el dicho Teyohualminqui, que por su persona supeditó y avasalló la mayor parte de esta provincia de Tlaxacalla, y en muy breve tiempo se hizo mayor Señor que Colhuatecuhtli su hermano, y de tal manera prevaleció, que ol- vidada la fama de éste, que vino á ser tenido por mayor Señor.
nuestros antiguos pueblos no tenían aptitudes sociológicas para organizar gran- des nacionalidades, y por eso los encontramos siempre divididos en pequeños señoríos, á lo más dependientes unos de otros, fué natural que al extenderse los tlaxcaltecas, fundaran el nuevo de Ocotelolco. De lo expuesto por el autor re- sulta, que el primer señorío de Texcalticpac tuvo por único jefe á Culhuate- cuhtli; y que después de 1384 se formó el de Ocotelolco al mando de su herma- no Culhuatepanecatlcuanez. La terminación quanez, y también encontramos á aquel primer jefe con el nombre de Culhuatecuhtlicuanez, significa cabezaj- es decir, el principal, el que manda á todos, el que tiene el supremo poder so- bre la tribu ó pueblo.
1 Para explicar lógicamente estos dos señoríos, que como división de uno solo pone el autor, debemos recordar que éste dice antes, que los teochichime- cas ocuparon desde el sitio de Tlaxcalla hasta los lugares en donde estuvieron después las ermitas de Santa María de la Natividad, San Miguel y San Fran- cisco, llamados hoy JNatívitas y San Miguel del Milagro: es decir, un territo- rio muy corto. Teyohualminqui, con parte de los tlaxcaltecas, estableció un segundo señorío en Ocotelolco; y la cercanía de este pueblo á Tlaxcalla, prueba también lo poco extenso que era. Por medio de conquistas continuadas supedi- tó y avasalló la mayor parte del territorio de Tlaxcalla, como dice el mismo autor; y así resultaron en ese tiempo los dos señoríos, el de Tlaxcalla y el de Ocotelolco, que fué entonces más extenso y de mayor importancia.
Por su fin y muerte le sucedió su hijo Tlailotlactetzpantzin, que se llamó Tlacatecuhtli, el cual gobernó con gran benignidad sus gentes, sin ninguna discordia ni alteración, aunque en sus tiempos ovo muchos acaecimientos, de los cuales no trataremos por evitar prolijidad y también por abreviar. Este Tlaylotladetz- pantzin 1 después de sus días por su muerte, dejó á Acantetehua 2 su hijo, en el reyno y Señorío de Aculhuacan, Tecpan y Ocote- lolco, el cual fué uno de los belicosos príncipes que ovo en aquella tierra y tiempos, porque demás que él sustentó todo lo que sus antepasados habían ganado, se dió tal maña, que con sus astucias hizo grandes asientos y parcialidades entre los su- yos, de tal manera, que les ganó grandemente las voluntades con tales repartimientos de tierras y otras dádivas y franque- zas, y ansí llegó á gran prosperidad y mandó en la mitad de lo que le fué dado de la provincia de Tlaxcalla; y habiendo gober- nado más de cincuenta años, 3 siendo ya viejo de ochenta y aun 1 Tlatlatactetzpantzin, en la impresión de 1871; pero me parece mejor laor tografía del presente testo.
2 Acatentehua, en la impresión de 1871. Esta es la verdadera ortografía de ese nombre.
3 Como el señorío de Ocotelolco se fundó hacia 1385, si suponemos que Te- yohualminqui gobernó hasta 1400, pues aquí no nos dice el autor la duración de su gobierno, con los cincuenta años del de Acatentehua, habremos llegado poco más ó menos al 1450. Esto nos va á servir para dilucidar un punto histórico importante, que he venido estudiando y esclareciendo en varios trabajos an- teriores.
Ixtlilxochitl pretende, y la mayor parte de los cronistas posteriores lo han seguido, que á la muerte de Chimalpopoca, en México, Nezahualcoyotl huyó á Tlaxcalla, y que de allí volvió á poco con un numeroso ejército de tlaxcalte- cas, con el cual recobró primero su señorío de Texcoco, y después fué á Méxi- co para ayudar á Itzcoatl con estos aliados á vencer al ejército tepaneca, y des- truir á Azcaputzalco y á su señor Maxtla.
Ya habíamos notado, que los cronistas mexicanos no hablaban de este auxi- lio, y que por el contrario, el Códice Mendocino pone en sus jeroglíficos á Tex- coco, entre las conquistas de Itzcoatl. El silencio de Muñoz Camargo sobre estos hechos, prueba la falsedad del relato de Ixtlilxochitl, pues á ser cierto, no habría pasado por alto el auxilio de los tlaxcaltecas á los mexicanos en gue- de más edad, vino á ser tan gran tirano y soberbio, que la gen- te plebeya no podía sufrir más sus tiranías.
Conocido el disgusto de ésta por Tlacomihua, Señor del ba- rrio de Ocotelolco, indujo ansí con mañas y negociaciones mu- chas gentes y ála mayor parte délas parcialidades, á que cons- piraran contra Aeantetehua su Príncipe, Señor y primer rey, é que para ello les daría favor é ayuda. Tanto pudieron las pa- labras de adulación con que les habló, y tanta fuerza tuvo la voz universal del pueblo, que viendo tan buena ocasión no quisie- ron dilatar su conjuración comenzada. Alterados todos, y pues- tos en armas, sin saberse entre los allegados, deudos y parien- tes de un tan gran Príncipe y Señor, fueron á su casa con mano armada, y con voz de libertad le dieron de macanazos, ejecu- tando su tiránica y alevosa ambición hasta que le acabaron.
Después de muerto le hicieron grandes exequias según sus cos- rra tan importante y de tanta trascendencia, ni el recibimiento y acogida he- chos á Nezahualcoyotl, personaje histórico de tanta nombradla.
Ahora ya podemos reconstruir la relación verídica de esos sucesos. A la muerte de Ixtlilxochitl, padre de Nezahualcoyotl, Tezozomoc dio or- den de matar á éste; y entonces sin duda fué cuando peregrinó y llegó á refu- giarse á tierras de Tlaxcalla. Más tarde sus tías las Señoras de México, consi- guieron de Tezozomoc que lo perdonara, y lo llevaron á su lado y en México lo educaron. Cuando estalló la guerra contra Azcaputzalco en 1427, fué na- tural que formara parte del ejército mexicano. Así acompañó á Itzcoatl en las campañas de Azcaputzalco, Coyoacan y Xochimilco. Concluidas éstas, los me- xicas fueron sobre Texcoco, tomaron la ciudad, y restituyeron su señorío á Ne- zahualcoyotl en el año de 1430.
Esta es la verdad histórica, y la confirman plenamente, el mismo Ixtlilxo- chitl y el mapa Quinatzin hecho por los texcucanos. En la Historia Chichi- meca, capítulo 49, dice Ixtlilxochitl, que tenía setenta y un años Nezahualco- yotl y había cerca de cuarenta y dos que gobernaba, cuando murió en 1472. En el mapa Quinatzin, sobre la figura de Nezahualcoyotl se ve el numeral 42, y la leyenda que lo acompaña significa: Nezahualcoyotl reinó cuarenta y dos años. Deduciéndolos del año 1472, resulta que en 1430 recobró su señorío con el auxilio de los mexicas; y que por lo tanto es falso, que lo recobrara en 1427 con un ejército tlaxcalteca, y que fuera á auxiliar con éste á Itzcoatl en la gue- rra de Azcaputzalco.
tumbres, le quemaron su cuerpo, recogieron sus cenizas y las pusieron en un relicario.
Antes que su traición fuese entendida, fueron á las casas de los principales amigos y parientes del desventurado rey, con los cuales hicieron lo propio, matándoles los hijos, y sobrinos y pa- rientes más cercanos que tenían hasta la quinta generación, porque no quedasen reliquias de su estirpe y descendencia, que algún tiempo pretendiesen la restitución del reyno;mas con to- das estas prevenciones quedaron dos hijos suyos pequeños, que unas amas que los criaban los escaparon, huyendo en trajes de mujercillas pobres y viles: lleváronlos á criar entre la gente po- bre fuera de poblado, por las heredades y campos y lugares pe- queños. Después que llegaron á ser mocitos, como fuesen de tan ilustre sangre, su naturaleza no apetecía la rusticidad del campo, antes inclinándose á cosas más altas porfiaron tanto con las amas que los habían cuidado, que los pusiesen en servicio de algún Señor, lo cual hicieron ansí con gran temor, entendiendo que los matarían; y fué su ventura y suerte tal, que habiendo compasión de ellos Texcopille, persona muy principal en aque- llos tiempos, los recibió en su casa y crió como á hijos, enten- diendo quienes eran, y este mismo les hizo restituir alguna parte de sus bienes y señorío, pues el día de hoy viven muchos que descienden de ellos.
Sucede en el señorío de Ocotelolco, Tlacomihua.—Sucesores hasta Maxixcatzin.
—Disenciones. — Sucesión de Maxixcatzin hasta los últimos tiempos. — Las mujeres estaban excluidas del señorío.—Origen y noticias de la fami- lia de Maxixcatzin. — Cual de sus miembros gobernaba al tiempo de la Conquista.
Ejecutada acción tan atroz, atrevida y temeraria, y saliéndo- se con la empresa sus autores, sucedió en este reyno Tlacomi- hua, 1 Señor de Ocotelulco, principio de los Maxixcatzin. Muerto Tlacomihua, le sucedió en el Estado su hijo Xipencoltzin Cuitliz- catl, 2 sucedió Tlatlalpantzin 3 Cuitlizcatl, el cual vivió poco por- que su hermano Tlapapalotzin 4 lo mató. Muerto Tlapapalotzin sucedió en el reyno Maxixcatzin, en cuyo tiempo vino Fernan- do Cortés; y fué cristiano leal, amigo de la cristiandad y fidelí- simo Señor, amparo y defensa de los españoles, como constará por las crónicas que de ello habrán escrito copiosamente.
Tiranizado 5 el reyno de Acatentehua, luego ovo bandos y di- 1 Lo que sigue hasta la palabra Tlacomihua, falta en el manuscrito de Pa- nes.—E.
2 "y de este Xipilcontzin (sic) Cuitlizcatl; " manuscrito de Panes. Esta intercalación parece necesaria para completar el sentido del texto. Autorízala el de Torquemada que sólo varía en la lectura. Este historiador escribe Xipin- cotlitzincuitlizcatl.
3 Atlapaltzin. (Torquemada).—E.
4 Tlepapalotzin. (Torquemada).—E.
5 Esto es; usurpado.—E.
senciones sobre quién había de señorear y ser tenido por prin- cipe de Culhuacan, Tecpan y Oeotelolco, porque como Acaten- tehua tuviese muchas hijas casadas con principales Señores de esta República, estaban los yernos amotinados de tal manera, que no prestaban consentimiento á que Tlacomihua reinase en paz, hasta que restituyese 1 á los hijos de Acatentehua alguna parte de su reyno y señorío, lo cual concedió que ansí fuese; y para complacer á todos, dividió y repartió grandes repartimien- tos á todos los más que tenían parentesco con Acatentehua, y délo mucho que tenía repartido en muchas personas, todas tuvieron poca parte, y con esto se aplacaron 2 los descendientes de Aca- tentehua por línea recta, pobres aunque son principales Señores, por tales estimados y tenidos, y aun los más principales de esta provincia se precian de que vienen del linaje y sucesión de Acatentehua. Finalmente, que desde Tlacomihua hasta Maxix- catzin Tianquiztlatoatzin que halló Cortés, tuvo su reinado; y desde Maxixcatzin sucedió D. Lorenzo Maxixcatzin, el cual mu- rió en España, yendo á dar la obediencia al Emperador D. Gar- los: por su muerte sucedió su hermano D. Francisco Maxixcat- zin Acuacuatzin, 3 que por no tener hijos le sucedió después de sus días en el señorío un sobrino suyo, hijo de su hermana, que se llamó D. Juan Maxixcatzin 4 Ostzetzctinhcatzin, el cual dejó después de su muerte dos hijas habidas en dos mujeres, con quien fué casado en haz de la Santa Madre Iglesia, y por ser mu- jeres no han heredado, porque tienen duda sobre quién ha de heredar esta cabecera, porque antiguamente no heredaban las hijas los mayorazgos sino los hijos varones, pues las hijas casaban con Señores y personas que no tuviesen necesidad, y ansí no les daban dotes, ni menos los mayorazgos por ellos vincula- dos jamás se dividían, pues tan solamente eran obligados á ali- mentar á todos los hermanos y parientes de aquella casa, y ansí 1 Es decir, participase.—R.
2 En la impresión de 1871 dice: y quedaron descendientes de Acatentehua.
3 Acuaquetzin, en la impresión, 4 El nombre que sigue no se encuentra en el manuscrito de Panes.—R.
perfectamente no se deshacían, y conservaban en sus buenas y loables costumbres, y permanecían.
Tornando á la sucesión de Maxixcatzin, nos conviene decir de su descendencia y prosapia, porque algunos lo tienen en opi- nión de advenedizo, obscuro y bajo linaje. Lo que pasa en este caso es que, como atrás dijimos, cuando los Chichimecas vinie- ron poblando desde la laguna de Poyauhtlan después de aque- lla gran guerra que tuvieron con los de México, vinieron rodean- do el volcán y poblando muchas tierras y provincias, y dejando gentes, y con ellas caudillos muy principales, como en efecto ansí fué, se quedaron en Cholollan muy gran copia de gentes pobladas, y entre ellas Chichimecas muy calificados y principa- les de mucha cuenta. Habiendo pues, dado orden y asiento en aquella provincia como en todas las demás, y lográdose una paz universal en toda esta tierra, después de la gran destrucción y estrago que los Chichimecas hicieron contra todos aquellos que los quisieron destruir, estando en Texcatlicpac apaciguando to- do, y olvidados de sus pasiones por la tranquilidad y sosiego, se salieron de Cholollan 1 algunas parcialidades de gentes y se vi- nieron á vivir á esta provincia de Tlaxcalla: entre ellos se vino al barrio de Tecuitlizco, Tecuhtotolin padre que fué de Xochi- Muamemeloe, del cual procedió Tlacomihuatzin, y de Tlacomi- huatzin sucedió Tlatlalpaltzin Cuitlizcatl: éste vivió poco porque lo mató. su hermano Tlapapalotzin, y luego sucedió 2 Xipincolt- 1 Esto nos explica la revuelta contra Acatentehua. Los poyauhtecas llega- dos á Cholollan, ó porque hubiesen aumentado mucho en número con el trans- curso del tiempo, ó porque en las disensiones civiles ó religiosas de la ciudad hubieran tenido que salir de ella, emigraron en gran cantidad al señorío de Ocotelolco, y se establecieron en Tecuitlizco. Sintiéndose más fuertes que los ocotelolcas, quisieron apoderarse del gobierno, y después de haber dado muerte á Acatentehua y á los principales, quedó por su señor Tecuhtotolin, de quien descendieron los demás gobernantes de aquel lugar, hasta Maxixcatzin á quien encontró Cortés.
2 Esta genealogía concuerda con la que antes trae el autor, suprimiendo lo siguiente: " Xipincoltzin y á éste después de sus días Xipilcoltzin á." Parece ser una repetición, efecto del descuido, pues suprimida, concuerda también con la lectura de Torquemada.—E.
¡sin, y á éste, después de sus días Xipilcoltzin á Maxixcatzin: su hijo Maxixcatzin tuvo dos hijos y una hija, que fueron D. Fran- cisco Acuacuatzin y D. Lorenzo, el cual murió en Castilla habien- do dado obediencia al Emperador D. Garlos. Vino el Marqués 1 en tiempo de este D. Lorenzo, y D. Francisco su hermano su- cedió en el señorío pequeño: tuvo hijos, y por su muerte suce- dió en la cabecera D. Juan Maxixcatzin Oltzetzelinhcatzin como arriba dejamos dicho. Finalmente, este fué el principio y origen que tuvieron los Maxixcatzin, que aunque de buena descenden- cia, habían sido advenedizos de la provincia de Cholollan, y re- cibidos por vecinos en esta Ciudad de Tlaxcalla y por huespe- des de Acatentehuatecuhtli; y al cabo quedaron por Señores hasta la venida de Cortés, que halló en el Gobierno de la cabecera de Ocotelolco á Maxixcatzin Tianquiztlatohuatzin, por divina pro- videncia, y le fué muy fiel amigo y de todos sus comilitones, como es notorio.
1 Hernán Cortés.
Continuación de Ja historia del señorío ó cabecera de Tepeticpac.—Sucesión de sus Gobernadores.—Disenciones.—Castigo de los malos Gobernadores.
Exterminio de su parentela.—Fundación ó erección del señorío y cabece- ra de Tizatlan.—Sucesión de sus Gobernadores y Señores. Xicotencatl el viejo.—El primero que se bautizó en el territorio mexicano.—Sus muchas mujeres é hijos.—Le sucede en el señorío Xicotencatl el joven.—Quejas de Cortés contra él.—Sentimientos patrióticos que las motivaban.—El Sena- do tlaxcalteca se lo entrega autorizando su castigo.—Lo manda ahorcar Cortés.—Sus sucesores.—Leyes de la Kepública sobre sucesión al Señorío.
Habiendo dado fin á lo tocante á la cabecera de Ocotelolco del Señorío de Maxixcatzin, que fué la segunda, tornaremos á tratar de la primera de Culhuateculitlicuanez, Señor de la cabe- cera de Texcalticpac Tepeticpac y por otro nombre Texcalla, y después Tlaxcalla. Á Culliuateculitli le sucedió en el señorío su hijo 1 Teixtlacohuatzin, el cual gobernó con mucha quietud y paz en el reyno de Tepeticpac, y después de sus días dejó en él por sucesor á Tlamacatzin, 2 el cual vivió muy poco tiempo, 1 En este intermedio pone Torquemada la sucesión de otras personas, indi- cando así una laguna en el texto de Camargo. La llenaremos con su auxilio.
Dice así, después de la palabra hijo: "suyo llamado Tecallihuehue; y porque w no sabemos las cosas que en tiempo de éste pasaron, dejamos pasar su señorío y decimos que después de su muerte entró en él Pantzintecuhtli, su hijo:
11 sucedió Cocatzin y á Cocatzin otro hijo suyo llamado Teiztlacohuatzin, etc. :"
en el manuscrito de Panes se omitió la sucesión de éste, fortificándose así la conjetura de que ambas omisiones proceden del descuido de los copiantes.—K.
2 Así en ambos manuscritos; mas en Torquemada se lee Vmacatzin.
porque como era hombre de guerra, yendo á una entrada con su gente murió en ella; mas quedó en su lugar Tlehuexolotzin su hijo, que por otro nombre se llamó Tlacaxcaltecuhtli: 1 á éste halló Fernando Cortés, 2 que ansimismo le recibió de paz y le hi- zo buen acogimiento. Después de muerto Tlehuexolotzin le su- cediq D. Gonzalo que fué muy buen cristiano como adelante veremos y diremos de su muerte y buen acabamiento, y á éste sucedió D. Francisco de Mendoza su hijo, y este D. Francisco dejó á otro D. Francisco, bisnieto de Tlehuexolotzin: de éstos han quedado dos niños, el uno se llama D. Diego y el otro D. Leo- nardo, que hoy viven.
Pues estando este reyno dividido en dos partes con la muerte de Acatentehuatecuhtli, Señor que ovo sido de Culhuacan, Tec- pan y Ocotelolco, con las disenciones y discordias de su muerte resultaron grandes trabajos en su reyno: dividióse Tozpane 3 de la cabecera de Ocotelolco, aunque todos bajaron de Tepe- ticpac; mas éste hizo barrio de por sí, i y ansí bajó á Teotlalpan, donde está el día de hoy una hermita de Nuestra Señora de la Purificación, donde vivió muy 5 con sus gentes y amigos que le 1 Tlaxcacaltecutli; manuscrito de Panes. En Torquemada Tlacazcallitecuh- tli,—K.
2 Mientras en el señorío de Ocotelolco hubo varios gobernantes, lo cual su- pone después de Acatentehua (1450) gobiernos de pocos años, hasta el arribo de Cortés en 1519; en el de Tlaxcalla en un período de 135 años, solamente en- contramos á Culhuatecuhtlicuanez, á Teiztlacahuatzin, áTlamacatzin que vi- vió poco tiempo, y á Tlehuexolotzin. Más adelante pone el autor por señores de Tlaxcalla, á Culhuacuanez, á Mexatlihuehue, á Pantzintecuhtli, á Cocoht- zin, á Textlacohuatzin, á ümecatzin que fué el que murió en guerra con los mexicas, y á Tlehuexolotzin. No me explico esta variante; pero desde luego es más lógico, dividir el período de 135 años entre siete gobernantes.
3 En el manuscrito de Panes se lee Trómpeme; voz bárbara y quizá corrup- ción de Tzompane —E.
4 Aquí encontramos explicada la fundación del tercer señorío. Cuando los poyauhtecas de Cholollan dieron muerte á Acatentehua y se apoderaron de Ocotelolco, Tozpane con una parte de los vencidos, se fué á establecer á Teo- tlalpan, y ahí di ó principio á ese tercer señorío.
5 Aquí falta la palabra sosegado, que está en la impresión de 1871.
quisieron seguir, y gobernando muchos años sin ninguna con- tradicción, y ansí fué en crecimiento su poblazón y en grande aumento; é habiendo pasado el discurso de su vida con mucha quietud, le sucedió en aquel gobierno Xayacamachan su hijo, que por otro nombre, después de armado caballero, se llamó Tepolohuatecuhtli. Este gobernó con mucha cordura, y con su buena industria ilustró tanto su barrio, que casi competía con Tepeticpac y Ocotelolco en grandeza y prosperidad; y como fué en tan gran crecimiento su negocio, luego se introdujo la envi- dia, y con acervo atrevimiento é ingrata imaginación de los su- yos, conspiraron contra él, que estando salvo y seguro le dieron muerte cruel y lo acabaron, y á todos sus parientes hasta la quinta generación, que esta era la costumbre que tenían para castigo de los que eran traidores, y lo mismo se hacía contra aquellos que vivían gobernando en daño de la República.
Muerto Xayacamachan Yaotequihua Aquiyahuacatl, que por su fin sucedió en el señorío uno que era llamado Zozoe Atlahua Tlacaztalli, y pasó el gobierno y reyno de Culhuatecuhtlicuanez en triunvirato, que de un reyno se dividió en tres partes; 1 y este Aztahuatlacaztalli 2 pasó en lo alto de Tizatlan su señorío, don- de hasta hoy ha durado y permanecido, que es la tercera cabe- cera de Tlaxcalla, llamada la cabecera de Tizatlan. A Aztáhua Tlacaztalli, después de sus días, le sucedió Huitlalotecuhtli; mas 1 Aqní el autor insiste en decir que el señorío de Culhuatecuhtlicuanez se dividió en tres: más bien debemos decir que se fundaron tres señoríos; si bien el tercero sí se formó en parte del de Ocotelolco.
2 La confusión y algarabía que se nota en este lugar por los descuidos déla copia, existe igualmente en el manuscrito de Panes y aun algo peor. El mejor modo de corregirla y hacerla inteligible es copiar el pasaje conducente de la narración de Torquemada. Dice así: " Hecho este atroz caso (la muerte de Te- 11 polohuatecuhtli) pasó el señorío del sitio de Teotlalpan al barrio y cabecera 11 que hoy se llama Tizatlan en el cual sucedió Zozocyaotequihua, al cual su- 11 cedió en la herencia y señorío Aztahuatlacazcallitecuhtli, que pasó, etc."
Por lo expuesto se ve que el defecto consiste en la omisión de la frase " y á este eucedió," que suprimida, hace de dos nombres y personas distintas, una cosa.
Este mismo defecto se encuentra más adelante.—K.
éste vivió muy poco, pues casi no hay memoria de él. Muerto Huitlalotecuhtli sucedió Xayacamachan, hijo de Aztahua, que tomó el nombre de Xayacamachan, el primero que mataron, el cual gobernó con mucha felicidad y se hizo muy gran Señor, y fué muy temido y reverenciado de los suyos en la parte de Ti- zatlan, el cual dejó su República puesta en gran razón y con- cierto. Por su fin y muerte sucedió Xicotencatl, persona valero- sísima, que por su persona hizo grandes cosas en las guerras que se le ofrecieron en sus tiempos, el cual vivió más de ciento veinte años, y á éste halló Fernando Cortés y le hizo muy gran- de recibimiento porque entró por sus tierras, y se las hizo lla- nas y seguras hasta que le metió en Tlaxcalla y le aposentó en sus propias casas y palacios. Este fué el primer cristiano que recibió el bautismo y se llamó D. Lorenzo Xicotencatl, aunque todos los cuatro Señores de las cuatro cabeceras se bautizaron en un día. Este era tan viejo, que quieren decir que para poder ver á Cortés y á los españoles, le alzaban los párpados de los ojos.
Tuvo este Xicotencatl muchos hijos hombres y armados ca- balleros, porque tuvo más de quinientas 1 mujeres y mancebas, y no era posible menos sino que tuviese muchos hijos, y ansí el día de hoy, la mayor parte de los principales de Tlaxcalla proceden del linaje de Xicotencatl. Éste, después de cristiano, no vivió tres años cabales, y le sucedió Ayacatzin 2 Xicotencatl su hijo, aunque tuvo el gobierno ahtes que el padre muriese mucho tiempo, por estar tan viejo é imposibilitado. Este mu- rió ahorcado en Tetzcuco, porque se volvió de la guerra de México, yendo con Cortés por general de su gente, el cual, te- niendo amores con una Cacica muy principal Señora, y ncr pudiendo sufrir tan grande ausencia, se vino de la guerra, y lo mismo hizo otras dos veces, que le fueron perdonadas: no curó de mirar en lo más importante, que yendo últimamente con Cortés se volvió, y quejándose ésteá la República de Tlaxcalla, 1 Más de noventa; manuscrito de Panes.—K.
2 Axayacatzin; manuscrito de Panes.—K.
que cómo se usaba con él tal traición en que se volvían de la guerra los más principales capitanes, que no podía entender sino que era traición la que contra él se trataba para entregalle á sus enemigos, y que si no fuese esto, que este caballero Xico- tencatl había cometido traición y grande delito. Que los españo- les que tal cometían, que morían por ello: que mirasen lo que les parecía y lo que en este caso debían hacer, y que le diesen nue- va seguridad de la amistad y palabra que le habían dado.
Vista por los Señores de Tlaxcalla querella tan formidable de Cortés, y la razón que tenía, le respondieron con los embaja- dores que le enviaron, diciéndole Que ellos estaban tan confusos y admirados de cosa tan mal hecha, que si en sus cos- tumbres y leyes de guerra hallaban que tenían pena de muerte los que en semejantes tiempos dejaban á sus capitanes, que la misma ley era la suya, y aun más rigurosa, y que por tanto que allá se lo enviaban preso, que él hiciera lo que más le convenía según costumbre de guerra, y mandase ejecutar la justicia en él para que le fuese castigo, y á los demás ejemplo; y esta sen- tencia final dió Maxixcatzin, porque en efecto lo tenía por de mal pecho y por traidor, porque cuando vino desbaratado Cor- tés de México, y enviando los príncipes Mexicanos á las cuatro cabeceras y Universidad de Tlaxcalla diciéndoles que acabasen de matar á los cristianos, y que no consintiesen gente tan ex- traña y belicosa entre ellos, porque les venían á tiranizar y su- jetar su monarquía, y á usurpársela debajo de engaño, con de- cir que eran caminantes y que iban de pasada á otras tierras, que mirasen lo que hacían, y que si les acabasen de matar ellos partirían la mitad del Imperio con Tlaxcalla y que habría paz perpetua entre ellos; y entrando en consulta, siempre Maxix- catzin fué de contrario parecer, y éste Xicotencatl Ayacatzin 1 estuvo en que se hiciese y concediese lo que los Mexicanos pe- dían; de lo cual, enojado Maxixcatzin, le dió de rempujones y hizo venir rodando por unas gradas abajo, diciéndole palabras 1 Axayacatzin; manuscrito de Panes.—K.
de gran vituperio y teniéndole guardada ésta; y viendo su mal respeto en haberse vuelto de la guerra, fué de parecer que mu- riese, y ansí preso y á buen recado de consentimiento de su pa- dre Xicotencatl, que aún no era muerto: y aunque decimos que le había sucedido en el gobierno este Axayacatzin, es porque le tenía por coadjutor y por estar tan imposibilitado como estaba, gobernaba por el padre. Cortés tuvo en mucho negocio tan ar- duo é importante caso, porque ansí convenía; y como los de Tlaxcalla sus leales amigos concedieron con su voluntad, y vista tan buena ocasión para hacerse temer, le mandó ahorcar en la ciudad de Tetzcuco á vista de todo el campo y Señores de aquel reyno, y no puso poco espanto tan gran atrevimiento, en tierras tan remotas cometer osadía de tan gran temeridad, en ahorcar á un hijo tan querido de Xicotencatl; mas como las cosas eran guiadas por Dios y conocida por Cortés su ventura y dichosa suerte, á ninguna cosa que acometía tenía por imposible, pues que los oráculos con su venida enmudecieron, y los encanta- mientos, ponzoñas ni la yerbas mortíferas, tuvieron fuerza para con el pueblo cristiano, ni menos la muchedumbre de gentes pusieron espanto á aquella pequeña suma de cristianos, que confiados en su verdadero Dios, todo se les hacía fácil, y nada el universo mundo para atropellar y conquistarlo en una hora, en nada lo tuvieron todo; y como son secretos de Dios, ningu- no puede comprenderlos y ansí lo dejaremos para loarle con sempiternas gracias.
Muerto Axayacatzin Xicotencatl sucedió en el señorío Teuh- tlipitl 1 y Tzehecatzin el cual vivió poco, y por fin de éste suce- dió su hermano Motenehuatzin Xicotencatl: este fué con Ñuño de Guzmán á la guerra de Xalisco, que llaman Nueva Galicia de 1 En el manuscrito de Panes se lee Teuhlipil que tampoco es castizo, probablemente se trata del mismo personaje que Torquemada llama Teuhtepil y que dice era " un señor principal de Tlaxcalla," el cual vino mandando una sección del ejército Tlaxcalteca que condujo los Bergantines á Tetzcuco. Parece que entre esta palabra y la que sigue, hay una laguna que podría llenarse leyendo "y á éste sucedió Itzehecatzin, etc." La corrección de este nombre se autoriza con el propio autor, según se verá más adelante.—K.
Compostela, el cual murió en la guerra de Culhuacan, que por otro nombre se llamó Tlamacaztecuhtli. A este Motenehuatzin Tlamacaztecuhtli después de su muerte, sucedió en la cabecera de Tizatlan un sobrino suyo, hijo de Itzehecatzin su hermano, el cual se llamó D. Luis Xicotencatl y vivió muy poco tiempo.
Este dejó un hermano que se llamó D. Bernardino Escobar, á quien venía de derecho la casa y señorío de Tizatlan; mas su- cedió en la casa y Estado D. Juan Quauhxayacatzin Xicotencatl, hijo bastardo de Xicotencatl el viejo, y al tiempo que murió de- jó en el señorío á D. Juachin de la Cerda su hijo, y Juachin dejó á Doña Francisca de la Cerda su hija, la cual después casó con D. Leonardo Xicotencatl, nieto de Itzehecatzin Xicotencatl hijo de D. Bernardino de Escobar, que hoy viven, los cuales casaron por concierto, y porque se tenía sospecha que D. Juan Quauh- xayacatzin ni su hijo D. Juachin de la Cerda no poseían con buena conciencia el Estado, y por quitalles de contingencia se dispensó con ellos, y poseen juntamente la casa de Xicotencatl;
aunque se ha de advertir que en sus antiguos ritos y costum- bres, como un padre tuviese tres ó cuatro hijos nunca sucedían directamente, sino aquellos hijos que más aceptos estaban en la República, especialmente que era costumbre y ley muy usa- da que los hermanos iban sucediendo en las herencias y Esta- dos hasta que todos se acababan, y después tornaban á heredar los hijos de los hermanos mayores, y por esta orden seguían sus herencias, y esto alegaba D. Juachin Xicotencatl Quauhxayacat- zin, que era hermano menor de los hijos de Xicotencatl, y que él había de gozar del señorío de Tizatlán como le gozó con bue- na conciencia: en lo que erró fué que no había de dejar por heredero á D. Joachin su hijo, sino que volviese la sucesión á los hijos del hijo mayor, y á esto respondía que ya vivía en la ley de Dios, y que conforme á las leyes y fueros de España y de la cristiandad, que los dejaba á su hijo D. Juachin. Finalmente, que para atajar razones se celebraron estos casamientos, y de hoy en adelante se guardará la sucesión según nuestras anti- guas leyes, aprobadas por tan santas y católicas como lo son.
Fundación del señorío ó cabecera de Quiahuitztlan.—Sus primeros pobladores.
—Cronología de sus Gobernadores y Señores.—Orden de sucesión.
Hemos tratado de la sucesión de los Xicotencas largamente:
razón será que tratemos de la cuarta parte de Tlaxcalla, que será de la cabecera de Quiahuitztlan, que no menos valor tuvo que las demás cabeceras, ni menos origen ni principio.
Es de saber que como los Ghichimecas, primeros pobladores, vinieron poblando por Amaquemecan y vinieron rodeando las faldas de la sierra nevada y volcán, algunos de ellos siguieron el rumbo del Norte, y fueron á poblar las tierras de Tullantzinco y demás provincias de aquella sierra: como atrás dejamos referido, algunas cuadrillas y legiones se quedaron en la provincia de Te- petlaoztoc, que es una legua de Tetzcuco hacia la parte del Norte, donde hallaron muy grandes cuevas en que vivir, y ansí se llama Tepetlaoztoc, porque quiere decir en lengua Nahual mexica- na, en las cuevas de la Tezca; 1 y allí poblados, pasaron adelante sus capitanes más principales, y caminando llegaron á la pro- vincia de Tlaxcalla, 2 en la cual hallaron poblados á sus amigos 1 Propiamente quiere decir: caverna abierta ó formada en peñascos.—R.
2 Tepetlaoztoc había sido lngar habitado por los chichimecas de Xolotl, (véase á Ixtlilxochitl), y no por los teochichimecas; pero sirve este dato, á pe- sar de la insistencia del autor en llevar á éstos por Amaquemecan, para confirmar que pasaron del Anahuac por las montañas del Poniente al territorio de Tlaxcalla.
los Ghichimecas que vinieron rodeando las sierras nevadas y volcán, y hallando pobladas y ocupadas tan buenas y fértiles tierras, trataron con Culhuatecuhtlicuanez les acomodase en alguna parte de lo mucho que tenía como Señor Universal de toda la provincia de Tlaxcalla y Texcalticpac. Dióles cómodamente lo que fué necesario para su poblazón; de suerte que tu- vieron conocido lo que habían de poseer, y esto les sucedió an- tes del gran cerco que se les hizo por los Huexotzincas, porque se hallaron en Texcalticpac á la defensa de su patria, y luego de como pasó la refriega se fueron á poblar la parte de Quia- huitztlan, 1 que es la cuarta cabecera de Tlaxcalla que dicen de Gitlalpopocatzin; y el primer Señor de ella fué Mizquitl, 2 al cual le sucedió Timaltecuhtli, á éste le sucedió Tozcoyohuatecuhtli, 3 á éste Cohuatzintecuhtli, á éste Quetzalhuitzin, á éste Zacaucatzin, que no reynó más de un año, y por su muerte le sucedió Iyac- tzin 4 y á éste Citlalpopocatzin. Llamóse ansí, porque cuando na- ció se vió en el cielo un cometa muy grande y espantoso que echaba muy grande humo de muy grande cola. En el tiempo en que éste reynaba vino Hernando Cortés, que ansímismo le fué leal amigo y de todos los cristianos, y ayudó en la conquista contra los Mexicanos valerosamente, y después de sus días que- dó en el Gobierno de esta cabecera Quetzalcohuatecuhtli; á éste sucedió Tlatlachtzintemilotecuhtli, llamado D. Antonio: muerto 1 Ya hemos dicho que nuestros antiguos pueblos tenían pocas aptitudes para fundar grandes entidades sociales; y esto explica que los teochichimecas se di- vidieran desde el principio y fundaran diversos señoríos, como sucedió con el de Quiahuiztlan. No hubo pues, licencia pedida á Culhuatecuhtlicuanez, ni éste era el señor de todo el territorio, sino solamente del de Texcalticpac.
2 En el manuscrito de Panes se lee Mizquitlalcual, palabra impropia y que sin embargo es muy castiza en la lengua mexicana. El defecto consiste en ha- ber juntado al nombre Mizqicitl, las dos palabras castellanas « al cual, » forman- do de las tres una sola. Esta especie de errores abundan en ambos manuscritos, especialmente en la adición de la a ó de la i iniciales, lo que desfigura comple- tamente las voces, haciendo muchas veces casi imposible su corrección.—K.
3 Torquemada lo llama Tozcoyahuatecuhtli, y esta ligera variante da signi- ficaciones muy diferentes.—K.
4 En Torquemada Iyaltzinteohuatecuhtli.—K.
HISTORIA DE TLAXGALA. 91 éste sucedió D. Thomás de Santa Cruz, y porque fué incapaz para el Gobierno le sucedió D. Julián Motolinía, y á éste D. An- tonio de Luna que hoy vive.
Hase de advertir aquí, que al principio y origen de esta ca- becera, fueron heredando por línea recta y derecha sucesión hasta Xipanteeuhtli 1 y hasta Oitlalpopocatzin, y como fué la he- rencia sucediendo en hermanos, cuando vino á dar la vuelta que habían de heredar los hijos del primer hermano, ovo dis- cordias; donde allí en adelante como eran todos primos y her- manos, acordaron que sucediese el señorío por elección como fuese ésta entre los mismos pretensores é interesados, y esto se ha venido guardando y observando hasta hoy. Finalmente, que con esto he acabado de tratar de la descendencia de las cuatro cabeceras de Tlaxcalla, reynos y señoríos, que no fué otro nues- tro fin, aunque para mayor claridad quiero ponerlo por más extenso, porque no se obscurezca su memoria por la venida de los cristianos y primeros españoles.
1 De éste no se hace mención en la anterior noticia cronológica.—K.
Continuación.—Población de las otras cabeceras y sus Señores.—Etimología de la palabra Teocbichimeca.—Guerras intestinas.—Capitanes Tlaxcalte- cas que acompañaron á Cortés en la guerra de México.—Armas y divisas de las cabeceras ó señoríos de la Eepública.
PrincApio y origen del Señorío y reynos de Tlaxcalla, y de los primeros /andadores. La primera fundación fué la cabecera de Tepeticpac, la cual fundó y pobló el único Señor y Rey llama- do Culhua Quanez, primer Señor de los Teoehichimecas que quie- re decir tanto como divinos Chiehimecas 1 Texcaltecas, venidos de las partes del Poniente en cuanto á nuestro centro, de muy le- janas partes desde las siete cuevas, pasando grandes desiertos, montañas, ríos, ciénegas y otros trabajos y peregrinaciones. Su- cedió á Culhua Quanez en su señorío Atexcalihuehue, á éste Pant- zintecuhtli, á éste Cocotzin, á éste Teixtlacohuatzin, á éste Urna- catzin, el cual murió en una guerra contra los mexicanos, y sucedió en su señorío Tlehuexolohin llacaztaUUecuhtli; y reynan- 1 Aunque esta versión cuente hoy con la sanción de los siglos y de la auto- ridad de muy respetables escritores, es, sin embargo, un error producido de una mala ortografía. Súponese que la palabra es compuesta de Teo-tl (Dios, divi- nidad) y de chichimecatl, y por eso se traduce Divinos Chiehimecas: la propia ortografía es Te-chichimeca, compuesto de Te-tl, piedra, y metafóricamente cosa ordinaria, ruda, silvestre, etc., calidades todas que convienen á la tribu de este nombre, según las describe el P. Sahagún (Historia General de la Nue- va España, libro 10 capítulo 29 párrafo 2?), en las siguientes palabras: llama- do éste en su cabecera con felice estado llegó Cortés, en cuyo tiempo se conquistó y ganó la tierra. Por muerte de Tlehuexo- lotzin sucedió en la cabecera D. Gonzalo su hijo Tecpanecatl Tlachpanquixcatzin, y á éste D. Francisco de Mendoza su hijo, que es en nuestros tiempos. 1 La cabecera de Ocotelolco: llega- dos que fueron los Teochichimecas, segundos pobladores de estas tierras y de las provincias de Tlaxcalla, según sus historias antiguas, porque echaron de ellas á los Ulmecas y Xicalancas, luego que Culhua Quanez pobló en Texcalticpac, partió con un hermano suyo é hizo división de la tierra nuevamente poblada y ganada, dándole el señorío de toda la mitad de ella para que poblasen sus parientes, amigos y comilitones suyos, como en efecto pobló con gran pujanza y poder poniendo sus leyes y es- tatutos como Señor absoluto y poderoso, el cual fué llamado Cuicuitacatl 2 haciendo su fundación en Ocotelolco, en la casa llamada Tecpan que quiere decir los Palacios Reales, y casa del señorío. A éste sucedió Papatotl, á éste Culhuateyohualminqui:
todos estos vivieron poco tiempo, y al fin vino á suceder en esta casa de Tecpan Ocotelulco Acatentehuatecuhtli Tlatohuani, banse así, dice, porque esta palabra "quiere decir del lodo bárbaros, que por otro nombre se decían Zacachichimecas, ó sea hombres silvestres, etc." La palabra Zacail expresa la misma idea en composición. En la edición mexica- na del P. Sahagún se lee del todo barbados, en lugar de del todo bárbaros] pero esta es una de las innumerables erratas y barbarismos que desgraciadamente abundan en esa edición. La corrección que aquí se hace está autorizada con su propio sentido y con el texto que publicó en Londres Lord Kingsborough.—K.
1 Todas estas noticias parece que están sacadas de pinturas genealógicas, que los indios usaban; pero generalmente tales pinturas tenían su cronología, año por año, como puede verseen los códices Mendocino, Aubin y otros. Aquí fal- ta completamente la parte cronológica, lo cual nos hace pensar que los tlaxcal- tecas estaban atrasados en la escritura jeroglífica, Es notable que el Lienzo de Tlaxcalla, bastante bien pintado en cuanto á las figuras, carezca también de cronología.
2 Cuicuitzcatl Teochichimecatl; manuscrito de Panes. Esta lectura tiene en su favor la autoridad de Torquemada, quien añade ser el mismo que Teyohual- minqui, de quien se habló más atrás. La comparación entre aquella y esta no- ticia cronológica presenta variantes bastante notables.—R.
que siendo muy viejo, y habiendo reynado dichosamente mas de cincuenta años, y siendo de más de ochenta, por envidia conspiraron contra él y lo mataron en voz de que era tirano por usurpalle su señorío, é después de muerto, causada gran turba- ción en la República sin entender la causa por que tal cosa su- cedía, andaban las gentes aturdidas sin saber que hacerse, y las mujeres y niños daban grandes alaridos. Los matadores y tira- nos que tal crimen cometieron presentándose en su casa so pretexto de visitalle, le dieron muerte á porrazos, como dícho- se ha, prendieron á sus hijos, hijas y mujeres y cuanto haber pudieron de su generación hasta la cuarta y quinta, y á todos los pasaron á cuchillo; con todo escaparon algunos niños de cuna, hijos de Acatentéhuatzin que hoy viven, y son respetados por Señores aunque pobres.
Hecha esta crueldad y tiranía, los Señores de la casa de Tex- calticpac acudieron al socorro y venganza de esta maldad algu- nos amigos y deudos; mas pomo derramar más sangre patricia de la que se había derramado, considerando que lo hecho no tenía remedio sino aplacar los negocios pasados, se dispuso que quedase el señorío en Cuitlizcatltecuhtotolin, por cuyo nombre se llamó la casa de Ouitlizco. Este vivió como un año en el se- ñorío, y le sucedió Xohuatecuhtlimemeloc. Los que conspiraron contra el Señor Acatentehuatecuhtli eran advenedizos de Cholo- lian, recibidos por huespedes de este Señor como á deudos y parientes suyos que habían quedado poblados allí: les hizo amis- tad, é como fuese gente belicosa que no se contentaba con poco, procuraron con halagos pasarse á esta provincia con el ánimo ambicioso de enseñorear esta tierra, y con dádivas, mañas y buenas astucias, ganar la voluntad de muchos perversos para poner en ejecución sus odiosos propósitos, como lo hicieron. A XohuamemeloG sucedió en el señorío Tlacomihuatzin, el cual tiranizó de todo punto el señorío de Tecpan Ocotelolco, y lo gobernó en paz sin ninguna contradicción, siendo Rey y Señor absoluto de toda la cabecera de Ocotelolco. A éste sucedió Ma- catzin 1 Chichimccatl Tecuhtli, y á éste 2 Maxixcatzin su hijo, en cuyo tiempo llegó Hernán Cortés: sucedióle en el Estado D.
Lorenzo Maxixcatzin l'ianquiztlatohuatzin 3 Señor del mercado, el cual murió en los reynos de Castilla yendo á besar las manos al Emperador Carlos V, y á dalle la obediencia. Por su muerte, y no dejar hijos, le sucedió D. Francisco Maxixcatzin Acuacuat- zin 4 Ultzetzlinhcatzin su sobrino, hijo de Ullamanitzin, Señor del barrio de Atlamaxac y de una hermana suya, que es en nues- tros tiempos.
La cabecera de Quiahuiztlan llamada Tlapitzahuacan, se go- bernaba por elección porque eran muchos Señores deudos hijos de hermanos, y por evitar discordias, se elegía por ellos el que los debía gobernar: estos gobiernos eran de por vida. La fun- dación de este reyno y cabecera fué la última de las cuatro de esta ciudad, que fueron los postreros que llegaron y vinieron en demanda de los demás, y se dividieron en dos ó tres legio- nes y cuadrillas después de la gran mortandad y derrota de Po- yauhtlan Cohuatliclian, que los más vinieron rodeando el volcán como está referido, por Tepetlaoztoc, Zacatzontitlan, Teomo- lixco, Zultepec, Iahualiucan, Mazapán, Quauhtepec, Ocelotepec, hasta que llegaron á esta provincia, y poblaron en Quiahuiztlan do fueron muy bien recibidos de sus deudos. La otra cuadrilla llevó la vía de Tollantzinco, Xilotepec, Tototepec y Pahuatlan, como lo tenemos tratado.
Y tornando á la fundación del señorío de Quiahuiztlan, fué el primer Señor Mizquitl, sucedióle en el Gobierno Timatecuh- 1 Tal vez Macatzin.—E.
2 " Xipilcantzin Cuitlixcatl, y á éste sucedió, etc.; " manuscrito de Panes.
Esta intercalación no ofrece dificultad, pues se autoriza con el mismo texto del autor.—E.
3 Parece que falta la frase ''que quiere decir, ó significa; " pues la de Señor del Mercado es una mera traducción del nombre mexicano.—E.
4 "y por no dejar hijos el dicho D. Francisco, le sucedió D. Juan Maxix- catzin Otzetzehincatzin, etc.;" manuscrito de Panes. Esta intercalación es le- gítima, pues se encuentra casi textualmente en página anterior. Su omisión ha sido indudablemente un descuido del copiante.—E.
tli, á éste Taxcoyohua, á éste Coliuatzintecuhtli, á éste Quetza- huitzin 1 Zacancatzin, el cual fué llevado de la cabecera de Oco- telolco del barrio de Contlantzinco por discordias que los Señores ovieron en la cabecera de Quiahuiztlan, y por eso el dicho Za- cancatzin es descendiente de ellos por brazo femenino. 2 Estan- do por principal y Señor de Quiahuiztlan, fué llevado á la cabe- cera en conformidad de su República y fué Señor de ella dos años, y sucedió en el señorío Iyactzin Teohuateculüli, que tam- bién vivió poco en el Gobierno: por su muerte sucedió Citlalpo- pocatzin 3 Quetzalcohuatecuhtli, en cuyo tiempo llegó Cortés: su- cedióle Tlaltentzin Temilotzin, 4 á éste D. Tomás de la Cruz; y por ser de poco fruto en las ocasiones de aquellos tiempos, eli- gieron en el mando y gobierno de esta cabecera á D. Julián Motolinia Moquetlacatzin, 5 por cuya muerte sucedió D. Juan de Mendoza que actualmente vive, por ser hijo de D. Baltazar Cuauhtecolo, hijo de D. Julián Motolinia Moquetlacatzin.
1 y á éste, manuscrito de Panes.—R.
2 por brafeminis; manuscrito de Panes. Esta ha sido probablemente la lec- tura del original.—R.
3 Si nos atenemos á la sucesión cronológica antes dicha, estos dos nombres que aquí aparecen como uno solo, lo son de dos personas diversas, el uno suce- sor del otro en el señorío de Quiahuiztlan; sería pues preciso suplir la frase "y á éste sucedió, etc.; " pero entonces resulta una discordancia grave, cual es que Cortés llegara á Tlaxcalla á tiempo que gobernaba Citlalpopoca.—R.
4 Antes se le llama Tlatlaehtzintemilotecuhtli. Sin tener á la vista el grupo jeroglífico denotativo del nombre, es absolutamente imposible decidir cuál sea íu verdadera ortografía. Cualquiera conjetura sería arbitraria.—R.
5 " y por fin y muerte de D. Julián sucedió D. Antonio de Luga Omaca- tzin y, etc.; " manuscrito de Panes. Esta intercalación está autorizada por el mismo texto. La variante Luga por Luna, es evidentemente un lapsus calami del copiante.—R. r CAPITULO XII.
Formación de la sociedad Tlaxcalteca.—Nobles y plebeyos.—Distribución, de las tierras.—Organización feudal.—Aumento y prosperidad de la nación. —Extenso comercio que hacía.—Mantiénese en paz con todos los comar- canos.—Envidias que despierta.—Ambición y conquistas del Key mexica- no Ahuizotl.—Somete los Estados vecinos á Tlaxcalla.—Temores de la República.—Kesguarda sus fronteras.—Los Estados limítrofes, ya subyu- gados, hostilizan su comercio.—Excitan contra ellos la desconfianza de los Mexicanos.
Habiendo tratado de las tres cabeceras y de su principio, nos resta decir de la fundación y principio de la cabecera de Tizatlan, casa muy principal de Xicotencatl amigo leal de los cristianos, aunque es de la cabecera de quien habíamos de tratar antes en este lugar, y es por alargarnos más. Estos caudillos principales y muy señalados, bajaron de la cabecera de Tepeticpac y pobla- ron en un Valle y llano llamado Teotlalpan. El primer poblador y fundador de este señorío y casa fué llamado XacayamacJian TzonpanetepelohuatecuJitli, 1 el cual, estando en su prosperidad, lo mataron por envidia que de él tuvieron, por ser tan bueno y bien quisto que atraía á sí muchas gentes por su afabilidad, regalos 1 En Torquemada se encuentran dos variantes que me parecen aceptables, la una en la ortografía y la otra en la denominación, pues se trata de dos nom- bres diversos reunidos aquí y formando uno sólo, En aquel historiador se lee:
'«fué llamado Xayacamachantzompane, por otro nombre TepolohuaUcuhtli, «te." Esta rectificación puede autorizarse con el propio autor.—R.
que les hacía y grandes franquezas y liberalidades que usaba con los suyos; y como se iba engrandeciendo con tanto poder, ovie- ron temor de él no viniese á ser tan poderoso que los supedi- tase á todos y tiranizase. Estando en quietud, una noche cons- piraron contra él y lo mataron, tomando por ocasión que era tirano; y después de muerto le asolaron las casas hasta el suelo, diciendo que se quería alzar con todo el reyno de Tlaxcalla, é que andaba llegando parcialidades para poner por obra su mal propósito y dar gusto á los ambiciosos, y con este color le ovie- ron de dar fin y cabo, y en este tiempo.
Por muerte de Xayacamachan se pasó el señorío y se subió al barrio de Tizatlan, sucediendo en el mando de aquella cabe- cera Zozoxyaotequihua Aquiahuacatl, que 1 después de sus días sucedió en el señorío AztamaÜacaxtli Tecuhtli, y de éste sucedió otro Xayacamachan Tlazcaltecuhtli, 2 y de éste Xicotencatl, hijo de Aztahua, en cuyo tiempo vino el Marqués, y le recibió de paz él y los suyos, con muchos regalos y favores que le hizo. Después de muerto le sucedió Itzehecatzin Teuhtli PiltecuhÜi. 3 Aunque 1 á quien.—K.
2 En la reseña cronológica anterior se coloca antes de éste otro Señor deno- minado Tlecitlalotecuhtli, aunque con la advertencia de que "vivió muy poco y casi no hay memoria de él." Quizá por tal motivo omitió aquí su mención.
3 De este pasaje resultan variantes y aun anacronismos cotejándolo con la noticia cronológica de las páginas anteriores. He aquí la sucesión paralela de Xicotencatl según ambas relaciones, y corrección que en ellas hice:
Xicotencatl.
Axayacatzin Touhtlipitl Tzehecatzin Itzehecatzin Piltecuhtli Motenehuatzin D. Juan Cuauxayacatzin D. Joaquín de la Cerda D. Luis Xicotencatl D. Juan Cuauhxayacatzin D. Joaquín de la Cerda f Doña Francisca de la Cerda y \ D. Leonardo Xicotencatl.
Este paralelo nos da variantes y discrepancias muy notables en la sucesión de Xicotencatl y en la cronología de los Señores de Tizatlan. Según la prime- ovo el dicho Xicotencatl muchos hijos, que dejó en toda Tlax- calla grande generación, vivió más de ciento cuarenta años, 1 pues ovo más de cien hijos é hijas, y entre ellos muchos y muy valerosos hombres y capitanes. Después de su muerte sucedió en el señorío de Tizatlan Motenehuatzin Tlamacaztecuhtli: éste murió en la guerra de Gulhuacan, 2 yendo con Ñuño de Guzmán á aquella conquista. Por su muerte sucedió D. Juan de Vargas Quauhxayacatzin, quedando por tutor D. Luis Xicotencatl, hijo del dicho Motenehuatzin, y por su muerte sucedió D. Juachin de la Cerda; y por venir la sucesión por vía transversal salió á la causa D. Leonardo Xicotencatl, nieto de Itzehecatzin, diciendo pertenecerle á él el señorío por línea recta y derecha sucesión, y no á los herederos de D. Juachin de la Cerda, 3 llamada Doña Francisca de la Cerda Tehculhuatzin; y ansí han sucedido en el ra noticia hubo ocho, mientras que en la segunda solamente figuran seis. Estas diferencias podrían quizá salvarse suprimiendo uno de los muchos descuidos que se notan en la copia; conviene á saber, la omisión del nombre Axayacatzin, en la nómina segunda. Sería también necesario eliminar de la otra á D. Luis Xicotencatl, tomando en cuenta que el propio autor nos dice pocas líneas ade- lante, que fué tutor de D. Juan Cuauhxayacatzin, pudiéndose así conjeturar fundadamente que por tal carácter se le colocaría en la nómina entre los Go- biernos de Tizatlan, durante la minoridad de su pupilo. Suplido así un nom- bre y eliminado el otro, la dificultad desaparece por lo que toca al número; pero no sucede lo mismo respecto á la sucesión cronológica, porque Itzehecatzin que en la una nómina figuraría como nieto, en la otra sería el bisnieto. La misma inversión se nota en el sucesor, agravada con la diferencia de nombre.—R.
1 En la página 84 dice el autor, que vivió más de 120 años, y no 140 como aquí asegura. En la misma página dice, que después de bautizado, vivió tres años cabales. Se disputa si el bautismo fué en 1519 ó en 1520, y entonces debió morir Xicotencatl en 1522 ó 1523. Ixtlilxochitl refiere, que el pacto guerrero del Anahuac con Tlaxcalla, se celebró con este Xicotencatl; y como tal suceso pasó en 1455, suponiéndolo en esa fecha de edad de 25 á 30 años por lo menos, tendría á la venida de Cortés, unos noventa ó cien años.
2 Aquí se trata del Culhuacan de Sinaloa, hoy Culiacán.
3 "hubo entre ellos concierto que el dicho D. Leonardo Xicotencatl casó con hija de D. Juachin de la Cerda llamada, etc.;]" manuscrito de Panes. Es- ta intercalación la autoriza el texto, siendo por consiguiente, su omisión, un descuido del copiante.—R.
Estado de Xicotencatl y lo tienen en nuestros tiempos en gran conformidad de toda su cabecera.
Los capitanes famosos y muy diestros en la guerra que llevó Cortés á la de México, son hijos de Señores y hombres de cuenta y calidad. Son los que siguen: primeramente de la cabecera de Ocotelolco, salieron TecoJiuanitecuhtli Aexotecatl, CeJiecatecuhili, Tecpanecatl, Tenamazcuicuittecuhtli Señor de Tepoyanco, Calme- cahuatecuhtli PetlacoUzintecuhtU; de la cabecera de Quiahuiz- tlan salieron Quanahtecatl lecuhtli Quauhquentzin, Tepultzin, Tlachpanquizcatzin, C hichimecayaotequihua, Tepalnencatzin, Te- maxahuitzin, Omemaní Nezaliualcoyotzin Cocomitzin, Aexotecatl Tzinhcohuacatl, Quauhtapalcantzin. sin otros muchos que por la variedad del tiempo se han olvidado sus nombres antiguos.
Las divisas y armas principales de la casa de Ocotelolco de los Maxixcatzis, son una garza ó pájaro verde llamado Quetzal- tototl, sobre un peñasco, que es una ave de plumas verdes muy parecidas: 1 tiene el pico de oro, y en los encuentros de las alas dos patenas redondas de oro y sobre la cola otra. 2 La divisa y armas de la casa y cabecera de Quiahuiztlan, es un penacho de plumas verdes á manera de 3 ala ó aventador, que traían por di- visa y armas los Señores de esta cabecera, y el día de hoy la es- timan en mucho, llamado Quetzalpatzactli. 4 La cabecera de Te- petiepac, tiene por armas y divisa un lobo muy feroz sobre unas peñas, que tiene en la mano un arco y flechas. 5 No se hace 1 Preciadas, en la impresión de 1871.
2 La divisa y armas de la cabecera y casa de Tetcola " (sic) es una Garza blanca sobre otro peñasco." Manuscrito de Panes. Este pasaje es genuino y falta en el texto, teniendo en su favor la autoridad de Torquemada, con la cual también se puede corregir el nombre de la cabecera, que debe leerse Tizatla y no Tetcola.—K.
3 "de sombayo ó cola, como ala, etc ; " manuscrito de Panes. En Torquemada se lee: "de sombrajo ó medio mosqueador, etc."—K.
4 Quelzalpatzalitli, en la impresión de 1871.
5 Tengo los dibujos de esas armas, copiados por el Sr. Eamírez de las pin- turas originales existentes en Tlaxcalla; los cuales publiqué en la página 844 de mi Historia Antigua de México. Las de Ocotelolco, Quiahuiztlan y Tiza- caso de otras armas y divisas, al ver que son muchas y diversas maneras conforme á sus antiguas usanzas. Agora tornaremos, prosiguiendo nuestra relación, á tratar lo que sucedió después de la derrota de los de Texcalticpac, y cómo se fueron ampli- ficando y ensanchando, y la ocasión que tuvieron los Gulhuas mexicanos de tener guerras, enemistades y disenciones con los Tlaxcaltecas, y en qué tiempos.
Después de ser pasada la guerra cruel de los Chichimecas de Texcalticpac, como atrás dejamos tratado, comenzaron á bajar- se de allí, y á fundarse pueblos y lugares. Fundóse la cabecera de Ocotelolco, y la de Tizatlan y Quiahuiztlan. No tan solamente se ha de entender que fueron bs cuatro Señores de esta Repú- blica, porque ansimismo se poblaron muchos pueblos y lugares de otros principales Chichimecas que habían sido caudillos en su venida, capitanes, maestres de campo y de otros oficios y cargos tocantes á la milicia, de los cuales, el día de hoy, hay casas fundadas de muy buenos mayorazgos y otras casas sola- riegas, á las cuales tenían reconocimiento como casas mayores de donde procedía su linaje, como la que se fundó en TepeticpaG que fué la primera cabecera, que acudían á ella con reconoci- miento y respeto de Rey, y lo mismo se hacía en la cabecera de Ocotelolco, Tizatlan y Quiahuiztlan. De cada casa de éstas y cabeceras, procedían otros muchos Tecuhtlis mayorazgos, que quiere decir Caballeros y Señores, y otras casas que llaman Pi- leales, que es como decir casas solariegas de principales hom- bres hidalgos, en lo cual se tenía particular cuenta, porque los descendientes de éstos son estimados como hombres califica- dos, que aunque sean pobrísimos no ejercen oficios mecánicos ni tratos bajos ni viles. Jamás se permiten cargar ni cavar con coas ni arados, diciendo que son hidalgos é que no han de apli- carse á estas cosas soeces ni bajas, sino servir en guerras y fron- tlan, son talos como las describe el autor. Las de Tepectipac son diferentes: en lugar de un lobo muy feroz sobre unas peñas, tienen un ave parada de her- mosísimo plumaje. En el Lienzo de Tlaxcalla, última lámina, están las de los dos primeros señoríos; pero faltan las de los otros dos.
teras y como hidalgos, y morir como hombres peleando; la cual locura virtuosa dura y permanece hasta agora, diciendo que son hidalgos y caballeros desde ab initio, y que agora lo son mejor porque se convirtieron al verdadero Dios y se han tornado cris- tianos, dando la obediencia al Emperador D. Carlos *Rey de Castilla*; 1 demás y allende de esto le ayudaron á ganar y con- quistar toda la redondez y máquina de este Nuevo Mundo, dán- dole el derecho y acción que tenían contra los mexicanos para que fuese universal Rey y Señor de ellos, y que por esto son hidalgos y caballeros. Estas y otras fanfarrias y locuras dicen, que jamás acaban de blasonar, y ansí cuando un mal español los maltrata, le dicen que es mal cristiano, que no es hidalgo ni caballero, 2 que debe ser villano, moro ó judío ó vizcaíno, y al remate cuando no hallan palabras con que podelle vituperar le dicen al fin eres portugués, pensando que en esto le han hecho muy grande afrenta.
Tornando á nuestro propósito comenzado, que es haber tra- tado de las casas de mayorazgos y señorío, 3 y de las casas sola- riegas, cualquiera capitán ó Tecuhtli que fundaba una casa ó vínculo de mayorazgo, todos aquellos soldados que tenía á su cargo en aquel repartimiento de tierras y montes que se le ha- bía dado, hacía después otro repartimiento, el cual era de esta forma y manera que diremos. Cualquier Tecuhtli que fundaba un Tecalli que es casa de mayorazgo ó Pilcalli que es casa so- lariega, todas aquellas tierras que les caían en suerte de repar- timiento con montes, fuentes, ríos ó lagunas, tomábase para la casa principal la mayor y mejor suerte ó pagos de tierra, y lue- go, las demás que quedaban, se repartían para sus soldados, amigos y parientes igualmente, y todos estos estaban obligados á reconocer la casa mayor, á acudir á ella, á alzalle, reparalle y á 1 Y además de esto, en la impresión de 1871.
* 2 " porque si lo fuera, que sus obras y palabras fueran modestas, como de caballero, porque debe, etc.; " manuscrito de Panes.—E.
3 De los mayorazgos y señoríos, en la impresión de 1871.
ser Continos 1 en ella, con reconocimiento de aves y cazas, flores y ramos para el sustento de la casa del mayorazgo; y el que lo era estaba obligado á sustentarlos y regalarlos como amigos de aquella casa y parientes de ella, ansí es que se llaman Teixhui- huan que quiere decir los nietos de la casa de tal parte; y en es- tos repartimientos de tierras se partieron á Terrazgueros é hi- cieron poblazones en ellas, y estos eran vasallos, y como tales les pagaban tributo y vasallaje de las cosas que criaban y cogían, y por esta orden vinieron á ser Caciques y Señores de muchas gentes y vasallos que los reconocían y pagaban vasallaje, de los cuales fundaron pueblos y lugares muy principales con que se sustentaron y gobernaron su República por buen modo y con- cierto, según su bárbaro y rústico talento.
Ansí poblada la muy insigne y no menos que leal provincia de Tlaxcalla, tuvieron paz y concordia con todas las provincias comarcanas grandes tiempos, y ansí se comunicaban y trataban en gran conformidad con los mexicanos, y atravesaban los unos y los otros todas las tierras, y provincias y reynos que querían, y lo mismo hacían los de ésta, porque iban á contratar á todas par- tes, de una mar á otra, de la del Sur á la del Norte, de la de Le- vante á la de Poniente, y porque de los pobladores de esta pro- vincia salieron á poblar la costa y serranía de hacia la parte del Norte y de ía de Levante, hacia Cenpoalla, Tuxtla, Cohuaza- coalco y Tabasco: finalmente, de estas tierras traían oro, cacao, algodón, ropa, miel, cera, plumería de Papagallo y otras rique- zas que mucho estiman; en tanta manera, que vino á ser el reyno de Tlaxcalla uno de los mayores que ovo en estas partes del Nuevo Mundo, gobernado por los cuatro Señores de las cuatro cabeceras; 2 tanto que fué envidiado de las provincias vecinas 1 Continuos. Oficio que antiguamente había en la casa del Key y que servían como de guardia. Llamáronse así, porque continuamente la hacían en el palacio; y porque eran ciento en número, se llamaban regularmente Ciencon- iínuos. (Gran Diccionario de la lengua castellana, por la Keal Academia. Ma- drid, 1729 fol.)—E.
2 Hasta aquí nos había hablado el autor de la fundación de los cuatro seño- ríos; pero nada nos había dicho de su unión para el gobierno común. Por pri- y comarcanas, que aunque Cholo-Han, Huexotzinco, Quauhque- cholla é Itzyocan 1 que llaman los españoles Izúcar y Tecalpan, Tepeyacac, 2 Tecamachalco, Quecholac, Acantzinco, Teohua- can, Gozcatlan y Teutitlan 3 Ahuilizapan, y todas estas provin- cias se tenían amistad, no por eso dejaba de reynar en ellos mortal envidia: la misma amistad se tenía con los Zacatecas Iz- taccamaxtitlancalques, Tzacuhtecas y Tlatlauhquitepehuaques, Tecuhtecas y Atzopanecas: 4 todas estas naciones que son Ul- mecas.
Ansimismo tenían alianzas con esta provincia, 5 que les traían la miel, cera, liquidambar, gran muchedumbre de algodón y otras cosas que las tierras templadas producen, pescado y camarón;
y como las cosas de esta vida ni la felicidad de ella es perma- nente, luego se introdujo la sediciosa ambición, que como ovie- se tanta paz y conformidad con los Tetzcucanos y Mexicanos, y fuese en crecimiento el Imperio de los Tepanecas Gulhuas, 6 no contentándose con lo que era suyo propio, pretendió poner- se en arma contra los de Tlaltelulco 7 y supeditallos, sin otro mera vez refiere, que la señoría de Tlaxcalla estaba gobernada por los cuatro señores de las cuatro cabeceras; pero no nos cuenta cómo ni cuando se formó esta alianza. Por lo poco que alcanzamos de la historia tlaxcalteca, parece que era una verdadera federación, que cada jefe era soberano en el régimen inte- rior de su señorío, y que los cuatro unidos resolvían las cuestiones de interés general, especialmente las de guerra. A estos cuatro señores llaman algunos indebidamente: Senado de Tlaxcalla.
1 Izttcacan; manuscrito de Panes. Ambas lecturas están corrompidas. En Torquemada se lee Itzucan.—K.
2 Hoy Tepeaca.
3 Probablemente leutzitlan.—R.
4 Ateopanecas; manuscrito de Panes. Ambas lecturas me parecen incorrec- tas. Creo que debe leerse Atzonpanecas.—R.
En la impresión de 1871 está subsanda esta falta, pues la oración termina con punto en Ateopanecas, y después dice: "Todas estas naciones, que son las Hul- mecas, asimismo tenían alianza con esta provincia."
5 Así en ambos manuscritos, faltando, por consiguiente, el nombre de la pro- vincia á que se refiere el cronista.—R.
6 Los Mexicanos.—R.
7 Tlalchulco en la impresión de 1871. La verdadera ortografía es Tlatelolco.
derecho alguno, sino sólo para que le reconociesen por Señor y Rey á Ahuitzotzin, que en aquel siglo reinaba sobre todos los Mexicanos Tepanecas; y como saliese con su propósito comen- zado, procuró luego de ir contra Xochimilco y sujetalle, así como lo hizo, y de allí, como le sucedía todo tan prósperamente, fué engañando 1 y conquistando tierras y provincias, sujetándo- las así como Señor absoluto, pues que con los grandes ejércitos que hizo juntar, atemorizó toda la tierra: unas provincias se le daban de paz y otras por fuerza de arma; y como oviese suje- tado la mayor parte de los Matlatzincas, Cohuixcas y Tlalhuicas, pretendió pasar los puertos de la Sierra Nevada y volcán con sus ejércitos, hasta que rindió á los de Huexotzinco y Cholulla, haciendo partidos y conciertos de reconocimiento con ellos: de aquí ovo principio el ser único Señor del Reyno Mexicano; y como á Ahuitzotzin le sucediese Axayacatzin, único Señor de Mé- xico, pretendió hacer lo propio que su antecesor Ahuitzotzin, esto es, ir ensanchando su reyno con ánimo de conquistar todo el mundo, y cuanto hallase por delante para su Rey univer- sal. 2 Sucedióle tan prósperamente todo lo que se imaginó y pro- puso, que á poco tiempo vino á ser Rey casi Señor de todo Huexotzinco, Quauhquechollan, Itzucan, Valle de Atlixco, Gho- lollan, Galpan, Tepeyacac, Tecamachalco, Quecholac, Teohua- can, Gozcatlan y Teotitlan; finalmente, toda la más tierra que pudo fué sujetando y conquistando de tal manera, que no ha- bía provincia ni reyno que * se le parase delante *, no ganase y conquistase. Entendido por los Señores de Tlaxcalla la pros- peridad y pujanza con que iba creciendo el reyno de los Gulhuas Mexicanos Tepanecas, que ya en esta sazón se llamaban Te- nuchcas, 3 determinaron de ponerse en arma y cuidado de las 1 ganando, manuscrito de Panes.—E.
2 " para ser Señor y Key universal de todo este Nuevo Mundo," manuscri- to de Panes.—E.
3 Por el contrario, se llamaron tenochcas en el principio, pues la isla de Mé- xico se dividía en dos partes: la del Norte era Tlatelolco, y la del Sur Tenoch- cosas que les pudiesen suceder con poderío tan grande como es- te que se había levantado; y ansí porque no les entrase por alguna parte, determinaron de guardar y conservar sus tierras y te- ner con esto paz con todos como siempre la habían tenido; mas con todas estas prevenciones y recatos, movidos de mortal en- vidia los Huexotzincas Cholultecas y otras provincias sujetas á los Tenuchcas Mexicanos, procuraron por astucias y maña im- pedir la contratación de los Tlaxcaltecas por todas las partes que pudieron y que se recogieran en sus tierras, y para más in- citar á los Tenuchcas Mexicanos y moverlos á ira, informaron los rendidos 1 siniestramente contra ellos, diciéndoles cómo los Tlaxcaltecas se iban apoderando de muchas provincias de las que ellos habían ganado, ansí por amistades como por contra- tos, especialmente de las de Guetlaxtlan, 2 Tuxtlan, Gempohua- Uan, Cohuatzacoalco, Tabasco, Campeche y otras provincias y lugares marítimos, é que avisaban de ello, que viesen lo que más les convenía; y como los Tenuchcas entendiesen que podía su- ceder ansí por ser los Tlaxcaltecas belicosos, y viendo que los Mexicanos iban señoreando toda la tierra, que podrían hacer lo mismo, y como el mando no permite igualdad para remediar un tan gran estorbo é impedimento, procuraron los Tenochcas apoderarse de toda la Totonacapan y de las provincias de los Tohueyos, Xalapanecas, Nauhtecas, Mexcaltzincas y otras mu- chas provincias de la Costa de Norte, que por evitar prolijidad no referimos, é impedir por tal medio de estorbar las contrata- ciones y granjerias á los tlaxcaltecas, que les daban mucha ri- queza, como en efecto lo hicieron. 3 titlan. Cuando los tenochcas conquistaron á los tlatelolcas, ya formaron una sola nacionalidad, y unos y otros se llamaron mexicas.
1 Esto es, los pueblos subyugados por los Mexicanos.—K.
2 Hoy corruptamente Cotastla, cerca de Yeracruz.—K.
3 En la impresión de 1871 dice: " sólo por impedir la entrada que podían hacer los tlaxcaltecas, estorbándoles las contrataciones y granjerias que tenían en todas estas tierras; y porque no pasasen adelante, procuraron de necesitar- los (estorbarlos) de muchas riquezas, como en efecto lo hicieron."
Hostilidades de los Mexicanos.—Pretenden someter á Tlaxcalla á su señorío.
—Embajada.—Kespuesta enérgica de los Tlaxcaltecas.—Enciérranlos en su ciudad impidiéndoles el camino. — Se acostumbran á no comer sal.
Convocan los Mexicanos á los circunvecinos para destruir á Tlaxcalla.
Continúa la guerra.—Quedan victoriosos los Tlaxcaltecas.—Continúan la guerra los Mexicanos con mayor ímpetu.—Convocan á los comarcanos é intentan un asalto.—Son rechazados con grandes pérdidas.
Viendo los de Tlaxcalla que de todos puntos se declaraba la enemistad con ellos de parte de los Tenuchcas, procuraron de- fender su partido como pudieron; y como fuese mayor la pu- janza de los Tepanecas que la suya, se fueron retrayendo poco ápoco á sus tierras, perdiendo la libertad que tenían de las con- trataciones. Puestos en esta controversia, enviaron á los Prín- cipes Mexicanos embajadores, diciéndoles que cuál había sido la causa que contra ellos se tratase guerra, no habiendo dado ocasión para ello, ni que sus gentes fuesen maltratadas de los suyos, estorbándoles sus comercios, quitándoles sus mercade- rías, haciéndoles otros desafueros y malos tratamientos. Fuéles respondido por los Tenuchcas "Que el gran Señor de México era Señor Universal de todo el Mundo, que todos los nacidos eran sus vasallos, que á todos los había de reducir pa- ra que le reconociesen por Señor, y que á los que no lo hicie- sen por bien y dalle la obediencia, los había de destruir, asolar sus ciudades hasta los cimientos y poblarlas de nuevas gentes.
Por tanto, que procurasen tenelle por Señor y sujetársele, pa- gando tributo y demás Parias como las otras provincias y rey- nos lo hacían, que si por bien no lo hiciesen, vendría sobre ellos." 1 A lo cual respondieron los embajadores de Tlaxcalla:
" Señores muy poderosos, Tlaxcalla no os debe vasallaje, ni des- de que salieron de las siete cuevas, jamás reconocieron con tributo ni pecho á ningún Rey ni Príncipe del Mundo, porque siempre los Tlaxcaltecas han conservado su libertad; y como no acostumbrados á esto, no os querrán obedecer, porque antes morirán que tal cosa suceda *como está consentir*. 2 Entendemos que eso que les pedís procurarán pediros á vosotros, y sobre ello derramarán más sangre que derramaron en la gue- rra de Poyauhtlan, que fueron aquellos de donde proceden los Tlaxcaltecas. Por tanto, nosotros nos volvemos con la respues- ta que nos habéis dado."
Sabido por los de Tlaxcalla la ambiciosa respuesta de los Te- nuchcas, desde allí en adelante vivieron sobre aviso para resis- tir cualquiera adversidad de fortuna que les viniese; y como oviesen los Mexicanos Tenuchcas sujetado la mayor parte de este Nuevo Mundo, y no tuviesen ya que ganar desde la mar del Sur á la del Norte y todo lo tuviesen por suyo, procuraron muy á su salvo tomar la provincia de Tlaxcalla y sujetalla, ansí como lo habían hecho con las demás; y ansí los Mexicanos con ánimo denodado, les dieron tantos reencuentros y escara- muzas, 3 hasta que los vinieron á acorralar dentro de pocos años 1 En la impresión de 1871 dice esta respuesta: " que el gran señor de Mé- xico era señor universal de todo el mundo, y que todos los nacidos eran sus va- sallos; y que todos los había de reducir á sí para que le reconociesen por señor, y que los que no quisiesen reconocerle por tal y darle la obediencia por bien, que los había de destruir, y asolar sus ciudades y provincias hasta los cimien- tos, y poblarlas de otras nuevas gentes: por tanto que procurasen de tenerla por señor y de sujetársele, pagándole tributo y demás, como las otras provin- cias y reinos hacían; y que si por bien no lo hacían, que verían sobre ellos el castigo." Como se ve, esta es una versión distinta, de un mismo original.
2 La impresión de 1871 dice con mejor versión: " que tal cosa como ésta con- sentir."
3 El autor desvirtúa completamente el origen y naturaleza de las conti- HISTORIA DE TLAXGALA. 111 en sus propias tierras y provincia. Tuviéronlos cercados más de sesenta (años), necesitando de todo cuanto humanamente podían necesitar, pues no tenían algodón con que vestirse, ni oro, ni plata con que adornarse, ni plumería verde ni de otros colores para sus galas, que es la que más estimaban para sus divisas y plumajes, ni cacao para beber, ni sal para comer. De todas estas cosas carecieron y de otras, más de sesenta años que duraron en este cerco. Quedaron tan habituados á no comer sal, que el día de hoy no la saben comer, ni se les da nada por ella, y aun sus hijos que se han criado entre nosotros comen muy poca, aunque con la muchedumbre y abundancia que hay, van entrando en comerla.
Puestos en este cerco, siempre y de ordinario tenían crueles guerras acometidos por todas partes, y como no tuviesen los Mexicanos otros enemigos, ni más vecinos que á los de Tlaxca- 11a, siempre y á la continua se venían gentes á retraer y guare- cer á esta provincia, como hicieron los Xoltocamecas, 1 Otomís y Ghalcas, que por rebeliones que contra los Príncipes Mexica- nos tuvieron, se vinieron á sujetar á esta provincia, donde fue- ron acomodados y recibidos por moradores de ella, dándoles nuas guerras que los mexicanos tuvieron con los tlaxcaltecas. No fué que qui- sieran conquistarlos, cosa que habría sido fácil á los poderosos ejércitos del Anahuac, tratándose de un señorío de tan corta extensión como el de Tlax- calla.
En 1455, después del hambre que sufrió el Anahuac, para calmar las iras de los dioses, concertaron Moteczuma y Nezahualcoyotl establecer una guerra sa- grada periódicamente, con Tlaxcalla, Cholollan y Huexotzinco, para tener siempre cautivos que sacrificará sus divinidades. El concierto se hizo con Xi- eotencatl, que ya entonces era señor de Tizatlan; y Nezahualcoyotl señaló el campo en que debían darse las batallas, entre Cuauhtepec y Ocelotepec, con condición de que peleasen tantos á tantos, yendo los de las tres cabezas juntos, y que combatiesen los primeros días de sus meses. (Véase la Historia Chichi- meca de Ixtlilxochitl, en sus Obras, tomo II, página 207).
Como en estas batallas nadie perdía territorio, ni tenían otro objeto que ha- cer prisioneros de guerra para los sacrificios, duraron hasta la venida de Cortés, que son los sesenta años y poco más á que se refiere el autor.
1 Xacamatecas en la impresión de 1871.
tierras donde viviesen, con cargo que les habían de reconocer por Señores pagándoles tributo y terrasgo además, y allende que habían de estar á la continua en arma y sobre aviso por defensores de sus tierras, porque los Mexicanos no les entrasen por alguna parte y los ofendiesen, lo cual guardaron y prome- tieron de no lo quebrantar so pena de ser traidores, y ansí lo cumplieron y guardaron grandes tiempos hasta la venida de Cortés; y con esta continua milicia siempre sucedían grandes trances de guerra en que en los despojos que hacían, alcanza- ban algunas riquezas de ropa y oro y plumería, y por rescates de algunos prisioneros alcanzaban á tener sal y cacao para los Se- ñores, y mayormente los de las cuatro cabeceras que jamás les faltaba; y sin embargo de esto, los Señores Mexicanos y Tetz- cucanos, en tiempos que ponían treguas por algunas temporadas, enviaban á los Señores de Tlaxcalla grandes presentes y dádi- vas de oro, ropa, cacao, sal y de todas las cosas de que carecían, sin que la gente plebeya lo entendiese, y se saludaban secreta- mente, guardándose el decoro que se debían; mas con todos estos trabajos, la orden de su República jamás se dejaba de gobernar con la rectitud de sus costumbres, guardando inviola- blemente el culto de sus dioses.
Y visto por los Mexicanos Culhuas Tepanecas Tenuchcas, que toda la monarquía de este Nuevo Mundo estaba en su se- ñorío y mando, y que con tan gran poder, con mucha facilidad podían conquistar el reyno de Tlaxcalla, porque al respecto de lo que los Mexicanos señoreaban, esta provincia era de cien partes la una, y con este presupuesto ya no restaba más por conquistar, echaron los Mexicanos un bando para que todos los sujetos á México saliesen un día señalado á dar combate á la provincia por todas partes en torno de ella, y con este gran po- der serían vencidos y asolados, ó se darían forzosamente viendo tan gran peligro ante los ojos: lo cual sucedió diez y ocho años antes * de la venida de los españoles *, gobernando la provincia de Tlaxcalla en cuatro cabeceras de ella, en Ocotelolco Maxix- catzin, en la de Tizatlan Xicotencatl, en Quiahuiztlan Teohuay- HISTORIA DE TLAXCALA. 113 yacatzin y en la ele Tepeticpac TleJiuexolotzin, reynando en Hue- xotzinco Tecayahuatzin Chichimecatl Tecuhtli; y éste fué el que publicó guerra á fuego y sangre contra los de Tlaxcalla, el que convocó para venir á esta guerra á los Chulultecas, los cua- les concedieron con él tomando por instrumento el favor de las Mexicanos, y para comenzar su mal propósito, intentaron so- bornar á los del pueblo de Hueyotlipan, sujeto de esta ciudad que estaba por frontera de México, y á todos los Otomís que ansimismo estaban por guarnición de sus términos, de lo cual los Señores de Tlaxcalla tuvieron aviso de sus propios vasallos y amigos de lo que pasaba. Y con estas cosas siempre vivieron sobre el aviso con todo recato, no confiándose de ningunas gen- tes, porque por traición y engaño no fuesen asaltados: ansí per- suadidos los de las guarniciones que estaban por frontera de México con dádivas y presentes de oro y joyas, rodelas, armas y otras cosas de estima según su modo, les comunicaron y tra- taron, que cuando se oviese de dar el combate general por to- das partes de la provincia de Tlaxcalla, estuviesen sobre aviso, é que no peleasen, sino que antes fuesen y tornasen contra los de Tlaxcalla, pues serían muy bien remunerados por los Prín- cipes Mexicanos, y vencido y tomado el reyno de Tlaxcalla, se- rían señores libres y parcioneros de todo lo que se ganase.
En estos tiempos reynaba en México con gran poder Mote- cuhzomatzin. Tratado lo dicho con las guarniciones y fronteras de Tlaxcalla, no quisieron venir en ello ni ser traidores á ami- gos tan antiguos, que tan bien los habían tratado, conservado y defendido de sus enemigos por tantos tiempos, y antes bien acudirían á morir por su patria y República, lo cual cumplieron á fuerza de leales vasallos, y se defendieron y guardaron las fronteras como valientes y esforzados capitanes.
Acabado esto y entrando á fuego y sangre los ejércitos de Huexotzinco por tierras de Tlaxcalla, haciendo grandes daños, fuerzas y robos, llegaron á un lugar que está á una legua de la ciudad, que llaman el pueblo de Xiloxochitlan, donde cometie- ron grandes tiranías y crueldades en las gentes que hallaron descuidadas, y ansimismo allí mataron peleando á un principal de Tlaxcalla de mucha cuenta, que hallándose en este sobresal- to y alboroto salió con alguna gente á defender y amparar *la gente de* aquel lugar, *y como le faltase favor y socorro, ovo de morir* peleando: llamábase Tizacaltatzin, 1 y era principal de la parte y cabecera de Teocotelulco y del barrio de Contlantzinco.
Esta muerte fué sentida y llorada por los de Tlaxcalla; y con esto se volvieron los Huexotzincas á sus tierras, y fué principio de guerras continuas y muy prolijas que duraron más de quin- ce años 2 hasta la venida de Cortés. En el entretanto ovo muer- tes y pérdidas quesería hacer gran volumen contallas: sólo diré una, y fué que como á la continua había guerras y escaramu- zas, fué tanta la pujanza de los de Tlaxcalla, que en poco tiem- po ovieron de venir á arrinconar á los Huexotzincas por lo alto de la Sierra Nevada y volcán. Puestos en tanto aprieto pi- dieron socorro á Motecuhzoma, que envió 3 contra ellos gran pu- janza de gente, pensando de esta vez *atropellar y* asolar la provincia de Tlaxcalla, y les envió también un hijo suyo por capitán, que se llamaba Tlacahuepantzin: estos ejércitos Mexica- nos que fueron á socorrer los Huexotzincas, hicieron su entrada por la parte de Tetella y Tuchimilco y Quauquechollan, acu- diendo allí todos los de Itzocan y Chietlan como vasallos de los Mexicanos. Teniendo noticia de este socorro que Motecuhzoma enviaba, los de Tlaxcallan les salieron al encuentro antes de que llegasen á sus tierras ni que les hiciesen daño alguno, y determinaron estorballes la entrada; y como atrás dejamos tratado, estaban los Huexotzincas arruinados y encaramados por las faldas de la Sierra Nevada y volcán, porque todo lo lla- no estaba exento, sin estorbo de poblazón alguna, por cuya cau- sa los ejércitos Tlaxcaltecas tuvieron lugar de entrar por Tle- caxtitlan, Acapetlahuacan y Atlixco seguramente, antes que los 1 En el manuscrito de Panes dice Tilatlacatzin } cuya ortografía tampoco sa- tisface. Torquemada escribe Hzatlacatzin.—K.
2 diez y nueve, manuscrito de Panes.—E.
3 En la impresión de 1871 dice: "el cual les envió contra ellos."
Huexotzincas ni Mexicanos se disolviesen; 1 y ansí dieron sobre ellos con tanto ímpetu é ira, que cogiéndolos desapercibidos hi- cieron cruel estrago en ellos, tanto que desbaratados y muertos fueron huyendo, quedando muerto en el campo Tlacahuepan- tzin, su general é hijo de Motecuhzoma su Señor.
Habida victoria en tan señalado reencuentro, los Tlaxcaltecas limpiaron el campo y se volvieron á su tierra con gran honra y pro de toda su patria. 2 * Sucedida guerra tan famosa y puesto tan gran espanto por todas aquellas regiones, causó á los de Huexotzinco el año siguiente que no tuviesen cosecha de panes, de que les causó gran hambre que tuvieron necesidad de irse á las provincias de México á valerse de su necesidad, porque con las guerras, los Tlaxcaltecas les asolaron los panes y quemaron sus casas y palacios de Tecayahuatzin su Señor, y las ca- sas de otros Señores y principales caciques de aquella provincia.
Finalmente, que pidiendo licencia de Motecuhgumatzin, aquel año repararon su necesidad por tierras de Mexicanos.* Hemos tratado de estas guerras civiles, que ansí pueden lla- marse, pues los Huexotzincas, Tlaxcaltecas y Gholultecas eran todos unos, amigos y parientes. Hase de entender que los Gho- lultecas y Huexotzincas 3 eran todos á una contra Tlaxcalla, aun- que no se trata sino de Huexotzinco sólo. Gomo los Gholultecas eran más mercaderes que hombres de guerra, no se hace tanta cuenta de ellos en los negocios de guerra, aunque acudían á ellos como confederados con los Huexotzincas. Pasada esta * guerra * tan sangrienta en el Valle de Atlixco, y muerto Tlaca- huepantzin su general, hijo de Moctecuhzoma Rey de los Me- xicanos Tenuchcas, recibió un gran pesar y mostró muy grande 1 Desenvolviesen, en la impresión de 1871.
2 El pasaje que sigue entre asteriscos se ha copiado del manuscrito de Pa- nes, sustituyéndolo al otro, porque su texto presenta un mayor carácter de originalidad. Aunque ambos contienen substancialmente las mismas especies, se advierte en el desechado una de las enmiendas de redacción tan comunes en las copias sacadas por D. Carlos María de Bustamante.—E.
3 Por el contrario, en la guerra sagrada, eran aliados de los tlaxcaltecas.
sentimiento, por lo que determinó asolar y destruir de todo punto la provincia de Tlaxcalla: para esto mandó por todo su reynoque sin ninguna piedad fuesen á destruir el señorío délos Tlaxcaltecas, pues le tenían enojado, y que hasta entonces no los había querido destruir por tenerlos enjaulados como codor- nices y también para que el ejercicio militar de la guerra no se olvidase, y porque oviese en que se ejercitaran los hijos de los mexicanos, y también para tener cautivos que sacrificar á sus dioses; mas que agora que le habían muerto á Tlacahuepantzin su hijo con atroz atrevimiento, su voluntad era destruir á Tlax- calla y asolalla, porque no convenía que en el gobierno del mun- do oviese más de una sola voluntad, un mando y un querer; y que estando Tlaxcalla por conquistar, él no se tenía por Señor Universal del Mundo. Por tanto que todos á una hora y en un día señalado se entrasen por todas partes y fuesen destruidos á sangre y fuego. 1 Vista la voluntad del poderoso Rey Motecuzumatzin, envió sus capitanes por todo el circuito y redondez de Tlaxcalla, y comenzando á estrecharles en un solo día por todas partes, fué tan grande la resistencia que hallaron los mexicanos, que al ca- bo se fueron huyendo desbaratados ó heridos, con pérdidas de muchas gentes y riqueza, que parece cosa imposible creerlo, y antes más parece patraña que verdad; mas está tan autorizado este negocio, y lo tienen por tan cierto, que ponen * extraña ad- miración* porque se juntaron tantas gentes y de tantas provin- cias y naciones, que me ponen notable admiración. Halláronse por las partes del Norte los Zacatecas y Tozapanecas, Tetela- ques, Iztaquimaltecas y Tzacuhtecas; luego los Tepeyaqueños y Quechollaqueños, Tecamachalcas, Tecalpanecas, Totomihuas, Chololtecas, Huexotzincas, Tetzcucanos Aculhuaques, Tenuch- cas Mexicanos y Chalcas. Finalmente, ciñeron todo el horizon- te de la provincia de Tlaxcalla para destruirla, y fué tal su ventura y dichosa suerte, que estando en sus deleites los Tlax- 1 Aquí falta sin duda: los tlaxcaltecas.
caltecas y pasatiempos, les llegó la nueva de esta tan grande entrada y cerco que Moctecuzoma les había hecho para toma- llos acorralados, estando ansí seguros para acabarlos, é que no oviese más memoria de ellos en el mundo. Las fronteras de to- das partes pelearon valerosísimamente, siguieron en el alcance á muchos enemigos, y para más fe de lo que había sucedido y ganado, trajeron grandes despojos de la guerra que habían he- cho y muchos prisioneros tomados á poca costa, presentándo- los á los Señores de las cuatro cabeceras. Estos, cuando enten- dieron haber ganado sus capitanes tan grande empresa sin que fuesen sabedores de ello, les hicieron grandes muestras, casan- do á los capitanes con sus propias hijas, y armaron caballeros á muchos de ellos para que fuesen tenidos y estimados por personas calificadas, como lo fueron de allí en adelante. Los Otomís que guardaban las fronteras ganaron mucho crédito de fidelísimos vasallos y amigos de la República de Tlaxcalla. Ha- bida tan gran victoria, hicieron en señal de alegría muy grandes y solemnes fiestas, ofreciendo sacrificios á sus falsos dioses con increíbles ceremonias. Dende allí en adelante, vivieron los Tlaxcaltecas con más cuidado * pertrechando* sus fuertes con fosos y reparos, porque Moctheuzoma 1 no volviese sobre ellos en algún tiempo y los sujetase, y ansí con esta continuación y vigilancia vivieron mucho tiempo, hasta la venida de Cortés, procurando los Mexicanos de sujetallos siempre, y ellos, con ánimo invencible, de resistirse como siempre lo hicieron.
1 La verdadera ortografía del nombre de este rey 6 señor de México, es Motecuhzoma ó Moteczuma.
Extensión del Imperio Mexicano.—Emprenden la conquista de Cuauhtemala y Nicaragua.—Kevesesque sufren.—Triunfan con una incidía en Nicaragua y Verapaz, haciéndolas tributarias.
En este tiempo estaba tan pujante el Imperio de los Mexica- nos y señorío de Moctheuzoma, que * no había otra cosa en este Nuevo Mundo, que ya su Imperio y manarquía* llegaba *más de * trescientas leguas adelante de Quatimalla y de Nicarahua, donde el día de hoy la lengua mexicana se trata corruptamen- te en estas provincias; 1 yendo grandes ejércitos mexicanos po- blando y conquistando tierras y provincias riquísimas de oro y plumas verdes de mucha estima, y cacao, y bálsamo, liquidám- bar y otras resinas olorosas, licores y atramentos 2 que los natu- rales tenían en mucho aprecio. Algunas provincias *se les re- sistían y no les dejaban entrar, con gran resistencia de armas* como fué la * propia provincia de* Nicarahua y otras comarca- nas, y en que, como sintieron que iban grandes ejércitos á con- 1 No es exacto que los mexicas conquistaran á Cuauhtemallan, hoy Guate- temala, ni á Nicaragua. En el Códice Mendocino están bien detalladas en je- roglíficos, las conquistas de los mexicas, y entre ellas no se comprende á esas dos regiones. Si en parte de la América Central se habla el náhuatl, (véase la Geografía de las lenguas del Sr. Orozco y Berra y el mapa respectivo), debido es á invasiones anteriores de las razas mecas.
2 La palabra atramento está en los diversos manuscritos, y aquí quiere de- cir tintas de color negro.
quistallos, les salieron al encuentro á estorballes el pasaje y decilles que se fuesen y no volviesen á sus tierras. Salieron de tal manera, que maltraron á los mexicanos. en un encuentro * que les mataron muchas gentes *, y los pusieron en grande aprieto que tuvieron necesidad de rechazarle 1 y volver sobre sí, que como las partes por donde habían pasado todos los pue- blos y provincias se les sujetaban, entendieron que fuera lo mismo de todas las demás provincias, y salióles muy al revés.
Vista tan grande resistencia de aquellas gentes, procuraron con ardid y maña valerse, porque su valor no viniera á menos, y se perdiera el crédito y fama que en tantos años habían ganado.
Procuraron de bacer partido con los moradores de aquella tie- rra, fingiendo que ellos querían pasar adelante y no parar allí, pues no los querían tener por amigos ni por vecinos, é que ellos habían perdido mucha gente en el camino y reencuentros que habían tenido, que les diesen cinco ó seis mil Tamemes 2 para que les pasasen sus equipajes y hato á los pueblos de ade- lante, y con esto se saldrían de sus tierras, porque si no, cada día tendrían escaramuzas y muertos. Condescendiendo los Ni- caraguas con esta demanda, tuvo efecto su ardid y astuta ima- ginación, pues que dieron á los mexicanos los Tamemes que pedían por echalles cabe de sí, y saliendo la mayor parte de esta gente de su patria, las gentes y ejércitos mexicanos quedaban atrás á retaguardia, y sin resistencia alguna se entraron en esta provincia y alzaron con ella, bien descuidados los Nicaraguas de tan inaudita traición.
Apoderados ya de esta provincia, cuando los miserables Tamemes volvieron á sus casas las hallaron tomadas y ocupadas de gentes extrañas, y sobreviviendo 3 los Mexicanos que adelante habían marchado, tomaron muy á su salvo esta gran provincia y 1 rehacerse, manuscrito de Panes.—K.
2 Cargadores.—B.
3 Así en los manuscritos y en la impresión de 1871; pero yo creo que debe ser sobreviniendo.
sus * sujetos, y fueron Señores de ella* como los demás, 1 y ansí reconocieron desde entonces las gentes de Nicaragua y Verapaz á los Mexicanos por Señores, y les enviaban de tributo oro y plumería verde y otras cosas que la tierra producía, pedrería, esmeraldas, turquesas y cosas de mucha estima y valor. Por esta orden y maña y astucias, fué Moctheuzoma muy gran Se- ñor de la mayor parte de este Nuevo Mundo, aunque en él al- gunas 2 se le revelaban y alzaban algunas provincias, las cuales tornaba á pacificar con sus gentes, castigando á los alzados, á unos por amor, y á otros con promesas, dádivas y franquezas, según era necesario. Finalmente, aunque bárbaros, se conser- vaban á su modo en pujanza y poder, con disciplina militar, la cual sustentó y sustenta la Monarquía Universal del Mundo.
1 En la impresión de 1871 dice: como de las demás.
2 En la impresión de 1871 dice: aunque en algunas partes.
Enemistad entre Mexicanos y Tlaxcaltecas. — Motivos y objeto. — La guerra servía para el ejercicio militar y provisión de víctimas humanas.—Sacri- ficio gladiatorio. llahuicole.—Hacen los Mexicanos la guerra áMichoacan encomendándole el mando de sus ejércitos.—Sacrificio voluntario de Tlahuicole.
Habiendo como hemos referido continuas guerras entre Tlax- caltecas y Mexicanos, eran también continuos los reencuentros y escaramuzas entre unos y otros, ansí para ejercitar la milicia como por sien algún tiempo Moctheuzomalos pudiese conquis- tar y hacellos sus tributarios, aunque tienen por opinión algu- nos contemplativos, que *si Motecuhzoma* quisiera destruir á los Tlaxcaltecas lo hiciera, sino que los dejaba estar como co- dornices en jaula, * porque no se perdiera el ejercicio de la gue- rra*, y porque tuvieran en qué emplearse los hijos de los Seño- res, y también para tener de industria gentes con que sacrificar y servir á sus * ídolos y* falsos dioses, lo cual no me puedo persuadir á creer por muchos respectos; porque si ansí fuera, no tomaran tan deveras la demanda los Señores de esta provincia para ir contra los Mexicanos, como fueron en favor de los cris- tianos; 1 lo otro por donde se entiende, es 2 por la amistad que se 1 Muñoz Camargo, como se ve en este pasaje, comprendía el origen y obje- to de la guerra sagrada; pero trata de negarlo, por disculpar la alianza de los tlaxcaltecas con Cortés. Sí es evidente, que después de sesenta y cuatro años de continuas batallas, por más que éstas tuviesen solamente un fin religioso, y en nada menoscabasen la autonomía de los pueblos contendientes, debía pro- ducirse un odio profundo entre tlaxcaltecas y mexicanos: y ésta es mejor y más lógica explicación de la alianza de aquellos con los castellanos.
2 í£ que la enemistad que se tenían, etc.; " manuscrito de Panes—E.
tenían que era mortal y terrible, pues jamás trabaron parentes- co ninguno los unos con los otros, ni por casamientos, ni por otra vía alguna la quisieron, antes les era odioso y aborrecible el nombre de Mexicanos, ansí como á éstos el nombre de Tlax- caltecas; porque se sabe y es notorio que en todas las demás pro- vincias emparentaban los unos con los otros, y ansí es de creer que pues Nuestro Señor fué servido que por mano de estas gen- tes se ensalzase su santo nombre, que la * guardó y * tuvo guar- dada para instrumento de tan heroica y santa obra, como es la que hemos visto y desde aquí en adelante diremos.
Entre tanto 1 en este continuo cerco y perpetua guerra, siem- pre se cautivaban los unos á los otros, y jamás se rescataban ni se redimían sus personas, porque lo tenían por grande afren- ta é ignominia, sino que habían de morir peleando, mayormente los capitanes y personas calificadas, de las cuales no se ser- vían, sino que antes morían sacrificados ó peleando á manera de Gladiatores romanos; y es ansí que como oviese algún pri- sionero de valor y cuenta, lo llevaban en medio de una plaza, donde tenían una gra^ ueda de más de treinta palmos de an- cho de cada parte, y jen medio de esta *gran* rueda otra me- nor redonda como un codo, que servía de altar del suelo, 2 de la cual se ataba una muy grande soga y larga que no pasaba de 1 "Estando en este, etc. ;" manuscrito de Panes.—E.
2 La lectura d_ este pasaje, alterada probablemente por el copiante para dar- le mayor claridad, quedó ininteligible con la enmienda. Aunque en el manus- crito de Panes no sea tampoco muy clara, se comprende, sin embargo, su idea.
Dice así " y en medio de esta gran rueda otra menor redonda que servía de altar, como de un codo de altor del suelo, de la cual, etc." Quiere decir: que esta rueda menor, labrada á manera de muela de molino y del grueso de un eodo, ó sea de cosa de media vara, estaba colocada sobre la otra mayor, proyec- tando la altura de un codo sobre su superficie. En ella se ejecutaba el sacrifi- cio llamado gladiatorio, descrito por Clavijero y otros historiadores; siendo de advertir que el prisionero no estaba atado del pie según ellos dicen y lo figuran en sus estampas, sino de la cintura y con el vuelo bastante para poder atacar y defenderse. En el Museo Nacional hay algunas de estas piedras, no siendo tal el gran disco grabado que el vulgo denomina Piedra de los sacrificios.—R.
los límites de la rueda mayor. Finalmente, el miserable prisio- nero le ataban con esta soga á manera de toro que se ata en bramadero, y allí le ponían todos * los géneros de * armas con que se podía defender y ofender, para que pudiera aprovechar de las que más gusto le diesen. Dábanle rodelas, espadas, ar- cos, flechas y macanas arrojadizas, porras de palo engastadas en ellas puntas de pedernales, y puesto en este extremo se can- taban cantares tristes y dolorosos; mas el miserable hombre con esfuerzo y ánimo, como aquel que pensaba ir á gozar de la gloria de sus dioses, ansimismo se componía, y estando atado salían á él tres ó cuatro hombres valientes á combatir con él, y hasta que allí moría peleando no le dejaban, y ansí se defen- día con tanto ánimo que algunas veces mataba antes que mu- riese más de cuatro; y aquí se probaban las fuerzas de algunos hijos de Señores que salían aviesos é incorregibles, y probaban sus venturas, otros por adiestrarse ó por perder el miedo de la guerra.
Acaeció en los tiempos que ya los españoles se acercaban en su venida (y aun quieren decir que en 'ai el propio año), que prendieron los de Huexotzinco uno de Ib~s ínás valientes indios que entre los Tlaxcaltecas ovo, que se llamó Tlahuicole, 1 que quiere decir El de la divisa de barro, y era que siempre traía por divisa una asa de un jarro, el cual era de barro coci- do y torcido como una asa. Este fué tan esforzado y valiente, que con solo oír su nombre, sus enemigos huíaiwde él. Fué de tan grandes fuerzas, que la macana con que peleaba tenía un hombre bien que hacer en alzarla. Este quieren decir que no fué alto de cuerpo, sino bajo y espaldudo, de terribles y muy grandes fuerzas, que hizo hazañas y hechos que parecen cosas increíbles y más que de hombre: de modo que peleando, donde 1 Tlahuiscole, manuscrito de Panes. Torquemada lo llama Tlálhuieole; mas puesto que dice Camargo que su nombre jeroglífico, llamado por él impropia- mente divisa, era una asa de jarro y de barro cocido, la ortografía propia del nombre será Tlalhuicolotl.—K.
quiera que entraba mataba y desbarataba de tal modo gente, 1 que por delante hallaba, que en poco tiempo desembarazaban sus enemigos el campo. Finalmente, que al cabo demuchas ha- zañas y buenos hechos que hizo, le prendieron los Huexotzin- cas atollado en una ciénega, y por gran trofeo lo llevaron enjau- lado á presentalle á Moctheuzoma á México, donde le fué hecha mucha honra y se le dio libertad para que se volviese á su tie- rra, cosa jamás usada con ninguno.
Y fué esta la ocasión que como Moctheuzoma andaba en pre- tenciones de entrar por tierras de los Tarascos Michoacanenses, á causa que le reconociesen con plata y cobre que poseían en mucha suma y los Mexicanos carecían de ella, pretendió por fuerza conquistar alguna parte de los Tarascos. Mas como Ga- tzonsí 2 en aquellos tiempos reinaba, y fuese tan cuidadoso de conservar lo que sus antesores habían ganado y substentado, jamás se descuidó en cosa alguna; y ansí fué, que hecha una muy gruesa armada por los Mexicanos, al dicho Tlahuicole, pri- sionero de Tlaxcalla, se le encargó por parte de Moctheuzoma, la mayor parte de esta armada, para hacer esta tan famosa en- trada á los Michoacanenses, la cual se hizo con inumerables gentes, y fueron á combatir las primeras provincias fronteras de Michoacan que son las de Tacimaloyan 3 que los españoles llaman Taximoloa, Maravatío y Acámbaro, Oquario y Tzinapé- cuaro. Aunque esta tan grande entrada se hizo á costa de mu- chas gentes, que en ella murió 4 de la una parte y de la otra, que puso terrible espanto á los Michoacanenses, aunque no les pu- dieron entrar ni ganar cosa alguna de su tierra, álo menos tra- jeron los Mexicanos plata y cobre de la que pudieron robar en algunos reencuentros y alcances que hicieron en seis meses que 1 En la impresión de 1871 dice: de tal manera la gente.
2 Coccolotzin, manuscrito de Panes. Ambas palabras son corrupción de la propia, que parece debe ser Caczoltzin, puesto que generalmente se ha dicho que el nombre del Key tarasco significaba zapato viejo.—K.
3 Propiamente Tlaximaloyan.—E.
4 Murieron, en la impresión de 1871.
duró la guerra, en la cual Tlahuicole hizo por su persona gran- des hechos y muy temerarios, 1 ganó entre los Mexicanos eter- na fama de valiente y extremado capitán. 2 Venido de esta guerra de Michoacan, Moctheuzoma le dio li- bertad para que se volviese á sus tierras ó que se quedase por su capitán, el cual no quiso aceptar ni lo uno ni lo otro: no qui- so quedar por capitán de Moctheuzoma por no ser traidor á su patria; lo otro, que él no quería volverse á ella por no vivir afrentado, pues que se tenía por afrenta cuando ansí eran pre- sos en la guerra, sino que habían en ella de vencer ó morir; y ansí pidió á Moctheuzoma que no quería sino morir, y que pues no había de servir en cosa alguna, le hiciese merced de solem- nizar su muerte, pues quería morir como lo acostumbraban ha- cer con los valientes hombres como él. Visto por Moctheuzoma que no quería sino morir, mandó que se le cumpliese su deman- da, y ansí fué que ocho días antes que muriese le hicieron muy grandes fiestas, bailes y banquetes, según sus antiguos ritos, y entre estos banquetes que le hicieron quieren decir que le die- ron á comer ¡cosa vergonzosa y no para contada! la natura de su mujer guisada en un potaje; porque como estuviese de asiento más de tres años en México, la mujer que más quería le fué á ver para hacer vida con él, ó morir con su marido, y ansí aca- 1 Parece qua aquí falta la conjunción y.
2 De Muñoz Camargo tomó Torquemada en su Monarquía Indiana, y de éste La Eea en su Crónica de Michuacán, las hazañas de Tlahuicole. Los cro- nistas mexicas lo tratan de muy diversa manera. Tezozomoc dice (página 644), que preso Tlahuicole y llevado á Moteczuma, éste le hizo grandes presentes.
Pero Tlahuicole no estaba contento con las honras que recibía del señor de México, y constantemente lloraba acordándose de sus mujeres. Parecióle co- bardía á Moteczuma, y mandó que se fuese á su tierra. No lo hizo, y enton- ces los mexicas le negaron todo alimento: con lo cual Tlahuicole se despeñó de lo alto del templo de Tlatelolco, y murió.
Como se ve, aquí no se habla del mando de Tlahuicole en la campaña de Michuacán, ni de su muerte en el sacrificio gladiatorio.
En cambio Tezozomoc nos da la noticia de que Tlahuicole era otomí: lo cual explica por qué el Sr. Eamírez no encontraba la etimología de su nombre en la lengua náhuatl.
barón los dos en su cautiverio. *Idos al sacrificio* el desven- turado Tlahuicole fué atado en la rueda del sacrificio con mu- cha solemnidad, según sus ceremonias; peleando mató más de ocho hombres y hirió más de otros veinte antes que le acaba- sen de matar, y al fin, al punto que le derribaron le llevaron ante Huizilopuhtli, 1 y allí le sacrificaron y sacaron el corazón, ofreciéndoselo al demonio como lo tenían de costumbre; y este fué el fin del miserable Tlahuicole de Tlaxcalla, el cual no fué de los muy principales, sino un pobre hidalgo que por sola su valentía y persona había tenido valor, y si no fuera preso llega- ra á ser muy gran Señor en esta provincia.
1 Huitziloputchtli en la impresión de 1871. El verdadero nombre es Hui- tzilopochtli.
Eeligión de los Tlaxcaltecas.—Creencia en un Dios Creador.—Politeísmo.
Inmortalidad del alma.—Enterramientos.—Sepultaban con los cadáveres á personas vivas y sus mejores galas.—Genios.—Dios del fuego.—Terre- motos, su explicación.—Ideas físicas sobre la forma de la tierra y causas de los meteoros.—Volcanes.—Ideas relativas á la creación del Sol y la Lu- na.—Eclipses.—Cometas.—Vientos cardinales.—División del tiempo.
Años, meses y semanas.—Fiestas.—Adivinos, lmbuidores.—Templanza. —Penas de la embriaguez.—Instrumentos músicos.—Bailes.—Atavíos.
Fuegos.—El VIH.—El Patol.—Caza.—Otras diversiones.—Baños.—Co- midas.—Bebidas.—Poligamia.—Sucesión hereditaria.—Veneración y res- peto á los Caciques.—Leyes penales.—Trajes.—Tributos.
Antes de que prosigamos más adelante, será razón que tra- temos del conocimiento que tuvieron de un solo Dios y una sola causa, que fué aquel decir que era substancia y principio de to- das las cosas; 1 y es ansí, que como todos los Dioses que adora- ban, eran los dioses de las fuentes, ríos, campos y otros dioses de engaños, que á cada cosa atribuían su dios, concluían con decir, Oh Dios aquel en quien están todas las cosas, que es 1 Ya hemos explicado en otros trabajos, que nuestros antiguos pueblos no tenían esa idea de la divinidad, que les prestan los cronistas cristianos. La ba- se de la religión nahua es el culto de los astros. Sus dioses creadores Tonaca- tecuhtli y Tenacacihuatl eran el sol y la luna. Yo, siguiendo ajenas interpre- taciones, los había liamado el Señor y la Mujer de nuestra carne ó que nos alimentan, y naturalmente había creído á ésta, la tierra productora. Nuevos estudios han variado mis ideas, y voy á exponerlas.
La raíz tona significa calor y luz: así día se dice ionálli, sol tonatiuh, verano decir el Teotloquenahuaque, 1 como si dijéramos agora, aquella persona en quien asisten todas las cosas, aquella causa de to- das las cosas acompañadas, que es sólo una esencia. Finalmente este rastro tuvieron, de que había un solo Dios, que era sobre todos los dioses. * Ansimismo tuvieron en su antigüedad rastro de la eternidad, 2 porque después de esta vida sabían y enten- dían los naturales desta tierra haber otra vida, que era aquella en donde tenían su habitación y morada los dioses en * donde estaban en continuos placeres y pasatiempos y descanso. Tu- vieron ansimismo noticia de que había nueve cielos que los llamaban Chicuhnauhnepaniuhcan llhuica, donde hay perpetua holganza, porque cuando algunos Caciques de suerte ó perso- nas de calidad morían, los enterraban en bóvedas acompañados de doncellas de servicio y con alguna de sus mujeres, y con ellos se enterraban vivos hombres corcovados y enanos, con mucha comida y riqueza de ropa, plumería y oro, para el camino que llevaban hasta llegar á la gloria y lugar de los dioses. También tenían por cierto que había pena y gloria, premio para los bue- nos y castigo para los malos. Nunca conocieron *ni entendie- ron* el engaño en que vivían, hasta que se bautizaron y fueron cristianos. Ansimismo alcanzaron confusamente que había án- geles que habitaban en los cielos, y les atribuían ser dioses de los aires, y por tales les adoraban: á ellos atribuían los rayos, relámpagos y truenos, y que cuando se enojaban con los hom- bres les enviaban grandes terremotos, lluvias y granizos, y otras tonalco, y tonalmitl al rayo del sol, que literalmente significa flecha de luz. También al rayo del sol se llamaba acatl: por lo tanto tonacatl quiere decir ra- yo de luz, y Tonacatecuhtli el señor de los rayos de luz, como Tonacacihuatl la mujer de los rayos de luz: es decir, el dios y la diosa que nos alumbran, ó sean el sol y la luna.
1 Tlotenahuaque, manuscrito de Panes. Esta es la ortografía que se lee en los mejores escritores.—E.
2 Los cronistas del siglo XVI, no comprendiendo bien las ideas nahuas, las confundían con las cristianas. Los nahuas tenían después de la muerte, una vida limitada en el Mictlan, y los escritores tomaron esto por inmortalidad.
(Véase en este punto, mi Historia Antigua de México.)
tempestades que en la tierra se causaban por pecados de los hombres; cuando esto sucedía les hacían festividades muy so- lemnes. 1 Al fuego llamaban Dios de la senectud, 2 porque le pin- taban muy viejo y muy antiguo. Los temblores y terremotos que en la tierra había, los atribuían á que los dioses que tenían en peso el mundo se cansaban, y entonces se mudaban, y que aquella era causa de los temblores. No alcanzaron que el mun- do era esférico ni redondo, sino llano, y que tenía su fin y remate hasta las costas de la mar, y ésta y el cielo era todo uno y de su propia materia, sino que el mar era *más* cuajado, y que las aguas que llovían no procedían de las nubes sino del cielo:
que aquellos dioses de los cielos las derramaban á sus tiempos para regar la tierra del mundo, y aprovechar á las gentes y ani- males de ella.
La Sierra Nevada de Huexotzinco y el volcán, teníanlos por dioses, y que el volcán y la Sierra Nevada eran marido y mujer. Llamaban al volcán Popocatepetl y á la Sierra Nevada Iztaci- huatl, que quiere decir la sierra que humea y la blanca mujer.
Tenían ansimismo este engaño, de decir que el sol cuando se ponía y venía la noche, dormía y descansaba del trabajo del día que había pasado: y lo mismo decían de la luna cuando men- guaba y no daba luz ni claridad, ansimismo decían que dormía;
y que el sol y la luna eran marido y mujer. 3 Tienen por cierto, que cuando el sol fué criado no anduvo hasta el cuarto día: di- ce la fábula que el sol fué un dios muy desechado, porque fué 1 Aquí el autor confunde á los ángeles con los tlaloques, pequeñas deidades que ayudaban al gran dios Tlaloc, á verter las lluvias sobre la tierra.
2 Al fuego lo llamaban Huehueteotl, que no significa dios de la senectud, sino dios viejo, para significar que había sido uno de los primeros dioses. El fuego y el sol que lo produce, se confundían; y así vemos en la figura central déla Piedra del sol, á éste con una máscara de viejo, en la cual están bien mar- cadas las arrugas.
3 El sol y la luna como Cipactli y Oxomoco, es decir, en su representación del día y de la noche, aparecen en los jeroglíficos en el acto de la procreación, ó sea el omeycualiztli. Notable es en esto, la figura simbólica del relieve de Tuxpan, en la cual ya podemos distinguir, sin duda alguna, al sol por la más- leproso ó muy buboso, de modo que no se podía rodear ni pa- recer ante gentes; y visto por los demás dioses tan gran lástima, mandaron fabricar un horno de mucha grandeza, á manera de horno de cal, y haciendo una muy gran foguera en él, le echa- ron dentro, é que estando ansí ardiendo, entendiendo que se quemara y consumiera ó se purificara más que los dioses, ovie- ron con él tanta piedad y virtud, que le convirtieron en luz y le llamaron sol. 1 Al cuarto día le hicieron mover y andar y ha* cer su curso como lo hace Naullin 2 que quiere decir Naollin, cuarto movimiento, porque al cuarto día comenzó á andar y moverse; y este principio dicen que tuvo el sol, y ansí le tuvie- ron por dios y Señor del día, y á la luna por diosa de la noche:
y á estos dos planetas dicen que obedecían las estrellas.
Tenían ansimismo este engaño, cuando el sol y la luna eclip- saban, que reñían y peleaban, y lo tenían por grande agüero y mala señal, á cuya causa en estos tiempos hacían grandes sa- crificios, y daban grandes gritos y voces y lloros, porque enten- dían que se llegaba el fin del mundo, y sacrificaban al demonio hombres bermejos si se eclipsaba el sol, y si la luna, sacrificaban hombres blancos y mujeres blancas, las que llamaban adi- vinas, las que no veían de blancas, y ansí délos muy bermejos, retintos.
cara de la parte superior de su rostro, y á la luna por el apéndice que tiene en la barba.
El omeycuoliztli, por haber formado los nahuas su calendario de la combi- nación de los períodos del sol y de la luna, simboliza la creación de la crono- logía. Así en el Códice Borgiano, del omeycualiztli sale la flecha del tiempo, y en el Dehesa tiene á su lado el alacrán colotl, que representa el primero de los grandes ciclos, coloxihuitl ó coxihuitl, del cual hicieron los zapotecas su cocijo de 65 años.
1 Esta fábula tuvo por origen la teofanía de la dedicación de las pirámides de Teotihuacan, y de la introducción del culto de los astros por los toltecas.
2 Así en ambos manuscritos; mas parece que, para el perfecto sentido, falta la frase "el sol llamado, etc.," ú otra equivalente. Naullin, es una contrac- ción ó síncopa de Nahuiollin, nombre de uno de los días del calendario ritual, dedicado al sol, á quien también se aplica trópicamente.—K.
Los cometas del cielo los tenían por malas señales, de mor- tandades, guerras, hambres y otros trabajos y calamidades de la tierra. De los cometas que corren y se encienden en la re- gión del fuego, que corren de una parte á otra con grandes co- las de humo ó centellas de fuego, como algunas veces suele acaecer. Ansimismo los tenían por malas señales, porque decían que eran saetas de las estrellas, y que mataban las cazas de los campos y de los montes.
Tuvieron repartidas las cuatro partes del mundo en esta ma- nera. Tlapco 1 llamaron al Mediodía, que quiere decir en la grada ó poyo. El Norte llamaban Mictlan, que quiere decir In- fierno, significado por muerte. Tonatiuhxico llamaban al Orien- te: Iealaquian al Poniente. A estas cuatro partes incensaban los sacerdotes de los templos con perfumadores é incensarios.
Ansimismo tuvieron cuenta del año, ansí por el sol como por la luna, y sus bisiestos para conformar sus años: tuvieron cuen- ta de los meses y de las semanas. Los meses solamente conta- 1 Así en ambos manuscritos; mas las denominaciones que ellos nos dan de los vientos cardinales parecen defectivas y defectuosas, comparadas con las que nos dejaron Fray Bernardino de Sahagún y Fray Alonso de Molina, grandes maestros en la lengua mexicana. Helas aquí:
Sahagún. Molina.
ÍTlapcopcopa f Tonatiuhiquizayan. Oriente -J Tlahuilcopa -I Tonatiuhnemayan.
(, (. Tonatiuhixco., Poniente Cihuatlampa Iealaquian tonatiuh. Norte Mictlampa Mictlampa.
f Cihuatlampa. ** Huitetenpa L Vilztlampa.
En la edición Londonense del P. Sahagún se lee Tlapcopa.
Llamará la atención la grave variante que se advierte en estos escritores res- pecto de la palabra Cihuatlampa, que el uno aplica al Poniente y el otro al Sur; mas esta es una equivocación del Vocabulario Hispano-Mexicano del P. Mo- lina, enmendada en el Mexicano-Hispano. Lo mismo debe decirse de la pala- bra Cihuatlan, ambas equivalentes á la nuestra Poniente.
La traducción que todos los antiguos y aun modernos escritores dan á la pa- labra Mictlan, interpretándola por Infierno, es absolutamente inexacta y capri- ban veinte días de luna, y las semanas de trece días, y de ocho lunas 1 de á veinte días hacían un año, como adelante veremos.
Entendíanse por caracteres, pinturas y figuras de animales. Ovo ansimismo entre estas gentes muchos embaydores, hechi- ceros, brujos y encantadores que se transformaban en leones, tigres y otras animalías fieras con embaymientos que hacían:
tuvieron semana mayor y semana menor 2 por su cuenta y re- glas: tenían sus fiestas repartidas por todo el año; y de las ce- remonias que en cada fiesta se hacían, usaban de adivinanzas y suertes, y creían en sueños, prodigios y agüeros, porque el demonio se los hacía creer, y les cumplía muchas cosas de las que soñaban. Ansimismo tomaban cosas y las comían y bebían para con ellas adivinar, con que se adormecían y perdían el sentido, y con ellas veían visiones espantables, y visiblemente al demonio con estas cosas que tomaban, que la una cosa se llamaba Peyotl, y otra yerba que se llama Tlapatl y otro grano que llaman Mixitl, y la carne de un pájaro que llaman Pito en nuestra lengua, ellos lo llaman Oconenetl, que comida la carne de este pájaro, provoca á ver todas estas visiones. La misma propiedad tiene un hongo pequeño y sancudo que llaman los naturales Nanacatl. De estas cosas usaban más los Señores que chosa. No pudiendo entrar en la mente de los primeros mexicanos cristianos, que las almas de los indios gentiles fueron á otra parte que al infierno, dieron su nombre y destino al Mictlan de los mexicanos. Esta palabra, compuesta de Mic-qui difunto, y de la preposición tlan que, con varias significaciones, sirve para formar los nombres de lugar, denotaba simplemente la estancia ó paradero de los difuntos; y como las ideas vulgares lo situaban hacia el Norte, de aquí procedió que de su nombre se formara el del viento ó rumbo septen- trional.—K.
1 u y diez y ocho lunas, etc.," manuscrito de Panes. La palabra " lunas " es impropia y debe entenderse como equivalente & períodos de á 20 días; pues 18 de estos componían efectivamente uno de 360, que con los 5 intercalares formaban el del año solar.—K.
2 Se refiere probablemente al período de 20 días, equivalente en el calenda- rio mexicano al que en el nuestro llamamos mes, y al período de 13 días en que se distribuían todos los del año, prosiguiéndose sucesivamente hasta el fin del ciclo.—R.
la gente plebeya: dejando aparte los vinos que tenían, que cuan- do se embriagaban, en sus borracheras veían ansimismo gran- des visiones y muy extrañas, aunque las borracheras eran muy prohibidas entre ellos, y no bebían vino sino los muy viejos y an- cianos; y cuando un mozo lo bebía y se emborrachaba 1 moría por ello, y ansí se daba solamente á los más viejos de la Repú- blica, ó cuando se hacía alguna fiesta muy señalada se daba con mucha templanza á los hombres calificados, viejos honrados y en las cosas de la guerra jubilados.
Tras esto tenían instrumentos de música que los cuadraban según su modo. Tenían atambores hechos de mucho primor, altos, de más de medio estado; con otro instrumento que llamaban Teponaxtle, que es de un trozo de madera concavado y de una pieza, rollizo y como decimos, hueco por dentro, que suenan algunos más de media legua, y con el atambor hace ex- traña y muy suave consonancia; y con estos atambores acom- pañados de unas trompas de palo y otros instrumentos * á ma- nera de flautas y fabebas *, 2 acompañados con estas cosas hacen un extraño y admirable ruido, y tan á compás sus cantares y danzas y bailes, que es cosa muy de ver. En estos bailes y can- tares sacan las divisas, insignias y libreas que quieren, con mu- cha plumería, y ropa muy rica de muy extraños atavíos y com- posturas, joyas de oro y piedras preciosas puestas en los cuellos y muñecas de los brazos, y brazaletes de oro fino en los brazos, los cuales vi, y conocí á muchos caciques que los usaron: con ellos se ataviaban y componían, ansí en los brazos como en las pantorrillas, y cascabeles de oro en las gargantillas de las pier- nas. Ansimismo salían las mujeres en estas danzas, maravillo- samente ataviadas que no había en el mundo más que ver, lo cual todo se ha vedado por la honestidad de nuestra reli- gión.
Tenían juegos de pelota de un modo extrañísimo que llama- 1 Hasta aquí llegó la impresión de 1871.
2 Nombre de una flauta morisca.—E.
ban el juego de TJlli. Es una pelota hecha de cierta leche 1 que destila un árbol llamado Vlquahuitl que se convierte en duros nervios, que salta tanto, que no hay cosa en esta vida con que compararlo. Son las pelotas del tamaño de las de viento de las que se usan en España, y saltan tanto, que si no se ve parece increible que dando con la pelota en el suelo, salta más de tres estados en lo alto. Esta pelota se jugaba con los cuadriles ó con las nalgas, porque pesa tanto, que con las manos no se po- día jugar; y ansí los jugadores de esta pelota tenían hechos de cuero unos cinchos muy anchos de gamuza, para las nalgas con que jugaban. 2 Tenían juegos de pelota 3 dedicados en la Re- pública para estos pasatiempos: jugaban para tener ejercicio los hijos de los Señores, y jugaban por apuesta muchas preceas, ropas, oro, esclavos, divisas, plumería y otras riquezas. Habían en estos juegos grandes apuestas y desafíos: eran juegos de Re- pública muy solemnizados; no los jugaban sino Señores y no gente plebeya: tenían para este juego diputados.
Había otros juegos como de dados que llaman Patol, á ma- nera del juego de las tablas al vencer, el que más presto se vol- vía á su casa con las tablas 4 este ganaba el juego. Ansimismo había otros juegos de diversos modos que sería gastar mucho tiempo en tratallos, y no se tratan porque son juegos de poco momento. Tenían otros entretenimientos y recreaciones de flo- 1 Vulgarmente llamada Vle y conocida en Europa con el nombre de goma elástica.—R.
2 Todavía hoy se usa en los Estados de Sinaloa y Sonora, siendo una de las diversiones populares más favoritas. Es muy extraño que este juego, así como algunos otros usos y aun palabras de origen mexicano, se conserven en puntos tan distantes, á la vez que ban desaparecido enteramente de su principal asien- to.—R.
3 Esto es, localidades propias y adecuadas para ejercitar este juego. Habíala aun en el recinto del Templo Mayor de México, porque ese juego formaba par- te del rito en ciertas festividades. El nombre mexicano de esta localidad era Tlachtli. En Sinaloa lo llaman Vlama; así por lo menos lo llamaban cuando yo lo conocí en mi niñez.—R.
4 Creo que debe ser tabas.
restas 1 con cerbatanas, con que mataban aves, codornices, tór- tolas y palomas torcazas.
Tenían cazas de liebres y conejos, y monterías de venados y puercos jabalíes, con redes, arcos y flechas. Tenían vergeles, ar- boledas extrañas y peregrinas, traídas de extrañas tierras por grandeza.
Usaban de baños y fuentes, deleitosos bosques y sotos hechos á mano: truanes decidores y chocarreros, enanos y corcovados hombres defectuosos de naturaleza, de los cuales se pagaban los grandes Señores; tenían sus pasatiempos ocultos y generales, según las estaciones de los tiempos: toda su felicidad estaba en el mandar y ser Señores. Lo mismo tenían en el comer y be- ber: adoraban al Dios Baco y le tenían por Dios del vino y de las bebidas que embriagaban, porque le hacían fiesta una vez en el año, y le llamaban Ometochile. 2 Preciábanse de tener muchas mujeres, todas aquellas que po- dían substentar; antiguamente no tenían más de una, y después el demonio les indujo á que tuviesen todas las que pudiesen substentar; y aunque estas fuesen sus mujeres, tenían todos una legítima con quien casaban según sus ritos para la sucesiva ge- neración, y estas mujeres legítimas eran Señoras de las demás que eran sus mancebas, á las cuales mandaban como criadas en una ó dos casas, según las tenían repartidas, y las propias mujeres legítimas mandaban á las demás que fuesen á dormir y regalar y sestear con el Señor, las cuales iban ricamente ata- viadas, limpias y lavadas para que fuesen á dormir con él, y era cuando el Señor apetecía alguna de ellas, que decía á la mujer legítima Deseo que fulana duerma conmigo, ó es mi volun- tad que vaya fulana á tal recreación conmigo; y la mujer legítima la ataviaba, aunque era tenida y reputada como á Señora, 3 y de ordinario las mujeres legítimas dormían con su maridos.
1 Caza.—E.
2 Ometochtli, dios de los banquetes.
3 Desde el momento que la poligamia estaba admitida por la ley y por la costumbre, sin más limitación que en el número de mujeres que el hombre po- De las ceremonias de los casamientos hemos ya tratado atrás, y no las referimos aquí. Cuando algún Señor moría, como tu- viese hermano, este heredaba las mujeres y casaba con sus cu- ñadas, ansimismo heredaba los bienes del hermano y no los hijos, que ansí era costumbre, mas no se casaban con hermanas y hermanos. Estimaban en mucho el linaje de donde venían:
aborrecían en gran manera á los hombres cobardes, pues eran menospreciados y abatidos.
Esta nación de indios, en extremo son envidiosos. Los Ca- ciques y Señores se hacían temer y adorar, y eran temidos de todo punto. Trataban á sus Señores con muy grande humildad, y no osaban mirarles á la cara, ni alzar los ojos al rostro de sus Señores y mayores al tiempo que les hablaban: y ansí cuando algún Señor pasaba por algún camino, se apartaban de él y aba- jaban los ojos y las cabezas, so pena de la vida. Tratábanles tanta verdad, que el que mentía moría por ello. Tenían por grande abominación el pecado nefando, y los sodomitas eran abatidos y tenidos en poco y por mujeres * tratados*; mas no los castigaban y les decían ......... Hombres malditos y desven- turados, hay (acaso) falta de mujeres en el mundo, y vosotros que sois bardajas que tomáis el oficio de mujeres ¿no os fuera mejor ser hombres? Finalmente, aunque no había castigo para los tales pecados contra natura, eran de grande abominación y lo tenían por agüero y abusión. 2 Ni menos casaban con madre ni con * tia, ni con * madrastra.
Había entre estas gentes bárbaras, muchas costumbres bue- nas y muchas malas y tiránicas, guiadas con sin razón: como ningún plebeyo vestía ropa de algodón con franja ni guarnición, ni otra ropa que fuese rosagante, sino muy sencilla y llana, cor- ta y sin ribete ni labor alguna, sino eran aquellos que por mu- día substentar, es claro que todas eran legítimas; pero los señores escogían una especialmente, para que sus hijos heredasen el señorío ó cargo del padre; y á ésta es á la que el autor llama señora.
1 Entre los chichimecas era duramente castigado este delito. (Véase en las Ordenanzas de JNezahualcoyotl, en las Obras de Ixtlilxochitl.)
HISTORIA DE TLAXCALA, 139 # chos méritos lo oviesen ganado, por manera que en el traje que cada uno traía era conocida la calidad de su persona.
Los tributos y pechos que daban eran de aquellas cosas que la tierra producía, oro, plata, cobre, algodón, sal, plumería, re- sinas y otras cosas de precio y valor, maíz, cera, miel y pepitas de calabaza; finalmente, todas aquellas cosas que en cada tie- rra y provincia había, de todas ellas tributaban á sus Señores por los tercios del año, conforme á la longitud de sus tierras:
de seis á seis meses y de año á año traían pescados, conchas marinas aquellos que las alzaban, cacao, pita y frutas de extra- ñas maneras, animalías, fieras, tigres, leones y águilas, lobos, monas, papagayos, diversidad de géneros de animales y aves que no se pueden explicar. El que más pobre era que no te- nía que dar de tributo, tributaba piojos; y esto se usó más en la provincia de Michoacán en el reyno de Gatzonzi, que mandó que ninguno quedase sin pagalle tributo, aunque no tuviese sino piojos; y no fué fábula ni la es, porque en efecto pasaba así. 1 1 Dicho sea con perdón del autor, esta especie tiene todo el aire de una con- seja inventada por la vanidad de contar cosas estupendas, ó sujerida por una observación precipitada y ligera. Quizá en su origen no fué más que un chis- te para hacer reir, por el chasco que se supone causó; formando contraste con el del otro que creyó eran de plata amartillada las casas de una población de Yeracruz. Todo el cuento procede de la relación de Alonso de Ojeda, que ha- biéndose introducido furtivamente en el tesoro de Motecuhzoma (y no por mera curiosidad), dice "halló en uno de sus aposentos muchos costalejos de á 11 codo llenos y bien atados; y que abriendo uno halló que estaba lleno de piojos:
11 que preguntados Marina y Aguilar lo que quería decir cosa tan nueva, res- " pondieron, que era tan grande la sumisión que al Eey hacían todos, que el " que de muy pobre ó enfermo no podía tributar, estaba obligado á espulgarse " cada día y guardar los piojos para en señal de vasallaje, y que como había " gran número menuda, así había muchos costalejos de piojos, etc." El cronis- ta Herrera que nos ha conservado esta noticia, dice que así la encontró escrita en los memoriales de Ojeda y en los de Alonso de Mata; aunque agrega "hay quien diga que no eran piojos, sino gusanillos." Nada hay que pueda proba- bilizar la relación de Ojeda, á la vez que se presentan en tropel las conjeturas contrarias. Bernal Díaz, escritor eminentemente anedóctico y que abunda en noticias de mucho menor interés, fué uno de los que vió detenidamente el te- • 140 DIEGO MUÑOZ CAMARGO.
soro, y no dice una sola palabra del tal descubrimiento. Tampoco lo menciona Gomara que escribió bajo el dictado de Cortés y de sus compañeros de armas, aunque menciona el caso y hace una menuda relación délos objetos que se tri- butaban al Emperador. Más notable es todavía el silencio del Oidor Zurita, que por orden real escribió una extensa memoria sobre la administración civil de los antiguos mexicanos, de la cual formaba un capítulo especial el sistama tri- butario. Al contrario, advierte que los muy pobres y enfermos estaban exentos de tributos, y Gomar*a dice, que los que no pagaban el que seles imponía eran vendidos como esclavos. La explicación que se pone en boca de Marina y de Aguilar, no tiene valor alguno, porque ni ellos podían estar suficientemente instruidos en la administración política del imperio, siendo poco menos que ex- tranjeros en México, y porque su fundamento es absurdo. El tributo de piojos impuesto á un ocioso es el fomento directo de la ociosidad. ¿Qué vemos hacer todos los días á la multitud de ociosos que pueblan la ciudad? Espulgarse. ¿Y por qué se espulgan? porque están ociosos. Si en esa anécdota hay al- go de verdad, debemos reducirla á los términos de la otra tradición apuntada por Herrera; esto es, al tributo de gusanillos, 6 menuda langosta que crian al- gunos cereales y que también se llama vulgarmente piojo. Quizá se obligaba á los vagos á recoger la que se producía en los campos que se cultivaban, para proveer con su producto á los gastos del G-obierno y del culto; pues es sabido que había terrenos que les estaban especialmente dedicados y que se cultivaban por la comunidad. Aun bajo este supuesto, el más plausible, parecería todavía improbable que tan ruin tributo se conservara depositado en el tesoro del im- perio y del templo, al lado de las joyas de la corona y de los objetos sagrados del culto. Es sabido que estos formaban principalmente el fondo de aquel te- soro.—R.
Origen de la idolatría.—Culto á los difuntos.—Antropofagia.—Sacrificios hu- manos.—Penitencias.—Educación.—Oratoria.—Carácter y costumbres.— Cambio perjudicial que sufrieron con la Conquista.—Templos.—Keiitas # —Fuego perpetuo.—Sacerdotes.—Origen del nombre Papa, dado á éstos. —Sumo sacerdote.—Altares.—Idolos.
La idolatría universal y comer carne humana ha muy pocos tiempos que comenzó¡en esta tierra, como atrás dejamos dicho.
Las personas de mucho valor comenzaron á hacer estatuas á los hombres de cuenta que morían, y como dejaban casos y he- chos memorables en pro de la República, les hacían estatuas en memoria de sus buenos y famosos hechos; después los adoraban por dioses, y ansí fué tomando fuerza el demonio para más deveras arraigarse entre gentes tan simples y de poco talento; .y después las pasiones que entre los unos y los otros ovo, comenzaron á comerse sus propias carnes * por ven- garse de sus enemigos, y ansí rabiosamente entraron poco á po- co*, hasta que se convirtió en costumbre comerse unos á otros *eomo demonios; y ansí había carnicerías públicas* de carne humana, como si fueran de vaca y carnero como * el día de * hoy las hay. 1 Quieren decir que este error y cruel uso vino de 1 La especie me parece desnuda de toda verosimilitud, y debe considerarse como una de aquellas vulgaridades que acogían sin examen por inclinación á lo extraordinario, y también por el celo con que los nuevos cristianos procura- ban olvidar y hacer detestables los ritos gentílicos. La autoridad del cronista la provincia de Chalco á ésta, y lo mismo los sacrificios de la idolatría y el sacarse sangre de sus miembros y ofrecerla al de- monio. Las carnes que se sacrificaban y comían * eran carnes * de los hombres que prendían en la guerra y de esclavos ó pri- sioneros. Ansimismo vendían niños recién nacidos y de dos años para arriba para este cruel é infernal sacrificio, y para cum- plir sus promesas y ofrecer en los templos de los ídolos, como se ofrecen las candelas de cera en nuestras iglesias. Sacábanse sangre de la lengua si habían ofendido con ella hablando, y de los párpados de los ojos por haber mirado, y de los brazos por haber pecado de flojedad, de las piernas, muslos, orejas y na- rices según las culpas en que habían errado y caído, disculpán- dose con el demonio; y al cabo le ofrecían el corazón por lo me- jor de su cuerpo que no tenía otra cosa que le dar, prometiendo de darle tantos corazones de hombres y niños para aplacar la ira de sus dioses, ó para alcanzar ó conseguir otras pretencio- nes que deseaban; y esto les servía de confesión vocal para con el perverso enemigo del género humano.
Ansimismo tenían gran cuenta de criar sus hijos con muy buenas costumbres y doctrina: como los hijos de los Señores tenían ayos que criaban y doctrinaban: tenían sus frases y modo de hablar con los mayores, y éstos con los menores y con sus Herrera que refiere el propio hecho, no lo es en el caso, porque basta leer su narración para reconocer que no hizo más que copiar, con ligeras variantes, este mismo pasaje de Camargo. Las costumbres de los tlaxcaltecas eran idén- ticas alas de los mexicanos, y éstos no comían carne humana ni por necesidad ni por sensualidad, sino únicamento por odio ó por fanatismo, por motivo de religión según dice un antiguo historiador. Podía decirse sin impropiedad que era un odio santificado por su sanguinario culto. La venganza preparaba la carne de los enemigos; la religión presentaba como un objeto sagrado la de las víctimas inmoladas en las aras de los dioses. El dichoso guerrero ó el rico mer- cader, sazonaban en un festín religioso la carne del prisionero de guerra y la del esclavo comprado para ofrenda. Fuera de estos casos no se comía, Nada, por tanto, permite creer en la existencia de carnicerías de carne humana. Véa- se mi nota segunda á la Historia de la Conquista de México por Prescott (edi- ción de Cumplido), donde creo haber demostrado y probado la verdad de esta aserción.—E.
iguales y Supremos Señores de mayor á menor, y en esto gran primor y pulicia en su modo. Eran muy oradores, y había entre ellos personas hábiles y de gran memoria. En sus razonamien- tos estaban asentados en cuclillas, y sin asentarse en el suelo y sin mirar, ni alzar los ojos al Señor, ni escupir ni hacer me- neos, y sin mirar á la cara: al despedirse levantaba (el orador)
bajando su cabeza y retirándose hacia atrás sin volver las es- paldas, con mucha modestia. En todo el demonio hablaba con estas gentes en oráculos y fantasmas, y en estos lugares les ma- nifestaba muchas cosas.
El desmentirse unos á otros no lo tenían en nada, ni por pun- to de honra, ni lo recibían por afrenta. Esta nación es muy va- nagloriosa y muy celosa de sus mujeres, que por el caso sema- tan muchos, y las mujeres muy más celosas que los hombres:
es gente cobarde á solas, pusilánime y cruel, y acompañada con los españoles son demonios, atrevidos y osados. Es la mayor parte della simplísima, muy recia, carecen de razón y de honra, según nuestro modo, tienen los términos de su honra por otro modo muy apartado del nuestro: no tienen por afrenta el em- beodarse ni comer por las calles, aunque ya van entrando en pulicia de razón, y van tomando grandemente costumbres y buenos usos que les parecen muy bien. En su antigüedad se trataba mucha verdad, mayormente á sus Señores, y mucha más entre los principales; guardábanse las palabras unos á otros, y no la quebrantaban so pena de la vida, aunque agora con la libertad son grandes mentirosos y tramposos, aunque hay de todo, que muchos de ellos que son mercaderes tratan verdad y son de muy gran crédito, y como atrás decimos, han tomado mucho de nosotros. Tenían por afrenta vender casas ó arren- darlas, ó pedir prestado, lo cual en su antigüedad no se usaba, ni se debían unos á otros cosa alguna. Sus promesas y postu- ras 1 las cumplían luego y no faltaban.
Los modos de sus templos atrás lo dejamos referido, que son 1 contratos ó convenios.—K.
á manera de pirámides, excepto que se subía por gradas hasta la cumbre, y en lo más alto había * una ó * dos capillas peque- ñas, y delante de ellas dos grandes columnas de piedra en don- de perpetuamente estaban con lumbre y grandes perfumes de noche y de día, que jamás cesaba desde los templos pequeños hasta los mayores. Los servidores de éstos eran aquellos que prometían serlo hasta la muerte, y algunos por tiempo limitado.
Estos se sustentaban de las primicias de los frutos que cogían:
tenían sacerdotes mayores que llamaban Achcautzin 1 Teopix- que Teopannenque Tlamacazque, que eran como agora son los religiosos que tenían aquella religión. Tlamacazque, se llamaban porque servían á los dioses con sacrificios y sahumerios; y ansí todos * aquellos * que sirven á los españoles el día de hoy los llaman Tlamacazque, porque como los españoles fueron á los principios tenidos por dioses, ansí todos aquellos que los ser- vían eran llamados Tlamacazque, porque ansí llamaban á los que estaban en los templos de los dioses, y hasta hoy ha que- dado este nombre tan arraigado, que llaman á los criados de los españoles Tlamacazque ó Tlamacaz.
Por segunda persona había Papas, no porque el nombre de Papa fuese de sumo sacerdote; sino como los más viejos sacer- dotes, aquellos que sacrificaban á los hombres, quedaban tan ensangrentados, y ellos eran tan pésimos y sucios, criaban gran suma de cabellos, que los tenían tan largos que les daban casi hasta las nalgas, y ellos estaban tan sucios y percudidos de la sangre y tan afieltrados, que por estas crines les llamaban Pa- pas 2 y no por sacerdotes supremos, que al sacerdote ó sacer- 1 Achcauhtzin en el manuscrito de Panes. La voz primera designa el nom- bre reverencial, la segunda el plural de su singular Achcaiihtli.—R.
2 Los conquistadores fueron quienes les impusieron este nombre, así como crearon otros muchos, particularmente de lugares, por falta de conocimiento de la lengua. Ellos preguntaban una cosa, los indios les contestaban otra, y de su respuesta hacían un nombre propio. Gomara (Crónica de Nueva España, capítulo 215, edición de Borcia), nos ha conservado la historia de éste. "A los "Sacerdotes de México (dice) y toda esta tierra llamaron nuestros españoles " Papas; y fué que preguntados ¿por qué traían así los cabellos? respondían dotes mayores los llamaban Texpanachcauhtzin Teopixque, que interpretado en nuestro romance quiere decir Los ma- yores del templo ó los guardas de los dioses, ó guardas de los tem- plos. Los ornatos de sus altares donde se inmolaban los cuer- pos humanos, no los tenían con atavíos de seda, ni brocados, sino en rústico modo. Sólo algunos ídolos tenían de piedras ri- cas de mármoles, cristal, ó de piedras verdes Chalchiuites ó de Turquesas y amatistas, y algunos de preseas de oro.
" Papa, que es cabello, y así les llamaban Papas, etc." Todavía esta noticia requiere alguna explicación. Los mexicanos diferenciaban el nombre del ca- bello (genéricamente tzontli) según la persona y la forma que se les daba. A los de nuestra descripción llamaban papatli, nombre que el Vocabulario de Mo- lina dice se aplicaba á los "cabellos enhetrados (enmarañados) y largos délos ministros de los ídolos.
' ' El genio de la lengua mexicana exige que los nombres vayan ordinariamente compuestos con un pronombre prefijo, el cual produce la pérdida de la final del propio nombre. Aquí el prefijo es no— (inimio) y el nombre papatli; resultando el compuesto no-papa, con cuya voz se denotó en un sentido figurado al sacerdote. Los conquistadores, fijándose solamente en el sonido dominante y teniendo presente un parónimo que les era muy conoci- do, llamaron Papas á los sacerdotes mexicanos. De esta voz usa perfectamente Bernal Díaz en toda su narración histórica; pero como sonaba mal á los oídos católicos, se suprimió por los escritores posteriores.—R.
Enterramientos. — Funerales.—Incineración.—Víctimas voluntarias. — Esta- tuas formadas de las cenizas.—Inhumación.—Banquete funerario.—Ma- trimonios.—Donas.—Festejos.—Nacimiento.—Eitos y fiestas.—Kitos pa- ra el estreno de casa nueva.—Para catar los vinos nuevos.—Ideas sobre la creación del mundo.—Augurios.—Visiones diabólicas.—Historia de un hermafrodita.
Habiendo tratado de estas costumbres, trataremos del modo de sus entierros. Guando algún Cacique ó Señor moría, le po- nían en unas andas asentado y muy ataviado, y el rostro des- cubierto con sus orejeras 1 y bezotes 2 de oro, plata, ó de esme- raldas, ó de otro género de piedras preciosas, y muy compuesto y afeitado, sus cabellos muy puestos en orden como si fuese vivo, y si era rey lo mismo, excepto que le ponían la corona real á manera de mitra, y por este orden le llevaban en unas andas de mucha riqueza y plumería, y llevándolo en sus hom- bros los más principales de la República, lo llevaban hasta una gran foguera que estaba hecha, acompañado de sus hijos y mu- jer, lamentando su fin y acabamiento, é iban otros pregoneros de la República pregonando sus grandes hechos y hazañas, tra- yendo á la memoria sus grandes trofeos, y allí públicamente le echaban en la foguera, y con él se arrojaban sus criados y cria- 1 Especie de zarcillos ó pendientes.—JR.
2 Adorno ó más bien condecoración de piedra fina que se colocaba en el la- bio inferior, horadándolo.—R.
das y los que le querían seguir y acompañar hasta la muerte.
Allí llevaban grandes comidas y bebidas para el pasaje de la otra vida de descansos, y después de quemado recogían sus ce- nizas y las guardaban amazadas con sangre humana, y les ha- cían estatuas é imágenes para memoria y recordación de quien fué. Otros, aunque 1 eran Señores, eran llevados con la misma solemnidad y pompa, y no los quemaban, sino que los enterra- ban en bóvedas y sepulturas que les hacían, y allí se enterraban vivas con ellos doncellas y criados, enanos y corcovados, y otras cosas que el tal Señor mucho amaba, y con muchedumbre de matalotaje y comida *para aquella jornada* que se hacía para la otra vida; y este error usaban pobres y ricos y cada uno se enterraba según su cualidad.
Después de este entierro iban á la casa del difunto, en la cual hacían grandes fiestas y comidas muy espléndidas, y grandes bailes y cantares, y gastaban veinte ó treinta días en comidas y bebidas sus haciendas después de muertos, cuya costumbre en muchas partes de esta tierra ha quedado muy arraigada.
Lo mismo se hace en los casamientos, pues gastan todas las parentelas cuanto tienen, en esta forma; que cuando se celebra un casamiento, de parte del desposado toda su parentela ofre- cía para el ajuar y casamiento, cada uno lo que tenía para la des- posada, joyas de oro ó plata, esclavos y esclavas, hilo y algodón, cacao, cofres de madera y de diferentes cosas, esteras según su usanza; de parte de la desposada ofrecían ropas muy ricas la- bradas, mantas para el desposado, esclavos y mucha plumería:
por manera que con estos presentes había que gastar grandes tiempos, y después de esto daban grandes y muy espléndidas y suntuosas comidas y bebidas de grandes diversidades de ex- trañezas, de aves, venados y otras cazas de montería, que sería detenernos mucho tratar de estas menudencias. Duraban estas fiestas muchos días en juegos, bailes y pasatiempos, según la 1 Así en ambos manuscritos, más por el sentido parece que debe decir: " aun- que no eran, etc."—K.
calidad de las personas que se casaban y contraían estos ma- trimonios.
Estos mismos ritos tenían cuando paría una mujer de alguna persona grave y de cuenta, pues que ansí como se sabía haber parido, á la hora venían todas las parentelas de la una parte y otra, y todos traían presentes de ropa, de aves, de cualquiera cosa que tenían, y si era varón el recien nacido, entraba el sa- ludador y decíale que fuese bien nacido y venido al mundo á padecer trabajos y adversidades, y ahí le traía á la memoria los hechos de sus antepasados, é que recibiese aquel mísero presente para con que se criase y holgase en su infancia, y á este tiempo le ofrecía de las cosas que le traía. Acabado esto, respondíale un viejo que para esto estaba dedicado, dándole las gracias de todo; luego lo llevaban á su asiento, allí le daban de comer y beber y á toda la parentela que había traído, que para todos había y en esto se tenía particular cuenta. Duraba esta ceremonia más de cuarenta ó cincuenta días, hasta que la pa- rida se levantaba, y lo mismo hacían con las hijas hembras, aunque con más solemnidad se celebraba el nacimiento de los hijos. El padre del que nacía era obligado á hacer saber á sus amigos, cómo le había nacido un hijo ó hija, y á los que no les avisaban, pariente ó amigo, no acudían á la visita ni á la fiesta, y se tenían por afrentados *y se corrían de ello*. 1 Este mismo rito se tenía cuando uno acababa de labrar una casa y nuevamente se entraba á vivir en ella, porque decían que cuando se entraba á habitar en las casas recién acabadas, si antes no las encomendaban al Dios de las casas, que gozaban poco de ellas los que las habitaban *y que se morían; y por este respeto, al tiempo que las acababan y queriéndolas habitar, * 2 1 Así en el manuscrito de Panes, cuya lectura me parece la genuina. La del otro es " y corrían de ellos," que da un sentido diverso é impropio. Por tal motivo la he sustituido.—R.
2 Todo el pasaje entre asteriscos está tomado del manuscrito de Panes. El otro lo compendió reduciéndolo á la frase "y queriendo morar en ellas," que deja incompleto el sentido.—R.
aquel día hacían grandes bailes y banquetes, y convidaban gran copia de gentes conforme á la calidad de la persona que hacía la ñesta, y por esta orden se guardaba este rito desde el mayor hasta el menor y duraban las fiestas siete ú ocho días.
Este mismo modo de engaño tenían cuando nuevamente pro- baban los nuevos vinos, y antes que los dueños usasen de ellos convidaban gran muchedumbre de gentes á ello, porque el Dios Baco no les fuese contrario y que en sus borracheras les favo- reciese en que no les sucediesen algunos desastres, y con estos engaños servían al demonio á banderas desplegadas, diciendo que con hacer esto los dioses habrían piedad de ellos en todas las cosas que se hacían y obraban en la tierra; que ellos *no ha- bían de ser guiados * por su voluntad, sin primero invocar á los dioses de cada cosa, porque no se haría nada sin voluntad de ellos, y ellos como dioses y Señores Supremos, habían de enviar á la tierra lo que les fuese conveniente para los hombres del mundo y á las cosas en ella creadas.
Entendieron que no había sido creado el mundo, sino que acaso ello se estaba hecho, y llamaban al Dios del mundo y de la tierra TlaltecuMU; lo mismo tuvieron que los cielos no fueron creados, sino que eran sin principio. No tuvieron conocimiento de los cuatro elementos ni de los movimientos celestes. 1 Cargábanse los naturales como bestias, y esta costumbre de cargarse fué muy antigua, y servían personalmente á sus mayo- res sin paga ninguna, y sin más interés que de que los tuviesen debajo de su amparo. Ya dejamos tratado el cómo antes que gozasen de los frutos pagaban primicia de ellos * á los templos *, de lo cual comían los templarios y de ello se substentaban.
En las ceremonias, ritos y supersticiones que hacían en los tiempos del estío del año, en las cazas generales, y aun disimu- 1 Este es un error manifiesto del autor; y á lo más probaría, que los tlaxcal- tecas, por ser más atrasados que los otros pueblos, no tenían estos conocimien- tos. Los nahuas representan los cuatro elementos, desde su cosmogonía, en los cuatro soles; y su calendario es la mejor prueba del profundo conocimiento que tenían de los movimientos celestes.
ladamente las hacen el día de hoy entre los Otomíes, es en esta manera, que cuando hacen grandes secas y esterilidad en la tie- rra, hacen llamamiento general en algunos montes conocidos para un día señalado, y reúnen muchedumbre de gentes para cazar: llevan muchos arcos, flechas, redes y otros instrumentos de caza, para lo cual se juntaban dos ó tres mil indios, é iban por su orden echando sus redes y cercos hasta que topaban con la caza de venados ó jabalíes ú otro cualquier género de animal indoméstico, y alcanzado con gran ceremonia y solemnidad le sacaban el corazón, luego la panza, y si en ella le hallaban yer- bas verdes ó algún grano de maíz ó frijol nacido dentro del bu- che, porque el demonio siempre lo procuraba para hacerse ado- rar de estas gentes por estas apariencias, decían que aquel año había de ser abundantísimo de panes, é que no habría hambre:
si le hallaban el vientre con yerbas secas, decían que era señal de mal año y de hambre, y se volvían tristes y sin ningún con- tento. Si era de yerbas verdes hacían grande alegría, y bailes y otros regocijos, y de esta manera prosiguen sus cazas gene- rales, y tienen todavía estas costumbres de supersticiones que aún no se les acaba de desarraigar.
Tornando á tratar del demonio y de la manera que lo veían, no lo veían visiblemente sino por voz, ó porque en algún orácu- lo respondía Algunos le veían transformado en león ó tigre, ó en otro cuerpo fantástico. Era tan conocido entre estos miserables, que luego sabían cuando hablaba con ellos. Ansimismo conocíanle porque se mostraba en cuerpo fantástico, y sin tener sombras, y sin chocozuelas en las coyunturas, y sin cejas y sin pestañas, los ojos redondos y sin niñas ó niñetas, y sin blancos: todas estas señales tenían para conocerle aquellos á quienes se revelaba, mostraba y aparecía.
Trataremos ahora de una hermafrodita que tuvo dos sexos, y lo que de este caso acaeció fué, que como los Caciques tenían muchas mujeres, aficionóse un hijo de Xicotencatl de una mo- zuela de bajos padres, que le pareció bien, la cual pidió se la die- sen *sus padres * por mujer, que ansí se acostumbraba, aunque fuesen para sus mancebas; la cual fué traída, que era hermosa y de buena disposición, y puesta entre sus mujeres y encerra- da entre las demás, y habiendo mucho tiempo que en esta re- putación estaba con él, y tratando y conversando con las otras mujeres sus compañeras, comenzó á enamorarse de ellas y á usar del sexo varonil en tanta manera, que con el mucho ejer- cicio vino á empreñar más de veinte mujeres, estando ausente su Señor más de un año fuera de su casa: y como viniese y vie- se á sus mujeres preñadas recibió pena y gran alteración, y pro- curó saber quién había hecho negocio de tamaño atrevimiento en su casa, y entrando las pesquisas se vino á saber que aque- lla mujer compañera de ellas las había empreñado, porque era hombre y mujer; y visto tan gran desconcierto y que la culpa no había sido sino suya, habiéndola él metido entre sus muje- res, parecióle no ser tan culpadas como si ellas le ovieran pro- curado, y ansí las reservó de que muriesen, aunque las casó y repartió repudiándolas, que no fué poco castigo para ellas; mas al miserable hermafrodita lo mandaron sacar en público en un sacrificadero que estaba dedicado al castigo de los malhechores, manifestando la gran traición que había cometido contra su Se- ñor amo y marido, y ansí vivo y desnudo en vivas carnes, le abrieron el costado siniestro con un pedernal muy agudo, y he- rido y abierto le soltaron para que fuese donde quisiese y su ventura le guiase, y de esta manera se fué huyendo y desan- grando por las calles y caminos, y los muchachos le fueron co- rriendo y apedreando más de un cuarto de legua, hasta que el desventurado cayó muerto y las aves del cielo le comieron, y este fué el castigo que se le dió, y ansí después andaba el refrán entre los principales Señores: Guardaos del que empreñó las mu- jeres de Xieotencatl y mirad por vuestras mujeres; si usan de los dos sexos, guardaos de ellas no os empreñen.
Períodos cíclicos.—Destrucción del globo terrestre por inundaciones y huraca- nes.—Catástrofe futura por el fuego.—La Venus Tlaxcalteca.—Esposa de Tlaloc.—Su fiesta.—Otras divinidades.—Procesión de perros pelones.
Sacrificio que se hacía de ellos á los dioses del agua.—Expendio de sus carnes.—Ceremonia con las pieles de las víctimas humanas.—Penitencias y mandas.—Escritores franciscanos de la historia de México.—Ayunos comunes y para armarse caballero.
Habiendo un error muy grande entre estos naturales y muy general en toda esta Nueva España, pues decían que este mundo había tenido dos acabamientos y fines, y que el uno había sido por diluvios y aguas tempestuosas y que se había vuelto la tie- rra de abajo á arriba, y que los que en aquellos tiempos vivían habían sido gigantes, cuyos huesos se hallaban por las quebra- das como atrás dejamos tratado, no tuvieron conocimiento de los cuatro elementos, ni de sus operaciones, más de que era aire, fuego, tierra y agua, confusamente; ansimismo, por consi- guiente, dicen que ovo otro fin y acabamiento del mundo por aires y huracanes que fueron tan grandes, que cuanto había en él se asoló, hasta las plantas y árboles de las muy altas monta- ñas, y que arrebató los hombres de aquellos tiempos y que fue- ron levantados del suelo hasta que se perdieron de vista, y que al caer se hicieron pedazos, y que algunas gentes de estas que es- caparon, quedaron enredadas en algunas montañas y riscos escondidos, y que se convirtieron en monas y micos, é que ol- vidaron el uso de la razón, perdieron la habla y quedaron de la manera que agora los vemos, que no les falta otra cosa sino la habla y quedaron mudos para ser hombres perfectos. Esto tenían tan creído como si fuera de fe, y que todas las cosas que tratamos y hacemos que las alcanzan y entienden; mas que como pasó el tiempo de su edad, los dioses, movidos de piedad que de ellos tuvieron, aunque los habían privado de razón, les habían hecho merced de las vidas. Tienen por muy cierto que ha de haber otro fin é que ha de ser por fuego, é que la tierra ha de tragarse á los hombres, que todo el universo * mundo* se ha de abrasar, é que han de bajar del cielo los dioses y las es- trellas, y que personalmente han de destruir á los hombres del mundo y acaballos, é que las estrellas han de venir en figu- ras de salvajes, y este es el último fin que ha de haber en el mundo. 1 Guando los nuestros 2 llegaron á esta provincia como atrás lo dejamos tratado, entendieron que era llegado el fin del mundo seg Tün las señales y apariencias tan claras que veían.
Tenían estas naciones á una diosa que llamaban la diosa de los enamorados, como antiguamente tenían los gentiles la diosa Ve- nus. Llamábanla Xochiquetzatl, 3 la cual decían que habitaba so- bre todos los aires y sobre los nueve cielos, y que vivía en lugares muy deleitables y de muchos pasatiempos, acompañada y guar- dada de muchas gentes, siendo servida de otras mujeres como diosas, en grandes deleites y regalos de fuentes, ríos, florestas de grandes recreaciones, sin que le faltase cosa alguna, y que don- de ella estaba era tan guardada y encerrada que hombres no la podían ver, y que en su servicio había un gran número de 1 En esta crónica, como en otras de escritores que no conocieron perfectamente las tradiciones nahuas, están confundidos los soles ó edades cosmogóni- cas. Estos habían sido cuatro: el Atonatiuh ó sol de agua, el Ehecatonatiuh 6 sol de aire, el Hetonatiuh 6 sol de fuego, y el Tlaltonatiuh ó sol de tierra. Los indios creían, que vivían en la quinta edad ó sol, y que el mundo se había de acabar cuando cayeran sobre él los tzitzhnitl, los cuales parece que eran los pla- netas.
2 Esto es, los españoles. El autor era mestizo.—K.
3 Xochiqaetzal 6 Xochiquetzalli.
enanos y corcovados, truanes y chocarreros que la daban solaz con grandes músicas y bailes y danzas, y de estas gentes se fia- ba y eran sus secretarios para ir con embajadas á los dioses á quien ella cuidaba, y que su entretenimiento era hilar y tejer cosas primorosas y muy curiosas, y pintábanla tan linda y tan hermosa que en lo humano no se podía más encarecer. Llama- ban el cielo donde esta diosa estaba TamoJiuanichan XoehiÜih- cacan * Ghitamohuan y (en asiento del árbol florido) * Chicuh- nauhuepaniuhcan Itzehecayan, que quiere decir El lugar de Tamohuan, y en asiento del árbol florido. De este árbol Xo- chitlicacan, dicen que el que alcanzaba desta flor ó de ella era tocado, que era dichoso y fiel enamorado, 1 donde los aires son muy fríos, delicados y helados, sobre los nueve cielos. A esta diosa Xochiquetzatl celebraban fiesta cada año con mucha so- lemnidad, y á ella concurrían muchas gentes donde tenía su templo dedicado. Dicen que fué mujer del dios Tlaloc, dios de las aguas, é que se la hurtó Tezcatlipuca, é que la llevó á los nueve cielos é la convirtió en diosa del bien querer.
Había otra diosa que llamaban Matlacueye atribuida á las he- chiceras y adivinas, con ésta casó Tlaloc después que Tezcatli- puca le hurtó á Xochiquetzatl su mujer. Ovo otra diosa que se llamó XocJiitecacihuatl, diosa de la mezquindad y avaricia, é fué mujer de Quiahuiztecatl. Estas diosas y dioses para eternizar sus memorias, dejaron puestos sus nombres en sierras muy co- nocidas llamándose de sus propios nombres, y ansí muchos cerros y sierras hoy en día se llaman con estos nombres.
Cuando había falta de aguas y hacía grande seca y no llovía, hacían grandes procesiones, y ayunos y penitencias, y sacaban en procesión gran cantidad de perros pelones que son de su naturaleza pelados sin ningún género de pelo, de los cuales había antiguamente en su gentilidad muchos que los tenían para comer, y los comían. Yo tengo al presente casta de ellos que son por cierto muy extraños y muy de ver, y de este géne- 1 Parece que aquí falta algún concepto.—R.
ro de perros como referido tenemos, sacaban en procesión y andas muy adornadas, y los llevaban á sacrificar á un templo que les tenían dedicado que lo llamaban Xoloteupan; y llegados allí los sacrificaban, y les sacaban los corazones y los ofrecían al dios de las aguas, y cuando volvían de este sacrificio, antes que llegasen al templo mayor llovía y relampagueaba de tal ma- nera, que no podían llegar á sus casas con la mucha agua que llovía, y después de muertos los perros se los comían. Yo me acuerdo que ha menos de treinta años había carnicería de pe- rros en gran muchedumbre, sacrificados y sacados los corazo- nes por el lado izquierdo á manera de sacrificio é dimos noticia de ellos, y orden para que se quitase, y ansí se desarrai- gó este error. Ya dejamos referido cómo tenían otras carnes que comer de cazas y monterías, y de cómo antiguamente ha- bía cantidad de ellas.
Hacían otra ceremonia y superstición infernal y diabólica, y era que cuando prendían algún prisionero en la guerra, prome- tían los que iban á ella que al * primer * prisionero que cauti- vaban le habían de desollar el cuero cerrado, 1 y meterse en él tantos días en servicio de sus ídolos ó del dios de las batallas, el cual rito ó ceremonia llamaban exquinan; y era ansí que de- sollado, cerrado y entero el miserable cautivo, se metía dentro de él el que lo había prendido, y andábase con aquella piel de templo en templo corriendo, y á este tiempo los muchachos y hombres andaban tras este exquinan con gran regocijo á mane- ra de quien corre un toro, hasta que de puro cansado lo deja- ban y huían de él porque no le alcanzase alguno, porque le apo- rreaba de tal manera, que lo dejaba casi muerto, y á veces se 1 Es decir, sin cortarlo á lo largo para extenderlo en la forma común que se da á las pieles, sino conservándole la forma del cuerpo á la manera que se ha- cía durante el frenesí de la revolución de Francia, con las pieles de los guillo- tinados, que después artistas hábiles convertían en calzones inconsútiles para el servicio de los rígidos republicanos. La barbarie normal y la civilización de- generada se dan la mano como hermanas.—R.
juntaban dos ó tres de estos que regocijaban todo el pueblo.
Ansí llamaban este rito el juego del exquinan.
Había otros penitentes que andaban de noche, que los llamaban en su lengua Tlamaceuhque, los cuales tomaban un bra- cero pequeño sobre su cabeza, el cual llevaban encendido desde que anochecía hasta que amanecía: andaban de noche de tem- plo en templo solos y con mucho silencio, visitando sus dioses en sus templos y hermitas. Duraban en esta penitencia y po- breza un año ó dos, dándose á la pobreza y miseria por alcan- zar algo, por humildad sirviendo á los dioses. Estos servían de día y de noche en los templos; mas tomaban estas romerías y andar estas estaciones por haber salido y escapado de algún peligro, ó porque los dioses se doliesen de él, ó los encaminase en algunas pretensiones ó fines que deseaban. No comían car- nes ni legumbres al tiempo en que hacían estas penitencias, si- no pan sin levadura 1 ni otra mixtura alguna, que llaman los naturales Yoltan. 2 Allí todas estas cosas como al principio pro- metimos, pasamos sucintamente á causa de que las han escrito los religiosos muy copiosamente por estirpar las idolatrías de esta tierra, especialmente Fray Andrés de Olmos, Fray Bernar- dino de Sahagún, Fray Toribio de Motolinía, Fray Jerónimo de Mendieta y Fray Alonso de Santiago: por esta causa nos vamos acortando lo más que podemos.
Los ayunos de estas gentes duraban según se les antojaba, y las promesas que hacían: ansí por promesas ó por armarse 1 La mención del pan sin levadura debe parecer absurda y hacer aun sospe- chosa la veracidad del cronista tlaxcalteca, pues que no conociendo los mexi- canos el cultivo del trigo, tampoco podían hacer pan sin levadura. No obstan- te, aquí sólo hay locución impropia empleada por analogía ó semejanza con[el objeto de que se trataba, y para el cual la lengua castellana no tenía una pa- labra propia. Parece que el ayuno rigoroso de que aquí se habla, era el mismo ó semejante al que los mexicanos llamaban Atamalcualizili, en el cual sólo era permitido comer la masa cocida del maíz (vulgo tamal), sin sal ni otra mix- tura y aun sin la previa preparación de cal que le da cohesión y flexibilidad, haciendo el efecto que la levadura en la masa de trigo.—R.
2 Falta algo en ambos manuscritos.—R.
caballeros, que cuando esto era, ayunaban ochenta días, vela- ban las armas como atrás dejamos referido, cuando hablamos de las ceremonias de armarse, del vejamen que sufrían, de las propinas que daban, y de cómo abofeteaban y daban una coz, y cómo todo lo habían de sufrir según su costumbre, y que aquel que más sufría y pasaba, aquel era muy buen caballero.
Distribución de las horas del día. — Modo de señalarlas al público. — Marcha triunfal de los vencedores, cantares y estatuas.—Administración de justi- cia.—Lengua mexicana.—Su riqueza.—Adagios, proverbios, metáforas, etc. —Culto de Tlaloc.—Solemnidades y sacrificios humanos.—Anécdota relativa á ellos.—Ofrenda de Picietl.—Augurios.—Teofanía de Tlaloc.
Rogativas por la lluvia.—Arribo de los tres primeros religiosos francisca- nos.
Las horas y momentos para el Gobierno de la República eran desde la prima noche en que se tocaban desde los templos gran- des bocinas, caracoles y trompetas de palo que hacían terrible espanto y estruendo. Encendían lumbres en dichos templos los sacerdotes y Tlamacazques, y luego que esto pasaba se sosega- ba todo. Siendo media noche que llamaban los naturales Yo- hualnepantlaticatla, tornaban á sonar las bocinas, trompetas de palo y caracoles marinos, y se hacía muy gran ruido y estruen- do á voces y sonido de todas estas cosas, para dar á entender que era la media noche; lo propio se hacía al cuarto del alba y al salir del lucero, y á las ocho *del día*, al mediodía y ála tarde; de esto servían los templarios: este era su oficio, y á todos estos tiempos y horas sahumaban é incensaban los altares é ídolos donde perpetuamente no faltaba la lumbre.
Los grandes recibimientos que hacían á los capitanes que ve- nían y alcanzaban victoria en las guerras, las fiestas y solemni- dades con que se solemnizaban á manera de triunfo, eran que los metían en andas en su pueblo, trayendo consigo á los venci- dos; y para eternizar sus hazañas, se las cantaban públicamen- te, y ansí quedaban memoradas, y también con estatuas que les ponían en los templos.
Los pleitos que trataban y contingencias que tenían, se figu- raban 1 de plano por algunos viejos ancianos que estaban para ello diputados en la República.
Ya dejamos referido como la lengua mexicana es la más am- plia que se halla en estas partes, y la más casta y pura, porque no se aprovecha de ninguna extraña, y como las otras extrañas se aprovechan de ella y muchos vocablos. Tenían los natura- les en su antigüedad adagios, proverbios y preguntas á manera de enigmas y adivinanzas muy compuestas en su lengua; ha- blaban en gerigonza: usan de cuentos risueños, son muy gran- des fabuladores, y tienen sus fines y sentidos para doctrinarse y otros muchos entretenimientos.
Entre muchas celebraciones de fiestas que hacían á sus ído- los, celebraban la de Tlaloc á que atribuían ser el dios de las aguas y de los relámpagos, rayos y truenos. Teníanle un sun- tuosísimo templo donde estaba dedicado, y se le celebraban dos fiestas en el año, una llamaban fiesta mayor y la otra fiesta me- nor, á las cuales concurrían muchas gentes, á donde ofrecían gran suma de ofrendas, promesas y devociones que se cumplían, sin los demás crueles y saguinolentos sacrificios de hombres humanos que sacrificaban con crueles cuchillos de pedernales agudísimos y afilados para abrilles aquellos pechos miserables, y arrancalles los vivos corazones con las manos de los rabiosos carniceros y pésimos sacerdotes, los cuales apretaban con en- treambas manos cuanto podían, y se volvían al nacimiento del sol á la parte del Oriente, alzando las manos en alto, y volvién- dose al Poniente haciendo lo mismo y lo propio al mediodía y á la parte del Norte. En todo este tiempo los demás Papas Tla- mazques incensaban con gran reverencia al demonio. Acabado 1 Se definían, manuscrito de Panes.—E.
esto, echaban el corazón en el fuego hasta que se quemaba y consumía. Contábame uno que había sido sacerdote del demo- nio, que después se había convertido á Dios y á su santa fe ca- tólica, y bautizado, conociendo el gran bien que tenía, que cuan- do arrancaba el corazón de las entrañas y costado del miserable sacrificado, que era tan grande la fuerza con que pulsaba y pal- pitaba, que le alzaba del suelo tres ó cuatro veces, hasta que se había el corazón enfriado, y acabado esto echaba á rodar el cuerpo muerto, palpitando, por las gradas del templo abajo, y por esta orden iban sacrificando y ofreciendo corazones al in- fernal demonio.
Entre estos sacrificios y supersticiosas crueldades, usaban de una para conocer si el demonio se aplacaba ó condescendía con las cosas que le pedían y si venía en ello. Haciánle una ofrenda de Picietl 1 molido y hecho harina y en polvo, que es una yerba á manera de beleño, y estas hojas dicen que es yer- ba de grandes virtudes para muchas enfermedades, y como yerba tan preciada, ofreciánla hecha harina, puesta en unos vasos grandes en los altares y poyos del templo entre las demás ofrendas, y de estas del Picietl guardaban particularmente, porque si algún milagro había de haber, aquí más que (en) otro alguno lugar se veía, y era, y ansí era, que cuando acudían los sacerdotes á ver otros vasos, hallaban en ellos huella ó pisadas señaladas de alguna criatura particularmente, y álas más veces pisadas de águila. Cuando esto acaecía y en aquella hora y sa- zón, la manifestaban los sacerdotes al pueblo, y luego con muy gran regocijo y solemnidad, haciendo gran ruido de trompetas y atabales, bocinas y caracoles, con todos los demás instrumen- tos de música que tenía todo el pueblo, se regocijaba con esta gran festividad que el demonio les manifestaba, y á este tiempo el oráculo de Tlaloc, si álguien insolentemente con algún atre- vimiento blasfemaba, decían que moría despedazado de rayos ó muerte arrebatada, porque también decían que este lugar era 1 Tabaco.—R.
tan inviolable, que si no eran sacerdotes, á este templo no po- dían llegar otras personas sin gran riesgo de sus vidas, y estos rayos y fuego que caían del cielo eran sin nublados y en tiem- po sereno. Guando había falta de lluvias y había gran seca en la tierra y no llovía, se hacían rogativas y sacrificios á este ídolo Tlaloc. Decían los sacerdotes que aunque no lloviese, en por- fiando había de llover, y entonces hacían sus ceremonias supers- ticiosas con mayor eficacia y fervor. Luego que la conquista de esta tierra pasó y se pacificó, vinieron tres religiosos 1 como atrás dejamos referido de la orden de San Francisco, y como los dos fueron sacerdotes y uno lego, el que era de misa se llamó Fray 1 No se sabía aún en Europa la toma de México por Cortés, sino únicamen- te que había descubierto nuevas tierras é imperios portentosos, cuando se dis- pusieron tres religiosos franciscanos á hacer el viaje al Nuevo Mundo y á traer á estas regiones las enseñanzas del Cristianismo. Fueron estos tres frailes, Fray Juan de Toict ó Tecto confesor de Carlos V, el anciano Fray Juan de Ayora, y el lego Fray Pedro de Gante pariente muy próximo del Emperador. Salie- ron de Gante á España, y después de la Península á México el 1? de Mayo de 1523; y tras cuatro meses de travesía, desembarcaron el 30 de Agosto en la Vi- lla Eica de la Vera Cruz.
Comenzaba entonces á reedificarse México, y todavía no estaba organizada como ciudad ni tenía Ayuntamiento, pues la primera acta de Cabildo es del lu- nes 8 de Marzo de 1524, y se reunió el Concejo en la casa de Hernán Cortés por- que no tenía aún local propio; por lo cual los tres frailes decidieron establecerse primeramente en Texcoco, que era el más importante señorío del Anahuac después del de México. Dedicáronse los tres frailes, ante todo, á aprender la lengua mexicana, para poder enseñar á los indios: y en esa labor los encontra- ron á su arribo el año siguiente, los doce franciscanos que llamamos primeros.
Pasaron con éstos á la ciudad de México, y todos quedaron bajo la autoridad de Fray Martín de Valencia. Tecto y Ayora partieron el mismo año con Cortés á la expedición de las Hibueras, y murieron en ella. El lego Gante quedó en México, y desde luego se dedicó á la instrucción de los indios. Sin duda mien- tras se construía el convento é iglesia de San Francisco y la escuela á él anexa, fué cuando Gante la abrió provisional en Texcoco, é hizo expediciones á Tlax- calla y otros lugares, para convertir y bautizar indios. En aquella sazón ten- dría nuestro Pedro de Gante unos cuarenta y cinco años, pues en 1570 le daba noventa años el Códice Franciscano. {Dq este precioso manuscrito de mi pro- piedad sacó copia mi erudito amigo el Sr. D. Joaquín García Icazbalceta, y lo dio á la estampa en 1889).
Juan, del otro no se tiene noticia de su nombre, y de los dos que quedaron, el que era lego se llamó Fray Pedro de Gante, flamenco, el Fray Juan murió en la jornada de las Higueras * cuando Cortés fué á ellas * y el otro en la ciudad de México, *y Fray Pedro de Gante el lego * que vivió muchos años en *la ciudad de México en* la capilla de Señor San José, en el con- vento de San Francisco, donde ansimismo falleció después de haber doctrinado á los naturales con gran espíritu y fervor en muchas partes de esta Nueva España, enseñándoles á leer, es- cribir, tañer flautas, trompetas, ministriles y otras muchas cosas * del ejercicio católico cristiano y virtuosas, porque le tuvieron por padre* todos los Mexicanos por habelles criado en tanta doc- trina y pulicía cristiana * humana*. 1 Y ansí pasando adelante con nuestra relación, diremos de la grande admiración que los naturales tuvieron cuando vinieron estos religiosos, y cómo comenzaron á predicar el * Santísimo y sagrado Evangelio de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo *. Como no sabían la len- 1 Colón representa en la Historia, la civilización que llega á un Nuevo Mundo. La escuela fué la maestra que enseñó esa civilización. Sin Colón no hubiéramos tenido la escuela. Sin la escuela inútil habría sido tener á Colón.
Gante es el corolario histórico de CoJón: y por eso en el monumento del paseo de la Keforma, mientras éste descubre el Nuevo Mundo, aquél se inclina para enseñar á leer á un indio niño. Colón recibe la inspiración del cielo, y descu- bre un continente: Gante descubre un libro al indio niño, é inspira un alma.
Origen es de toda ciencia y punto de partida de todo progreso, el saber leer y escribir; y si la Biblia nos presenta el Paraíso como cuna de la humanidad que vive, juzgo la escuela cuna de la humanidad que piensa. Y sí por los des- cubrimientos de Colón, tuvimos como consecuencia histórica la primera escue- la en México ¿qué monumento más hermoso podrá levantar nuestra gratitud al desgraciado almirante, que buscar y encontrar al fin, cosa que por imposible se tenía, el lugar en donde se alzó la primera escuela en nuestra ciudad de Mé- xico?
La primera escuela se estableció naturalmente junto al primer convento de San Francisco ó sea San Francisco el Yiejo. Es curioso que Torquemada, frai- le franciscano que escribió á principios del siglo XVII, ignorara dónde estuvo este primer San Francisco. Dice este historiador, que estaba en el sitio que ahora ocupa la catedral. Lo refuta victoriosamente D. Lucas Alamán (Diser- gua, no decían sino que en el infierno, señalando la parte baja de la tierra con la mano, había fnego, sapos y culebras; y acabando de decir esto, elevaban los ojos al cielo, diciendo que un solo Dios estaba arriba, ansimismo apuntando con la mano, lo cual decían siempre en los mercados y donde había junta y con- gregación de gentes, y no sabían decir otras palabras que los naturales les entendiesen sino era por señas; y cuando estas cosas decían y predicaban, el uno de ellos, que era un venera- ble viejo calvo, estaba en la fuerza del sol de mediodía con es- píritu de Dios enseñando, y con celo, de caridad diciendo estas cosas, y á media noche en muy altas voces que se convirtiesen á Dios y dejasen las idolatrías. Cuando predicaban estas cosas decían los Señores Caciques ¿qué han estos pobres miserables?
mirad si tienen hambre, y si han menester algo, dadles de co- mer; otros decían Estos pobres deben de ser enfermos ó estar locos, dejadlos vocear á los miserables, tomádoles á su mal de locura; dejadlos estar, que pasen su enfermedad como pudieren: no les hagáis mal, que al cabo estos y los demás han taciones, tomó 2?, página 141 y siguientes); pero no prueba, en mi concepto, como pretende, que estaba en la esquina de Santa Teresa. Existía la tradición de que este San Francisco se levantó en el lugar en que estaba la casa de fieras del palacio de Moteczuma. Esto hace incurrir al Sr. Orozco y Berra, y creo que no ha sido el primero, en el error de poner la casa de fieras en el lugar que ocupó San Francisco el Nuevo (Historia Antigua de México, tomo 4?, pági- na 288). El Sr. D. José Fernando Kamírez daba la misma ubicación á la casa de las fieras (Notas á Presscot, tomo 2?, página 105). El Sr. García Icazbal- ceta, en su nota 51 á los Diálogos de Cervantes (páginas 213 á 229) refuta las antiguas opiniones, y dice que la primera iglesia de San Francisco, la cual sin duda fué provisional, ocupó con corta diferencia el sitio de la actual. Yo acepto su argumentación, y que los franciscanos á su arribo fueron alojados en un edificio ya construido, y en él hicieron su primera iglesia provisional. Esto no se opone á que fuese en la casa de fieras de Moteczuma; y entonces la cues- tión se reduciría á indagar en dónde estaba esa antigua casa de fieras.
El palacio nuevo de Moteczuma, ó sea el de Moteczuma segundo, tenía su fachada al Poniente, y quedaba frontero del recinto sagrado del gran teo- calli: esa fachada comenzaba en la línea que separa el edificio del Correo del que ocupa el Museo Nacional, poco más ó menos, y terminaba en la acequia que iba de la calle de este nombre á la Diputación. Por el Norte ocupaba parte de ele morir de esta enfermedad de locura, y mirad si habéis no- tado cómo á mediodía, á media noche y al cuarto del alba, cuan- do todos se regocijan, éstos dan voces y lloran; sin duda nin- guna es mal grande el que deben de tener, porque son hombres sin sentido, pues no buscan placer ni contento, sino tristeza y soledad.
la calle del Arzobispado y la de Santa Inés, donde estaban las casas de Juan Guerrero. Por el Oriente, las actuales calles de la Academia y de Chiquis; y por el Sur el canal (Véase mi Historia Antigua, página 816). Este palacio tenía tres edificios adyacentes. El primero, en el cual Moteczuma tenía á sus mujeres, ocupaba el sitio que después fué de la Universidad y hoy es Conser- vatorio de Música. El segundo era la casa de las aves, situada entre el callejón de Santa Inés y la calle cerrada de Santa Teresa. El tercero la casa de fieras, ubicada en donde hoy está la Academia de Bellas Artes, edificio que antigua- mente fué el Hospital de Bubas. No puede comprenderse, que una dependen- cia del palacio estuviese separada hasta el otro extremo de la ciudad.
Puede pues afirmarse, que San Francisco el Viejo y su primera escuela es- tuvieron en el lugar que hoy ocupa la Academia de Bellas Artes. Confirma este aserto, la Keal Cédula de 1546, sobre que la casa en que se doctrinaban los hijos de los caciques se dé al Hospital de las Bubas.
Cuando se construyó San Francisco el Nuevo, pasó Gante su escuela á la capilla de San José, la cual estaba en la calle que llevó su nombre.
Esto debió suceder hacia 1545.
El ingrato Ayuntamiento de México ha quitado el nombre de Gante á esa calle, y lo ha sustituido por una numeración que borra el recuerdo de nuestro primero y más noble maestro de escuela.
COZSTQ/TTIST-A-.
Prodigios que se vieron en México antes de la llegada de los españoles.— Te- rrores que produjeron en Motecuhzoma.—Los mismos en Tlaxcalla.—Con- sidéralos el pueblo como pronósticos del fin del mundo.—Enviánse explo- radores para informarse de la calidad de los huéspedes.— Dudas sobre si eran dioses ú hombres.—Efectos que esta incertidumbre y la presencia de Marina (Malintzin) en el ejército español, produjo en el espíritu del Em- perador.—Su influencia favorable á la conquista.—Cortés solicita pasar á México.—Kesistencias que opone Motecuhzoma.
Dejando como dejamos remitido álos cronistas deesta tierra las cosas más graves que tienen escritas acerca de los grandes acontecimientos del discurso de la conquista, iremos pasando en suma en todas las cosas que vamos refiriendo. Diremos en este lugar las señales que ovo en esta Nueva España antes de la venida de los españoles.
Como el demonio enemigo del género humano se vive tan apoderado de estas gentes, siempre las traía engañadas y jamás las encaminaba en cosas que acertasen, sino con cosas con que se perdiesen y se desatinasen; y como nuestro Dios y sumo bien tuviese ya piedad y misericordia de tanta multitud de gentes, comenzó con su inmensa bondad de enviar mensajeros y seña- les del cielo para su venida, las cuales pusieron gran espanto á este Nuevo Mundo, y fué que diez años antes que los españoles viniesen á esta tierra, ovo una señal que se tuvo por mala abu- sión, agüero y extraño prodigio, y fué que apareció una colum- na de fuego muy flamífera * della más * muy encendida, de mu- cha claridad y resplandor, con unas centellas que centellaba en tanta espesura que parecía polvoraba centellas, de tal ma- nera, que la claridad que de ellas salía hacía tan gran resplan- dor, que parecía la aurora de la mañana, la cual columna parecía estar clavada en el cielo, teniendo su principio desde el suelo de la tierra de do comenzaba de gran anchor, de suerte que desde el pie iba adelgazando, haciendo punta que llegaba á to- car al cielo en figura piramidal, la cual aparecía á la parte del medio día 1 y de media noche para abajo hasta que amanecía, y era de día claro que con la fuerza del sol y su resplandor y rayos era vencida, la cual señal duró un año, comenzando des- de el principio del año qué cuentan los naturales de doce casas, que verificada en nuestra cuenta castellana, acaeció el año de 1516: 2 y cuando esta abusión y prodigio se vía hacían los na- turales grandes extremos de dolor, dando grandes gritos, voces y alaridos en señal de gran espanto y dándose palmadas en las bocas, como lo suelen hacer: todos estos llantos y tristeza iban 1 Esta designación parece indicar el rumbo del Sur, al cual los escritores del siglo XVI daban comunmente el nombre de Medio día. Sin embargo, Torquemada la toma por la hora del medio día, pues dice que la tal columna de fuego " comenzaba á aparecer en el Oriente á la media noche, y iba subiendo con el u movimiento del cielo hacia la parte del Poniente, de manera que cuando sa" Ha el sol llegaba al puesto donde él está al medio día, etc." Lo mismo dicen las dos relaciones que poseemos del P. Sahagún. La de Gomara es vaga y dis- cordante. Iguales discrepancias se notan en la descripción de los otros prodi- gios que se dice precedieron á la llegada de los conquistadores; mas como sería enfadoso é inútil concordarlas, las dejaré cuales están en esta narración, limitándome á hacer las rectificaciones más precisas.—E.
2 Si esta correspondencia se ha arreglado á la computación mexicana hay un error, ó en el símbolo crónico que se señala, ó en la designación del año de nuestra era vulgar. Según aquélla, el año doce Calli corresponde al de 1517, y el anterior de 1516 al de once Tecpatl. No se podrá salvar esta discordancia ni aun suponiendo que los tlaxcaltecas comenzaran su ciclo con cualquier otro acompañados de sacrificios de sangre y de cuerpos humanos como solían hacer en viéndose en alguna calamidad y tribula- ción, ansí como era el tiempo y la ocasión que se les ofrecía, ansí crecían los géneros de sacrificios y supersticiones. Con esta tan gran alteración y sobresalto, acuitados de tan gran temor y espanto, tenían un continuo cuidado é imaginación de lo que podría significar tan extraña novedad, procuraban saber por adivinos y encantadores qué podría significar una señal tan ex- traña en e] mundo jamás vista ni oída. Háse de considerar que diez años antes de la venida de los españoles, comenzaron á verse estas señales, mas la cuenta que dicen de diez casas 1 fué el año de 1516, tres años antes que los españoles llegasen á esta tierra.
El segundo prodigio, señal, agüero ó abusión que los naturales de México tuvieron, fué que el templo del demonio se abrasó y quemó, el cual le llamaban templo de Huitzilopuchtli, sin que persona alguna le pegase fuego, que estaba en el barrio de Tlal- cateco. Fué tan grande este incendio y tan repentino, que se salían por las puertas de dicho templo llamaradas de fuego que parecía llegaban al cielo, y en un instante se abrasó y ardió todo, sin poderse remediar cosa alguna * quedó deshecho *, lo cual, cuando esto acaeció, no fué sin gran alboroto y alterna gritería, llamando y diciendo las gentes "¡Ea Mexicanos! venid á gran prisa y con presteza con cántaros de agua á apagar el fuego," y ansí las más gentes que pudieron acudir al socorro vi- nieron, y cuando se acercaban á echar el agua y querer apagar de los símbolos crónicos según diee Gama que lo hacían los Toltecas, los Tetz- cucanos y los de Teotihuacan, pues en ninguno de ellos podía concurrir el sím- bolo Calli con el número doce. Esta concurrencia solamente se encuentra en la computación mexicana. El P. Sahagún menciona también el año de doce Casas, cuya circunstancia, unida á la observación que se verá en las notas si- guientes, persuaden que el error está en la correspondencia que se le da con el año vulgar, debiendo ser el de 1517.—E.
1 Aquí debe leerse doce Casas para que baya congruencia con la fecha antes anotada, pues de otra manera sería preciso retroceder hasta el año 1489, que fué señalado en el símbolo de diez Casas.—E.
el fuego, que á esto llegó multitud de gentes, entonces se en- cendía más la llama con gran fuerza, y ansí, sin ningún reme- dio, se acabó de quemar todo.
El tercer prodigio y señal fué que un rayo cayó en un tem- plo idolátrico que tenía la techumbre pajiza, que los naturales llamaban Xacal, el cual templo los naturales llamaban Tzono- mosco, 1 que era dedicado al ídolo Xicchtecuhtli, 2 lloviendo una agua menuda como una mullisma * cayó del cielo * sin trueno ni relámpago alguno sobre el dicho templo, lo cual ansimismo tuvieron por gran abusión, agüero y prodigio de muy mala se- ñal, y se quemó y abrasó todo.
El cuarto prodigio fué, que siendo de día y habiendo sol, sa- lieron cometas del cielo por el aire y de tres en tres por la par- te de Occidente * que corrían hasta el Oriente *, con tanta fuerza y violencia, que iban desechando y desapareciendo 3 de sí brasas de fuego ó centellas por donde corrían hasta el Oriente, y lle- vaban tan grandes colas, que tomaban muy gran distancia su largor y grandeza; y al tiempo que estas señales se vieron ovo alboroto, y ansimismo muy gran ruido y gritería y alarido de gentes.
El quinto prodigio y señal fué que se alteró la laguna mexi- cana sin viento alguno, la cual hervía y rehervía y espumaba en tanta manera que se levantaba y alzaba en gran altura, de tal suerte, que el agua llegaba á bañar á más de la mitad de las ca- sas de México, y muchas de ellas se cayeron y hundieron; y las cubrió y del todo se anegaron.
El sexto prodigio y señal fué que muchas veces y muchas noches, se oía una voz de mujer que á grandes voces lloraba y decía, anegándose 4 con mucho llanto y grandes sollozos y suspiros ¡Oh hijos míos! del todo nos vamos ya á per- 1 Tzonmoclo, manuscrito de Panes. Léase Tzomnoclo.—E.
2 Supongo que es Xiuhtecuhtli, dios del año.
3 Desparciendo, manuscrito de Panes.—R.
4 acuertándose, manuscrito de Panes. En Torquemada se lee: "acongoján- dose." Probablemente decía en el original "acuitándose."—K.
cler y otras veces decía: ¡Oh hijos míos, á dónde os po- dré llevar y esconder !
El séptimo prodigio fué que los laguneros de la laguna me- xicana, nautas ó piratas ó canoístas cazadores, cazaron una ave parda á manera de grulla, la cual incontinente la llevaron á Motheuzoma para que la viese, el cual estaba en los Palacios de la sala negra habiendo ya declinado el sol hacia el Poniente, que era de día claro, la cual ave era tan extraña y de tan gran admiración, que no se puede imaginar ni encarecer su gran ex- trañeza, la cual tenía en la cabeza una diadema redonda de la forma de un espejo muy diáfano, claro y transparente, por la que se veía el cielo y los mastelejos 1 *y estrellas* que los astrólo- gos llaman el signo de Géminis; y cuando esto vió Motheuzoma á ver y examinar y admirar por la diadema y cabeza del pájaro, vió grande número de gentes que venían marchando desparci- das y en escuadrones de mucha ordenanza, muy aderezados y á guisa de guerra, y batallando unos contra otros escaramusean- do en figura de venados 2 y otros animales, y entonces, como viese tantas visiones y tan disformes, mandó llamar á sus ago- reros y adivinos que eran tenidos por sabios. Habiendo venido á su presencia, les dijo la causa de su admiración. Habéis de sa- ber mis queridos sabios amigos, cómo yo he visto 'grandes y extrañas cosas por una diadema de un pájaro que me han traí- do por cosa nueva y extraña que jamás otra como ella se ha visto ni cazado, y por la misma diadema que es transparente como un espejo, he visto una manera de *unas* gentes que vienen en ordenanza, y porque lo veáis vedle vosotros y veréis lo propio que yo he visto; y queriendo responder á su Señor de lo que les había parecido cosa tan inaudita, para hedear sus jui- cios, adivinanzas y conjeturas ó pronósticos, luego de improviso se desapareció el pájaro, y ansí no pudieron dar ningún juicio ni pronóstico cierto y verdadero.
1 Astillejos, manuscrito de Panes.—R.
2 Es decir, escaramuceando montados en animales con figuras de venados.
Eeferíanse á los caballos.—K.
El octavo prodigio *y señal* de México, fué que muchas ve- ces se aparecían y veían dos hombres unidos en un cuerpo que los naturales los llaman TlacanctzoUi, y otras veían cuerpos, con dos cabezas procedentes de solo un cuerpo, los cuales eran lle- vados al palacio de la sala negra del gran Motheuzoma, en donde llegando á ella desparecían y se hacían invisibles todas estas señales y otras que á los naturales les pronosticaban su fin y acabamiento, porque decían que había de venir * la fin* y que todo el mundo se había de acabar y consumir, é que habían de ser creadas otras nuevas gentes é venir otros nuevos habitantes del mundo, y ansí andaban tan tristes y despavoridos que no sabían qué juicio sobre esto habían de hacer sobre cosas tan raras, peregrinas, tan nuevas y nunca vistas ni oídas.
Sin estas señales ovo otras en esta provincia de Tlaxcalla an- tes de la venida de los españoles, muy poco antes. La primera * señal* fué que cada mañanase veía una claridad que salía de las partes de Oriente, tres horas antes que el sol saliese, la cual claridad era á manera de una niebla blanca muy clara, la cual su- bía hasta el cielo, y no sabiéndose qué pudiera ser ponía gran espanto y admiración. También veían otra señal maravillosa, y era que se levantaba un remolino de polvo á manera de una manga *la cual se levantaba* desde encima de la Sierra Ma- tlalcueye que llaman agora la Sierra de Tlaxcalla, la cual manga subía á tanta altura, que parecía llegaba al cielo. Esta señal se vio muchas y diversas veces más de un año continuo, que ansimismo ponía espanto y admiración *tan contraria á su natural y nación *. No pensaron ni entendieron sino que eran los dio- ses que habían bajado del cielo, y ansí con tan extraña nove- dad, voló la nueva por toda la tierra en poca ó en mucha po- blación. Como quiera que fuese, al fin se supo de la llegada de tan extraña y nueva gente, especialmente en México, donde era la cabeza de este imperio y monarquía.
Sabida y divulgada no sin gran temor y espanto, las gentes se turbaron no por temor de perder sus tierras, reynos y señoríos, sino por entender que el mundo era acabado, que todas las ge- neraciones de él habían de perecer y que era llegada la fin, pues los dioses habían bajado del cielo y no había que pensar en otra cosa, sino * que era llegado * el acabamiento y consumación del mundo, *y que todo había de perecer y acabarse; y hasta* los hombres poderosos buscaron lugares abscondidos y caver- nas de la tierra para absconder á sus hijos y mujeres, con gran- des bastimentos hasta que bajase la ira de los dioses, y que las señales de atrás que habían visto eran ya cumplidas con esta venida, y que aquellas señales y terremotos que en la tierra ha- bían parecido, no habían sido otra cosa sino avisos que los dio- ses enviaban para que los hombres se enmendaran: que más de siete años continuos antes de esta venida habían visto dentro del sol una espada de fuego que lo atravesaba de parte á parte, una asta que de él salía y una bandera de fuego resplandecien- tes, que estas cosas no podían pronosticar sino la total destruc- ción y acabamiento del mundo. Era tanto el llanto y alboroto de las gentes, que vivían desesperadas.
Vista por la República Mexicana tanta novedad, procuró sa- ber por razones evidentes, si estas gentes eran los dioses de lo alto ó hombres humanos, y ansí por mando y acuerdo de Motheuzoma despacharon gentes muy secretamente á Gempoalla para que le trajesen verdadera relación de lo que había, no embargante que por sus hechiceros, encantadores y adivinos sabían que era gente nueva y no dioses, sino hombres, aunque sus hechizos y encantamientos no los podía comprender, por cuya causa no se determinaban á decir que fuesen hombres, pues las fuerzas de sus encantamientos se perdían contra estas gentes; y al fin llegados los mensajeros y espías de Motecuhzo- ma, supieron muy de raíz cómo eran hombres, porque comían, dormían y bebían y apetecían cosas de hombres. Llevaron una espada, una ballesta y otra nueva más extraña, y era que traían consigo una mujer que era hermosa como diosa, porque habla- ba la lengua mexicana y la de los dioses, 1 que por ella se enten- 1 Marina no hablaba el castellano. Cortés hablaba en esta lengna con Agui.
lar, Aguilar en maya con Marina y Marina en mexicano eon los indios de, Tlaxcalla y el Anahuac.
día lo que querían y que se llamaba Malitzin, porque como fué bautizada la llamaron Marina; y finalmente sobre este argumen- to de si eran dioses ú hombres no se sabían determinar, porque si fuesen dioses, decían ellos, no derribaran nuestros oráculos, ni maltrataran á nuestros dioses, porque fueran sus hermanos, y pues que los maltratan y derriban no deben de ser dioses, sino gentes bestiales y bárbaras, é pues que ansí ofenden á nues- tros ídolos ellos les darán el pago. Estas y otras razones y co- sas trataban como hombres sin sentido, y por otra parte enten- dían que eran dioses, porque venían en animales muy extraños y jamás vistos ni oídos en el mundo: y como veían á las gentes y las comunicaban por intercesión de Marina, llamaban á los ca- ballos venados, que en la lengua mexicana se llaman Mazatle y todo género de bestias llaman venado; también llamaban al caballo Tlacoxolotl 1 por llamarse ansí la Danta, que las hay en esta parte.
Llegados á México con el retorno las espías que habían man- dado, refiriendo lo que habían visto, y dado noticia de todo, conocieron por sus conjeturas que al fin eran hombres pues enfermaban, usaban del comer y beber y dormir, y hacían otras cosas de hombres; pero admirábanse mucho de que no trajesen mujeres sino aquella Marina, 2 que aquello no podía ser sino que fuese por arte y ordenación de los dioses ¿que cómo sabía su 1 Tlacaxolotl, manuscrito de Panes. Ni la una ni la otra voz se encuentran en el vocabulario de Molina para denotar al caballo, y tanto él como los otros vocabularios conservan la propia voz castellana, formando con ella voces hí- bridas; tales como caballo mecatl, caballo paii, etc., para expresar las ideas de cabestro y albéitar, En la traducción francesa se lee Tlacaxolotl, y ésta parece la más propia, conforme á las reglas del arte; compuesta de tlacatl que genéricamente significa persona y Xolotl que entre varias acepciones tiene tam- bién la vaga y quimérica de cosa monstruosa, muy congruente con la primera impresión que en los mexicanos produjo la vista de los hombres montados, pues juzgaron dice Torquemada, que caballo y caballero "eran todo una misma co- sa 6 una pieza." Así fué también como la antigüedad creó los centauros.—R.
2 No es cierto que viniera solamente Marina con Cortés. El cacique de Tabzcoob (Tabasco) le había regalado veinte mujeres, y además venían tam- bién las siguientes españolas: Beatriz Hernández, María de Vera, Elvira Her- lenguaje? y que era imposible saberlo; * y qué la ballesta y espa- da* preguntábanse ¿que cómo era posible que fuerzas humanas las pudiesen ejercitar? *Y ansí puestos* en tan extraña con- fusión, aguardaron á saber cuál fuese su designio, y vista la poca * copia de * gente que era, Motheuzoma no hizo caso ni ima- ginó su perdición, antes entendiendo que si fuesen dioses los aplacaría con sacrificios y oraciones y otros sufragios, é que si fuesen hombres era muy poco su poder. Finalmente, no se le dió nada de ello, sino que consintió en que entrasen y que si eran dioses ó sus mensajeros, él se avendría con ellos, é que si fuesen hombres muy en breve tiempo serían reconocidos y les mandaría que se fuesen de sus tierras. Sobre lo cual ovo gran- des juntas, acuerdos varios y diversos pareceres. Al fin resultó que entrasen; y hasta ver qué gentes fuesen, mandó Moctheuzoma se estuviesen en Cempohuallay que no los dejasen pasar de allí; mas como Cortés tuviese noticia de este gran Príncipe y de sus grandezas y poder, decía y publicaba que le venía á bus- car, que le quería ver y visitar y tenelle por Señor y amigo. Con estas nuevas mandó Moctheuzoma á sus gentes dijesen á los dioses que si no era para más de velle y visitalle, que se daba por visitado de ellos, que mirasen lo que querían, que él se los mandaría dar y que se volviesen, porque con su venida habían puesto terrible espanto á toda la tierra: y en estos dares y toma- res anduvieron algunos días, 1 hasta enristrar su negocio.
nández, otra Beatriz Hernández hija de la anterior, Isabel Eodrigo, Catarina Márquez, Beatriz Ordaz y Francisca Ordaz.
1 horas, manuscrito de Panes.—B.
Cortés emprende su marcha á Tlaxcalla.—Noticias históricas de Marina, vul- garmente conocida con el nombre de "La Malinche,"—Jerónimo de Agui- lar.—Su pretendido matrimonio con Marina.—Ambos intérpretes de Cor- tés.
Dejando Cortés gran recado de su gente en Cempohuallan, determinó de caminar y venir en demanda de la provincia de Tlaxcalla, porque como por providencia divina * Dios * tenía ordenado que estas gentes se convirtiesen á nuestra Santa Fe Católica, que viniesen al verdadero conocimiento de él por ins- trumento y medio de Marina, será razón hagamos relación de este principio * de Marina * que por los naturales fué llamada Malintzin y tenida por diosa en grado superlativo, que ansí se debe entender que todas las cosas que acaban en diminutivo 1 1 Kefiérese el autor á la terminación tzin del nombre mexicano de Marina, que agregada á cualquiera palabra denota respeto ó estimación hacia la perso- na ó cosa á que se refiere. Y ya que se ha mencionado á esta mujer famosa, que tuvo una influencia tan decisiva en la buena suerte de la conquista, no es- tará por demás rectificar un error vulgar y tan generalmente propagado, que cayó en él uno de nuestros más distinguidos escritores. Asienta el Sr. Alamán (Disertación 2* página 59 en la nota) que el nombre Malintzin es una corrup- ción del de Marina, procediendo de que "no teniendo la lengua mexicana la " letra r se sustituyó en su lugar la l y de aquí el nombre de Marina se transu formó en Malina, al que agregada la terminación tzin que era el diminutivo "de cariño en la misma lengua, resultó Malintzin (Marinita); " agrega que "como los españoles corrompían esta terminación pronunciando en su lugar " che de aquí salió el nombre Malinche.'" Esta explicación etimológica supone, cuando menos, que no es conocido oí nombre propio mexicano de Marina, y que es por vía reverencial, y entre los naturales tomado por grado superlativo, como si dijéramos agora mi muy gran Señor Huel- nohueytlatocatzin, y ansí llamaban á Marina de esta manera comunmente Malintzin. En lo que toca al origen de Malintzin, hay más grandes variedades sobre su nacimiento y de qué tierra era, de lo cual no tratarémos sino de algunos pasos y acaecimien- tos mediante ella, porque los que han escrito de las conquistas de esta tierra habrán tratado largamente de ello, especialmen- te Bernal Díaz del Castillo, autor muy antiguo que hablará * como testigo de vista* copiosamente de esto, pues se halló en todo como uno de los primeros conquistadores de este Nuevo Mun- do, al cual me remito.
Notoria cosa es y muy sabida, cómo Malintzin fué una india de mucho ser y valor, y buen entendimiento y natural mexica- el conservado como tal, es una corrupción de otro castellano. La cosa ha pasa- do de una manera enteramente diversa. Marina tenía un nombre propio me- xicano, probablemente el mismo que tuvo una de las mujeres de Maxtla, rey- de los Tepanecas llamada Malin \Torquemada, Monarquía Indiana, libro 2?
capítulo 29], del cual con la terminación reverencial tzin, se formó Malintzin. He leído en alguna memoria histórica, no recuerdo cuál, que se llamaba Ma- linalli, de cuya palabra resultaría Malinaltzin. Lo cierto es, que el nombre de Marina y quizá más propiamente María se le impuso en el bautismo: así lo dice paladinamente Bernal Díaz del Castillo, testigo de vista é irrecusable, re- pitiéndolo por dos veces en el capítulo 36 de su Historia, donde dando razón de los presentes que hizo á Cortés el Cacique de Tabasco, menciona el de vein- te mujeres "y entre ellas una muy excelente mujer que se dijo Doña Marina, y que así se llamó después de vuelta cristiana." Poco adelante agrega " é luego se bautizaron y se puso por nombre Doña Marina á aquella india y señora, etc.
Parece pues indudable que el mexicano Malintzin no es corrupción del caste- llano María y que más bien podría conjeturarse lo contrario. Así también podemos creer que los españoles y mexicanos continuarían llamándola según su propia lengua, y que en Marina se ha de haber verificado lo que en todos los indios bautizados, esto es, que tenían como nombre propio el del Santo que se les imponía en el bautismo, convirtiéndose el suyo antiguo gentílico en una es- pecie de apelativo. De ello tenemos innumerables ejemplos en las matrículas de tributos del Siglo XVI, donde sobreabundaban los nombres de Pedro Oco- lotl, Juan Tochtli, Antonio Cuauhtli, etc., y el de la heroína que nos ocúpalo tenemos en Torquemada (Monarquía Indiana, libro 4? capítulo 27) que la llama Marina Malinche.—K.
na, la cual fué hurtada de entre sus padres, siendo de buena gracia y parecer, y entregada á unos mercaderes que trataban en toda la costa del Norte, la cual fué llevada de lance en lance hasta Tabasco y Potonchan y Acosamilco: otros quieren decir que fué hija de un mercader é que la llevó consigo por aquellas tierras, lo cual no satisface á un buen entendimiento, sino que siendo hermosa fué llevada por 1 ser mujer de algún Cacique de aquella costa, y que fué presentada por algunos mercaderes para tener entrada con los Caciques de Acosamilco y seguridad;
y ansí fué que en efecto, la tenía un Cacique de aquella tierra cuando la halló Cortés. Como quiera que sea ello pasó ansí:
otros quieren decir que Marina fué natural de la provincia de Xalisco, de un lugar llamado Huilotla; que fué hija de ricos pa- dres, y muy notables y parientes del Señor de aquella tierra.
Contradícese el ser * de aquella tierra* de Xalisco, porque aque- lla Nación es de Chichimecas y la Marina era de la lengua me- xicana, muy discreta y avisada *y entre los naturales tenida por muy avisada* y por cortesana: aunque * había lengua me- xicana* y se hablaba en aquella tierra, era tosca y grosera.
Dicen ansimismo que Marina fué presentada antes en Potonchan con otras veinte mujeres que allí se dieron á Cortés: que la tra- jeron á vender á unos mercaderes mexicanos á Xicalanco, pro- vincia que cae encima de Cohuatzacoalco apartada de Tabasco, Ella fué natural mexicana porque sabía la lengua muy despier- tamente, por do se arguye que cuando pasó á aquellas tierras, era ya mujer capaz de dar razón del Rey Moctheuzoma, y de los enemigos y contrarios que tenía de su gran Imperio * y Mo- narquía, y grandes* riquezas y tesoros. 2 Estando en este cautiverio, acaeció que por aquellas tierras había arribado á la costa un navio de los que habían venido á 1 para, manuscrito de Panes.—K.
2 Llamábase Malinalli Tepenal, y con el subfij o reverencial Malintzin. Era huérfana del cacique de Oluta, pueblo del Itsmo de Tehuantepec; y había sido vendida en Potonchan por unos mercaderes de Xicalanco: así es que hablaba las lenguas maya y náhuatl. Cortés la dio de pronto á Portocarrero.
descubrir tierras, que en otros tiempos llamaban de Yucatán, por mandado de Diego Velázquez, Gobernador de la Isla de Cu- ba, y de estas naves quedaron cautivos, ó de las de Francisco Hernández de Córdoba, entre los indios, algunos de sus solda- dos, de los cuales fué uno que se llamó García del Pilar 1 y otro Jerónimo de Aguilar, españoles, á los cuales conoció después.
Habiendo pues quedado cautivo Aguilar 2 en aquella tierra, pro- curó de servir y agradar en gran manera á su amo * ansí en pes- querías como en otros servicios que los sabía bien hacer, que * vino á ganar tanto la voluntad, que le dió por mujer á Malin- tzin, y como fuese Aguilar tan hábil, tomó la lengua de aquella tierra tan bien y en tan breve tiempo, que los propios indios se admiraban al ver como la hablaba; y fué en tanta manera con- vertido en indio, que se horadó las orejas y narices, y se labró y rayó la cara y carnes como los propios indios: compelido de la pura necesidad se puso á todo, aunque siempre y á la con- tinua observó su cristiandad y fué cristiano, y guardó el cono- cimiento y observancia de la ley de Dios; y Malintzin, compelida de la misma necesidad, tomó la lengua de aquella tierra, tan bien y tan enteramente, que marido y mujer se entendían y la hablaban como la suya propia, y por este artificio el Jerónimo de Aguilar supo y entendió grandes secretos de toda esta tierra y del Señorío del gran Moctheuzoma: y ansí como Cortés llegó con su armada á esta costa, por voluntad divina fué hallado este Jerónimo de Aguilar, el cual salió con gran muchedumbre de canoas al armada de los cristianos, con acuerdo y mando de su amo y de los otros Caciques de aquella tierra, con una cruz de 1 Se equivoca el cronista. García del Pilar, famoso por su rapacidad y ve- nalidad, vino mucho tiempo después con el ejército de Narvaez. Véase la nota siguiente.—K.
2 El cronista se equivoca manifiestamente, atribuyendo á Aguilar las aven- turas que pasa á relatar. Ellas pertenecen á González Guerrero, según puede verse en Bernal Díaz que las compendia en el capítulo 29 de su Historia. Gue- rrero y no Pilar fué el compañero de cautividad de Aguilar. Este, dice el mismo Bernal Díaz, "tenía órdenes de Evangelio." Me parece absolutamente in- verosímil lo que aquí se cuenta del matrimonio de Marina.—K.
caña y una banderilla alta, dando grandes voces y diciendo al de la Capitana Cruz! Cruz! Cristo!
Cristianos! Sevilla, Sevilla!! á las cuales voces puso grande ad- miración á los de la armada; mas llegados al fin de este nego- cio se llegaron á las Naos, tomando ante todas cosas la fe de Cortés 1 que no enojaría á los de aquella tierra, antes los trata- ría como amigos, porque lo principal que aquellas gentes trata- ron con Aguilar, fué que á sus hermanos no los enojasen, lo cual se hizo ansí y se cumplió. 2 Tornando á nuestro fin y principal intento, llamada Malin- tzin para ser instrumento de tanto bien, Hernando Cortés la re- cibió y trató como á cosa que tanto le importaba, la sirvió y rega- ló tanto cuanto humanamente se le pudo hacer; y para que fuese bien tratada, la dió en guarda á Juan Pérez de Arteaga 3 soldado muy noble de la Compañía, que después fué llamado Juan Pé- rez Malintzin, á diferencia de otros de este nombre de Juan Pérez:
y como la Malintzin no sabía más lengua que la mexicana y la de Vilotla y Cosamel, 4 hablaba con Agnilar, y el Aguilar la decla- raba en la lengua castellana; de suerte que para interpretar la mexicana, se había de interpretar por la lengua de Vilotla y Co- sumet con Aguilar y Aguilar la había de convertir en la nuestra, hasta que la Malintzin vino hablar la nuestra.
1 Esto es, la promesa.—K.
2 Este relato es inexacto. Cuando Cortés volvió á Cozumel para reparar la nave de Escalante, y cuando el 13 de Marzo se disponía á partir la flota, llego en una canoa, escapado de su cautiverio, el diácono Jerónimo Aguilar que ha- bía vivido entre los mayas, desnudo y armado de arco y flechas. Había apren- dido la lengua del país, y así le sirvió á Cortés de intérprete en aquella región.
Como Marina fué regalada en Tabasco hacia el 17 de Abril, se ve claramen- te que no era esposa de Aguilar. Algunos suponen que después casó con él;
pero á esto se ha contestado con razón, que siendo diácono Aguilar, no podía casarse. Sí es cierto que éste tuvo hijos, los cuales están mencionados en el ma- nuscrito de Dorantes.
3 Bernal Díaz dice que la dió, y no en guarda, á Alonso Hernández Puer- tocarrero.—E.
4 Huilotla: creo que es Oluta. Cozumel, isla de las golondrinas. Amtes el autor usa también de los nombres Xalisco y Acosamilco, que son Xalixco y Acuzamil. En estas lenguas no se usaba la letra s.
Cortés en Cempohuallan.—Escribe á la Kepública de Tlaxcalla ofreciéndole su protección y ayuda contra Motecuhzoma.—Mensajeros y presentes que le envía.—Eespuesta del Senado aceptándolas.—Antigua tradición relati- va á los hombres blancos y barbados.—Prodigios que anuncian grandes calamidades.—Entrada de los españoles en Tlaxcalla y su solemne recibí- miento.
Habiendo pues tomado * Cortés * la razón de toda la tierra y de la grandeza y majestad de Moctheuzoma y de sus contrarios en Cempohuallan, escribió una carta á la provincia de Tlaxca- lla á los cuatro Señores de ella, diciéndoles cómo él había lle- gado á esta tierra con deseo de vellos y conocellos y aiudalles en todos sus trabajos y necesidades; que bien sabía estaban apretados y opresos de las grandes tiranías de los Culhuas me- xicanos, y que él venía en nombre de un gran Señor que se llamaba el Emperador D. Carlos, y que traía consigo al verdadero Dios, porque los dioses que ellos adoraban eran falsos y hechos á mano y por mano de hombres mortales; y que el Dios *que él y sus compañeros adoraban * era el que había criado el cielo, y la tierra y todo lo que en él había; y que allí les enviaba un sombrero, una espada y una ballesta para que viesen la forta- leza de sus armas, las cuales traía para socorrer y favorecerlos como á hermanos contra aquel tirano y fiero carnicero de Moc- theuzoma, porque él sabía que los tenía muy enojados. Estas cosas y otras de gran presunción contenía la carta; pero como no sabían leer, no pudieron entender lo que contenía. Los men- sajeros que la traían dijeron de palabra estas razones relatadas, porque Malintzin se las dio bien á entender para que de pala- bra ansí las dijesen á los Señores y Caciques de Tlaxcalla: y como llegasen los mensajeros Cempohualtecas, dieron la espa- da, carta y ballesta y sombrero de seda de tafetán carmesí, que antiguamente se usaban unos chapeos 1 velludos de seda, y con estas cosas y otras que los mensajeros añadieron pusieron en extraña alteración á toda la República de Tlaxcalla. 2 Ayuntados los cuatro Señores de las * cuatro * cabeceras, y los más principales y demás Caciques, sobre lo que se deter- minaría en este caso, si por ventura matarían á los mensajeros de Cempohuallan, por ser como eran vasallos de Mexicanos, no viniesen de industria con asechanza de parte de los Culhuaques de México, ó si era prodigio ó abusión de alguna mala nueva;
y estando en esta consulta, salió resuelto de que no los matasen, sino que dijesen á aquellas gentes que eran tenidos por dioses, que fuesen bien venidos, que cuando les pareciese venir á su tierra serían bien recibidos: y en este ayuntamiento dijo el gran Xicotencatl á Maxixcatzin, á Citlalpopocatzin y á Hueyolotzin: 3 Ya sabéis, grandes y generosos Señores, si bien os acordáis, cómo tenemos de nuestra antigüedad cómo han de venir gentes de la parte de donde sale el sol, y que han de emparentar con nosotros, y que hemos de ser todos unos, y que han de ser blancos y barbudos, que han de traer celadas en las cabezas por 1 sombreros.—K.
2 No mandó Cortés la carta de Cempoallan. Una vez desembarcado, buscó hábilmente la alianza de los cempoaltecas y demás pueblos del Totonacapan, que se extendían desde la costa hasta cerca de las fronteras de Tlaxcalla, ofre- ciéndoles libertarlos de los tributos que pagaban á Moteczuma.
Conseguida tan importante alianza, marchó rumbo á Tlaxcalla con su ejér- cito: éste se componía de cuatrocientos peones, diez y seis caballos, seis piezas de artillería y mil trescientos totonacas.
Ya cerca de la frontera de Tlaxcalla envió Cortés su embajada á los cuatro señores tlaxcaltecas. (Véase la primera lámina del Lienzo de Tlaxcalla, que representa este suceso).
3 Tlehuexolotzin.
señal de gobierno, que han de ser zancudos, y que han detraer armas muy * fuertes y * más fuertes que nuestros arcos (por la ballesta que ansí la llamaban) que no las podemos enarcar, y con espadas de delicados filos; que nuestras armas (comparadas)
con éstas no son muy tenidas ni estimadas en nada; estos son y estos nos vienen á buscar, y no son otros. ¿En qué mejor tiempo que éste pueden venir, que llevamos de vencida la pro- vincia de Huexotzinco, que los tenemos arrinconados en las haldas de la Sierra Nevada, y desde allí están pidiendo socorro á Moctheuzoma? No curemos de más venganza. Estos dioses ú hombres, veamos lo que pretenden y quieren, porque las pala- bras con que nos saludan son de mucha amistad, y bien deben de saber nuestros trabajos y continuas guerras, pues nos lo en- vían á decir. Con esto los mensajeros se volvieron á Cortés, y en el inter los sacrificios de sus dioses infernales, ritos y supers- ticiones, no cesaban con más fervor y cuidado.
Ya en este tiempo los dioses mudos se caían de sus lugares:
temblores de tierra y cometas del cielo que corrían de una parte á otra por los aires: los grandes lloros y llantos de niños y mujeres, de gran temor y espanto, de que el mundo perecía y se acababa, quejno hay lengua ni pluma que lo pueda ponderar y encarecer: y como Cortés no hacía sino marchar, llegó á los confines y términos de esta provincia con su gente buena y ca- tólica compañía, donde fué recibido con algazara, escaramuzas y gran aspereza de guerra, donde mataron un español y dos ca- ballos como atrás dejamos declarado, por los indios Otomís de Texohuatzinco, 1 guardaraya y fronteros que guardaban aquella frontera; 2 mas sabido por los Tlaxcaltecas, les fueron mandados 1 Tecoatzinco.
2 El autor pasa en silencio los rudos combates que precedieron, y la animo- sa resistencia que los Tlaxcaltecas opusieron á la invasión española, borrando así la página más honrosa de su historia. Ese silencio se comprende y disculpa recordando que Oamargo era hijo de un español y escribía bajo la dominación española, con el designio, ciertamente, de mantener á su patria en la posesión de los singulares privilegios que le habían otorgado los Keyes de España por su fidelidad según entonces se entendía. La significación délas palabras varía y enviados los mensajeros, que fueron Coztomatl y Zohinpanecatl, para que nó los enojasen, é que los dejasen pasar por donde quisiesen; 1 y ansí fué que habiendo estado algunos días en este pueblo de Tecohuatzinco, se movieron de allí y se vinieron á Tlaxcalla, donde el gran Señor Xicotencatl recibió á Cortés de paz y á sus compañeros, cuyo recibimiento fué el más solemne y famoso que en el mundo se ha visto ni oído, porque en tierras tan remotas y extrañas y apartadas, nunca á Príncipe alguno se había hecho otro tal, porque salieron los cuatro Señores de las cuatro cabeceras de la Señoría y República de Tlaxcalla con la mayor pompa y majestad que pudieron, acompañados de otros muchos Tecuhtles, y Pyles y grandes Señores de aquella Repú- blica, más de cien mil hombres que no cabían en los campos y calles, y que parece cosa imposible. 2 también en los tiempos. Este grande é importante vacío que el cronista deja en su historia se puede llenar completamente con los capítulos 62 á 65 de la Historia verdadera de la conquista de Nueva España, escrita por Bernal Díaz del Castillo.—R.
1 Aun cuando el autor trata de ocultar los combates que los tlaxcaltecas tu- vieron con Cortés, no pudo menos aquí, que referirse al de Tecoac que fué el primero. Igual omisión de los combates, y por la misma razón, se hizo en el Lienzo de Tlaxcalla, en cuya lámina tercera se representa un recibimiento amistoso hecho á Cortés en Tecoac.
La verdad es, que al recibir la embajada, los señores de Tlaxcalla se dividie- ron: Maxixcatzin aceptaba desde luego la alianza con Cortés; el joven Xico- tencatl quería la guerra. Como no se diera ninguna resolución, Cortés avanzó, y tuvo lugar el combate de Tecoac. A éste se siguieron varias batallas con el ejército tlaxcalteca que mandaba Xicotencatl; y Cortés llegó á verse encerrado con el suyo y en grande apuro, en lo alto de un cerro en donde estableció su campamento. Su resistencia por varios días, y las continuas embajadas con pro- mesas de amistad, que enviaba á Tlaxcalla, produjeron al fin la paz y alianza con él.
2 Antes ha dicho el autor, que Tecoac era la frontera de Tlaxcalla, y en otro rumbo lo era Hueyotlipan. De manera que antiguamente no le pertenecía el actual distrito de Tlaxco, y los señoríos de Tizatlan y Quiahuiztlan solamente llegaban á los puntos citados. Podemos pues decir, que la Señoría de Tlaxca- lla tenía de extensión poco más de la mitad que el actual Estado. Si á esto agre- gamos que muchos de sus habitantes eran cazadores, y que los pueblos caza- dores ocupan una extensión muy grande relativamente á su número, no se El primer recibimiento se les hizo en Tzompanzingo, 1 lugar muy principal de Tlaxcalla, y allí fué recibido (Cortés) de los principales en aquel pueblo: de allí pasaron los nuestros á otro lugar muy grande que llamaban Atliquitlan, de aquí salieron otros Tecuhtlis y Pyles de muy gran valor y estima donde salió PiltecuhÜi acompañado de gran muchedumbre de gente, y de es- te lugar bajaron á Tizatlan que es el lugar de la cabecera de Xicotencatl: aquí en este lugar y casas de Xicotencatl, por ser muy viejo, no salió de su casa más que hasta un patio donde había unas gradas de poca bajada: aquí estuvieron todos los demás Señores de las cabeceras *que eran* Maxixcatzin, Citlalpopoca- tzin, Tlehuexolotzin y demás Señores al respecto, para hacer tan solemnísimo recibimiento.
Llegados los nuestros y puestos en ordenanza á donde de- bían ser recibidos, llegó Xicotencatl á abrazar á Hernando Cor- tés y hacelle la salva como en efecto lo hizo; mas Cortés como hombre sagáz y astuto y no en ningún caso descuidado, ansi- puede comprender que salieran más de cien mil hombres á recibir á Cortés. Po- demos utilizar otro dato, para esclarecer este punto. En la organización de nuestros antiguos pueblos, todos los hombres útiles eran guerreros. Debemos creer que los tlaxcaltecas dieron á Cortés la mayor parte de su ejército para marchar sobre México, y sabemos que lo acompañaron seis mil hombres: de aquí podemos deducir lógicamente, que todo el ejército tlaxcalteca no pasaba de ocho mil. Sí ahora consideramos, que las mujeres, ancianos y niños fueran ocho 6 diez veces mayores en número que los hombres útiles para la guerra, nos resultará para toda la Señoría de Tlaxcalla, una población de sesenta á ochenta mil habitantes.
Esto nos dará también la explicación de por qué no pudieron destruir á Cor:
tés, en los diversos encuentros que con él tuvieron. Hemos visto que no em- bestían con todo su ejército, sino que lo presentaban por fracciones: así es que en cada combate atacaban dos ó tres mil hombres; y no era difícil á Cortés rechazarlos con los mil trescientos totonacas que tenía, con sus cuatrocientos peones armados de acero, y sobre todo con sus caballos y con sus cañones, que aunque pocos, hacían gran destrucción y ponían mayor espanto aún en sus contrarios.
1 Tzompantzinco fué por el contrario, el lugar en que Cortés sostuvo los di- versos combates que le libraron los tlaxcaltecas; si bien allí fué donde concertó la paz con ellos.
mismo le abrazó, mas siempre con gran recato le asió de la mu- ñeca del brazo derecho, 1 y no se consintió apretar el cuerpo; y de esta forma y término lo hizo con Maxixcatzin, Citlalpopoca- tzin y Tlehuexolotzin. Hecha esta ceremonia tan famosa, se fue- ron Xicotencatl, Cortés y Malintzin mano á mano hasta donde habían de ser alojados y aposentados, tratando de su venida y de cómo los venía á visitar y ayudar en lo que se les ofreciese, y á castigar á Mociheuzoma, su capital enemigo, y toda la demás gente de Culhua, que en aquella sazón prevalecía y predomina- ba en toda la máquina de este nuevo orbe, donde era tan te- mido, y adorado y reverenciado como si fuese su dios, teniendo señorío, poder y mando en este tan remoto y apartado Imperio, sobre todas las naciones de estas tan extrañas partes.
1 Así se representa este suceso en la lámina quinta del Lienzo de Tlaxcalla;
pero allí el recibimiento es en esta ciudad, y sólo se ve á tres de los señores, porque sin duda Xicotencatl, por viejo y ciego, no pudo asistir.
En el Lienzo el itinerario de Cortés es el siguiente: penetró en territorio de Tlaxcalla, por Iliyocan; de allí pasóá Tecoac, de allí á Atlihuetzyan; y en fin, á Tlaxcalla.
Alojamiento.—Obsequios singulares á los caballos.—Suponíanlos fieras carní- voras.—Los Caciques ofrecen á Cortés sus hijas.—Presente de trescientas mujeres.—Nombre que impusieron á Cortés y á Alvarado.—Conferencia con los Caciques.—Dudas que los afligen sobre la procedencia, designios y naturaleza humana ó divina de sus huéspedes. — Respuesta lisonjera de Cortés.—Exige la destrucción de los ídolos.—Eesístenla los Caciques.
Persiste Cortés, amagando con retirarles su protección. — Ceden. — Cons- ternación general. — El pueblo oculta sus ídolos. — Bautizan á los cuatro Caciques y otros Señores.—Destrucción de los ídolos.—Fiestas y regocijos públicos.—Manera de administrar el bautismo en aquella época.
Aposentados, como tenemos referido, los nuestros en los Pa- lacios de Xicotencatl, con mucho cuidado fueron del regalados y servidos, donde presentaron á Cortés muchas joyas de oro y pedrería de gran precio y valor, y muchedumbre de ropa de al- godón muy ricamente labrada de labor tejido, y otras ropas * de plumas * de estima, y gran suma de bastimentos de aves, gallinas y codornices, liebres, conejos, venados y otros géneros de caza, que son y eran de las carnes que usaban comer los Señores de esta tierra, sin el maíz y frijol y otras legumbres de la tierra. Finalmente se les dio todo lo necesario para el sustento de los nuestros. 1 Luego á los principios, en el lugar y pueblo de Tecohuatzinco en la provincia de Tlaxcalla, entendie- ron los naturales que el caballo y el que iba encima era todo una cosa, como los centauros ú otra causa monstruosa; y ansí ciaban ración á los caballos, como si fuesen hombres, de galli- 1 Este pasaje está representado en la lámina sexta del Lienzo de Tlaxcalla.
ñas y cosas de carne y pan; el cual engaño duró muy poco, porque luego entendieron que eran animales irracionales que se sustentaban de yerbas y en el campo, aunque también estu- vieron mucho tiempo en opinión de ser animales fieras que se comían á las gentes, y que por esta causa decían que los hom- bres blancos les echaban frenos en las bocas atrailladas contra ellos. Cuando acaso algún caballo traía ensangrentada la boca, decían que se había comido algún hombre; por manera que sos- pechaban que eran de tanto entendimiento, que los mandaban los dioses para lo que habían de hacer, sin entender el secreto del gobierno del freno y espuelas; y ansí cuando relinchaba un caballo decían que pedía de comer y que se lo diesen luego no se enojase: de esta manera procuraban de tener contentos á los caballos, en darles de comer y de beber muy cumplida- mente.
De estas novedades y casos no vistos, venían gentes foraste- ras y extrañas secretamente á saber lo que pasaba, y qué gen- tes eran éstas que habían venido, de dónde y de qué parte y qué cosas las que traían. Los de Tlaxcalla les decían muchas más cosas de las que pasaban, para ponelles temor y espanto y que publicasen todas estas cosas en toda la tierra, como en efecto se puso, y se decía afirmativamente que los nuestros eran dioses, ó que no había poder humano que pudiese pugnar con- tra ellos, ni quien los pudiese ofender en el mundo ni enója- nos.
Estando pues los nuestros en este buen alojamiento, presen- taron á Cortés más de trescientas mujeres hermosas 1 * de muy buen parecer muy * bien ataviadas, las cuales le daban para su servicio porque eran esclavas que estaban dedicadas para el sa- crificio de sus ídolos, y estaban presas y condenadas á muerte por excesos y delitos que habían cometido contra sus leyes y fue- ros; y pareciendo á los Caciques que no había mejor en qué em- 1 Este pasaje está representado en la lámina séptima del Lienzo de Tlax- calla.
plearlas, las dieron en ofrenda y sacrificio á los nuestros, las cua- les iban llorando su gran desventura, á padecer crueles muertes * considerando el cruel sacrificio que habían de padecer *, y des- pués de muertas comérselas los dioses nuevamente venidos.
Algunos han querido afirmar en este particular, que estas mu- jeres eran hijas de Señores y principales, lo cual no pasó ansí, porque de su antigüedad tenían esclavos y esclavas habidas en despojos de guerras y de gentes extranjeras venidas y traídas de otras naciones, y esta esclavonía sucedía en los hijos é hijas de los esclavos * esclavas *, y pasaba muy adelante esta sucesión hasta los bisnietos. Finalmente, aquestas trecientas mujeres se dieron y ofrecieron al capitán Cortes para que le sirviesen á él y á sus compañeros; y al tiempo que se las presentaron no las quiso recibir, sino que se las tornaron á llevar, respondiéndoles que se lo agradecía mucho é que no las quería recibir porque en su religión cristiana no se permitía aquello, * porque si no fuesen cristianas bautizadas no se podía hacer*, y cuando esto oviese de ser, sería para tomarlas por su única mujer y compa- ñía por orden de la Santa Madre Iglesia; * que no las podían tener porque su ley lo vedaba * como adelante * mediante Nues- tro Señor* lo verían; mas con todo esto con grandes ruegos y persuasiones las recibió á título de que *se recibían para que* sirviesen á Malintzin, advirtiendo de que sienten;mucho los in- dios cuando no les reciben los presentes que dan aunque sea una flor, porque dicen que es sospecha de enemistad y de poco amor y poca confianza del dante y del que presenta la cosa, que ansí se usaba entre ellos. Cuando ansí tenían una mujer prin- cipal, la acompañaban muchas mujeres para que la sirviesen;
de manera que para el servicio de Marina se quedaron en ser- vicio del capitán * Cortés * las que como dicho es, hasta que adelante viendo que algunas se hallaban bien con los españoles,, los propios Caciques y principales daban sus hijas propias con el propósito de que si acaso algunas se empreñasen, quedase entre ellos generación de hombres tan valientes y temidos: y ansí fué que el buen Xicotencatl dió una hija suya hermosa * y de buen parecer* á D. Pedro de Alvarado por mujer, que se llamó Doña María Luisa Tecuelhuatzin, porque en su gentilidad no había más matrimonio que el que se contraía por voluntad de los padres, y ansí daban sus hijas á otros Señores, que aun- que se usaban muchas ceremonias de sus ritos gentílicos como atrás lo dejamos declarado, los Señores absolutamente tomaban las mujeres que querían, y se las daban como á hombres po- derosos; y por esta orden se dieron muchas hijas de Señores á los españoles, para que quedase de ellos casta y generación por si se fuesen de esta tierra.
Llamáronlos naturales á Hernando Cortés chalchiuh capitán, que quiere decir tanto como si dijéramos capitán de gran estima y valor, y este es el natural sentido que se le daba, porque el chachihuitl es de color de esmeralda, y las esmeraldas son te- nidas en mucho entre los naturales, son muy preciadas, y ansf compararon la persona de Cortés con estas piedras, llamándole chalchihuitl capitán, * comparando al buen español con los chal- chihuites y esmeraldas*, ó como si agora dijésemos esmeralda capitán ó muy preciado caballero, * llamándole ansí por excelen- cia chalchihuitl capitán *. Por lo consiguiente llamaron á D. Pe- dro de Alvarado el Sol, porque decían que era hijo del sol por ser rubio y colorado, de muy lindo rostro, donaire y disposición y buen parecer, y ansí entre los naturales no le daban otro re- nombre, porque después del capitán Hernando Cortés no ovo otro más querido ni amado de los naturales * que D. Pedro de Alvarado *, especialmente de los de Tlaxcalla: y como estuvie- ron los españoles en este buen acogimiento en las casas y pa- lacios del gran Xicotencatl, procuró Maxixcatzin, con grandes ruegos, que Cortés y toda su gente se pasasen á su barrio y ca- becera *y á sus casas, y que allí le serviría y regalaría, que es en el barrio y cabecera* de Ocotelulco: lo cual Cortés le agra- deció mucho y se pasó á su Señorío y cabecera él y sus compa- ñeros, ansí por dalle gusto y contentalle, como también porque ansí le convenía dar contento á todos y ganalles la voluntad, particularmente á Maxixcatzin. Tuvieron allí descanso algunos días con mucho regalo y regocijo, con buenos entretenimientos de fiestas á su usanza. 1 Al cabo de todo esto y pasadas sus fiestas, habiéndose con- gregado los cuatro Señores de las cuatro cabeceras y demás principales y Caciques, procuraron de tratar con Cortés con pa- labras * blandas, y le rogaron y suplicaron* con mucho encare- cimiento, diciendo de esta manera: " Pedírnoste por merced, va- leroso Capitán, único Señor de los hombres blancos y barbudos, que ya que os tenemos por hermanos y muy verdaderos ami- gos, que os declaréis con nosotros en decirnos y declararnos sin dobléz ninguno, sino sencillamente y con abierto pecho y claras entrañas ¿qué es lo que buscáis y lo que queréis? * ¿qué vues- tro disinio 2 y principal propósito *, y á qué habéis venido á nues- tras tierras? porque ya nosotros aquí estamos y aquí nos tenéis en paz á vuestra voluntad y limpia y segura amistad, con fe y palabra inviolable de que os tenemos por amigos con presupues- to de jamás quebrantarla nosotros, ni los nuestros, ni nuestros hijos: decidnos agora bajo de esto vuestra voluntad y de toda la realidad de la verdad, primeramente si sois hijos de Dios y si sois hombres mortales como nosotros ¿ó si tenéis alguna dei- dad, ó si sois dioses y de qué partes del mundo sois venidos?
y si es cierto que habéis bajado del cielo como se ha imaginado, desengañadnos de todo punto, porque queremos estar desen- gañados, seguros y satisfechos, porque sabido vuestro intento, 1 Según el autor, primero se había alojado Cortés en Tizatlan, en la casa de Xicotencatl, y después en Ocotelulco en la de Maxixcatzin; pero el mismo Cortés, en su segunda Carta Kelación, refiere que se fué á la ciudad de Tlax- calla, y que en ella residían los cuatro Señores. Hace á este propósito una re- lación exagerada de ella y del señorío, como antes la había hecho del número de los guerreros que lo atacaron, sin duda para impresionar á Carlos Y y ha- cer más meritorias sus hazañas. Se comprenderá su exageración, con saber que hace á la ciudad de Tlaxcalla superior á Granada, y que al señorío le da qui- nieníos mil habitantes y noventa leguas de extensión en torno. Hoy el Estado, que ocupa mayor espacio, apenas si tiene unas doscientas ochenta leguas cua- dradas y unos cien mil habitantes.
2 designio.—R.
aquí nos tenéis para todo lo que quisiereis hacer é intentar, y nos hallaréis muy prontos y aparejados para todo; é si habéis de pasar adelante, os daremos favor y todo lo necesario para el matalotaje; ó si traéis intención de vivir entre nosotros, mirad donde os parece buen sitio para hacer vuestro asiento y donde estaréis mejor acomodados, porque os daremos tierras y montes y aguas, y os ayudaremos á hacer vuestras casas para en que podáis vivir á vuestro contento; y cuando esto no sea de todo lo que os preguntamos, decidnos si nos traéis alguna embajada de los altos soberanos dioses á cuya deidad estamos sujetos: de- cidnos y declaradnos la verdad, que á cualquiera cosa que se nos dijese de parte de ellos, estamos muy prestos para lo cum- plir, ansí por guerras como *por sacrificios ú* cualquiera otro modo y manera que lo tengan ordenado, según fuese su volun- tad, que suyos somos y sus vasallos. Por tanto, valeroso Capi- tán, no nos tengáis ansí suspensos, declaradnos vuestra volun- tad, pues la nuestra bien la sabéis y la habéis conocido, que de ilustres y nobles caballeros es declararse con los amigos, y aun con los enemigos."
A las cuales razones que ovieron hablado Maxixcatzin y Xi- cotencatl, respondió Cortés mediante y por lengua de Malintzin y Aguilar, diciendo á los cuatro Señores de las cuatro cabece- ras: "Yo os agradezco mucho, generosos y amigos míos, vues- tra lealtad y amigable voluntad: bien parece vuestro principado ser de mucha * alteza * y estima y gran valor: pues ansí es, y queréis saber particularmente de mí y de mis compañeros quié- nes somos, y de dónde *y de qué parte* venimos, justa razón pedís y es muy bien que se os diga, y estéis desengañados de las dudas en que estáis y de las cosas que ignoráis. Habéis de sa- ber que mis compañeros y yo somos venidos de muy lejanas partes y de tierras muy remotas y apartadas de éstas; nos lla- mamos cristianos, porque lo somos por ser hijos del verdadero Dios, de aquel que crió el cielo y la tierra y todas las demás co- sas que en el mundo hay y se ven; y somos venidos de parte del Emperador D. Carlos de Austria, que es muy gran Señor, el cual nos ha enviado á visitaros, porque sabe y entiende la necesidad en que estáis, ansí de fuerzas temporales como de fe, y para que también os demos noticia, dándoos á entender cómo no hay más de un solo Dios verdadero, porque todos los demás que tenéis y adoráis por dioses son dioses falsos y de mentira, llenos de vanidad, obrados y hechos por mano de otros hombres bestiales y torpes, porque al fin son dioses mudos é insensibles que no se mueven, y ansí su ser es compuesto de ninguna fuerza, ni valor, ni de ningún efecto, para lo cual soy venido á desengañaros del engaño en que vivís y habéis estado, y á traeros *y daros* otra ley mejor que la vuestra porque es la del verdadero Dios, limpia y clara sin ningún género de en- gaño ni duda, fuera de tanta barbarie de sacrificios crueles y abo- minables como son los que usáis en vuestros ritos; y ansimismo vengo á declarar y decir cómo después de esta vida hay otra que es eterna y sin fin, cuya claridad se os será mostrada y en- señada por los Ministros de Dios, para que estéis enterados de las cosas de nuestra Santa Fe Católica, que para ello el gran Señor de cuya parte soy venido os enviará muy en breve tiem- po; y ansí os ruego y amonesto que tengáis por bien, sin reci- bir pesadumbre alguna, pues tanta amistad me tenéis, que quie- ro derribar estos vuestros ídolos, aquestos que tenéis y adoráis por dioses, que os tienen ciegos y engañados, que esta ha sido mi principal venida, y después de esto vengo á ayudaros y á dar muy cruda guerra á Moctheuzoma vuestro capital enemigo, y vengar vuestras injurias, en cuya venganza y castigo veréis que mi amistad es firme y muy verdadera, para que después ven- gados de vuestros crueles enemigos y crueles adversarios, vivir con descanso entre vosotros, sin jamás desampararos: quería sacar de esto, generosos Señores, que os persuadiésedes á que- rer seguir ante todas cosas mi sacra religión, mi santísima ley y fe verdadera que es la del verdadero Dios Jesucristo nuestro Señor Unigénito Hijo de Dios y Salvador del mundo, y que os bautizáredes con el agua del Espíritu Santo, para que quedaseis lavados y limpios de todas vuestras culpas, mancillas y pecados, y con esto tendré por cierto que me queréis bien, y con este vínculo de amor quedará confirmada nuestra amistad para siempre jamás, y llamaros cristianos como yo me llamo, y se llaman y apellidan todos mis compañeros, que es el más alto blasón, renombre y apellido que podemos tener, porque es de- rivado y tomado del Santísimo Nombre del Hijo de Dios ver- dadero Jesucristo Nuestro Señor y Redentor del género huma- no; y que con esto cesen los crueles y horrendos sacrificios y endemoniados ritos que tenéis, y que con esto diésedes de mano al demonio que os tiene ciegos y engañados, dando al través con todas estas cosas que el enemigo del género humano con sus malicias y astucias os ha incitado, que no viésedes 1 más en el engaño en que vosotros y vuestros antepasados vivían y has- ta agora habéis vivido. Olvidad y desarraigad de vuestros cora- zones tan gran engaño y torpeza y error, destruyendo totalmen- te el nombre que tenéis de idólatras, sacrificadores y comedores de carne humana y de vuestras propias carnes y sangre; cuyos nefandos y aborrecibles pecados é infernales hechos son repro- bados entre hombres de razón y de ley de naturaleza, porque un crimen tan atroz y uso tan cruelísimo y abominable entre todas las generaciones del mundo, pésimo, detestable y de tan horrenda abominación, jamás se ha visto, ni oído, ni hallado en todas las naciones del Universo, pues que fieros animales abo- rrecen comerse unos á otros, siendo gobernados tan solamente por instinto natural, como más largamente os podría decir, y traer otros muchos más ejemplos con urgentísimas razones, las cuales omito hacer por dar fin á mi respuesta. Por tanto, Se- ñores y amigos míos generosos, pues me habéis pedido razón de mi venida y os he querido satisfacer, ya os la he dado muy por extenso sin haberos ocultado cosa alguna, sino que clara y abiertamente os he descubierto mi pecho, y ansí lo podréis de- cir é informar á todas vuestras gentes, y á aquellos que quisie- sen seguir mi amistad y venirse de paz y tornarse cristianos y 1 Supongo que quiere decir viviésedes ó vivieseis.
ser del gremio de * nuestra Santa Madre * Iglesia de Roma, y re- cibir el verdadero bautismo, que serán libres del demonio, y se- remos todos unos, incorporados en un gremio. Y en lo que toca á decir que si somos dioses, ó si somos hombres humanos y mortales como vosotros; pero la ventaja que tenemos sóbrelos otros hombres, sólo es en ser cristianos, por servir como servimos á un solo Dios verdadero; y la diferencia que hay entre nosotros y vosotros es, que vosotros servís á las estatuas é ído- los semejanzas del demonio, y nosotros servimos á Dios que crió el cielo y la tierra como os lo tengo significado desde el principio de mi plática:" y con lo cual acabó el valeroso Capi- tán con semblante muy severo; y ansí quedaron y estuvieron los cuatro Señores de las cuatro cabeceras de la Señoría de Tlaxcalla absortos, admirados y suspensos de las cosas que el buen Capitán les había dicho y respondido.
Habiendo estado muy atentos á todo, é habiendo oído tan blandas y amorosas palabras, tan vivas y de tan grande efica- cia que les penetraba los corazones, infundiendo en ellos mila- grosamente la gracia el Espíritu Santo, y estando llenos de esta plenitud, respondieron muy tiernamente y lagrimosos á estas y tan profundas palabras, diciendo de esta manera: ¡Oh valeroso Capitán y más que hombre! verdaderamente no podemos creer sino que sois hijo de los dioses y el más valiente y esforzado príncipe de la tierra y gran Señor de los hombres blancos y barbudos, y el más temido varón que hasta hoy hemos visto los nacidos, ni oído en el mundo: ¿cómo deshaces y tienes en poco con tan gran atrevimiento la deidad de nuestros dioses y suma alteza de aquellos que desde el cielo gobiernan la tierra? ¿Por ventura habláisnos por engaño y cautela, para que ignoremos que sois vosotros los que habéis bajado del cielo para remedio de los hombres que vivimos en la tierra? Declaraos ya con nos- otros, y no queráis que con torpe engaño caigamos en otros ma- yores errores; porque si ansí es como decís, que no hay más de un solo Dios, y que todos los demás son compuestos y fa- bricados por manos de hombres, y que no hablan ni se mueven, y que son estatuas sin sentido, ansí es verdad, te lo concedemos y confesamos; mas estos bultos y estatuas á quien servimos y adoramos son imágenes, figuras y modelos de los dioses que en la tierra fueron hombres, y por sus hechos heroicos y famosos subieron allá, donde viven en eterno descanso como agora vos- otros que sois como dioses, que quedando acá sus estatuas en- tre nosotros se fueron á residir á sus lugares y moradas de gozo, donde viven con descanso, y desde allá nos envían á la tierra con sus divinas influencias, con su virtud y gran poder todo lo necesario, viendo que sus bultos y figuras son adoradas de las gentes; y ansí no sabemos Capitán cual sea la causa que traéis inclinado contra ellos, porque nos dices y amonestas que no hay más de un Dios, que este es criador del cielo y de la tierra, que es el verdadero, y que á éste servís y adoráis tú y tus com- pañeros, y á éste nos persuades que creamos, é que creyendo en él seremos todos unos, echándonos agua en las cabezas en nombre y virtud del mismo Dios, é que nos llamaremos cristia- nos, quedando con esto limpios y lavados de nuestras culpas y pecados, que seremos hijos suyos, y porque esto tenga efecto y sea válido, que ante todas cosas hemos de consentir que nos derribes y desbarates nuestros ídolos, que son semejanza de nuestros dioses á los cuales adoramos y reverenciamos de tan- tos siglos atrás nosotros y nuestros antepasados, que con tanta religión observaron y guardaron en el culto dellos, ¿cómo quie- res tú que con tanta facilidad los dejemos y consintamos que con tus violentas y sacrilegas manos te dejemos profanar los dioses que en tanto tenemos y estimamos? ¡Valeroso Capitán!
¿Para qué queréis mover agora negocio tan intratable, alteran- do los corazones de los nuestros en querer intentar un caso tan duro y tan dudoso como éste, quebrantando un fuero tan in- violable, que si con tan denodado atrevimiento y tan temerario lo hicieseis, los hombres que vivimos en la tierra y tan sujetos á la voluntad de los dioses, no lo habrían comenzado á poner por obra, cuando ellos todos se indignarían contra todo el mun- do, y lo destruirían y tornarían por su propia causa y deidad, cuando viesen que los hombres los menospreciábamos en la tie- rra, nos enviarían hambres, pestilencias y otros desastres, in- fortunios y calamidades, desechándonos y expeliéndonos como á hombres malditos y apartados de su amistad, y no nos ha- blarían más, ni nos responderían como nos responden; el sol y la luna y demás estrellas relumbrantes se enfadarían contra nosotros, y ya no nos mostrarían más su luz ni claridad. Mira pues, Señor y muy temido caballero de los dioses blancos y barbudos, lo que quieres emprender; mira que te queremos mucho, y te rogamos que no lo hagas, no te suceda algún tra- bajo, porque tenemos por experiencia que cuando ansí algunos de nosotros llegamos con insolencia á algunas de estas reli- quias indignamente, caen sobre nosotros grandes relámpagos, rayos y truenos del cielo, en castigo de tan grande osadía y atrevimiento: y dejando aparte este negocio que toca á los dio- ses, todas las demás cosas que nos has dicho, que es ir contra Cklhua á asolar y destruir por fuerza de armas con cruda y fuer- te guerra todo, nos parece poco ponello debajo *de tu Señorío, y * el mando no lo estimamos y tenemos en nada, en compa- ración de lo que nos has dicho, ni el tenerte por amigo, ni el reconocer por tal al gran Señor que te envía, que es el que nos dices que se llama Emperador monarca del mundo, aquel que de tan lejas partes nos envía á saludar y visitar: para corres- ponder á tan gran merced como ésta, nos obliga á que le sirvamos y agradezcamos, ayudándole con todo lo que se le ofre- ciese, teniéndolo siempre por verdadero Señor y amigo nuestro:
mira lo que ha menester de nosotros, dinos si quiere algo * de las cosas de * nuestra tierra, que por la amistad que le tenemos y á tí te hemos cobrado, lo haremos muy deveras y cumplida- mente, porque esta nuestra paz y amistad ha de ser para siem- pre eterna y perdurable * hasta la fin de los siglos futuros y ad- venideros *. Por tanto mira lo que quieres, que aquí estamos muy prontos para todas las ocasiones que se te ofrecieren á tí y tus valerosos compañeros, ansí en la paz como en la guerra, como se lo puedes decir al gran Señor que te ha enviado.
Este razonamiento propuso en nombre de todos * el poderoso y gran Señor* Maxixcatzin, que era muy discreto y el más mozo de los cuatro Caciques: álas cuales palabras * nuestro animoso é invencible español Cortés, respondió replicando con cristia- nismo y católico pecho y con la mayor osadía que hombres pu- dieran tener, diciendo ele esta manera constreñido del celo cris- tiano de que estaba armado *. Breve he visto leales amigos y muy estimados Señores, el amor y amistad que me tenéis sin género de doblez alguno, á lo cual no puedo dejar de acudir de hacer vuestra voluntad, especialmente siendo cosa que convie- ne á vuestro propio remedio, porque para destruir yo y asolar este mundo y todas cuantas naciones en él hay, no lo estima- ría yo en nada cuanto deseo vuestra salvación y que salgáis del error en que vivís, porque teniéndoos de mi parte y bando, to- do se me facilita y allana; pero es recio caso, amigos y Señores míos, que no seáis cristianos *y de la cristiana parcialidad*, porque siendo yo cristiano y hijo del verdadero Dios, cuya ley y doctrina guardo, viva entre gentes que saben y adoran dioses de falsedad y mentira; y en cuanto á esto que decís que han de destruir el mundo mostrando grande ira contra los hombres, que enviarán fuego del cielo, hambres y pestilencias y otras ca- lamidades como habéis referido, es negocio de poco momento é imaginación vana, lo cual tomo á mí cargo para avenirme con ellos, porque ni son dioses, ni son nada, ni tienen ningún po- der; finalmente, que como amigo fiel os ruego y aconsejo que no creáis en ellos, sino que los derribemos y volemos, despeda- sándolos y quebrantándolos de manera que no quede nombre ni memoria de ellos en el mundo, porque es muy gran lástima que Señores principales tan claros y generosos, sean sujetos á abominables figuras. Persuadios por tanto, amigos míos, á ser cristianos, y no seáis incrédulos, ni tan obstinados en vuestros errores. Mirad con los ojos del entendimiento lo que os he sig- nificado, porque es la pura verdad: dejad la pertinacia endureci- da de vuestros corazones, animaos á ser hijos de Dios que os infundirá su divina gracia, y os dará verdadera claridad y lum- bre para que mejor entendáis lo que con palabras no os puedo explicar.
Oído negocio tan duro y pesado para un tan arraigado uso y costumbre, quedaron por muy gran rato sin poder hablar ni responder cosa alguna; mas al cabo, habiendo bien considerado lo que con tanto espíritu el capitán Cortés les decía, le respon- dieron de común consentimiento, que pues ellos le habían da- do sus corazones y amistad, que éralo mejor de sus personas, ellos en este caso se rendían y no tenían que responder, sino que ejecutar su voluntad é hiciese lo que por bien tuviese, de- rribase los ídolos y los diese por ningunos; pero que si algo su- cediese, que no fuese á su cargo, é que fuese visto y entendido que ellos no querían enojar á los dioses, ni era tal su voluntad, ni menos los querían creer, sido al Dios verdadero de los cris- tianos * que era aquel que había criado los cielos y la tierra, y en aquel en quien creían, é que querían tornarse cristianos* y echarse agua en las cabezas como ellos tenían de costumbre ser bautizados, y guardar su ley y mandamientos, como ellos guardaban. Finalmente, seguir y guardar sus buenas y santas costumbres: y porque sus gentes no se alborotasen, que ellos les querían hablar dándoles á entender todas aquellas cosas de que habían sido informados, y que en el Ínterin se estuviesen quietos y sosegados é que apaciguasen en sus corazones.
Tomando pues la mano en esto los cuatro Señores, hicieron grandes juntas en sus pueblos, barrios y cabeceras, donde die- ron entera noticia de lo que el capitán quería y pretendía hacer en destruir y derribar sus dioses, é que no tan solamente venía á castigar á los injustos hombres, sino que también quería tomar venganza de los dioses inmortales, porque nos ha dicho que nos quiere dar otra nueva ley, limpia y loable, é que para esto tengamos por bien que recibamos otro Dios. * Este modo de hablar y decir, que les quería dar otro Dios *, es á saber, que cuando estas gentes tenían noticia de algún Dios de buenas propiedades y costumbres, le recibían, admitiéndole por tal, porque otras gentes advenedizas trajeron muchos ídolos que tuvieron por dioses, y á este fin y propósito decían que Cortés les traía otro Dios; y ansí decían de manera que en este hemos de adorar y servir, porque él lo servía y adoraba en muy dife- rente modo y manera que nosotros servimos á nuestros dioses, pues no le sacrifican corazones de hombres humanos, *ni me- nos con sangre viva como nosotros lo hacemos con nuestros dioses *, sino solamente con oraciones y bautismo de agua; y esto le habían prometido de seguir, y que ninguno se lo estor- base ni le fuese á la mano, sino que le dejemos hacer lo que él quisiere, pues viene á ayudarnos y favorecernos, por lo cual nonos conviene que le seamos contumaces, ni rebeldes, ni trai- dores; haga lo que quisiese y por bien tuviere, que lo tome á su cargo, que es negocio de entre ellos; dioses son los unos y los otros, allá ellos se entenderán, cada uno volverá por sí y por lo que le tocare; mas á nosotros nos conviene su amistad para que nuestras gentes vivan seguras.
Oído negocio tan duro por los de la República, volvieron los rostros al cielo en señal de gran dolor y sentimiento, y muy llo- rosos, que era vellos cosa de espanto y lástima, de tal manera que decían algunos á sus Señores, decid al capitán y respon- dedle, que ¿por qué nos quiere quitar los dioses que tenemos y que tantos tiempos ha que servimos nosotros y nuestros an- tepasados? Que sin quitallos ni mudallos de sus lugares sagra- dos pueden poner á su Dios entre los nuestros, á quien también serviremos, le adoraremos, haremos casas y templos aparte y de por sí, y será también el Dios nuestro y le guardaremos el decoro y respeto que su deidad y santidad merece, guardando sus leyes y mandamientos como lo hemos hecho con otros dio- ses que nos han traído de otras partes. A las cuales palabras * torpes y sin fundamento* respondieron sus Señores y Caci- ques, que ya no había remedio á cosa ninguna de las que pe- dían, sino que precisamente había de hacerse lo que el capitán quería é que no se tratase más de ello; y ansí fué que. luego ca- llaron y comenzaron á ocultar y esconder secretamente muchos ídolos y estatuas, como después adelante andando el tiempo se * HISTORIA DE TLAXCALA. 203 vió y ha visto, donde secretamente muchos de ellos los servían y adoraban como de antes, aconsejándoles el demonio que no desmayasen, ni los hombres advenedizos los engañasen, lo cual les decía en sueños y otras apariencias, mayormente cuando tomaban y bebían cosas provocativas á ver visiones, que para semejantes casos las tenían y tomaban, por cuya causa muchos de ellos estuvieron endurecidos, rebeldes y obstinados para su conversión; y ansí agora en nuestros tiempos, que fué el año de mil quinientos setenta y seis, muchos principales viejos pidieron agua del bautismo, porque de vergüenza y empacho no se ha- bían querido bautizar, los cuales habían quedado en aquellos que habían sido duros y pertinaces en dejar los ídolos; y como después vieron que toda la gente de la tierra venía á la conver- sión, quedáronse muy engañados, y después de pura vergüenza, como eran principales, no se atrevían á venir al santo bautismo;
que aunque eran casados en haz de la Santa Madre Iglesia, y tenían nombres de cristianos, y que confesaban y comulgaban cada un año, no osaban decir que no estaban bautizados, hasta este año 1576, habiendo sido Alcaldes y Regidores en esta Re- pública. Pasó esto que vimos por vista de ojos; mas fué Nues- tro Señor servido de que en los últimos días de su vida cono- cieran su error en que habían estado y vivido, y recibieron el Santo bautismo y acabaron católicamente dentro de pocos días este año.
Tornando á nuestro asunto y principal propósito, estas y otras muchas cosas torpes hacían y decían; y en resolución Maxix- catzin y Xicotencatl y los demás principales Caciques y Señores dijeron á Cortés que no reparase en cosa alguna, sino que eje- cutase su intento y que absolutamente hiciese lo que le pare- ciese y le estuviese bien, porque ellos estaban determinados de creer en un Dios y en Santa María su Santísima Madre, y guar- dar sus mandamientos sagrados y divinos preceptos, y que des- de luego daban por ninguna su ley de idolatría y engaño en que vivían y habían vivido, y que en esta ley nueva tan santísima querían vivir para siempre jamás, é que desde luego pedían el agua del bautismo é que * querían ser bautizados*, é que pa- ra que fuese notorio á todas sus gentes se pusiese luego por obra, que en ello no oviese dilación, pues que el tiempo no daba lu- gar á ello.
Visto por Cortés cuan bien se acudía á lo que él tanto desea- ba, no podía estar de gozo, dando inmensas gracias á Nuestro Señor por tan grandes y señalados beneficios y mercedes como le hacía, porque este fué el principal fundamento de su venida y el camino y principio de todo su bien, como lo fué, en esta vida *y para conseguir y alcanzar la gloria y
dejar en esta vida eterna inmortal fama*; y con extenso, solemne y celebrado re- gocijo fueron luego bautizados los cuatro Señores de las cuatro cabeceras por mano de Juan Díaz, presbítero que venía por Ca- pellán de la armada. 1 Hecha esta general y pública conversión á honra y gloria de Nuestro Señor y de su benditísima Madre * la siempre Virgen María y Señora Nuestra*, se comenzaron á bautizar luego los otros muchos Señores y Caciques de esta República, tras lo cual se comenzaron á derribar por los suelos los ídolos y estatuas de los falsos dioses, y á presencia de todos á profanallos y tenellos en poco, como se hizo hasta que totalmente cada día se iban y fueron asolando y se ha venido á per- der el nombre de ellos, y la pésima idolatría tuvo fin, que tan- tos siglos de años había que duraba en estas gentes. Fueron padrinos de los cuatro Señores, D. Fernando Cortés, Pedro Al- 1 Se disputa cuándo tuvieron lugar estos bautismos: parece más probable que fueran después. El Lienzo de Tlaxcalla los pone en la misma época. En su lámina octava representa el interior de la casa que habitaba Cortés. Hay en la lámina una leyenda mexicana, que significa: ya se bautizaron los señores. Y en efecto, se ve al clérigo Díaz cristianando al ciego Xicotencatl, y detrás de él y también arrodillados, á los otros tres señores que esperan el bautismo. En lo alto del cuadro se ve la imagen de la Virgen que trajo Cortés: éste, sen- tado en una silla, empuña un crucifijo; y detrás de él están Marina y unos gue- rreros españoles. Del otro lado están tres capitanes castellanos, uno con una vela, y tres mancebos indios. Cortés y los otros tres capitanes que en la pintu- ra se ven, fueron los padrinos; aunque aquí cuenta Muñoz Camargo cinco, sin duda por equivocación, pues cuatro fueron los bautizados.
varado, Andrés Tapia, Gonzalo de Sandoval y Cristóbal Olid. Tomó por nombre Xicotencatl llamarse Vicente * y después se llamó D. Vicente *, Maxixcahin se llamó Lorenzo, Zitlalpopo- catzin y Tlehuexolotzin. 1 Este día de su bautismo y conversión se hicieron muchas fiestas á modo castellano, con muchas luminarias de noche y carreras de caballos, aunque pocos con cascabeles. Los natura- les vieron y conocieron estas muestras de alegría, y ellos á su modo hicieron grandes bailes y danzas que llaman Mitotes, según su antiguo uso y costumbre, con muchas comidas, dádivas y pre- sentes de ropas y esclavos, joyas de oro y piedras de precio que dieron á los españoles aquel día: y no nos pararemos á contar sus géneros y maneras de comidas, cómo y de qué manera las servían y daban, porque otros lo han escrito muy por extenso;
y cierto que hay en ello mucho de contar, mas sólo diré una curiosidad y cuidado que se tuvo.
Al tiempo de bautizarlos 2 se tenía esta orden: un día que se bautizaban los varones se llamaban Juanes, otro en que se bauti- zaban las mujeres se llamaban Anas, otro día Pedros, otro Ma- rías, de suerte que venían por días los nombres de los varones:
dábaseles una cedulita en que se escribían para que no se ol- vidasen los nombres de los bautizados aquel día. Ansí se usó en esta provincia de Tlaxcalla muchos años, que llevaban por memoria los nombres, porque muchos nombres se olvidaban y venían á buscarlos en el Padrón del bautismo, y ansí mismo vi yo en otras provincias de esta tierra hacer la misma diligencia.
1 Sin duda aquí falta el fin del párrafo; y lo supliremos diciendo, que Ci- tlalpopocatzin se llamó Bartolomé, y Tletmexolotzin se llamó Gonzalo.
2 El autor se refiere al bautismo administrado al común de los indios y no al antes mencionado de los caciques y señores.—R.
Alianza hispano-tlaxcalteca contra los Mexicanos. — Se pone en marcha el ejército sobre Cholula.—Vana y peligrosa confianza de los chololtecas en la protección de su dios Quetzalcoatl.—Ocupación de Cholula y cruel ma- tanza de sus ciudadanos.—Terror que difunde en el país.
Habiendo pues acabado Cortés un negocio tan heroico y ar- duo de haberse convertido por su orden y mano los cuatro Ca- ciques y cabeceras de Tlaxcalla, desde allí en adelante se co- menzaron á tratar los negocios tocantes á la conquista, cómo y de qué manera se podía entrar y tomar á México y ganar las demás ciudades y provincias, para que ansimismo viniesen en conocimiento de Dios y de la verdadera lumbre de nuestra San- ta Fe, y que fuesen bautizados y se diesen de paz sin derrama- miento de sangre, muertes de hombres, é que cuando esto no quisiesen venir ni hacello por bien, ni serles amigos, castigallos muy deveras, vengarse de ellos y de sus injurias como se lo te- nían prometido; de manera que desde allí en adelante no se trataba de otra cosa que de hacer gente contra los Culhuas Me- xicanos, lo cual dentro de muy breve tiempo se hizo por no dar lugar á que estos se confederasen con los Tlaxcaltecas; y por evitar malos pensamientos y otras nuevas ocasiones y propósi- tos, procuró Cortés de no dejar de la mano á sus nuevos ami- gos y confederados, usando como siempre de sus astucias como astuto Capitán de la buena ocasión que presente tenía.
Hecha su gente comenzaron á marchar y mover sus ejércitos españoles y Tlaxcaltecas con mucho orden de su milicia, número y copia de gentes y bastimentos * bastantes para tan gran- de empresa*, con muy principales y famosos Capitanes ejerci- tados en la guerra según su uso y manera antigua. Fueron por Capitanes Pittecuhtli, Acxoxecatl, Tecpanecatl, Cahuecahua, Co- comitecuhtli, Quauhtotohua, Textlipitl, y otros muchos que por ser tantos y tanta la variedad de sus nombres no se ponen, sino los más señalados que siempre tuvieron fidelidad con Cortés hasta el. cabo de su conquista. 1 La primera entrada que se hizo fué por la parte de Cholula, donde gobernaban *y reynaban* dos Señores que se llamaban Tlaquiach y Tlalchiac, que siempre los que en este mando su- cedían eran llamados deste nombre, que quiere decir el mayor de lo alto y el mayor de lo bajo del suelo. Entrados pues por la provincia de Cholula, en muy breve tiempo fué destruida por muy grandes ocasiones que para ello dieron y causaron los na- turales de aquella ciudad, la cual destruida y muerta en esta entrada gran muchedumbre de Cholultecas, corrió la fama por toda la tierra hasta México, donde puso horrible espanto, y más en ver y entender que los Tlaxcaltecas se habían confederado con los dioses, que ansí generalmente eran llamados los nues- tros en toda la tierra de este Nuevo Mundo, sin podelles dar otro nombre. Tenían tanta confianza los Cholultecas en su ído- lo Quetzalcohuatl, que entendieron que no había poder humano que los pudiese conquistar ni ofender, antes acabar á los nues- tros en breve tiempo, lo uno porque eran pocos, y lo otro por- que los Tlaxcaltecas los habían traído allí por engaño á que ellos los acabaran, pues confiaban tanto en su ídolo, que creían que con rayo y fuego * del cielo * los habían de consumir y acabar y anegar con aguas: decíanlo ansí, y lo publicaban á grandes 1 Aquí no se pone á Tlehuexolotzin, señor de la parte de Tlaxcalla, es de- cir, del señorío principal; y sin embargo, en la lámina 18 bis, en la derrota de la Noche Triste, se le ve huyendo á caballo. Además parece natural, que uno de los señores acompañara á Cortés á México.
voces diciendo Dejad llegar á estos advenidizos extran- jeros, veamos qué poder es el suyo, porque nuestro dios Que- tzalcohuatl está aquí con nosotros, que en un improviso los ha de acabar dejadlos lleguen esos miserables, veámoslos agora, gocemos de sus devaneos y engaños que traen, son lo- cos de quienes se fían aquellos someticos mujeriles, que no son más que mujeres Cardajas de sus hombres barbudos, que se han rendido á ellos de miedo; dejadlos lleguen á los alquilados, que bien les han pagado la vida á los miserables Mirad á los ruines Tlaxcaltecas, cobardes, merecedores de castigo: como se ven vencidos de los Mexicanos, andan á buscar gentes advenedizas para su defensa. ¿Cómo os habéis trocado en tan breve tiempo, y os habéis sometido á gente tan bárbara y adve- nediza, extranjera y en el mundo no conocida? Decidnos de dónde los habéis traído alquilados para vuestra venganza miserables de vosotros que habéis perdido la fama inmortal que teníais de vuestros varones ascendientes de la muy clara san- gre de los antiguos Teochichimecas, pobladores de estas tierras inhabitables. ¿Qué ha de ser de vosotros gente perdida? mas aguardad que muy presto veréis el castigo sobre vosotros que hace nuestro dios QuetzalcoJiuatl.
Estas y otras cosas semejantes decían, porque tenían enten- dido que en efecto se habían de abrasar con rayos de fuego que del cielo habían de caer sobre ellos, y que de los mismos templos de sus ídolos habían de salir y manar ríos caudalosos de agua para los anegar, ansí á los de Tlaxcalla como á los nuestros, que no poco temor y espanto causaba á los amigos Tlaxcaltecas creyendo que sucediese ansí como decían los Gho- lultecas. Decían, especialmente los pregoneros del templo de Quetzalcohuatl, todo esto que ansí lo publicaban; mas visto por nuestros Tlaxcaltecas que nuestros españoles apellidaban á Santiago, y comenzaban á quemar los españoles los templos de los ídolos y á derribarlos por los suelos, profanándolos con gran determinación, y como no vían que hacían nada, ni caían rayos, ni salían ríos de agua, entendieron la burlería y cayeron en la cuenta de cómo era todo falsedad y mentira, tornaron ansí co- brando tanto ánimo, que como dejamos referido, ovo en esta ciudad tan gran matanza y estrago, que no se puede imaginar;
de donde nuestros amigos quedaron muy enterados del valor de nuestros españoles, y dende allí en adelante no estimaban aco- meter mayores cosas, todo guiado por orden divina, que era Nuestro Señor servido que esta tierra se ganase y rescatase y saliese del poder del demonio.
Antes que esta guerra se comenzara, fueron enviados men- sajeros y embajadores de la ciudad de Tlaxcalla á los Cholol- tecas, á rogarles y requerirlos por la paz, enviándoles á decir que no venían á buscar á ellos, sino á los de Gulhua, Culhua- canenses Mexicanos, que como está dicho, este era el nombre y apellido Culhuaque, porque habían venido de las partes de Culhuacan de hacia la parte del Poniente, y Mexicanos porque ansí se llamaba la ciudad de México donde estaban poblados *con supremo poder*: fueles enviado decir por los de Tlaxca- lla y de parte de Cortés, que se viniesen y diesen de paz, y que no tuviesen temor que los dioses blancos y barbudos les hicie- sen daño, porque era muy principal gente y muy noble, que querían su amistad, y ansí les rogaban como amigos los recibie- sen de paz, pues haciéndolo ansí serían bien tratados de ellos *y que no les harían ningún mal tratamiento*, porque de otra manera si los enojaban era gente muy feroz, atrevida y valiente, que traían armas aventajadas y muy fuertes de hierro blanco, decían esto á causa de que entre ellos no había hierro sino co- bre, é que traían tiros de fuego y animales fieros que los traían de trailla atados con condeleres 1 de hierro, y calzaban y vestían hierro, y de cómo traían ballestas fortísimas, y leones, y onzas muy bravas que se comían las gentes, lo cual decían por los pe- rros lebreles y alanos muy bravos que en efecto traían los nues- tros, que fueron de mucho efecto, y que con estas cosas no se podían escapar ni tener reparo si los dioses se enojaban y no 1 Supongo que quiere decir cordeles.
HISTORIA DE TLAXGALA. 211 se entregaban de paz, lo cual les parecía á ello? muy bien por escusar mayores daños, y que les aconsejaban como amigos lo hiciesen ansí; mas sin hacer caso de estas cosas no quisie- ron *sino seguir su parecer de no darse, sino morir antes, y en lugar de este buen consejo y buena respuesta á los de Tlax- calla, desollaron vivo la cara á Patlahuatzin* su embajador, persona de mucha estima y principal valor, y lo mismo hicieron de sus manos, que se las desollaron hasta los codos, y cortadas las manos (por las) moñecas, que las llevaba colgando, y le en- viaron desta manera con gran crueldad, diciéndole ansí: An- dad y volved y decid á los de Tlaxcalla y á esos otros andrajosos hombres, ó dioses ó lo que fuesen, que son esos que decís que vienen, que eso les damos por respuesta; y ansí se vino el pobre embajador con harta lástima y dolor, el cual puso terrible es- panto y pena en la República, siendo uno de los gentiles y hermosos hombres de esta Señoría, dispuesto y bien agestado; y visto tan gran atrevimiento y vil tratamiento, de que murió Pa- tlahuatzin en servicio de su patria y República, donde dejó eter- na fama entre los suyos como lo refieren en sus enigmas y can- tares *, fueron indignados los Tlaxcaltecas, pues recibieron por grande afrenta una cosa que jamás había pasado en el mundo;
que los semejantes embajadores siempre eran tenidos en mu- cho y honrados de los Reyes y Señores extraños que con ellos comunicaban las paces, guerras y otros acontecimientos que 1 Este episodio y lo que sigue es un cuento inventado por el cronista para disculpar la injustificable carnicería de Cholula y la parte principal que en ella tuvieron los tlaxcaltecas como sus instigadores y partícipes. Ni Bernal Díaz ni aun el mismo Cortés, hacen mención del cruel atentado que se supone cometieron los cholultecas con los embajadores; al contrario, expresamente di- cen ambos que su embajada fué contestada y que hicieron un magnífico reci- bimiento á los españoles. Cortés (carta primera, párrafos 14 y 15) y más ex- plícitamente Bernal Díaz (capítulos 81 y 82) aseguran que las desconfianzas y mala voluntad creada contra Cholula, fué obra exclusiva de los siniestros in- formes de los tlaxcaltecas. Camargo desfiguraba estos hechos por el mismo sen- timiento que le hacía callar los sucesos de que se hizo reminiscencia en una nota anterior.—E.
entre las provincias y reynos suelen suceder; y ansí con esta indignación dijeron á Cortés: " Señor muy valeroso, en vengan- za de tan gran desvergüenza, maldad y atrevimiento, queremos ir contigo á asolar y destruir aquella nación y su provincia, y que no quede á vida gente tan perniciosa, obstinada y endure- cida en su maldad y tiranía, que aunque no fuera por otra cosa más de por ésta, merecen castigo eterno, pues que en lugar de darnos gracias por nuestro buen comedimiento, nos han que- rido menospreciar y tener en tan poco por amor de tí." *E1 valeroso * Cortés les respondió con rostro severo diciéndoles:
" Que no tuviesen pena, que él les prometía la venganza dello: como en efecto lo hizo; ansí por esto como por otras traiciones, se puso en ejecución dalles guerra muy cruel, donde murieron grande muchedumbre dellos como se verá por la crónica que de la conquista de esta tierra está hecha.
Decían los Cholultecas que los habían de anegar en virtud de su ídolo Quetzalcohuatl, que era el ídolo más frecuentado de to- dos los que se tenían en esta tierra, y ansí el templo de Cholula lo tenían por relicario de los dioses, y decían que cuando se descostraba alguna costra de lo encalado en tiempo de su gen- tilidad, por allí manaba agua; y porque no se anegasen mataban niños de dos ó tres años, y de la sangre de éstos mezclada con la cal, hacían á manera de zulaque y tapaban con ella los ma- nantiales y fuentes que ansí manaban: y ateniéndose á esto de- cían los Cholultecas que cuando algún trabajo les sucediese en la guerra de los dioses blancos y Tlaxcaltecas, descostrarían y despostillarían 1 todo lo encalado, por donde manarían fuentes de agua con que los anegasen, lo cual hicieron, pusieron por obra cuando se vieron en tan grande aprieto * como en el que se vie- ron, lo cual aunque lo hicieron * no les aprovechó cosa alguna, de que quedaron muy burlados, y como hombres desesperados los más dellos que murieron en aquella guerra de Cholula, se despeñaban ellos propios * y se echaban á despeñar de cabe- 1 Desportillarían.
za* arrojándose del cu de Quetzalcohuatl abajo, porque ansí lo tenían por costumbre muy antigua desde su origen y princi- pio, por ser rebeldes y contumaces como gente indómita y du- ra de cerviz, y que tenían por blasón de morir muerte contraria de las otras naciones, y morir de cabeza. Finalmente, los más dellos en esta guerra morían desesperados matándose
ellos pro- pios. Acabada la guerra de Gholula entendieron y conocieron los Gholultecas que era de más virtud el Dios de los hombres blancos y sus hijos más poderosos. Los Tlaxcaltecas * nuestros amigos * viéndose en el mayor aprieto de la guerra y matanza llamaban y apellidaban al Apóstol Santiago, diciendo á grandes voces Santiago!; y de allí les quedó que hoy en día ha- llándose en algún trabajo los de Tlaxcalla, llaman al Señor San- tiago. Usaron los de Tlaxcalla de un aviso muy bueno que les hizo Cortés, porque fueran conocidos y no morir entre los ene- migos por yerro, * porque sus armas y divisas eran casi de una manera y había en ellas poca diferencia, que como era tan gran multitud de gente la una y la otra, ansí fué menester, porque si esto no fuera en tal aprieto se mataran unos á otros sin co- nocerse; y ansí * se pusieron en las cabezas unas guirnaldas de esparto á manera de torzales, 1 y con esto eran conocidos * los de nuestra parcialidad* que no fué pequeño aviso. Destruida en esta primera entrada que se hizo Gholula, y muerta tanta muchedumbre de gente, pasaron luego nuestros ejércitos ade- lante, poniendo grande temor y espanto por donde quiera que pasaban, hasta que la nueva de tal destrucción llegó á toda la tierra, y las gentes, admiradas de oir cosas tan nuevas, y de cómo los Cholultecas eran vencidos y perdidos, los más dellos muertos y destruidos en tan breve tiempo, y de cómo su ídolo Quetzalcohuatl no les había ayudado en cosa alguna, hicieron grandes conjeturas todas estas gentes con grandes sacrificios y 1 Este tocado era propio de los tlaxcaltecas, especialmente de los jefes, y no se inventó en esta batalla ni con esta ocasión. Véase dicho tocado en los cua- tro señores, en la primera lámina del Lienzo de Tlaxcalla. En la lámina no- vena se representa la matanza de Cholula.
ofrendas porque no sucediese lo mismo á todos los demás, con grandes llantos y lloros que era lástima vellos metidos en un juicio tan profundo como éste: aunque todas estas cosas les aprovechaban muy poco, no por eso dejó de causar grandísimo temor á toda la tierra, cuyo vencimiento rebajó los bríos de todos los comarcanos, sin entender por donde viniese tan gran casti- go de los dioses; y ansí desde aquí en adelante vivían con cui- dado, esperando el fin que había de tener la venida de estas nuevas gentes, y escondían sus hijos y mujeres y haciendas en lo más espeso y oculto de la tierra.
El ejército hispano-tlaxcalteca se pone en marcha y llega á México.—Arribo de Panfilo de Narvaez á Veracruz.—Lo desbarata Cortés.—Sublevación de los Mexicanos.—Muerte de Motecuhzoma.—Dudas sobre su bautismo.
Etimología de su nombre.—Los españoles abandonan la ciudad. Noche- triste.—Salto de Alvarado.—Práctica y fórmula de adoración de los mexi- canos.—Peligros que corrió Cortés.—Pérdida del tesoro de Motecuhzoma. —Continúan su retirada los españoles con dirección á Tlaxcalla.—Batalla de Otumba.—El Apóstol Santiago pelea por los españoles.—Llegan á Tlax- calla.
Como nuestros españoles y los de Tlaxcalla ovieron conse- guido tan gran victoria y tomado Cholula, quedando (ésta en pie)
por misericordia, prosiguieron su viaje á México, á donde en breves días llegaron, y el capitán Cortés fué muy bien recibido de parte del gran Señor y Rey Moctheuzomatizn y de todos los Señores Mexicanos; y dejando el suceso de esta tan famosa his- toria á los que de ella escriben y han escrito, prosiguiendo lo que vamos tratando, digo que estando en la ciudad de México Cortés en el mayor triunfo que capitán ni príncipe del mundo puede tener * ni estar como estaba*, y en la mayor cumbre que su fortuna le pudo sublimar ni pudo ponerle, vino una súbita y repentina nueva que fué de la venida y llegada de Pánfilo de Narvaez, que contra él venía y enviaba Diego Velázquez, gober- nador que £n aquellos tiempos era de la Isla de Cuba, que le fué necesario dejar aquella alteza en que estaba, é ir en perso- na al reparo de un gran daño y estorbo como éste para lo que llevaba comenzado y tenía entre manos, que tales son las co- sas inestables de este mundo, que sin pensar viene un contra- rio y un desabrimiento en los mayores contentos y placeres de esta vida: y ansí se fué luego y salió de México para Cempohuato, sin perder punto de lo que tanto le importaba; y por no dejar de la mano una de las mayores empresas y más heroicas que en el mundo jamás hombre humano había ganado, dejan- do en México á Pedro de Alvarado, se despidió de Moctheuzoma y de los demás Caciques y Señores Mexicanos so color de que iba á castigar ciertas gentes robadoras y corsarias que habían llegado nuevamente á hacelles mal y á toda la tierra, é que iba á poner remedio en ello. Con este designio partió de México * el animoso capitán * y se vino por Tlaxcalla donde fué muy bien recibido, y dando cuenta á sus leales amigos del negocio á que iba, le dieron copia de gente que le acompañó y fuese sir- viendo: *y caminando por sus jornadas por tierra de paz y de sus amigos, * llegó en breves días á Cempoal^ donde con su buena industria y mañas prendió á Pánfilo de Narvaez y le que- bró un ojo. Hecha esta prisión atrajo á sí toda la gente de su compañía con dádivas y regalos que hizo, dió y prometió: lo cual le aprovechó mucho, pues con esta gente hizo toda la conquista de esta tierra; y dejando puesto orden en Cempoala con todo el recato y cuidado de gente de confianza, con la mayor pruden- cia y brevedad que pudo se volvió á México, que ansí convenía porque tuvo nueva de que se habían rebelado los Mexicanos contra los españoles. 1 Llegado que fué y entrado en México, halló á los suyos cer- cados y encerrados en las casas de Moctheuzoma y puestos en muy grande aprieto; y como fuese llegado, rogó á los Caciques Mexicanos con grandes ruegos y amonestaciones, que aplacasen su enojo, é que él era venido á socorrellos y castigar á sus sol- 1 La salida contra Pánfilo de Narvaez y la batalla de Cempoala, están re- presentadas en las láminas duodécima y décimatercera del Lienzo de Tlaxcalla.
dados aquellos que los habían enojado, porque su voluntad era tenellos por amigos, é que los suyos como hombres nuevos y de poca experiencia habían errado, y él como lo verían los castigaría; mas nunca les aprovechó cosa de lo que les dijo, hasta que el propio Moctheuzoma un día se subió en persona á un terrado, desde donde les mandó que aplacasen su ira, é que non se pusiesen en aquello nin se quisiesen tomar con las gentes nuevas; que los dejasen, que ellos se querían ir, volver á sus tierras: y tampoco bastó esto, antes como gente obstinada en su desvergüenza, se amotinaron contra su Rey llamándole de bujarrón y de poco ánimo, cobarde, con otras palabras deshonestas, vituperándole *con deshonestidad*; y teniéndo- le en poco le comenzaron á tirar con tiros de varas * tostadas* y flechas y hondas, que era la más fuerte arma de pelea que los Mexicanos tenían, de suerte que le tiraron una pedrada con una honda 1 y le dieron en la cabeza, de que vino á morir el desdichado Rey, habiendo gobernado este Nuevo Mundo con la mayor prudencia y gobierno que se puede imaginar, siendo el más temido, reverenciado y adorado Señor que en el mundo ha habido y en su linaje, como es cosa pública y notoria en toda la máquina deste Nuevo Mundo, donde con la muerte de tan gran Señor se acabaron los reyes Culhuaques-mexicanos y todo su poder y mando, estando en la mayor felicidad de su monar- quía; y ansí no hay que fiar en las cosas de esta vida sino en solo Dios. Muchos afirman de los conquistadores que yo cono- cí, que estando en el artículo de la muerte pidió agua del bau- tismo, é que fué bautizado y murió cristiano, aunque en esto hay grandes dudas y diferentes pareceres; mas como digo que de personas fidedignas, conquistadores de los primeros desta tie- rra, de quien fuimos informados, supimos que murió bautizado y cristiano, é que fueron sus padrinos del bautismo Fernando 1 En las láminas décimacuarta y décimaquinta del Lienzo de Tlaxcalla es»
tán representados estos sucesos. Pero no es cierto que Moteczuma muriera de la pedrada; está bien comprobado que lo mandó matar Cortés.
Cortés y D. Pedro de Alvarado. 1 Este nombre de Moctheuzoma- tzin quiere tanto decir como Señor regalado, tomándolo literal- mente; 2 mas en el sentido moral quiere decir Señor sobre todos los Señores y el mayor de todos, y Señor muy severo y grave y hom- bre de coraje y sañudo, que se enoja súbitamente con liviana oca- sión.
Muerto el desdichado Rey en quien tenían los nuestros pues- ta toda su esperanza, se procuró dar orden de salida de aquel cerco tan trabajoso, porque los bastimentos se les iban acabando y faltando, y las aguas que bebían eran de pozos salobres y he- diondas que les hacían mucho daño, y que los propios cercados habían abierto para beber. Vista su perdición y precisa necesi- dad tan irremediable, acordaron de salir de allí antes que pe- reciesen tantas gentes como allí estaban oprimidas y cercadas.
Ordenadas sus haces y escuadrones, salieron una noche: cuan- do todo estaba en silencio y sosegado, y las velas durmiendo en profundo sueño, comenzaron á marchar con el mayor secre- to del mundo, porque no fuesen sentidos. Fueron saliendo por la calle de Tacuba con la mejor ordenanza que pudieron, sin que fuesen sentidos como al cabo lo fueron de una vieja ven- dedora, que estaba en aquella hora vendiendo para los cami- nantes y forasteros cosas de comida, que era á manera de bo- 1 Parece que esta tradición no tiene fundamento alguno razonable.—K.
2 La palabra Moetheuzomatzin no puede dar ni literal, ni metafóricamente, en manera alguna, la significación de Señor regalado; compónese del pronom- bre mo de teuhtli ó tecuhtli (Caballero ó Señor) y coma ó cuma, verbo que en el Vocabulario de Molina significa 11poner ceño el que está enojado, tener cora- je, derivándose de él, cu ucalli, sañudo y lleno de coraje." La terminación tzin es meramente un signo reverencial. Motolinía, Torquemada, Betancourt, Si- güenza, etc., peritos en la lengua mexicana, traducen aquella palabra por hom- bre sañudo, significación que puede llamarse literal. El primero y el último agregan otras, propiamente metafóricas, dándole las de "hombre grave, cir- cunspecto, serio, que se hace temer y respetar." Calidades todas que los bió- grafos de aquel rey atribuyen á su carácter. Las pinturas mexicanas nos dan en el grupo jeroglífico de su nombre la representación de su significación lite- ral— degón en el barrio de Ayotzapagres 1 donde están fundadas las casas que hizo Juan Cano, y enfrente de las casas que labró Ortuño de Ibarra, que después fué yerno de Moctheuzomatzin, cuyas casas son hoy de Hernando de Rivadeneyra que dejó Juan de Espinosa Salado, la cual dicha vieja debió de ser el demonio que comenzó á dar muy grandes voces diciendo Ea Mexicanos! ¿Qué hacéis? ¿Cómo dormís tanto que se os van los dioses que tenéis encerrados? ¿Qué hacéis hombres descui- dados? Mirad no se os vayan, tomad por vosotros, matadlos y acabadlos porque no se rehagan y vuelvan sobre vuestra ciudad con mano armada. y como todo estuviese en arma, acu- dieron á las voces y gritos de la vieja, y salieron los Mexicanos con tan gran alboroto, ira y furia, y en tan breve espacio, que parecía que el mundo se acababa; y en un momento se hincha- ron las plazas y calles y azoteas de tantas gentes, que no cabían unos y otros, y vello era la cosa más horrible y espantosa que se vió jamás: la vocería que á esta hora había en la ciudad de México, que no se puede con palabras ni por pluma encarecer, porque con la multitud de gentes, de noche y obscuras, se ma- taban unos á otros sin podello evitar; y comenzaron á arreme- ter y dar en los nuestros tan cruelmente y con tan gran ira, ímpetu, y coraje y furia, que no parecían sino leones fieros y encarnizados y hambrientos, y los nuestros en defenderse. A este tiempo haciendo lo propio en este tan gran asalto y reen- cuentro, que fué una de las más sangrientas peleas y batallas que jamás en el mundo se han visto, porque como fuese de no- che y entre acequias, lagunas, ciénegas y pantanos, y fuentes quebradas, fué un combate y rompimiento el más inevitable, *que jamás ha pasado ni se ha oído, por ser los nuestros tan pocos y la gente contraria tan innumerable que * no se puede imaginar, y más que los nuestros por salir de tan gran aprieto y peligro procuraron de animarse y sacar fuerzas de flaqueza, y 1 Ayotlzapagres en el manuscrito de Panes y en la traducción francesa; mas ambas voces están igualmente corrompidas.—R.
salir defendiéndose de sus enemigos lo mejor que pudieran, cuya salida no pudo ser sin gran daño y pérdida de los nuestros porque en la refriega murieron más de cuatrocientos y cincuen- ta españoles 1 y sinnúmero de los amigos de Tlaxcalla, aunque se dice que fueron cuatro mil amigos; mas no fué á menos cos- ta y riesgo de los Mexicanos, porque experimentaron bien las manos y ánimo de los españoles, pues las acequias, calles y pa- sos de donde habían quebrado las fuentes, quedaron llenos de cuerpos muertos, y las ciénegas y lagunas teñidas y vueltas en pura sangre. 2 1 Los historiadores discrepan mucho en el número. Aunque Cortés debía conocerlo con perfecta certidumbre, acomodándose á la aritmética de los jefes militares, lo disminuye mucho. El criterio más seguro en el caso es el que nos ministran Bernardino Vázquez de Tapia y Bernal Díaz, testigos y actores en aquella sangrienta trajedia. Declarando el primero en el proceso instruido á Pedro de Alvarado, dice que habiendo llegado Cortés con los restos de su ejér- cito "áun Qu (templo) que ahora se dice de Nuestra Señora de los Keme- " dios, allí hizo alarde (paso revista) é halló que faltaban cerca de setecientos 11 hombres ó ochenta é tantos caballos." Esta evaluación se conforma con la de Bernal Díaz, que sumando según parece todas las pérdidas sufridas desde el alzamiento de los mexicanos hasta la salida de los españoles, escribía: " Digo " que en obra de cinco días fueron muertos y sacrificados sobre ochocientos y 11 sesenta soldados." En el mismo lugar (capítulo 128), las resume compután- dolas hasta después de la batalla de Otumba. " Cuando entramos al socorro de 11 Pedro de Alvarado en México, fuimos por todos sobre más de mil y trescien- " tos soldados, con los de á caballo que fueron noventa y siete y ochenta balles- " teros y otros tantos escopeteros y más de dos mil Tlaxcaltecas y (des"puésde aquella batalla) no quedamos sino cuatrocientos y cuarenta, il con veinte caballos y doca ballesteros y siete escopeteros, todos heridos, cojos " y mancos y así, volvimos otra vez á disminuirnos en el número y co- " pia de los soldados que con Cortés pasamos desde Cuba y que primero entra"mos en México, cuatrocientos y cincuenta soldados." La mortandad de los tlaxcaltecas fué mucho mayor. R.
2 A continuación de este párrafo ingerió D. Carlos Bustamante otro que di- ce copió de una apostilla que existía en el manuscrito de la Universidad, escri- to de la misma letra del texto. Esta indicación y la circunstancia de no encon- trarse ese párrafo en el manuscrito de Panes,
ni en la traducción francesa, manifiestan claramente que tampoco perteneció originariamente á la obra de Camargo. Por tal motivo lo he eliminado del texto. Dice así: "En esta tan En esta rota y desbarato de los nuestros, siempre iban prosi- guiendo su viaje: llegaron al paso donde hizo Alvarado aquel heroico y temerario hecho del salto 1 que dio, que por ser tan grande é increíble lo pongo aquí. Ya el sol iba alto á estas ho- ras, y los amigos vista tan gran hazaña, quedaron maravillados, y al instante que esto vieron se arrojaron por el suelo postra- dos por tierra, y en señal de hecho tan heroico, espantable y raro, que ellos no habían visto hacer á ningún hombre ansí, ado- raron al Sol comiendo puñados de tierra; 2 y arrancando yer- bas del campo, dijeron á grandes voces: " Verdaderamente que este hombre es hijo del Sol." Esta ceremonia de comer tierra á puñados y arrancar yerbas, era una superstición muy usada en- tre los naturales, cuando les sucedía algún caso que fuese de " temeraria noche llamada la noche triste, mataron á un Paje de Fernando Cor- {< tés delante de sus ojos, llamado Juan de Salazar, en la calle de Tlacupan (ó " Tacuba) donde ansimismo se mostró valerosamente una Señora llamada Ma~ 11 ría de Estrada, haciendo maravillosos y hazañeros hechos con una espada y " una rodela en las manos, peleando valerosamente con tanta furia y ánimo, '•que excedía al esfuerzo de cualquier varón, por esforzado y animoso quefue- il se, que á los propios nuestros ponía espanto, y ansimismo lo hizo la propia " el día de la memorable batalla de Otumba á caballo, con una lanza en la ma- " no, que era cosa increíble en ánimo varonil, digno por cierto de eterna fama " ó inmortal memoria."
Esta mujer fué casada con Pedro Sánchez Farfán: tuvo por repartimiento el pueblo de Tétela, que está á una parte del volcán. Casó segunda vez con Alonso Martínez, partidor; vivieron en la Ciudad de la Puebla de los Angeles hasta que acabaron.—E.
1 Parece fuera de duda que no hubo tal heroicidad, ni temeridad, y que Al- varado, aunque valiente como el que más, pagó en esa fatal noche un tributo á la humana debilidad. El descubrimiento de su proceso convence que no dió ese salto prodigioso, sino que pasó buenamente la ancha zanja por una viga.
Veáse mi Nota cuarta al fin de los Procesos de Alvarado y Guzmán, impresos en esta ciudad en 1847.—E.
2 Esta frase da una idea absolutamente inexacta de la práctica religiosa á que se refiere. Los Mexicanos no manifestaban la adoración comiendo tierra.
Unicamente tocaban con el dedo el suelo, llevándolo luego á la boca. Este era un símbolo general de respeto que se tributaba, lo mismo á la divinidad que al rey y á las personas constituidas en alta dignidad. Igual acatamiento hacían á Cortés. Las nociones que da el autor son en extremo exageradas; así como admiración, ó cuando pedían á sus dioses con eficacia y deman- da muy encarecida, ansí como en este paso se postraron por el suelo y mordieron la tierra tomándola á puñadas, echándosela á la boca, arrancaron yerbas del campo ofreciéndolas á sus ído- los, alzando los ojos al cielo y diciendo de esta manera. 7 " ¡oh! dioses muy altos y poderosos, poseedores de los altos nue- ve cielos, hasta el más alto y supremo dellos, donde asiste aquel que es sobre todos vosotros * demás dioses, que le llamaban * Tloque Nahuaque, *que quiere tanto decir, como si dijésemos* aquel que todos le acompañan *y es acompañado de todos los otros dioses*, á vosotros nos encomendamos para que seáis en nues- tro socorro y ayuda, y no nos desamparéis en nuestros traba- jos, peligros y aprietos, pues tenéis poder y superioridad sobre todos los hombres. También invocamos ávos muy claro y res- plandeciente Sol Nauhollin * que quiere decir cuarto nombre *, 1 es de todo punto inverosímil que en esa fatal y congojosa noche obscura los in- dios repararan en el salto de Alvarado, pues que ellos á su vez se encontraban en idéntica situación que Bernal Díaz, y podían decir como él, "que en aquel " tiempo ningún soldado se paró á vello si saltaba poco ó mucho, que harto te- " nían en qué mirar y salvar sus vidas."—E.
1 Necesario es presumir en este pasaje una omisión ó error de pluma, porque Camargo no podía dar tan absurda traducción. Nauhollin es una palabra com- puesta del numeral Nahui (cuatro) y de Ollin derivado que indudablemente reconoce como primitivo la palabra Olli 6 Ulli, nombre de la goma eláslica, que corruptamente denominamos Ule y de cuya propiedad se tomó también la significación. El común de los escritores traduce aquella por cuatro movimien- tos, y los intérpretes mexicanos del Siglo XVI que virtieron al castellano el texto del Códice Mendocino, lo mismo que los escritores de su época, traducen cuatro temblores, versión más significativa y apropiada, pero que todavía no reproduce su idea original y primitiva. Esa voz, tomada en su sentido recto, denota simplemente el día 4? de la 2* trecena de un período ritual de 260 días, denominado generalmente Tonalamatl. En sentido mitológico designa al sol, y en el cosmogónico se enlaza con la antiquísima tradición que mencionan Gomara, Ixtlilxochitl, Veytia, etc., etc., y según la cual el mundo ha sido des- truido cuatro veces por agua, fuego, huracanes y terremotos. La lápida escul- pida y colocada al pie de la torre de la Catedral, conocida con el nombre vul- gar de calendario mexicano, contiene la representación del símbolo Nahui- Ollin.—'R.
y á vos Luna, mujer hermosa y resplandeciente del claro Sol, y á vosotras estrellas del cielo, y á los aires del día y de la noche, para que con vuestra ayuda salgamos de los grandes peligros y de este aprieto y guerra en que nos vemos, que tan injustamen- te se nos ha movido.'"
Sacamos esta oración á luz, por ciertas averiguaciones que hicimos en la ciudad de Tlaxcalla, en una probanza que los he- rederos de D. Pedro de Alvarado hicieron por los méritos de su padre, de muy famosos capitanes que se hallaron presentes en todo el discurso de la guerra, entre los cuales fué uno que se llamó D. Antonio Calmecahua, capitán muy famoso de Maxix- catzin, el cual se halló con Cortés en todas las ocasiones que se le ofrecieron, que hoy en día vive y según se afirma es de edad de ciento treinta años, y tiene todavía gran sujeto y razón de hombre, que de todo
cuanto se le pregunta da muy buena ra- zón y cuenta, y aunque está sordo cuenta grandes excelencias y cosas de la venida de Cortés y demás capitanes, y de sus no- tables hechos: tiénese por dichoso en haber sido bautizado y ser cristiano; llora el tiempo que fué idólatra, con arrepenti- miento del engaño en que vivía y vivieron sus antepasados. Lo mismo se cuenta de otro capitán muy señalado Antonio lema- zahuitzin, natural desta provincia, del pueblo de Hueyotlipan, al cual se atribuye haber librado á Cortés de un muy gran pe- ligro en que se vió, llevándolo asido y preso los Mexicanos para sacrificarlo á sus dioses, pues que andando en la pelea, cayó en una ciénega ó pantano, y estando encenegado le prendieron, llevándole asido para sacrificalle á sus ídolos. * También se dice que él estaba asogando ende agua 1 una india vieja mexicana 1 Así dice en el manuscrito de Panes, del cual se copió este pasaje entre as- teriscos, por parecer mutilado en el otro. Parece que lo que se quiso expresar en esas palabras discordantes es, que además del peligro que corría Cortés con las flechas y lanzas délos indios mexicanos, una india hacía esfuerzos para aho- garlo. En la traducción francesa se lee: " Ccrtés etait tombé dans un bourbier 11 d'ou il ne pouvait se tirer et une vieille indienne s 'était jetee sur luipour le 11 noyer par sonpoids, quand les indiens arrivérent avec Christobal de Quiñones."—R.
224 DIEGO MUíiOZ CAMARGO.
hasta que llegó esta gente y Christóbal de Quiñones, á quien se atribuye haberle librado deste peligro, hasta que ansimismo * llegó Cristóbal de Olea y lo mataron los indios, y llegó este ca- pitán Temoxahuitzin 2 con su escuadrón, é le quitó é sacó de la ciénega, que fué la última guerra de México junto á la acequia que llamaban los naturales de Tultecapan; y ansí que con esta ayuda y socorro de este leal capitán, ovo lugar de que llegase Francisco de Olea, su criado, á defendelle, y dicen que cortó las manos á los que lo llevaban asido, de una cuchillada, y en esto llegó otro español llamado Antonio de Quiñones, y asió del bra- zo á Cortés y le sacó por fuerza de entre los enemigos, peleando con ellos. A este tiempo llegó uno de á caballo haciendo calle y lugar por entre la gente, al cual también mataron los indios.
Entoncés Cortés subió en un caballo que le trajeron, y reco- giendo la gente de sus españoles, salió de aquel mal paso y gran peligro.
Gran suma de riqueza de oro y pedrería, fué la que en aque- lla salida se perdió, la cual fué del tesoro de Moctheuzomatzin, que como fuese muerto, mandó Cortés que la mayor parte se fundiese, porque en piezas y joyas de oro labrado hacía mucho volúmen, lo que no hacía derritiéndole y hecho en barras y la- drillos; y ansí se puso por obra, de modo que lo que estaba en joyas, brazaletes, patenas, besotes y orejeras, todo se hizo fun- dir, sin lo que estaba en tejos y barras que era gran suma: y al tiempo de la salida de las casas de Modheuzoma se encargó de la mayor parte de esta riqueza á los amigos de Tlaxcalla, aunque como está referido se perdió, y se lograron mal. Todas estas razones son del capitán D. Antonio Calmecahua, que fué uno de los que salieron en guarda del tesoro mexicano de Moc- theuzoma, muriendo sobre ello y en defensa del la mayor parte de nuestros españoles, como murieron. Y tornando al discur- so de lo que Íbamos tratando, ansí como ovo pasado D. Pedro de Alvarado la puente, llevando la retaguardia herida y sangrien- 2 Antes lo llama Temazahuatzin.
ta, y desventurada lo mejor que pudo, él y su gente y los de Tlaxcalla fueron en seguimiento del general que iba caminando al pueblo de Tlacupa 1 y á Teoealhincan 2 y Tzacuhyocan, don- de agora está la hermita de Nuestra Señora de los Remedios, sin poderse defender de los enemigos, continuando su viaje, mar- chando y peleando con gran ánimo, defendiéndose dellos hasta llegar al lugar referido, que desde aquel día quedó aquella me- moria y advocación de Nuestra Señora de los Remedios, que dura hasta el día de hoy, la cual es frecuentada de muchas gen- tes con mucha devoción.
Llegados aquí los nuestros, tuvieron algún descanso por verse ya fuera de las lagunas y ciénegas, y de otros peligros de Mé- xico; habiéndolos por aquí guiado y encaminado los de Tlaxca- lla, rodeando todos los cerros y lagunas * que caen fuera de la Laguna mexicana*, yendo hacia la parte del Norte *en cuanto al sitio de México *, á diez y nueve 3 leguas de distancia de Mé- xico, continuando su viaje para la provincia de Tlaxcalla, que ya era tenida como su patria, morada, y amparo y defensa del pequeño número de cristianos que habían quedado. Llegados que fueron á los campos y llanos de Otompan, que por otro nom- bre se llaman los Llanos de Aztaquemecan, en la cual parte sa- lieron de refresco innumerables escuadrones de gente de gue- rra en gran ordenanza, de gente muy lucida y principal de la provincia de Tetzcuco, llamados Aculhuaques del reyno de Aculhuacan de Netzahualpitzintli, famosísimo varón, origen y principio de los Reyes de Tetzcuco Aculhuacanense, según más largamente lo dejamos declarado á los principios de nuestra his- toria, cuya gente puso en muy grande aprieto á los nuestros, porque como venían cansados, mal heridos, destrozados, y sa- lían tantas gentes á ellos, les fué necesario llamar y recoger, y 1 Hoy Tacuba.—R.
2 En la lámina vigésimaprimera del Lienzo de Tlaxcalla se llama Teocal- hueyacan.
3 á diez ú nueve leguas, etc., manuscrito de Panes. En la traducción fran- cesa se compendió este pasaje y omitió el numeral.—E.
hacer junta y tomar consejo de guerra: se resolvieron que con mucha orden fuesen marchando, sin que ninguno saliese * fue- ra de su orden hasta que el tiempo les diese á entender lo que se debía hacer, y que no acometiese nadie * ni se desordenase por ninguna ocasión que oviese, ni por otra cualquier vía ni manera que fuese, á causa de que su designio era conservarse hasta rehacerse y llegar á Tlaxcalla, si pudiese ser, sin ningún reencuencuentro por no perder más gente de la perdida. Fi- nalmente, que sin reparo ninguno les fué necesario y forzoso romper esta guerra, y entrar por los ejércitos de los Aculhuaques y pelear tan denodadamente, como si no hubieran pasado por ningún trance ni peligro de fortuna; de manera que se trabó la guerra tan cruelmente y tan deveras, que á poco rato se hin- charon los campos de cuerpos muertos y de sangre, que parecía ser cosa increíble, donde los nuestros conocidamente entendie- ron ser por milagro de Dios esta victoria, pues * conocidamen- te* de nuestra parte se iba todo aflojando y perdiendo tierra por muchas veces, en vez que á cada momento venían gentes y escuadrones de refresco al socorro de los Aculhuacanenses, que no con poca dificultad los nuestros les resistían, y con me- nos esperanza de salir de entre tantos y tan crueles enemigos, porfiados y prolijos en su dura obstinación y * crueldad*.
Viéndose * nuestro capitán Hernando * Cortés en tanto aprie- to y peligro de perderse él y su gente, y el notable desmayo de los nuestros, determinó entrar rompiendo como entró, por me- dio de un escuadrón con una lanza en la mano, alzando é hi- riendo á una y otra parte á enemigos, matando y atrepellando cuanto por delante hallaba, poniendo * increíble * espanto á sus contrarios: y de tal manera se dió tan buena maña, * ayudado de Dios Nuestro Señor y de su Santísima Madre *, que llegó á lanzar al general de todo el campo, * que rompiendo por todos los escuadrones, como está referido, lo * atropello con el caba- llo dándole de lanzadas, le mató y quitó la divisa que traía, la cual los naturales llamaban Tlahuizuntlazopilli, que era de oro y de muy rica plumería; la cual presea mandó guardar y tener por una de las más estimadas empresas que había ganado, * la cual dio * después y presentó á Maxixcatzin su amigo, Señor de Tlaxcalla, * de la cabecera de Ocotelulco *, porque como cosa que había ganado por su lanza, le servía con ella. 1 Luego que este capitán faltó, llamado Maxatlopille, por la di- visa que traía, cuyo propio nombre era Gihuacatzin, capitán de Teotihuacan, de un barrio que estaba bajo de Teacalco junto á Aztaquemecan. 2 Ansí mismo alanceó Hernando Cortés en esta batalla aquel día á otro Señor llamado Tochtlahuatzal, aunque no murió y vivió mucho tiempo. En estos reencuentros se halló * aquella Señora llamada María de Estrada, donde peleó con lanza á caballo * como si fuera uno de los más valerosos hom- bres del mundo, como atrás queda referido.
Quieren decir los Otompanecas y dar por descargo, que esta gente de guerra que allí salió ai encuentro de los españoles, no fué de intento pensado, ni de refresco á matallos, sino que aca- so se celebraban unas fiestas anuales que tenían de costumbre 1 En la lámina vigésíniasexta del Lienzo de Tlaxcalla se representa la ba- talla de Otumba. Aquí el autor dice que el combate tuvo lugar en los llanos de Aztaquemecan, inmediatos á Otumba; pero en la lámina vigésimaquinta del Lienzo se ve, que ahí no hubo batalla en forma, sino que los indios se li- mitaron á hostilizar la marcha de Cortés. La verdadera batalla tuvo lugar al día siguiente en las llanuras de Temalacatitlan, que se extendían adelante de Otumba; y en la citada lámina vigésimasexta se lee este nombre en caracteres góticos. En ella se ve á Cortés en el centro, de punta en blanco y á caballo, que da muerte con su lanza al jefe contrario. El nombre de este lugar es Pe- tzicatla, el cual además de estar escrito, se significa con su jeroglífico, que se compone de tres tallos de la hierba petzieatl.
El estandarte que *á dicho jefe quitó Cortés era el del ejército mexica, en efec- to de oro y muy rica plumería; era el Quetzalteopamitt, que aquí el autor llama Tlahuizuntlazopilli. Pero no es cierto que lo diese á Maxixcatzin, pues en la lámina vigésimanovena del Lienzo lo presenta, ya en Tlaxcalla, á Xicoten- catl. En esta lámina se ve claramente la forma del estandarte, que era un sol de oro rodeado de riquísimas plumas de quetzal, el cual estaba montado en un aparato de madera, á propósito para llevarlo en una asta ó á la espalda del jefe.
2 Aquí falta algo para el sentido del período, como por ejemplo: quedaron derrotados los indios, ó se acabó la batalla.
los indios, y que estando en ellas con gran número de gentes haciendo reseña de guerra y alarde, que acaso se hallaron en esta ocasión é que salieron al paso por ver si podían acabar con los españoles que venían desbaratados y heridos de México, y lo pusieron ansí por obra, sin ser para ello avisados de los Me- xicanos, lo cual tengo por falso descargo. Finalmente, se desba- rató el campo enemigo, desmayaron sus gentes, de suerte que en poco rato no quedó ninguno que les impidiera su camino, que- dando *los nuestros* vencedores. * Prosiguieron su camino* aunque algunos capitanes de los vencidos siempre salían á estor- bar el pasaje, continuando su pelea con rabia cruel de tan gran pérdida de sus gentes, aunque no con tanta priesa que fuese par- te *para que pudiese* impedirles el camino que llevaban En este lugar vieron los naturales visiblemente pelear uno de un caballo blanco, no le habiendo en la compañía, el cual les hacía tanta ofensa, que no podían en ninguna manera defenderse del ni aguardalle; y ansí en memoria de este milagro, pusieron en la parte que esto pasó, una hermita del Apóstol Santiago, que es un pueblo pequeño que está en aquella comarca de Otom- pan, que los naturales le llaman Tenexalco. Afirmaron muchos conquistadores que el caballo en que salió Hernando Cortés á este reencuentro era un rocín de arria muy bronco, y que no servía más que para llevar el fardaje; y como se vió sin caballo que fuese de provecho, hizo ensillar este arriero, en el cual fué Dios Nuestro Señor servido que hiciera tantas hazañas, que pa- rece cosa increíble cómo después salió tal y tan bueno que por este caballo se le atribuyó toda la victoria, pues que estando fla- co y cansado como lo estaba, á coces, tocados y manotadas hacía tanto daño á los contrarios que no osaban acercarse á él. De este caballo arriero se sirvió en la conquista de México y en la última guerra que se dió se lo mataron, cuando Olea le dió el suyo como atrás dejamos tratado.
Pasados deste trance prolijo y peligroso, y otros grandes acae- cimientos de fortuna, se fueron los nuestros por los llanos de Apam, Temalacatillan y Almoloyan, siempre peleando y resis- tiendo á los enemigos que á cada paso, en cada lugar y pueblo de los Aculhuacanenses salían de refresco á combatirse con los nuestros, hasta que llegaron á Hueyotlipan, lugar sujeto áTlax- calla, á donde los nuestros fueron acogidos y recibidos con mu- cho aplauso y regalo, como si fuera dentro de su patria y tierra natural, donde se les dio todo lo necesario. 1 1 Este recibimiento está representado en la lámina vigésimoctava del Lien- zo de Tlaxcalla: en ella Maxixcatzin, con un gran acompañamiento de nobles tlaxcaltecas presenta á Cortés un ramo de rosas, en señal de bienvenida.
Buena acogida que encuentran los españoles en Tlaxcalla.—Embajada de los Mexicanos á los Señores de Tlaxcalla, invitándolos á unirse contra aque- llos.—Xicotencatl opina por la liga. — Maxixcatzin lo contradice.—Kiña entre ambos. — Triunfa la opinión de Maxixcatzin.— Etimología de los nombres Tenochtitlan y México.—Auxilios que obtiene Cortés para con- tinuar la guerra contra los Mexicanos.—Construcción de los bergantines. — A.renga de Cortés al Senado Tlaxcalteca.—Contestación.
Sabida la nueva de su pérdida y desbarato, llegaron en su so- corro y defensa gran número de la ciudad de Tlaxcalla, envia- do por los cuatro Señores, principalmente por Maxixcatzin, á quien se debe todo este bien, y fué el que más sintió el mal tra- tamiento de sus amigos, y de su gran pérdida y muerte de Jfoc- theuzomatzin, é hizo salir más de doscientos mil hombres que salieron á socorrer al capitán Cortés á Hueyotlipan: aunque no llegaron á tiempo, fué esta gente de mucho efecto para correr el campo en seguimiento de los contrarios, hasta echallos de sus tierras y lugar á sus límites, que fué una reseña muy útil y pro- vechosa, con lo que los Aculhuacanenses y Mexicanos fueron admirados de ver que en tan breve espacio de tiempo se hubiese juntado tan gran poder de gente en socorro de aquella adve- nediza y extranjera, y aun tratándose entre sí y echando juicios acerca de cual fuese la causa de tan gran amistad y tan coligada con gente tan extraña; la cual nueva y rota corrió por todo el reyno de los Mexicanos, y les hizo no estar seguros de la ven- ganza que después se tomó de ellos por su desvergüenza y atre- vimiento.
Como los nuestros se viesen libres y descansados algunos días, á persuasión y ruegos de Maxixcatzin, salieron de Hueyo- tlipan para Tlaxcalla que estaba á cuatro leguas deste lugar; y los heridos que no podían ir á caballo ni á pie, los llevaban en hombros y amacas, con mucho amor y regalo; y ansí como ve- nían de camino y entrando por la ciudad, salían las gentes á vellos, y como estaban tan maltrados, les tenían gran lástima:
las mujeres subidas en sus casas y terrados, les decían á gran- des voces llorando ¿Quién os engañó para que fuerais á México, desdichados de vosotros, á meteros entre tantos mal- vados y crueles traidores? ¡Pobres de vosotros que ansí os han pasado y maltratado! Seáis muy bien venidos á vuestras casas y tierras. No tengáis pena, reposad y descansad, no tengáis mie- do de tan mala gente traidora. Con estas y otras caricias de amor y ternura los acariciaban * con palabras tiernas y amoro- sas, los recibían * y decían para darles mayor consuelo. Prosi- guiendo su camino, llegaron á los palacios y casas de Maxix- catzin * en el barrio y cabecera de Ocotelulco, donde fueron aposentados y recibidos con gran aplauso *, y aquí estuvieron algunos días, hasta que Nuestro Señor fué servido de que sana- sen los enfermos y se reformasen. 1 En este tiempo vinieron embajadores Mexicanos * de parte de aquella República *, con muy grandes * partidos y * prome- sas á los cuatro Señores *de Tlaxcalla*, como atrás dejamos referido, proponiéndoles que fuesen contra los españoles y los matasen, y no tomasen su amistad; en lo cual quiso venir *y condescender * un Cacique llamado Axayacatzin Xicotencatl, hi- jo mayor de Xicotencatl el viejo, á quien había dado el gobierno de su cabecera su padre, señalándole por su capitán general.
1 En el Lienzo de Tlaxcalla, Citlalpopocatzin recibe á Cortés en Xaltelol- co; después Maxixcatzin lo recibe en Hueyotlipan; y en fin, Xicotencatl en Tlaxcalla: como se ve, no pasó al barrio y cabecera de Ocotelulco, según dice aquí el autor.
Este, pues, venía en consentimiento de que los nuestros murie- sen é los acabasen de matar; y siendo de contrario parecer Ma- xixeatzin, recibió grande enojo, y ansí con grande ira y alteración lo maltrató de palabra, diciéndole palabras de grande injuria, llamándole cobarde, mujer y afeminado, * imputándolo de* traidor, alevoso, y le dió de rempujones, echándolo por unas gradas abajo, cuyo atrevimiento tuvieron en mucha estima ha- berlo hecho ansí Maxixcatzin, respecto á que otros mozos locos no se atreviesen á seguir la opinión * y parcialidad * de dicho Xicotencatl Axayacatzin, el cual era tenido por hombre alocado, de poco consejo y muy mudable en sus pareceres, alterado y sedicioso en la República. * Habiendo pasado esto, y viendo el rigor del tiempo y la guerra trabada con los Mexicanos, cono- ciéndolos por hombres falsos y de poca fidelidad, no se les ad- mitió su demanda ni crédito de lo que pedían, y antes la mayor parte de la gente y estado de la República * siguió la opinión de Maxixcatzin, y este Axayacatzin Xicotencatl murió ajusticia- do, pues lo mandó ahorcar Cortés por consentimiento de la República de Tlaxcalla, estando en Tetzcuco sobre la guerra de México, por ocasión de haberse tornado de la guerra como atrás dejamos recontado.
Habiendo pues pasado Cortés por tan rigurosos trances y vai- venes de fortuna, y deseando dar fin á su negocio comenzado y acabar la demanda, ó ser Señor de todo este Nuevo Mundo; es- tando un día muy cuidadoso, llamó á sus amigos los cuatro Se- ñores de las cuatro cabeceras parcialidades de Tlaxcalla, y pro- poniéndoles el caso, diciendo era dediles cómo quería dar orden de ir á conquistar la ciudad de México, destruilla y tomalla á fuego y sangre, porque estaba enojado con todo aquel reyno de Culhua, y que para hacer esto quería su ayuda y favor por tomar cruel venganza de gente tan falsa y traidora; é que para emprender y acabar tan grande empresa, tenía necesidad de enviar por gente de los suyos que tenía en Cempohuallan, que era la más fuerte y belicosa que traía, porque la había dejado allá para su retaguardia; * que era gente muy valiente y esfor- 234 DIEGO MUSÍOZ CAMARGO.
zada*, y que con aquella gente que viniese reformaría su campo é iría contra los Mexicanos de Tenuchtitlan, que quiere decir lugar ó barrio de la tuna de piedra, cuya derivación quieren in- terpretar por muchas vías y maneras que se tomó por haber nacido en una peña un tunal, sin haber genero de tierra, sino só- lo sobre la piedra, y por haber sido cosa sobrenatural llamaron á esta ciudad de este nombre de la tuna, que llamaron Tenuch- titlan á la ciudad de México. Otros dicen que encima del Cu grande de la dicha ciudad, que era el templo mayor * de los ído- los de aquella ciudad *, nació este tunal sobre una gran peña ó peñasco duro, sin tener ningún jugo de tierra, el cual produjo la fruta llamada Nochtli, que los españoles llamaron Tunas por- que ansí las llaman los naturales de Cuba y Santo Domingo; y ansí por ser caso inaudito nacer una planta sobre un peñasco seco, y sin humedad y sin tierra, los naturales *de esta tierra* lo tuvieron por caso de admiración, y por esta causa, desde que sucedió, de allí en adelante llamaron á la ciudad de México de este nombre, y por más excelencia México Tenuchtitlan; y ansí tuvieron este caso por pronóstico de que la población de México había de ser eterna y permanente, pues los frutales se arraiga- ban en peñascos secos y duros, y que con más razón los hom- bres habían de arraigarse y permanecer allí para siempre. Otros quieren decir que México se llamaba Quauhnochtitlan, que quie- re decir el tunal del Aguila * la tuna de la Aguila*, porque anti- guamente venía á posar encima deste tunal una Aguila, para desde allí abatir á las aves que * tenían los Señores de México, que por grandeza tenían una casa de aves * de todas raleas. Que con la gran antigüedad se había perdido el nombre de Quau- nochtitlan y se llamó Tenuchtitlan, é que corrompiéndose el vo- cablo antiguo, se vino á llamar Tenochtitlan. Otros quieren de- cir que se llamó Tenuchtitlan, porque el tunal que nació en él cuando apareció, que no fué árbol de las tunas buenas comes- tibles, sino que era de las salvajinas que llaman los naturales Tenuchtli, que por su dureza las llaman ansí, que son muy em- pedernidas y disgustosas; * que por estas tunas que llaman Te- HISTORIA DE TLAXGALA. 235 nochtli, se llama México Tenochtitlan: que quiere * decir el lu- gar de las tunas duras y empedernidas. Otros quieren decir y afirmar que fué un cardo del árbol que llaman de la pitaJwria 1 que ansimismo es nombre de las Islas de Cuba y Santo Domin- go, que los naturales de esta tierra llaman Teonochtli ó sea Tuna de Dios. Finalmente, que este renombre que dieron á la ciu- dad de México de Tenochtitlan, lo tomó por haber nacido de 2 aquel lugar del templo, sobre aquella peña ó peñasco, donde solían hacer sus sacrificios idolátricos los naturales de aquella ciudad, y ansí como atrás dejamos referido, se llamó la Ciudad de México por el dios Mexi. 3 Tornando á nuestro principal propósito, pasando adelante Hernando Cortés con su razonamiento, y de cómo quería ir á tornar sobre los Mexicanos y destruirlos, é que para traer las municiones, tiros, pólvora y otros pertrechos de guerra y hie- rro para hacer clavazón, tenía necesidad de su ayuda, y que le acudiesen con gente para traer estas cosas de Cempohuallan y del puerto, * porque estaba muy sentido y enojado de los Cu- lhuas Mexicanos, por su gran desvergüenza y traición y gran atrevimiento, y que convenía mucho que tan gran maldad no quedase sin castigo, porque estando confiados y debajo de se- guro dellos y descuidados desto, entendiendo que los tenían por amigos, le fueron traidores y mortales enemigos, y que para en pago de su maldad y traición, los quería castigar muy cruelmen- te y hacelles guerra como á sus enemigos capitales, como lo ve- rían adelante en seguimiento de esta causa; ansí que, muy lea- 1 Léase Pitahaya. El árbol que produce esta fruta se asemeja mucho á otro que en algunos de los Estados del interior llaman Cardón, y á éste probablemente aludía el autor, denominándolo Gardo, á no ser que haya un descuido del copiante.—K.
2 En el manuscrito de Panes dice—en.—E.
3 La verdad es, que la isla de México tomó su nombre del dios Mexi de la tribu, nombre que fué común á toda la isla, la cual al principio se dividió en dos partes, llamada ?a una Tlatelolco y la otra Tenochtitlan. La parte del Nor- te se llamó Tlatelolco, que quiere decir montón de tierra, porque sin duda era la más elevada, y así se representa en los jeroglíficos; y la otra parte del Sur Te- nochtitlan, del nombre del sacerdote Tenoch, jefe de la tribu que fundó la ciu* dad.
les y fieles amigos míos *, os ruego que me ayudéis en todo lo que se me ofreciere, y más en tan justa ocasión como esta, pues es vuestra propia causa y particular interés vuestro, porque yo de mi parte no os he de faltar.
Acabada esta plática y razonamiento Hernando Cortés, afir- mativamente prometió á los Tlaxcaltecas, que si Dios Nuestro Señor le daba victoria, tenían parte de todo lo que conquistase, ansí de despojos de oro y otras riquezas de todas las provincias y reynos que se ganasen y conquistasen, particularmente la ciu- dad de Cholula y provincia de Huexotzinco y Tepeyacac; y ansí fué como fidelísimos y leales le ayudaron á ganar y conquistar toda la máquina de este Nuevo Mundo, con gran amor y vo- luntad: en todas las cosas que se ofrecieron, siempre los halló muy de su parte y á su lado, con determinación de seguirle hasta morir ó vencer contra sus propios naturales, aunándose con nuestros españoles gentes extrañas de su natural y nación, la cual causa se atribuye ser más obra de Dios Nuestro Señor que de hombres mortales.
Díjoles también que tenía guardada esta gente tan incógnita y apartada para ensalzamiento de su Santa Fe Católica; y aca- bada su plática, como tenemos referido, Hernando Cortés, le respondieron los cuatro Señores, cabeceras de las cuatro par- cialidades de la ciudad de Tlaxcalla. Ante todas cosas conce- dieron todo lo que les pidió, confirmando y ratificando su leal amistad, sin haber en contrario otra cosa; y ansí dándole todo lo necesario como les fué pedido, salieron número de gentes para Cempohuattan con capitanes prácticos de aquella tierra, y conocidos y ejercitados en guerras, para que con más recaudo se trujesen las municiones y cosas necesarias para la guerra de México, y ansí les fué encargado y entregado; todo lo cual tra- jeron con gran recaudo, haciendo en esto uno de los más loa- bles servicios que los Tlaxcaltecas hicieron á la Real Corona de Castilla y á Hernando Cortés en su nombre. 1 1 La conducción de estos pertrechos de guerra y de los cañones por los tlax- caltecas está representada en la lámina trigésima del Lienzo de Tlaxcalla.
Hecha y acabada esta jomada con tanta voluntad y brevedad, y puesto en razón y acabados todos los negocios, Cortés hizo llamar á consulta de guerra sobre lo que se ordenaría, y qué designio se tomaría para ganar á México; á la cual fueron llamados los cuatro Señores de las cuatro cabeceras, Maxixcatzin, Xicotencatl, Citlalpopocatzin, Tlehuexolotzin y otros muchos Ca- ciques y Señores principales y capitanes afamados de la Repú- blica, é habiéndoles dado cuenta de la determinación que tenía Cortés, y de poner en ejecución la toma de México *para aso- lalla y destrailla, y que convenía mucho hacer bergantines pa- ra dar guerra á los de México * por agua y por tierra; y ansí se hicieron trece bergantines en el barrio de Atempa, junto á una hermita que se llama San Buenaventura, los cuales hizo Mar- tín López y le ayudó N. Gómez, 1 y después de hechos por or- den de Cortés y probados en el río que llaman de Tlaxcalla Zahuapan, que se atajó para probar los bergantines, los tor- naron á desbaratar para llevarlos á cuestas sobre hombros de los de Tlaxcalla á la ciudad de Tetzcuco, donde se echaron á la laguna, y se armaron de artillería y munición. Fueron en guarda de estos bergantines más de diez mil hombres de gue- rra con los maestros de ellos, hasta que los armaron en el agua de la laguna de México, que fué obra de mucho efecto para to- marse México: 2 é que los había llamado (díjoles Cortés) para dalles cuenta de ello, y que sin su parecer no quería comenzar cosa alguna, sino que como amigos verdaderos había querido comunicar y tratar con ellos antes de dar principio á cosa nin- guna, en especial negocio de tanta importancia, porque se re- 1 En el manuscrito de Panes se lee Neguez Gómez, y en la traducción fran- cesa se compendió el pasaje suprimiendo el nombre. Todo esto indica la difi- cultad que presentaba la lectura del original. Bernal Díaz (capítulo 140) dice " que ayudaron á López Andrés Núñez y un viejo que se decía Kamírez, y un " Diego Hernández aserrador, y ciertos carpinteros y dos herreros con sus fra- " guas y un Hernando de Aguilar que les ayudaba á machacar, etc."—K.
2 Sin duda aquí falta algo del original que los copistas deben haber supri- mido.
presentaba el duro caso y sangriento combate que había de te- ner con los Culhuas Mexicanos, que por una parte le daba pena, dolor y lástima que tenía de ellos, y por otra se le representa- ba la ignominiosa traición que con él y sus amigos usaron, ma- tándolos sin ninguna piedad; que sus belicosos españoles no veían ya la hora de verse envueltos con ellos, por verse venga- dos de tan atroz delito, * como fué el que contra ellos cometie- ron con atrevimiento temerario *; que por fuerte é inexpugna- ble que fuese México, no le estimaba en cosa alguna, antes el ganallo y ponello debajo de sus pies lo tenía por negocio de po- cos momentos, porque sin comparación era mayor su ánimo y esfuerzo y el de sus españoles, que estaban ya como leones y ti- gres fieros y hambrientos, por despedazar á los Mexicanos en- tre sus manos; y que movido de piedad, y visto que no era justo guiarse ni gobernarse por la voluntad de los suyos, quería ex- cusar los grandes daños é ir por los menores inconvenientes, y que él les iba á la mano y se lo estorbaba con la disciplina más piadosa y modesta, no consintiendo, ni dando lugar á que usa- sen de crueldad y ansí amigos míos, yo querría comen- zar esta guerra con vuestro parecer é ir á esta jornada con la mayor templanza que pudiese y Dios me inspirase por excusar tantas muertes, porque yo no vengo á matar gente ni á cobrar enemigos, sino á cobrar amigos y á dalles nueva ley y nueva doctrina de parte de aquel gran Señor el Emperador, que es el que me ha enviado.
Dichas estas palabras y otras muchas que para el tiempo y ocasión en que estaba le convino decir, á lo cual dicen los na- turales de Tlaxcalla que los cuatro Señores de las cuatro cabe- ceras ó parcialidades le respondieron resueltamente de que la guerra se comenzase como mejor le pareciese y él ordenase;
que ellos le ayudarían é irían con él y le seguirían, atribuyéndo- se á sí propios la gloria desto * y de la orden que en todo se dió para la guerra, porque dicen que ellos dieron este parecer; por- que dicen ansí, que habiéndoles tratado Hernando Cortés lar- gamente el negocio de la guerra con el más encumbrado enea- recimiento que pudo, y * habiendo dado cada uno su parecer, unos contrarios de otros, los Señores de Tlaxcalla y sus capi- tanes dieron el suyo, y fué que ante todas cosas se conquistase la provincia de Tepeyacac y toda su comarca y las demás pro- vincias sujetas á los Mexicanos, é que haciendo esto, sería desmembrar y cortar las raíces del árbol, y que quedando destron- cado sin fuerza ninguna, con facilidad se derribaría por el suelo, porque ganándole los sujetos que estaban menos fuertes, que- daría la ciudad de México sola, sin que le pudiese entrar nin- gún socorro de parte ninguna, no se podría sustentar mucho tiempo *, y que con esto se ganaría sin riesgo de tantas gentes;
y tomado México *todo lo demás se sujetaría con mucha faci- lidad, y no haciendo esto tenía fuerzas para mandar sus gentes y que se expugnaría á costa de mucha gente, porque sería gran- de su resistencia, y la guerra duraría mucho tiempo, porque al fin los vasallos habían de acudir á su Señor y Rey y á su pa- tria y República, porque todas las provincias y reynos se gober- naban por Señores Mexicanos; cuyo acuerdo, consejo y parecer quieren atribuir, ansí como tengo referido, los Tlaxcaltecas que fuese dado por ellos, que fuese dado por los nuestros: ello fué de mucho efecto y heroico pensamiento y acuerdo, pues se fué por esta orden, y se comenzó á proseguir la guerra, conquis- tando y sujetando toda la redondez de este reyno, y especial- mente los lugares y provincias más * circunstantes y * vecinas de México, y de donde se presumía que podía venirle socorro, hasta que á honra y gloria de Dios Nuestro Señor se conquistó y pacificó toda la máquina de este Nuevo Mundo, como más elegantemente lo tratan los escritores de la conquista de Méxi- co á que me refiero.
Llegada á México de los primeros misioneros franciscanos.—Singular y humil- de recibiente que les hace Cortés. — Primeras predicaciones. — Destruc- ción de los templos é ídolos.—Ejecuciones de justicia en los pertinaces.
Denuncia de los restos del dios Camaxtli. — Descripción. — Era hombre blanco.— Miscelánea de anécdotas. — Fray Jerónimo de Mendieta y sus escritos.—Noticia de los llamados Niños mártires de Tlaxcalla.—Desor- den político en los tiempos inmediatos á la conquista.—Riesgo que corrían los españoles por su nombre de cristianos. — Medidas adoptadas para ase- gurarlos.
Habiéndose ganado y conquistado la ciudad de México y pa- cificado mucha parte de la Nueva España, como está tratado, llegaron de España los doce frailes de la orden de San Francis- co el año de 1524, con gran gozo y contentamiento de Fernan- do Cortés, á los cuales recibió con muy gran veneración y aca- tamiento, que fué uno de los mayores y más grandes ejemplos que dio de su nobleza, virtud y persona, y muestras de su gran valor á toda esta tierra, cuya memoria quedará eternizada hasta el fin y consumación del mundo, porque yendo de rodillas aba- tido por el suelo, tomó las manos al Reverendo Padre Fray Martín Valencia, custodio de los doce religiosos que consigo traía, y se las besó, cuyo hecho devotísimo y humilde recibi- miento, fué uno de los heroicos hechos que este capitán hizo, porque fué documento para que con mayor fervor los naturales de esta tierra viniesen á la conversión de nuestra Santa Fe, como después vinieron; de suerte que con esta devoción conque fueron recibidos estos santos varones, el día de hoy los natu- rales tienen en mucho á los sacerdotes y siervos de Dios, máximamente á los maestros de doctrina de Señor San Francisco. Con la llegada de estos padres benditos, luego pusieron por obra la conversión general de estos naturales, y dar orden de cómo se había de disipar la idolatría sin escándalo ni alboroto alguno;
y siendo ansí y poniendo en ejecución su santo propósito, co- menzaron á derribar los ídolos de los templos, con celo edifican- te de extirpar y desarraigar los ritos infernales que entre esta gente había, quemando los simulacros horrendos y espantosos, dando con ellos en tierra, sin que ninguno se los osase impedir- lo ni estorbar.
Con esta tan sublime obra, comenzaron á promulgar y pre- dicar el sagrado evangelio y doctrina de Nuestro Dios y Salva- dor Jesucristo, con ayuda de muchos niños hijos de Caciques y Señores que á los principios doctrinaron, instruyéndolos ente- ramente en las cosas de nuestra Santa Fe Católica; en cuya obra hacían muy gran efecto é impresión en esta nueva planta, y prosiguiendo en ella, les comenzaron á quitar las muchas mu- jeres que tenían y los otros demás ritos de idolatría, y otras muchas supersticiones, sacrificios horrendos, cruelísimos y abo- minables de sangre humana ofrecida al demonio, sacada y de- sangrada de sus propias carnes, quitándoles ansimismo que trujeran orejeras 1 los hombres ni las mujeres, ni bezotes, 2 y otros obominables usos y costumbres que tenían, y que los hombres no tuviesen más de una mujer, y las mujeres más de 1 Adornos á manera de sarcillos, que en los hombres era además una distin- ción ó insignia del cargo público civil ó militar que desempeñaban.—R.
2 Palabra inventada por los españoles y derivada de la antigua Beso (labio). Llamaban así un adorno de cristal de roca, de piedra verde esmeralda (Chal- chihuitl) y lo más común de obsidiana, que se acomodaba en el labio inferior, horadándolo. Tenía una forma á manera de sombrero de copa alta, y por ello les llaman vulgarmente sombreritos. En el Museo Nacional hay varias mues- tras. Los de cristal eran una distinción peculiar á la servidumbre del Empe- rador.—R.
un hombre por marido, y esto había de seí por orden de Nues- tra Santa Madre Iglesia y con licencia de los Ministros de Dios, y que se quitasen los bragueros que traían y se pusiesen zara- güelles 1 y se vistiesen camisas, que era traje más honesto, y que no anduviesen en carnes y desnudos como antes andaban. A esta tan santa obra, algunos de los Caciques y principales se mostraron duros y rebeldes y más que pertinaces, pues con ha- berse bautizado tornaron á reiterar en sus idolatrías y gentili- dad y antiguo uso, los cuales murieron por eso ahorcados por mandado de Hernán Cortés y por consentimiento de la Seño- ría de Tlaxcalla, que fueron los que eran señalados por dibujo. 2 Sólo diremos que después de que estuvo arraigada la fe y ex- tendida, * yéndose como seiba extendiendo la ley evangélica*, D. Gonzalo Tecpanecatl Tecuhtli, Señor que fué de la cabecera de Tepeticpac, tenía escondidas en su casa las cenizas de Camax- tli, ídolo muy venerado entre los naturales de esta provincia;
y teniéndolas encubiertas en su casa en un oratorio, pasaba con ellas gran inquietud y trabajo, sucediéndole grandes alteracio- nes, desgracias y calamidades en sus haciendas, porque el demonio le fatigaba, y no osaba descubrir á nadie, ni decir el mal que tenía en su casa escondido, con hacelle tan mala vencindad y compañía; mas viniéndose á confesar una Semana Santa, como es precepto, se confesó con Fray Diego de Olarte, Religioso del Orden de San Francisco, y en el discurso de su confesión, descubrió á este santo varón cómo tenía guardadas en su casa las cenizas del ídolo Camaxtli, y *que no lo había osado decir ni descubrir á nadie por su reputación, y porque no le tuviesen por mal cristiano, é que agora que había conocido á Dios y en- tendido la burla y engaño en que vivía y vivieron sus antepasa- dos, y que por eso agora se lo descubría, é que mirase y viese lo que mandaba hacer de aquellas reliquias de su idolatría, que él estaba muy obediente á todo lo que mandase. El buen reli- 1 Especie de calzones anchos y fallados en pliegues.—R.
2 No existe esto en la copia, y Bustamante advierte en una nota, que tam- bién faltaba en el original.— R.
gioso le mandó que las trújese, y que no le quería absolver has- ta que se las manifestase, porque de otra manera no le podía * absolver ni bendecir en su agua 1 dellos: ansí se dice fué * que el dicho D. Gonzalo Tecpanecatl Tecuhtli le trujo las cenizas del ídolo Gamaxtli, se las entregó y luego el padre Olarte en su presencia las quemó y derramó por el suelo con gran menos- precio de ello, y predicó con grandes exhortaciones al D. Gon- zalo, el cual tuvo gran dolor y arrepentimiento, llanto y lloro de sus culpas y pecados; y ansí aquella semana propia de Jue- ves Santo, estando disciplinando ante una imagen de Nuestra Señora, espiró y dió el ánima á Dios Nuestro Señor después de haber confesádose y comulgado; y ansí lo hallaron muerto y de rodillas», ante la imagen de Nuestra Señora, en el hospital de la Anunciación, lo cual dejamos atrás citado y prometimos de de- clarar el fin que tuvieron las cenizas del ídolo Camaxtli.
Al tiempo las cenizas deste ídolo se desbarataron y desenvol- vieron de las envolturas que tenían: dentro de un cofrecillo de palo hallaron en las cenizas unos cabellos rubios, porque afirman los antiguos viejos que fué un hombre blanco y rubio. An- simismo hallaron entre las cenizas una piedra esmeralda, porque se la solían poner á los hombres famosos en medio de sus ceni- zas, hechas unas 2 con sangre de niños muertos que para este efecto mataban, las cuales piedras decían que eran el corazón de los hombres de valor.
Dende ahí en adelante, ovo quietud en las casas y haciendas de los herederos de dicho D. Gonzalo: no tan solamente había en esto mucho que decir, sino en otras cosas más que sucedie- ron dignas de memoria.
Aunque Fray Jerónimo de Mendieta, fraile de la Orden de San Francisco, ha escrito largamente de las cosas sucedidas acer- ca de la conversión de los naturales de esta tierra, y porque en 1 Así dice en el manuscrito de Panes de donde está tomado este pasaje, que falta en el otro. En la traducción francesa también se suprimió, quizá por la dificultad de la lectura que no presenta un sentido recto.—R.
2 Es decir, mezcladas ó amasadas.—R.
HISTORIA DE TLAXGALA. 245 este lugar se nos ofrece ocasión de tratar algunas cosas dignas de eterna memoria, salimos de nuestro principal intento. Y es el caso que un Cacique llamado D. Cristóbal Axotecatl, prin- cipal del pueblo de Atlihuetza sujeto á Tlaxcalla, martirizó un hijo suyo llamado ansimismo Cristóbal, y por ser muchacho de poca edad le llamaban ansí los religiosos Cristobalito, y su común nombre era Cristobalito, á manera de regalo, 1 y habién- dose bautizado y tomado por nombre Cristóbal, su padre Axo- tecatl tornó á idolatrar, y por no ser sentido puso á su hijo con los frailes en el monasterio de Tlaxcalla, para que fuese doctri- nado é instruido en las cosas de Nuestra Santa Fe, y fué Nues- tro Señor servido de que en muy breve tiempo fuese tan buen cristiano que no había más que desear: los religiosos le tenían en tanto, que no se hallaban sin él, el cual iba á su padre D.
Cristóbal muchas veces á predicalle las cosas de Nuestra Santa Fe, declarándole la doctrina cristiana, contradiciéndole y repro- bándole la gentilidad y reprobada idolatría, y cómo era devaneo y engaño, y que le rogaba mucho como hijo suyo que era, y que tanto le amaba, que dejase de idolatrar, se convirtiese á Dios y le sirviese; mas como su padre estuviese endurecido y obsti- nado, nunca quiso dar crédito á su hijo á cuanto le decía y amo- nestaba. Visto esto por Cristobalito, rogó con gran instancia á su madre que se lo dijese y rogase á su padre, que pues era bautizado, que siguiese la fe de los cristianos y se volviese á Dios y aborreciese á sus ídolos, porque recibía grande afrenta y no osaba parecer ante sus maestros los religiosos.
* Viendo que su padre todavía servía al demonio y á dioses de piedra y de palo, lo cual rogaba á la madre con grande ins- tancia y de que fuese parte que su padre se tornara á Dios y dejase al demonio; la madre, viendo la razón que el hijo tenía*, rogó á D. Cristóbal su marido que volviese á la ley de Dios, y que viese cuán buena y cuán limpia era y descansada, y que dejase de adorar á los ídolos * como su hijo le decía *; y que an- 1 Es decir, por cariño,— IR.
sí se lo habían enseñado los Padres de Santa María, que eran los frailes, que en aquella sazón ansí los llamaban. Y como este negocio fuese tan odioso á D. Cristóbal Axotecatl, mandó matar á su mujer. Muerta la madre, su hijo Cristóbal vino al dicho su padre con mayor fervor y osadía á amonestarle, diciéndole que dejase su idolatría y de servir á los ídolos, porque si no lo ha- cía y se enmendaba por bien, que él propio le quitaría los ído- los y descubriría; *pero que como hijo le rogaba se quitase dello, porque vivía corrido y afrentado entre los frailes siervos de Dios que le habían doctrinado *; y que mirase era Señor y principal en la República de Tlaxcalla, y no diese mala cuenta de su persona, ni lugar á que le perdiese la obediencia y respeto que le tenía de padre, porque en este caso no le podía guardar ningún decoro é que le quemaría los ídolos. De las cuales pa- labras el D. Crislóbal Axotecatl recibió grande enojo y terrible coraje contra Cristobalito su hijo, y un día, estando muy quie- to y seguro Cristobalito en servicio de los religiosos, su padre le envió á llamar, y estando en su presencia le dijo estas palabras:
¿Cómo, hijo mío, engéndrete yo para que me persiguieses y fue- ses contra mi voluntad? ¿Qué te va á tí que yo viva en la ley que quisiere y bien me estuviere? ¿Es este el pago que me das de la crianza que te he hecho? Diciendo estas palabras arreme- tió á él y le dió de porrazos con una porra que traía de palo, con que le hizo pedazos la cabeza, y le mató. Después de muerto le mandó echar en una foguera que tenía hecha en su propia casa y aposento, y como no se pudiese quemar el cuerpo de Cristobalito, le mandó sacar de la foguera y le hizo enterrar en una foguera suya, que era aposento bajo de terrapleno. Hecho esto y enterrado al dicho su hijo lo más secretamente que pudo, al cabo de muy pocos días los religiosos echaron menos á su Cristóbal, que no solía faltar tanto tiempo. Procuraron luego saber de él y buscalle con gran diligencia, que luego sospecha- ron lo que podría ser; y como no apareciese, al cabo de muchos días, por indicios y sospechas, se vino á sacar de rastro cómo su padre D. Cristóbal lo había muerto á él y á su madre; y luego HISTORIA DE TLAXOALA. 247 por confesión suya súpose cómo los había muerto, cómo y de que manera y la razón que para ello tuvo, y de cómo los tenía enterrados á los dos en su recámara. Ansí por esto, como por otros negocios, fué justiciado el dicho D. Cristóbal Axotecatl, el cual fué bautizado y murió cristiano. Sentenciólo á muerte D.
Martín de Calahorra, que conoció de la causa, y lo mandó ahor- car por mandado de Cortés: y visto todo por los religiosos de aquellos tiempos, hicieron desenterrar los huesos de Cristoba- lito y los de su madre, y los llevaron al monasterio de Tlaxca- 11a, donde el día de hoy los han de tener guardados, que pia- dosamente se puede creer que fueron mártires madre é hijo. 1 Lo mismo acaeció en el pueblo llamado Santiago Tecalco, y por lo mal sonante del vocablo se llama el día de hoy Santiago Tecalpan: otros le llaman Teealli, pueblo que tienen en enco- mienda los sucesores de D. Francisco de Orduña á quien fué en- comendado; que yendo por toda aquella comarca ciertos reli- giosos que salieron de Tlaxcalla á predicar, llevaban consigo unos niños que tenían doctrinados, á que buscasen y descubrie- sen ídolos, y algunos idólatras que siempre se estaban endure- cidos y en no quererse convertir á la fe de Jesucristo; y como fuesen tan perseguidos de los muchachos, una noche los Caci- ques de aquel pueblo los convidaron á cenar á tres de ellos, y aquella propia noche procuraron matallos; mas fué sentido por los niños, por algunos avisos que tenían de otros indios, que tam- bién por inspiración divina dos de ellos se pusieron en huida, se escondieron y escaparon de entre sus manos: al uno de ellos que alcanzaron lo mataron aquella noche, siendo de edad de quin- ce años y era natural de Tlaxcalla; y como en aquellos tiempos 1 Los pormenores de este trágico suceso y del que á continuación se relata, pueden verse en el opúsculo que Fray Toribio Motolinía, uno de los doce prime- ros misioneros franciscanos, escribió con el título de Vida de tres niños tlaxcal- tecas y los martirios que padecieron por la Fe de Cristo. Imprimióse á princi- pios del siglo XVII, traducido al mexicano por Fray Juan Bautista, y vuelto á traducir de éste al castellano en 1856 en la colección intitulada Documentos para la Historia de México, tercera serie en folio.—R.
no usaban los naturales dagas ni puñales, ni cuchillos para con ellos darle puñaladas al que querían matar, dábanle de porra- zos que era su costumbre antigua, y ansí tenían para este efecto unas porras de palo pesado ó Macanas, y con ellas aporreaban;
por manera que á este niño, habiéndole aporreado y dado en la cabeza muchos golpes, y teniéndola hecha pedazos y magulla- da, nunca perdía el sentido para encomendarse á Dios, y clamando á grandes voces decía que aquello que le hacían fuese por amor de Dios, y que no se le daba nada que lo matasen, que daba su vida por bien empleada, con tal que ellos se bau- tizasen y creyesen en Dios, que aunque él muriese y perdiese mil vidas que no les había dejar de decir que se bautizasen, convirtiesen á Dios y dejasen de ser idólatras, *que no por temor ni miedo de perder la vida había de dejar de dediles la verdad y de cómo vivían engañados de sus ídolos*; y desta suerte murió hecho pedazos * como tenemos referido *, siendo de su propio natural. Y aunque en todo el tiempo que lo esta- ban matando les estuvo predicando y reprendiendo, que fué to- da la noche hasta el día siguiente; y sus compañeros que esta- ban escondidos, visto que no podían dejar de padecer otro tanto, le dejaron y se fueron huyendo, y se tornaron á Tepeyacac, donde dieron cuenta á los frailes de lo que les había pasado, y cómo los Tepalcanecas habían muerto á uno de sus hijos, de que recibieron gran pena. Mas como en aquellos días no se eje- cutaba la justicia ni había castigo en los excesos, *por no alte- rar á los naturales, se quedó esta crueldad sin castigo. Destos casos * sucedían en diversas partes desta tierra, aunque algunos quieren decir que fueron castigados *y hecha justicia de los matadores; aunque se pasaba por muchas cosas destas, por la razón que dejamos referida*. También acaecían otras muchas muertes que se pasaba por ello, y otras de que no se tenía no- ticia entera, que el tiempo y el descuido de nuestros españoles las han consumido y puesto en eterno olvido. Acuérdome en este lugar que en la Ciudad de México, catorce años después de conquistada toda la tierra y pacificada por Cortés, yendo con otros muchachos hijos de españoles por los barrios de los na- turales, nos corrieron unos indios embijados; de seis ó siete que íbamos nos cogieron un compañero y se lo llevaron, que nunca más pudo saberse de él; y sin este que nos llevaron á ojos vis- tas, hurtaban los que podían para comérselos ó tornarlos indios.
Dejando esto aparte, que era lo de menos, los españoles que caminaban á solas para ir á los pueblos y á otras provincias, los mataban y consumían secretamente, sin poderse saber de ellos;
hasta que se puso remedio, y mandó en toda la tierra á los Caci- ques y reynos, que tuviesen cuenta con los españoles que cami- naban para pasar á otros pueblos, que en aquella sazón los llamaban cristianos, porque también lo eran ellos; y que de allí en adelante no los llamasen cristianos, sino que los llamasen españoles ó Castittecas, que tanto quiere decir como Castellanos:
aunque con todo esto el día de hoy los llaman cristianos: y con este orden, como está dicho, dende allí en adelante ya se tuvo muy gran cuenta y cuidado de nuestros españoles, * y daban cuenta los naturales de ellos * á donde quiera que iban, entre- gándolos al pueblo donde llegaban, y traían razón adonde que- daban, trayéndolos retratados de la edad que eran, si iban á pie ó á caballo, sus vestidos y ropaje que llevaban, de qué color eran y manera de su traje. Dende entonces faltaban ya muy pocos ó casi ningunos, si no eran los que salían de México á Guatema- la, Chiapas, Honduras, Nicaragua, y tierras remotas que aún es- taban en guerra y por pacificar CAPITULO IX.
Nuevos descubrimientos después de la conquista.—Expedición de Cortés á las Hibueras.—Turbaciones en México durante su ausencia.—Váse á España. —Vuelve á México casado y con empleos y honores.—Su desgraciada ex- pedición á California. — La misma á las Islas de la Especería. — Llega á México el primer Virrey D. Antonio Mendoza.—Expediciones á la Espe- cería, California y Nuevo México.—Coronado, Alarcón y Fray Marcos de Niza.—Otros descubrimientos y poblaciones.—Llegada del visitador Tello de Sandoval y publicación de las leyes en favor de la libertad de los indios. —Conjuración de los negros. Otra de españoles.—D. Antonio de Mendo- za pasa al Perú de Virrey.—Elogio de su gobierno en México.—Proteje las artes y todos los establecimientos útiles.—-Bate moneda de cobre y los indios la arrojan á la laguna. —Provisión de Obispados.—Primeros religio- sos misioneros.— Clérigos.
Habiendo tratado sumariamente de las cosas sucedidas en esta tierra y venida de los primeros españoles, será bien hacer otra breve discursación de tiempos, aunque distante y apartada de nuestro principal intento, no saliendo de los límites de nues- tra instrucción. Pacificada pues la tierra y aquietados los natu- rales de ella, luego se entendió en la pacificación de todo el rey- no, y reformación, reedificación y población de la insigne y más que opulenta Ciudad de México, que tan destruida había que- dado con las guerras. Cortés dió en esto las mejores órdenes que pudo, mandando hacer casas y calles á modo nuestro, con tal principio y fundamento, que permanece hasta el día de hoy en grande aumento y propiedad, enviando desde esta ciudad á todas las provincias, reynos y Señoríos de Moctheuzomatzin, personas principales que las facilitasen, gobernasen y poblasen de españoles; como fué al reyno de Michoacán Juan Saucedo el romo; á Guatemala, D. Pedro de Alvarado; á Pánuco, Gon- zalo de Sandoval; á Yucatán, Tabasco, Campeche y Champoton á Francisco de Montejo; á Chiapas á Juan de Mazariegos: á las provincias de las Hybueras y Honduras fué el mismo Fernan- do Cortés personalmente, dejando allá por Capitán y su Lugar Teniente á Cristóbal de Olid, á quien después le mató Francis- co de las Casas y Juan Núñez Mercado por mandado de Cortés, por presunción y sospecha que de él tuvo que se alzaba con aquel reyno; y quedando en esta pacificación vino por Goberna- dor de las provincias de Pánuco, de México y Nueva Galicia Ñuño de Guzmán, que pasando por el reyno de Michoacán hizo ajusticiar al Rey Catzontzin con grandes y crueles tormentos, hasta que murió de ellos, por ocasión de que no quiso dar ni descubrir el tesoro que tenía, ni las minas de plata que en su tiempo había; y desde este reyno de Michoacán, fué á las pro- vincias de Xalisco y Culhuacan, cuyas tierras ganó y conquistó y pacificó, haciendo grandes insolencias, tiranías y crueldades con los naturales de aquella tierra, por cuyas demasías el Em- perador D. Carlos V, * Rey y Señor nuestro de gloriosa memo- ria*, le mandó llevar preso á los Reynos de Castilla, yantes que se fuese desta tierra estuvo mucho tiempo preso en la cár- cel pública de México, hasta que fué llevado * á los dichos rey- nos de Castilla * á Valladolid, donde á la sazón residía la Corte de Su Majestad, donde el dicho Ñuño de Guzmán acabó des- venturadamente con pleitos y contiendas, defendiendo sus cau- sas con mucha pobreza y miseria. 1 1 En el manuscrito de la Universidad se lee de la misma letra del texto, la siguiente apostilla. "Salió Ñuño de Guzmán de la Ciudad de México el año de 1531 para la conquista de Xalisco con 250 caballos y 500 españoles. Pasó por la provincia de Michoacán y quitó allí diez mil marcos de plata y cantidad de oro bajo, y al cabo mató á Catzontzi con otros muchos indios y Caciques; y pasó adelante con grandes ejércitos de indios de México, de Tlaxcalla y otras En este lugar trataremos breve y sumariamente de las gran- des contiendas y alteraciones que resultaron en la Ciudad de México, por la jornada que hizo Cortés á Hibueras, las cuales procedieron por sólo el apetito de ambición y deseo de mandar;
y fué el caso sobre cuál de los oficiales Reales había de tener el Gobierno de la tierra, que esto debió ser el principal fin y fun- damento de cada uno de ellos, la cual discordia pasó entre los oficiales de Su Majestad, con motivo y ocasión de las comisio- nes que Cortés les había dejado al Fator Gonzalo de Salazar, y al Tesorero Alonzo de Estrada, y al Veedor Peralmíndez Chiri- nos y al Contador Rodrigo de Albornoz; lo cual causó la nueva que se había tenido de que Cortés era muerto y muchos com- pañeros de los que había llevado consigo á esta jornada traba- josa, cuya nueva fué causa de la contienda entre los oficiales > pues cada uno de ellos pretendía gobernar de por sí, y convoca- ba á sus amigos para seguir su opinión. Con aquella sediciosa ambición, y estando en el mayor furor de sus pasiones y desa- tinados deseos, llegó pues nueva del bien afortunado Cortés, de cómo estaba en la tierra, y que había venido á esta Nueva Es- paña, habiendo pasado muy grandes trabajos y sucesos inaudi- tos él y sus compañeros en esta grande y atrevida jornada que hizo de las Hibueras, según que más largamente la tratan las cró- nicas, y lo refiere en particular Francisco de Terrazas en un tra- tado que escribió del aire y tierra: y con esta llegada de Cortés cesaron muchas diferencias y obstinadas disenciones causadas de cosas pasadas, porque se renovaron con su venida negocios tierras, y de españoles que llevó consigo, con que conquistó la provincia de Xa* lisco, Centicpac, Chiametla, Tonallá y Culhuacan, en la cual guerra perdió muchos españoles é indios. Llamó la provincia de Centicpac la Mayor de Es- paña, y el reyno de Xalisco la Nueva Galicia; pobló á Compostela y á Guada- laxara, y le puso estos nombres, y la villa del Espíritu Santo, la Concepción y á San Miguel en Chametla que está á treinta y cuatro grados. Fué Ñuño de Guzmán Gobernador de Panuco y Presidente de la primera audiencia Keal de México, y Gobernador de la Nueva España, y por grandes querellas que del ovo, y porque le quitaban el cargo de Gobernador, salió de México á lacon^ quista de Xalisco el año de 1531." [Nota de Bustamante~\.—1&.
muy pesados, de qüe resultaron grandes sediciones de hombres inquietos y bulliciosos, que estaban deseosos de que la tierra se alborotase; y con esta su venida y madura prudencia, apaciguó la tierra con los mejores medios que pudo, dando asiento nue- vo en el Gobierno de la tierra á la reedificación de México, no dando lugar á la tiranía que deseaban emprender los nuevos gobernadores á título de que eran oficiales de Su Majestad, y que á ellos incumbía gobernar la Nueva España, con intento
de usurpar la fama y gloria del valeroso Cortés que con tanta feli- cidad había ganado, eternizando su fama, queriéndole obscure- cer y aniquilar sus valerosos hechos y tan heroicas proezas, como lo habían intentado sus émulos y contrarios, escribiendo contra él al Emperador y á su Real Consejo. Visto por Corteólos perniciosos humores congelados de maliciosos intentos * que- rían muy malos desopilar 1 si sobrepujasen y viniesen á predo- minar su buen celo y sincero propósito *, determinó irse á los Reynos de Castilla y salirse de entre las llamas de tan encen- dido fuego, y * dando de mano á los apostemados propósitos * dejó la tierra por muchas causas y razones que á ello lo movie- ron: la primera y más principal fué buscar la triaca de su reme- dio y resistir la venenosa ponzoña de sus contradictores, cuyo intento era ponelle en mal con el Emperador, y que no le des- quiciaran de * la buena opinión que tenía y había ganado de sus heroicos hechas y * la buena suerte y dicha que Dios le había dado, y porque su causa no pereciese por ausente, y éste le pa- reció el más acertado acuerdo de cuantos podía imaginar, que era ir personalmente á los pies de su Rey Señor, y dalle la obe- diencia como á su Señor supremo, y ofrecelle el servicio que le había hecho en ganalle esta tierra del Nuevo Mundo * que tan valerosamente había ganado en su Real nombre *, como leal y obedientísimo vasallo suyo, y haciendo ausencia de sus ene- migos.
Con este presupuesto se embarcó é hizo á la vela, y fué tal 1 Así en el manuscrito de Panes. Este pasaje falta en el otro.—R.
y tan próspero el viaje y navegación que hizo, que dentro de treinta y ocho días llegó al Puerto de San Lúcar desde; el día que partió de la Villa rica 1 con bastimentos y matalotajes bien inusitados. Con esta su llegada cesaron grandes negocios que habían llegado de sus contradictores á oídos de Su Majestad y de su Real Consejo; mas luego de como fué llegado á los Rey- nos de Castilla, se fué derecho á los pies del Emperador, Señor clementísimo, y con esto que hizo todo le sucedió tan bien y con tanta facilidad, que Su Majestad se tuvo por bien servido, y le hizo muchas y muy grandes mercedes y favores, y le dió el título de Marqués y le casó con Doña Juana de Zúñiga, hija del Conde de Aguilar, y le mandó volver á esta Nueva España, honrado y favorecido, con grandes ventajas, partidos y particu- lares privilegios, y le hizo su Capitán General de esta Nueva Es- paña, de lo ganado y de lo que estaba aún por ganar y descu- brir. También le hizo Almirante de la Mar del Sur. Todas es- tas mercedes ganan y consiguen aquellos que lealmente y bien sirven á sus Reyes, y en especial á los Príncipes cristianísimos) como fué el Emperador D. Carlos, de gloriosa memoria, y á nues- tro invictísimo Rey D. Felipe (que guarde Nuestro Señor mu- chos años).
Después de su llegada de los Reynos de Castilla con tanta gloria y pujanza, y dando nuevo asiento á las cosas de esta tie- rra, hizo la jornada y nueva navegación de la Mar del Sur en demanda de las Islas que se decían en aquel tiempo Islas de Sa- lomón, y de la Isla de Tarsis y California, la cual le sucedió tan mal y tan siniestramente, quejcasi se le perdieron todos los na- vios, y estuvo más de un año perdido en el gran río del Tyzón y California, adonde pasó grandes trabajos, que pensó perecer él y toda su gente, ansí de hambre como de no hallar las po- blaciones de que tenía noticia por relaciones; que aunque aque- lla costa por donde anduvo es de muchos indios y poblaciones, es la más gente desnuda y bárbara, que viven como árabes y 1 Veracruz. R.
pobrísima, que no saben loque es oro ni plata; y como no tuvo con qué,pasar adelante por la pérdida de sus navios, sufriendo tantas peregrinaciones, procuró volver á esta tierra con harta pérdida de su gente y hacienda, mas no cansado ni enfadado de los casos de fortuna. Pretendió tras esto hacer la nageva- ción de las Islas de la Especiería, que en aquella sazón llamaban los Malucos y tierra firme de la gran China, y en efecto armó contra aquella tierra y fué general de aquella armada Alvaro de Saavedra Cerón: fué por maestre y piloto uno que se llamó el Maestre Corzo, uno de los que pasaron con Magallanes; y esta fué la primera navegación que se hizo * desta tierra para las Islas que agora llaman Felipinas, que fué la segunda nave- gación que se hizo * por la Mar del Sur de esta Nueva España en tiempo de Fernando Cortés, la cual armada se perdió y vi- nieron á remanecer algunos de los nuestros á la gran India de Portugal.
Estando Cortés en demanda de la California como dejamos referido, llegó de España D. Antonio de Mendoza por Virrey desta Nueva España, presidiendo en la Real Audiencia de Mé- xico D. Sebastián Ramírez de Pedraza, 1 que después vino á ser Obispo de Santo Domingo en la Isla Española. Este D. Antonio de Mendoza fué muy principal caballero, hermano del Mar- qués de Mondejar; y el primer Virrey que vino á esta Nueva Es- paña el año de 1534. 2 Gobernó tan bien y prudentemente, que 1 Así en ambos manuscritos, mas la persona es muy conocida y en todos los documentos se le da como último apellido el de Fuenleal y nunca el de Pedraza—E.
2 No se concibe cómo han podido caer en error aun los contemporáneos, so- bre la fecha de la entrada del primer Virrey en México. Desde el cronista He.
rrera hasta la Guía de Forasteros que publicaba oficialmente el Virreinato cada año, se ha divagado, discrepando hasta tres años. Aquella data puede fijarse con toda certidumbre entre el 15 y 16 de Noviembre de 1535, según las cons¿ tancias que he recogido del libro original de Cabildo de esta Ciudad: consta en sus actas que el día 2 de Octubre tuvo noticia el Ayuntamiento del desembarque del Virrey en Veracruz; que en los días 12 y 13 de Noviembre preparó las solemnidades de su entrada; y que el 17 los capitulares encargados de recibirlo, dieron cuenta de la Conferencia que habían tenido con el Virrey.—R.
HISTORIA DE TLAXGALA. 257 con su valor, prudencia, y sagacidad y cristiandad, pacificó, alla- nó y dio asiento á toda la tierra y poblaciones del la. En tiem- po que este tan cristiano príncipe gobernaba la Nueva España, se hizo]la segunda navegación * de la Especería, la cual armada hizo á su costa y minción* en compañía de D. Pedro Alvarado, y fué por General de ella el Capitán Ruy López, natural de Vi- llalobos, y llevó por segunda vez de su Piloto al maestro Corzo, de quien arriba hicimos mención (que conocí muy bien); cuya jornada y navegación fué tan infelice y desdichada que se per- dió toda sin ser de ningún efecto, y fué ocasión de habérsele muerto toda la gente y no tener con quien volver los navios; y de aquí tomaron abuso decir que por las grandes corrientes y vientos contrarios, no podían volver los navios á esta Nueva España, cuya ironía 1 duró muchos años, y que no se podía pa- sar por debajo de la línea equinoccial, y otras cosas que se dicen y no se supo escribirlas 2 por estar ya muy entendidas las lí- neas y navegaciones de todos los mares del mundo, y el inge- nio de los hombres tan trascendido en viveza, que todo lo pue- den ya alcanzar y comprenden con el entendimiento que Dios se ha servido darles, que se les hace todo fácil y comprensible.
Finalmente, de los que escaparon de esta navegación vinieron á parar á la India de Portugal, donde fueron presos, García de Escalante y Güido de la Bazares y Fray Antonio 3 de Urdaneta, de la Orden de San Agustín, de quien también quieren decir que fué uno de los que pasaron el estrecho de Magallanes: es- tos trajeron de la India el Gengible, y se le atribuye á Güido de la Bazares que lo sacó encubiertamente con gran astucia y maña y lo llevó á Castilla, de donde lo trajo á esta Nueva España y se sembró en Cuernavaca, en la Huerta de Bernardino del Cas- tillo, de donde ha procedido la cantidad que hay el día de hoy 1 En el manuscrito de Panes se lee irronica, que tampoco forma sentido.
Quizá en el original diría errónea idea, ú otra frase semejante.—E.
2 En el manuscrito de Panes dice: "y otras cosas rediéndolas que no se su- fren escribir por estar ya etc." Parece que la lectura del original debió ser " y otras cosas ridiculas que se sufren, etc.; esto es, que no merecen escribirse.—K.
3 Fray Andrés. Manuscrito de Panes.—E.
en las Islas de Santo Domingo, que llevan á España de Barlo- vento las Naos cargadas.
En tiempo de este Virrey se armó otra armada que él mismo mandó hacer para la California, y fué por General de ella Fran- cisco de Alarcón y por Maese de Campo Marcos Ruíz, la cual armada también se perdió sin ser de ningún efecto, volviéndo- se á tierra al Puerto de la Purificación; y en este tiempo se hizo la entrada de la tierra nueva que llamaban las siete ciudades, que fué á costa del mismo D. Antonio de Mendoza, y fué por Gene- ral de la entrada Francisco Vázquez Coronado: esta fué la jor- nada que llamaron de Tribola, 1 de que había dado noticia Fray 3Iarcos de Niza, Provincial que fué de la Orden de San Fran- cisco en aquella sazón, que afirmaba haber visto las siete ciu- dades personalmente y otras muchas tierras y provincias, la cual entrada ansimismo se perdió, en que iban más de mil es- pañoles 2 y de toda gente granada y muy lucida. Llevaron co- mo está referido por General á Francisco Vázquez Coronado, natural de Salamanca en los reynos de Castilla, persona muy principal, de calidad y suerte, y por Maese de Campo á Lope de Samaniego, Alcalde que fué de las Atarazanas de México, y por Alférez General á D. Pedro de Tobar, y por muerte de Sa- maniego, que lo mataron los indios de Chiametla, sucedió por Maese de Campo D. Tristán de Arellano y Luna; sin los cuales fueron muchos caballeros sobresalientes, que fueron D. Diego de Guevara, D. García López de Cárdenas, capitán de la gente de á caballo, D. Rodrigo Maldonado, Pablos de Malgoza y los Ba- rriosnuevos, dos hermanos, y otros muchos personajes de suer- te y valor, que por evitar prolijidad no se hace catálogo de todo. 3 1 O Cíbola, nombre que entonces se dio al vasto Territorio de Nuevo Mé- xico y al Continente de Sonora.—E.
2 En el manuscrito dice 18, mas el error es patente. Quizá diría en el ori- ginal 1,800.—R.
3 lún una apostilla se lee de la misma letra del manuscrito lo siguiente: " La cual armada hizo Fernando Cortés el año de 1523 con cien hombres en dos na- vios, en demanda y busca de los Malucos y otras Islas del Poniente, por manda- No pasaron pocos trabajos y peregrinaciones en tierras tan desiertas, remotas y apartadas, larguísimas, anchas, extendidas y despobladas, sin poder topar cosa que buena fuese para poder poblar, ni que satisfaciese * en tierras tan inhabitables, en es- pecial * á Nación tan arrogante y belicosa como la nuestra, que iba en esta tan insigne entrada y armada que se hizo por la Mar del Sur "y partes de la California, en que fué por General Fran- cisco de Alarcón, como se ha referido, y se hizo con designio de que si Vázquez Coronado topara con algún buen descubri- miento, que se comunicara y tratara por la Mar del Sur * con esta Nueva España*; y sucedió tan al contrario, que ni uno ni otro vino á efecto de lo que se pretendía, porque cansado Váz- quez Coronado de haber andado y maquinado 1 tantas y tan lar- gas tierras despobladas, y llegado á la altura que debía llegar sin topar cosa buena, se tornó y deshizo su jornada, y vínose á la Nueva España, porque Francisco de Alarcón se había ya an- simismo vuelto á México por no haberse podido topar en el pa- saje donde estaba tratado, y por haber aguardado más tiempo de lo que disponía su instrucción, y porque no se le muriese la gente que se enfermaba, y le iban faltando los bastimentos y matalotaje.
Con esta venida de Alarcón, estuvo en desgracia de D. Anto- nio de Mendoza, habiendo sido tan su allegado y privado y de su casa, que le había servido muchos años de Maestre Sala; y cierto fué muy principal caballero, de mucho ser, valor, ánimo, brío y entendimiento. El odio y pasión que causó á D. Antonio do de Carlos V, é que se buscase navegación desde esta Nueva España para aque- llas Islas ó tierra de la China. Dicha armada llevó cuatro navios de alto bordo, una Galera y una Justa, y fueron con trescientos ochenta hombres de guerra y nueve religiosos, cuatro de San Agustín y cinco clérigos, sin el servicio de es- clavos. Partieron de la Nueva España del Puerto de Juan Gallegos el día de Todos Santos, año de 1545.
1 El manuscrito está lleno de errores, unos debidos á mala redacción, y sin duda los más á descuido de los copistas, lo cual hace que en muchos períodos sea ininteligible. Aquí con seguridad debe leerse caminado en lugar de ma- quinado.
de Mendoza, fué porque envió encubiertamente al Emperador D. Carlos muy más amplia y particular relación de la tierra de la California, pretendiendo por sí propio la conquista, descubri- miento de aquella tierra y Costa del Mar del Sur, porque en- tendía que confinaban aquellas tierras con la gran China, ó que había á ella muy breve navegación desde esta tierra á la Espe- cería. Con trabajos que tuvo de verse desfavorecido deí Virrey, vino á enfermar y morirse, como murió en el Marquesado de Cuernavaca.
Tornando á nuestro asunto é intento principal, según vamos refiriendo, habiendo llegado Francisco de Alarcón al pasaje don- de se debía topar con Vázquez Coronado, viendo su dilación de- terminó su vuelta, dejando en aquel lugar puestas brozas 1 y debajo de ellas enterradas botijas, dentro de las cuales (metió)
cartas con relación del día, mes y año de su estada y llegada, y del tiempo en que aguardó hasta su vuelta, para que si allí llegasen algunas gentes, supiesen lo que había sido de aquella armada, y para que no fuera ocasión de que allí se detuviesen aguardando su embarcación, lo cual pasó el año de 1539 y el año de 1541; al cual despacho de estas dos armadas de mar y tierra fué personalmente D. Antonio de Mendoza, Virrey de esta Nueva España, lo uno á dejar á Francisco Vázquez Coronado hasta Compostela de la Nueva Galicia, y al despacho de Fran- cisco Alarcón al Puerto de la Purificación, Costa de la Mar del Sur. Si como Francisco Vázquez Coronado echó á la parte del Sur y del Poniente, torciera y declinara á la parte del Norte, y se pusiera á la altura de treinta y seis grados, topara con gran- des poblaciones; y si pasara de los llanos de Tribola, Tiguer, Quibira y el Valle de Señora, 2 donde halló la mucha cantidad 1 En una nota que puso Bustamante, dice que 11 Brozas es lo mismo que lim- piar un lugar de malezas de que está cubierto, y que este es el sentido de esta frase anticuada; " pero como con tal explicación la frase es todavía menos in- teligible, debemos corregirla y leer tyuces. Así dice en el manuscrito de Ta- ñes y en Torquemada, que sigue en esta parte paso á paso la narración de Ca- margo.— R.
2 Así en ambos manuscritos. En Torquemada se lee Sonora. Sin embargo, de vacas, quedaran aquellas tierras pobladas hasta el día de hoy.
Estas vacas son pequeñas y los toros corcovados: la corna- dura es pequeña y son á modo de Búfalos. Corre este género de animales muy grandes tierras y llanos que no tienen fin, y hállase la mayor parte en los llanos de Tríbola, donde habita- ron los nuestros más tiempo de un año, mientras corrió la tie- rra Francisco Vázquez Coronado con trescientos hombres la tierra adentro hacia el Poniente, sin hallar población de gente congregada, donde se detuvo seis meses, y pasó más de cien leguas adelante, donde estaban estas vacas. Allí tuvo razón por señas y noticias que le dieron los indios, de que á diez jornadas de allí había gente y vestía como nosotros, y que andaban por mar y traían grandes navios, y le mostraban por señas que usa- ban de la ropa que nosotros usamos; y no pasó de estas pobla- zones por volverse á los que había dejado en los llanos de las vacas, porque se pasaba el tiempo en que había quedado de volver.
Por comisión que tuvo D. Antonio de Mendoza después de la venida de la guerra de Xuchipila y Xalisco, á causa de que los ganados mayores iban en grande aumento y dañificaban á los indios de Paz, fué necesario hacer este descubrimiento; que con esto se despoblaron muchas estancias del Valle de Tepepul- co, Atzumpa y Toluca, donde fueron las primeras estancias de ganado mayor, y se fueron á poblar por aquellos llanos * adon- de agora están todas las estancias de vacas que hay en la tie- rra, que corren más de doscientas leguas, comenzando desde el río de San Juan hasta pasar de los Zacatecas y llegar más ade- lante de los Valles que llaman * de Guadiatierras de Chichime- cas, que no tienen fin ni cabo; y ansí se despoblaron estancias de ganado mayor los Valles de Atzompa y Perote, y llanos de Tepepulco, y Valles de Toluca y otros muchos valles, y se pa- saron á estas tierras tan largas y extendidas; aunque con el cre- en algunas antiguas relaciones se da á aquel Territorio el nombre de Señora, advirtiendo que de él corruptamente se formó el otro.—R.
cimiento de los españoles se han ido poblando las tierras marí- timas de la Costa de Pánueo y Nautla que llaman los llanos de Almería, y desde allí las estancias de Eutingo y Mazautla 1 y de Veracruz, y otras de tierras calientes de Tlalixcoyan, por la Costa de Cohuatzacoalcos que llegan al río de Grijalva, que es una cosa sinnúmero é increíble el ganado que se va criando y aumentando, que si no se ve por vista de ojos no se puede nu- merar ni encarecer; aunque las carnes de los ganados que se crían en los Chichimecas son mejores que las que se crían en tierras calientes, y lo mismo las del Valle de Atzompa, Teca- machalco, Villa de Atlixco, Perote, Alfaxayucan, Teotlalpa, Te- pepulco, Valle de Toluca, de mucha substancia y finísimas lanas.
Es de advertir que hay opinión que lás carnes de las Indias no son de tanta substancia ni tan sabrosas como las de Castilla; á lo cual se puede responder que las carnes crecidas y hechas de ganados de tierras calientes, son de poco sabor y menos subs- tancia, porque en efecto son dejativas y floxas, y las criadas en tierra fría y en Chichimecas ansi de vaca como de carnero son tan buenas, sabrosas y de tanta substancia, como las que se comen dentro de Madrid, Valladolid y Medina del Campo; y no hay que tratar de esto como quien ha visto y experimentado lo uno y lo otro, si no es que la falta de carnes que hay en Cas- tilla nos hace sentir otro gusto más sabroso, por carecer de la abundancia de la carne que aquí tenemos.
Gobernando pues esta tierra con tanta paz y tranquilidad es- te buen Virrey, se descubrió en su tiempo la navegación del Perú, de esta tierra por el Mar del Sur; se hicieron navios y fue- ron al Collac 2 de Lima, cuya navegación y descubrimiento hizo á su costa y minción 3 con muy grandes gastos y trabajos Diego de Ocarnpo, 4 caballero muy principal, natural de la Villa de Cá- n 1 Mizantla. Manuscrito de Panes.—B.
2 Callao.
3 Antes ya se ha hecho uso en igual sentido de esta palabra minción. Su* pongo que quiere decirse munición.
4 del Campo. Manuscrito de Panes.—R.
zeres en los reynos de Castilla, el cual habiendo sido uno de los conquistadores y pacificadores de este Nuevo Mundo, per- severando en su proceder, se puso á hacer este tan bueno y provechoso descubrimiento hasta que se salió con él; y estando en su felice gobierno * de un tan buen príncipe como este * D.
Antonio de Mendoza, vino de España por visitador de esta tierra Tello de SandovcU, quien visitó al Virrey, Audiencia Real y Ofi- cíales de su Majestad. Vino ansimismo este visitador á publicar y ejecutar las nuevas leyes que fueron hechas en las Cortes que se hicieron en Malinas en favor de los indios, las cuales conte- nían la libertad de los indios esclavos y que no hubiese Tame- mes 1 ni que los indios se cargasen, y que se quitasen sin remi- sión ninguna los servicios personales que hacían, aunque se los pagasen; por cuya publicación ovo grandes alteraciones, y es- tuvo la tierra en detrimento de perderse: mas con la sagacidad de D. Antonio de Mendoza se quietó y sosegó, y quedó pacífico, con que no se ejecutaron algunas cosas por entonces, sino que fuesen entrando en ellas poco á poco, y que se consumiesen los esclavos que á la sazón había, y con buenos medios se sobre- seyesen las leyes y obedeciesen; de la cual visita resultó que se mudó toda la Audiencia y los Oficiales Reales y el Virrey D.
Antonio de Mendoza, lo cual pasó el año de 1544 al 545 y el 46, que fueron tres años de visita y de Virrey de esta Nueva España: siendo ya muy viejo, fué por Virrey á los Reynos del Perú, donde vivió tres años gobernando con mucha paz y so- siego aquellos reynos, hasta que murió. Fué uno de los más famosos Gobernadores que Su Majestad tuvo y ha enviado á es- tas partes, cristianísimo, de buen ejemplo y vida, discreto, sabio 1 Corrupción de la palabra mexicana Tlamama, con la cual se designaba á los indios empleados por voluntad ó por fuerza, en transportar los bagajes y cargas, supliendo con ellos la escasez ó falta de acémilas. Este servicio, y por la propia deficiencia, prestaban en la antigüedad, constituyendo un ramo de industria; mas también estaban regulados en peso que debían cargar y la dis- tancia diaria que habían de andar. El abuso de los conquistadores consistía en el exceso.—K.
y prudente, como su nombre y fama hoy día resplandece en esta tierra, y sus heroicas obras lo muestran en este Nuevo Mundo. Entró á gobernar el año de 1534 como está referido. 1 Durante el felice Gobierno del Virrey D. Antonio de Mendo- za, se descubrió una rebelión que intentaron hacer los negros esclavos de los españoles, para lo cual habían convocado á los indios de Santiago Tlaltelolco y México, la cual rebelión destru- yó otro negro. Averiguada jurídicamente, se procedió contra los culpados é hizo justicia en ellos, quedando la tierra sosegada por muchos años, hasta que ovo otra rebelión más peligrosa si pasara adelante, que fué descubierta por un Gaspar de Tapia y Sebastián Lazo de la Vega, y cuyos culpados ansimismo fue- ron castigados, y justiciados con mucho rigor *los convocadores deste motín *, y muchos de esta liga y conjuración se fueron hu- yendo de esta tierra al Perú, que se hallaba en aquella sazón alzada por Gonzalo Pizarro y Francisco de Garbajal su Maestre de Gampo, aunque de estos que se iban huyendo se prendieron muchos de ellos por los caminos por donde iban, como fué en Tehuantepeque y Huaxacac. 2 Los caudillos de esta rebelión y alzamiento fueron un Juan Román oficial de Galecto, 3 un Juan 1 Durante la gobernación de D. Antonio de Mendoza (dice una apostilla al manuscrito), envió por socorro al Lic. Garza de los Keynos del Perú. Iban á mandársele seiscientos hombres reunidos con toda puntualidad, y salía ya de esta tierra la más lucida gente que ha habido en ella, y por General su hijo D.
Francisco de Mendoza, y Maestro de Campo Cristóbal de Oñate. Estando toda la armada hecha, haciendo alarde y comenzando á marchar, vino nueva de que el Perú estaba ya pacífico, presos los rebeldes y ajusticiados Gonzalo Pizarro y Francisco Carbajal.
Sucedió en el alarde un caso muy notable, y fué que D. Francisco de Mendoza y Hernando de Salazar, Factor de Su Majestad, para dar ánimo á los de su campo, arristraron el uno contra el otro tan furiosamente que rompieron sus lanzas, encontráronse los dos caballos frente por frente y se quedaron allí muer- tos y tendidos, sin matarse los caballeros, aunque quedaron atormentados y lastimados con la gran furia de los caballos y encuentro que se dieron.—E.
2 Hoy Oaxaca.—R.
3 En eí otro munuscrito dice Calectero. Supongo que debe ser Oficial de Colecta.
Vanegas y un italiano: los tres fueron justiciados en la Ciudad de México, confesando el delito que habían cometido é intenta- do hacer, lo cual pasó el año de 1549.
Habiendo sucedido esto, se sosegaron y pacificaron los lea- les vasallos y servidores de Su Majestad por muchos años, y fué en muy gran aumento la población de los españoles, fué ennobleciéndose la Nueva España * de pobladores españoles y fueron* en crecimiento los ganados menores de Ovejas. Este buen príncipe procuró el asiento y perpetuidad desta tierra, y envió por ganados merinos á España para afinarlas ovejas que habían traído antes, que fueron de lanas bastas y vendas. 1 En su tiempo se comenzaron los obrajes de paño y sayales, y el trato de las lanas fué en muy gran crecimiento, porque los indios comenzaron á vestirse de mantas de lana y otras cosas que labraban della; y se comenzaron las labores de trigo y es- tancias, y se repartieron muchas tierras; y para todo dió favor y ayudó mucho; y se comenzaron á descubrir muchos veneros de oro, plata, fierro y cobre, ansí como fueron las minas de Tla- chco, 2 Zultepeque y Tzompanco, y se comenzó á fundir mone- da para la contratación de los españoles, porque antes no se trataba sino con barras y tejuelos de oro y oro en polvo, y no podía correr tan bien como corre la moneda, y había gran frau- de en los rescates del dicho oro y plata, y eran muy lezos y damnificados los indios que no sabían más de trocar dame esto y te daré esotro á poco más ó menos; y para evitar esto se batió la moneda como está referido.
Ovo otro género de moneda que fué cobre, que fueron cuar- tos y medios cuartos de á cuatro y de á dos maravedís, y comenzó esta moneda á correr por entre los españoles y indios;
la cual pareció tan mal á los naturales, que hacían burla de tan baja cosa, que no la estimaron en nada ni la pudieron sufrir, 1 En el manuscrito de Panes dice bendas] mas ni una ni otra lectura forman sentido. Parece que debe ser burdas.—E.
2 Hoy Taxco.—R.
porque decían que denotaba muy gran pobreza, y no la quisie- ron tratar ni recibir; y aunque ovo rigor y fueron compelidos á que de ella usasen y tratasen, dentro de un año ó poco más, reunieron y echaron de sí más de cien mil pesos de esta mone- da en la laguna de México para que no oviese memoria della, y hasta hoy ha durado el no usarla en esta Nueva España por- que toda la rescataron los indios y la desterraron del mundo, á lo menos de su tierra, porque les fué muy aborrecible y odiosa, y ansí no se usa otra moneda ni corre más que la de plata des- de aquel tiempo, en reales de á ocho hasta medios reales, to- da de plata muy buena moneda; y en este tiempo cesó el trato de oro en polvo, barras y tejuelos. 1 Finalmente, gobernando este tan ilustre varón, se ennobleció muy grandemente la Ciudad de México. Gobernóla y toda la Nueva España siete 2 años cristia- nísimamente. Ovo en su tiempo una muy gran pestilencia y mortandad en los naturales desta Nueva España el año de 1545, que duró más de seis meses, arruinó y despobló la mayor par- te de todo lo poblado de la tierra. En tiempo de su Gobierno se proveyó el Obispado de Guatemala en el Lic. D. Francisco Marroquín, clérigo; el de Huaxacac en D. Juan de Zárate; el de Chiapas en Fray Bartolomé de las Gasas, del Orden de Santo Domingo; el de Michoacán en D. Juan Vasco de Quiroga; el de Xalisco en D. Pedro Gómez de Malaver; el de Tlaxcalla en D.
Julián Garcés, primer Obispo que vino proveído á estos reynos;
1 En su antigüedad los indios no tuvieron moneda propiamente dicha: ha- cían sus tratos con mantas y granos de cacao. Se habla también de que usaron para este objeto, de polvo de oro en pequeños tubos de plumas; pero no hay constancia de que emplearan tejos de oro ni de plata. En cambio, parece que á ocasiones les servían de moneda, unas pequeñas hachas de cobre que se fun dían en T lacheo, hoy Taxco. De ahí vino el poner á los cuartos de cobre que hicieron los españoles, el nombre de tlaco, corrupción de Tlachco.
Los indios, en efecto, arrojaron estos primeros tlacos á la laguna, y son muy raros. Yo tuve uno que se encontró en el fondo de la alberca de Chapultepec, cnando se limpió en el año de 1870.
2 En el manuscrito de Panes dice 17; mas ambas designaciones son erradas. Su Gobierno fué de 15.—R.
y D. Fray Juan de Zumárraga por primer Obispo de México, antes que fuera Arzobispado. Este primer Obispo de Tlaxcalla fué uno de los doctísimos varones en letras que acá han pasa- do, de más grande santidad, ejemplo y vida, de todos los cuales se podrían escribir grandes santidades y obras santísimas de sus vidas: porque entiendo é que muy largamente están escri- tas de ellas excelencias maravillosas, que en servicio de Dios Nuestro Señor hicieron en la conversión de los naturales y nue- va planta de esta Iglesia militante, y ansí nonos detengamos en esto, sólo referiré, que siendo oidor D. Juan Vasco de Quiroga, le vino el Obispado de Michoacán: fué un santo de mucha per- fección, y lo mismo fué D. Fray Juan de Zumárraga, fraile de la Orden de San Francisco, y después murió de Arzobispo de Mé- xico: lo mismo diremos de D. Francisco Marroquín, que hoy en día vuela su fama; y D. Juan de Zárate, Obispo de Huaxacac, que lo llaman vaca de oro por ser devotísimo de la Madre de Dios;
y D. Fray Bartolomé de las Gasas, gran defensor de las causas de los indios de todas las Indias, ansimismo doctísimo varón;
lo propio se puede decir de D. Pedro Gómez de Malaber, primer Obispo de Xalisco; y sin duda se puede creer piadosamen- te que son santos bienaventurados y que están gozando de la gloria y canonizados ante Dios por escogidos suyos, y lo fueron escogidos para fundamento y principio desta nueva planta, don- de tanto con sus vidas santísimas, tanto florecieron y resplan- decieron con humildad y pobreza, sin tener cosa suya que no fuese para los pobres; hombres sin género de codicia, porque en aquella sazón aún no se substentaban de los diezmos, sino muy poco de los quince mil 1 maravedís de que suplía la caja de Su Majestad: todo lo cual vi por vista de ojos, y conocí á estos bienaventurados Prelados y siervos de Dios. Todo esto fué en el tiempo que gobernó D. Antonio de Mendoza.
Florecieron ansimismo en estos tiempos muchos religiosos de santa vida, dignos de eterna memoria; y no será razón dejar 1 Quinientos mil. Manuscrito de Panes.—B.
sin algún razeño 1 ó memoria dellos: aunque sé y entiendo que Fray Hierónimo de Mendieta y otros religiosos han escrito lar- gamente dellos, no por eso dejaré de hacer un breve catálogo de los que conocí y he conocido en esta nueva planta, y de los que me acordaré. El primero fué Fray Martín de Valencia, cus- todio que vino con los doce religiosos primeros que el Empera- dor D. Carlos V envió á esta Nueva España á la predicación y conversión de los indios; un Fray Domingo de Betanzos, del Orden de Santo Domingo, varón de gran santidad; Fray Pe- dro Delgado, del Orden de Santo Domingo; Fray Juan Bautista, del Orden de San Agustín; Fray Tomás del Rosario, del Orden de Santo Domingo; Fray Cristóbal de la Cruz, del Orden de San- to Domingo; Fray Alonzo de la Veracruz, Maestro en Santa Teo- logía, varón santísimo y doctrinísimo, del Orden de San Agus- tín; Fray Pedro Medillán, de la propia Orden; Fray Alonso de Escalona, gran siervo de Nuestro Señor, del Orden de San Francisco; Fray Diego de Olarte, ídem; Fray Francisco Linbor- ne, Fray Juan Bastidas, Fray Juan Ramírez, Fray Andés Olmos, Fray Juan de Romanones, Fray Juan Osorio, Fray Andrés de Portillo, todos santísimos varones del Orden de San Francisco, de gran ejemplo y doctrina: fueron los doce primeros que á esta tierra vinieron, que conocidamente vivieron santísimamente, y acabaron con gran santidad y dejaron eterna fama por su doc- trina y ejemplo. 2 También ovo en este tiempo varones clérigos de mucha per- fección, santa vida y ejemplo, que fueron los que siguen. El ca- nónigo Juan González, el canónigo Santos, el canónigo Rodrigo de Avila, el canónigo Nava, Arcediano de la Catedral de Tlax- calla, D. Francisco de León que dejó su arcedianazgo y murió fraile del Orden de San Francisco. Ha habido tantos religiosos de todas órdenes tan buenos, tan santos y siervos de Dios, que 1 Supongo que éste es error del copista, y que el original diría alguna re- seña.
2 Los doce llamados primeros fueron franciscanos; y aquí el autor pone tam- bién á algunos de otras órdenes.
como al principió dijimos, sería necesario hacer grandes histo- rias de cada uno de ellos y de sus milagros, por lo cual me re- mito á los que han escrito sus vidas, que sé que son muchos en particular, y yo me hallo indigno de tratarlos; y aunque mu- chas cosas buenas suyas, de sus doctrinas, sermones y ejemplos (he visto), me hallo corto y no merecedor de tocar en ello, por- que sería meterme en un piélago de mucha profundidad, que es dado y reservado á otros siervos de Dios Nuestro Señor, que han tratado y podrán tratar de sus actos y hechos, de lo que pre- dicaron, y del modo con que procedieron en la conversión de los indios, alumbrados del Espíritu Santo; y por la brevedad por mí prometida, no pasaré adelante en esto.
Entrevista de D. Antonio de Mendoza con el segundo Virrey D. Luis de Ve- lasco.—El falso Visitador Vena.—Velasco.—Hace ejecutar las leyes en favor de los indios.—Es aclamado Padre de la Patria.—Expedición á la Florida.—Pérdida déla flota.—Población délas provincias internas.— Creación de la Audiencia de Guadalajara.—Tercera expedición á las Islas de la Especería —Llegada del Visitador Valderrama.—Muerte de Velas- co.—Disenciones que le siguieron.—Conjuración llamada de los hijos de Cortés.— D. Gastón de Peralta, tercer Virrey.—Desconfía la Corte de él y lo remueve.—D. Martín Henríquez, cuarto Virrey.—Ocupación deVe- racruz por los corsarios ingleses.—Establecimiento de presidios.—Peste en los indios.—D. Lorenzo Xuarez de Mendoza, Conde de la Coruña, quinto Virrey.—D. Alvaro Manríquez, sexto Virrey.
Habiendo gobernado tan bien y fielmente D. Antonio de Men- doza tantos años, en su vejez, cuando había de tener descanso, llegó de España D. Luis dé Velasco por Virrey de esta Nueva España, año de 1551, 1 y se juntaron los dos virreyes en la Ciu- dad de Cholula, donde se vieron y obedecieron las cédulas de Su Majestad. Allí cousultaron las cosas del Gobierno de la Nue- va España, y del estado en que quedaban los negocios de la tierra, y lo que Su Majestad mandaba guardar y ejecutar acerca de la buena conservación de los indios y de su aumento. Desde esta Ciudad de Cholula se partió el buen D. Antonio de Men- doza para los reynos del Perú, viejo, cansado y enfermo; y con esta senectud hizo su viaje por mandárselo Su Majestad. Se 1 En 1550, según la Guía de Forasteros.—K.
despidió de todos como buen padre, y ansí fué llorado de toda la tierra, con mucha razón. 1 El mismo Virrey D. Luis de Velasco partió para México y pro- cedió en su sagaz Gobierno. Lo primero que hizo fué mandar ejecutar los capítulos de las nuevas leyes, y se libertaron los es- clavos y servicios personales y los Tamemes. Mandóse que los indios no cargasen. Pasado este rigor y primer ímpetu que fué de mucho sentimiento en la tierra, al fin adelante y pasada al- guna temporada de su Gobierno, fué su proceder tan humano y gobernó tan bien y tan á gusto de toda la tierra, que por su sagacidad y madurez mereció ser llamado por excelencia Padre de la Patria: visitó personalmente toda la tierra de su goberna- ción, y se asentó y apaciguó con quietud toda la tierra desta Nueva España. En su tiempo se hizo la armada de la Florida, año de 1559, y fué por General de ella D. Tristán de Arellano y Luna; y como se perdió, fué al socorro y á recoger la gente perdida de aquella armada Angel de Villafaña, con nombramien- to y comisión que llevó del Virrey D. Luis de Velasco, de Ca- pitán General y Gobernador de aquella tierra, porque D. Tris- tán de Arellano se fué desde allí á Castilla como se vió perdido;
y cuando el dicho Angel de Villafaña no fuera de más efecto de éste, fué negocio que importó mucho su ida, porque sacó de allí la gente que perecía de hambre en aquella tierra, pues to- dos los bastimentos que llevaban se perdieron con la tormen- ta que tuvieron en la mar, y ansí no tuvo la gente qué comer 1 En una apostilla del manuscrito de la Universidad, se lee lo siguiente: u Un mes antes de que llegase el Virrey Velasco, llegó en un navio un Lic.
Vena, el cual se fingió visitador del Keyno y puso harto susto á toda la tierra, al cual sin haber presentado sus despachos, que fingió que los traía el Virrey, se puso en posesión de su empleo. Fué éste un gran burlador, pues á título de visitador le dieron muchas dádivas; y como no podía salir con su intento y se entendió su traza, fué preso en Cholula por Gonzalo Gómez de Betanzos, que era conquistador de aquella provincia, y fué muy bien castigado porque se pro- cedió contra él por embaydor y burlador, y se le dieron doscientos azotes por las calles acostumbradas de México: después de haber sido castigado, al cabo fué desterrado desta tierra." [Nota de Bustamante"].—R.
y perecían de hambre por ser despoblada y de Ghichimecas, y al íin vino el dicho Villafaña con la mayor parte de la gente que pudo, la puso en la Habana, y de allí vino áesta Nueva España dejando despoblada la Florida, por verse sin orden, con gente cargada de mujeres y niños que ibaná poblar; áno hallarse de esta manera, pasara adelante con parecer de muchos capitanes, y entrara á la tierra adentro, cuyo acuerdo hubiera sido acer- tado, y estuviera poblado el nuevo México. Fueron deste pa- recer Matheo de Sauz, Baltazar de Sotelo y otros muchos capi- tanes de experiencia. Este fin tuvo esta grande y lucida armada, que no fué poco daño, porque después han intentado poblar esta Florida Franceses y otras naciones, que se los han impedido los nuestros, porque en tiempo deste buen Virrey floreció por la mar Pedro Meléndez de Valdés, siendo General de la carrera del mar destas Indias, donde pasó grandes trances y buenos su- cesos en servicio de Su Majestad. Fué muy temido de los Cor- sarios, y en especial de los franceses, que los desterró y echó de la Florida, con gran pérdida y daño dellos; y como prendió á Juan Ribaud, General de los franceses que se había apodera- do de la Punta de Santa Elena y San Matheo, aseguró en sus tiempos esta carrera de la Nueva España.
En tiempo deste buen caballero, se perdió la flota que iba destos reynos á los de Castilla, y dió en la costa de la Florida, año de 1553, donde pereció y murió mucha gente y se perdió gran tesoro, de cuya armada escaparon pocos navios, que fueron la Nao del Cerco 1 y la de Farfán de Jáuregui y otros, algunos de poca cuenta. Mataron los indios muchos frailes y personas de cuenta: allí murió Fray Juan de Méndez del Orden de Santo Do- mingo, muy famoso predicador, y Fray Diego de la Cruz Pro- curador de Santo Domingo. Mataron á Doña Catalina, mujer que fué de Juan Ponce de León, encomendero de Tesama, que iba á España desterrada por la muerte de su marido, que dicen mató Bernardino de Bocanegra. Ansimismo, en tiempo deste 1 "del Cuerzo," manuscrito de Panes. Torquemada dice "del Corzo,'' á cuya denominación podemos atenernos.—R.
274 DIEGO MUÑOZ CAMARGOc buen Virrey, se pobló el Nuevo Reyno de Vizcaya llamado de Chametla, y fué por Gobernador de aquellas poblazones Fran- cisco de Ibarra. Pobláronse también en sus tiempos la Villa de Santa Bárbara, Guadiana, Sombrerete, Chalchihuites, el Mazapil, las tierras de Indé y todos aquellos confines y partes muy apar- tadas, ampliando los Reynos y Señoríos de Su Majestad, como el día de hoy permanecen. Al principio de su gobernación se puso la Real Audiencia de Guadalajara de la Nueva Galicia.
En estos tiempos de su gobierno se hizo la tercera armada para la Especería é Islas del Poniente llamadas las Filipinas, la cual se hizo á instancia y persuación de Fray Andrés de Vida- neta del Orden de San Agustín, de García de Escalante y Güi- do de Bazares, personas que habían visto y estado en aquella tierra; y viendo Su Majestad las grandes relaciones de aquellas Islas y tierra, mandó se hiciese la dicha armada, y la puso en efecto el buen Virrey D. Luis de Velasco, enviando por General della á Miguel López de Lagazpi, y por Maese de Campo á Ma- theo del Sauz, y á Guido de los Bazares^ov Factor de Su Majes- tad; la cual armada tuvo tan buen suceso, que hoy día perma- nece y permanecerá hasta el fin, porque la contratación será la mayor y mejor que ha habido en el mundo, en especial en estas partes del Poniente. Por esta población han resultado grandes descubrimientos de reynos y provincias de la gran China, Ja- pón, Tartaria y otras naciones que había incógnitas, y muchas de ellas van teniendo razón y noticia de Nuestra Santa Fe Ca- tólica, * que será principio de la conversión de aquellas nacio- nes, para que vengan en conocimiento de Nuestra Santa Fe. * Ausí que este cristianísimo Virrey gobernó sabia y discretamen- te, con suavidad y dulzura, por lo que fué muy querido y amado en toda la redondez desta tierra; y en este tan felice estado de su gobierno le vino la visita, y por visitador el Lic. Valderrama, oydor que fué del Consejo de Indias, el año de 1562; y estando en esta visita, Nuestro Señor fué servido de llevar desta vida al buen Virrey D. Luis de Velasco, de gloriosa memoria, el año siguiente de 1564, en las Casas de Ortuño de Ibarra; y está en- terrado en Santo Domingo de México, donde tiene su capilla y entierro. Su hijo D. Luis de Velasco hizo trasladar sus huesos á la iglesia nueva, siendo Virrey de esta Nueva España, habiendo acabado de despachar dicha armada de la Especería; 1 y luego resultaron de su muerte muchas novedades, trabajos, disencio- nes y pasiones ocultas de pechos dañados, odios y enemistades con ellas, y dañados humores que conocidamente se traslucían;
por lo que determinó irse el visitador Valderrama á los Reynos de Castilla con la visita, habiendo estado en la tierra tres años, dejando en el gobierno della á la Real Audiencia de México en el año de 1566.
En este tiempo sucedió la rebelión que dicen de México, y fué por ella justiciado Alonso Avila Alvarado y Gil González Dá- vila su hermano y otros muchos caballeros, y entre ellos D.
Pedro de Quesada, 1). Baltazar su hermano, y Baltazar de Sotelo hermano de Diego Arias de Sotelo; y por ello fué preso D. Mar- tín Cortés Marqués del Valle, y D. Luis y D. Martín Cortés sus hermanos, y Bernardino de Bocanegra y Diego Arias de Sotelo, y otros muchos que fueron enviados presos y desterrados desta tierra á los Reynos de Castilla; y de cómo vinieron en seguimien- to desta causa por Pesquisidores el Lic. Muñoz, el Doctor Ca- rrillo y el Lic. Xarava que viniendo por la mar murió, y de cómo fueron mandados volver el dicho Lic. Muñoz y Carrillo, y yen- do á España murió Carrillo en la mar, de estos negocios había mucho que tratar; á lo cual ponemos freno, porque hay muchos escritores acerca de esta rebelión por muchos autores, remitiéndome á lo que la Real Audiencia hizo y según procedió jurídi- camente.
Estando en el furor de estos negocios, vino por Virrey desta tierra D. Gastón de Peralta, caballero nobilísimo, el cual duró en el cargo muy poco tiempo, porque la tierra no lo mereció. 2 1 Parece que la colocación de este renglón se trastornó por el copista, y que debía ir después de la fecha en que murió el Virrey.
2 En una apostilla de este manuscrito se dice Fué preso Alonso Dá- vila Alvarado y G-il González su hermano, á 7 de Julio de 1566. Degollaron Fué la causa de su breve mudanza, informaciones que contra él enviaron á Su Majestad, acusándole de remiso, y que desfa- vorecía los casos pasados tocante á la rebelión, y que favorecía la parte del Marqués del Valle.
Idose á España, vino y le sucedió D. Martín Enríquez, y ha- lló tomado el Puerto de San Juan Ulúa por Juan de Ade, in- glés corsario; y como por su buena orden, se tornó á cobrar el Puerto y Isla de San Juan de Ulua, que para habella ovo gran- des refriegas, y reencuentros y muchas muertes de una y otra parte, lo cual había puesto en gran alteración la tierra con esta ocasión de hacer los daños que han hecho y hacen cada día, y los grandes robos que han hecho por el Mar Océano, Santo Domin- go, Cartajena, Puerto de Caballos, Costa del Mar del Sur, Carre- ra de las Filipinas y Costa del Perú, y de cómo Francisco Drach tomó un navio que venía de las Filipinas cerca del Puerto de la Navidad y California, y de otros navios que ha tomado car- gados de plata, oro, perlas y otras riquezas, sin otros daños ex- cesivos que no se pueden contar sin gran lástima y pena, por no haber tenido en nada á los Corsarios, ni el negocio de San Juan de Ulúa.
Gobernó el dicho D. Martín con prudencia y muy discreta- mente esta tierra más de catorce años, con mucha quietud y sosiego, dando nuevo asiento á la tierra de las alteraciones pa- sadas; y en su tiempo se desvergozaron mucho los Chichime- cas, hicieron grandes matanzas y robos por los caminos de Za- catecas y estancias de ganados, que con muy gran dificultad se podía transitar la tierra, y fué necesario mandar hacer fuertes á los dos hermanos Alonso de Avila y Gil González á 3 de Agosto del año refe- rido de 1506, en la Plaza grande de la Ciudad de México "Vino por Vi- rrey de esta Nueva España el Marqués de Falces el año de 1566, con Doña Leo- nor su mujer. Fuese dicho Marqués el año de 1568. por mandado del Key, y en la misma flota se fueron los Jueces Lic. Muñoz y Carrillo, y el mismo año.
Este propio año que vino el Marqués de Falces, en la flota que vino fué envia- do preso D. Martín Cortés á los Eeynos de Castilla y D. Luis su hermano, y no los hallaron acá los Jueces Pesquisidores.—R.
y tener presidios en muchas partes de toda la tierra de Chichi- mecas, donde se gastaba con la soldadesca más de doscientos mil pesos; de suerte que toda la tierra estaba en gran detrimen- to, y costaba muchas vidas de españoles todos los años, de ro- bos y daños que hacían los Chichimecas. Con estos presidios se reparaban en parte los daños que los salteadores Chichime- cas hacían: en tiempo que gobernaba esta Nueva España se in- trodujo el derecho de alcabala y comenzó á pagar con harto disgusto de los vecinos, que por ello fué aborrecido. 1 En el año de 1576 sobrevino á esta tierra una muy gran pes- tilencia y mortandad en los naturales della, que duró más de un año, arruinó y destruyó la mayor parte de la Nueva España, y casi quedó despoblada de indios. Un mes antes que comenzase la mortandad se vió una muy gran señal en el cielo, porque se vieron en el sol tres ruedas que parecían tres soles muy san- grientos inflamados de fuego, * que hacían uno las colores. * Estas tres ruedas eran semejantes al arco del cielo llamado Iris;
duraron desde las ocho hasta casi la una después de medio día.
Al cabo de catorce años de su buen Gobierno, vino por Virrey desta tierra D. Lorenzo Xuárez de Mendoza, Conde de la Coru- ña, y el dicho D. Martín Enríquez fué por Virrey al Perú, donde vivió tres años y gobernó aquellos reynos con mucha prudencia y discreción, como hombre maduro y sagaz y de grande expe- riencia, donde finó con acrecentamiento de gloria y eterna fama;
y el Conde de la Goruña prosiguió en su Gobierno tres años con mucha mansedumbre, hasta que murió, y pasó desta presente vida que por su fin y muerte gobernaba. Vínole la visita para que visitase la Real Audiencia de México y Oficiales de Su Ma- jestad.
Estando en esta continuación, vino por Virrey de esta tierra y Nueva España D. Alvaro Manríquez de Zúñiga, Marqués de Villa Manrique de Zúñiga, año de 1585; y el Arzobispo deMéxi- 1 Por real cédula de Octubre de 1522, se concedió á los pobladores de Mé* xico que no pagasen el derecho de alcabala.
co se fué á los Reynos de Castilla con la visita, donde falleció siendo Presidente del Consejo Real de Indias, que sucedió á Hernando de Vega Fonseca, Obispo de Córdoba. El Marqués de Villa Manrique gobernó cuatro años, en su tiempo ovo muy grandes negocios, que de algunos dellos trataremos en suma. 1 1 Como se ve por estas últimas palabras, el autor se proponía continuar su historia: ignoramos si no lo hizo, ó si se ha perdido esa continuación. Lo cier- to es, que aquí terminan las diversas copias que hay de la obra de Muñoz Ca- margo.
Introducción .
que hace en los pueblos donde éste se había refugiado.—Separación de los Tarascos de las otras tribus pobladoras.—Trajes y costumbres bárbaras.—Motivos de la separación.—Adelántanse, dejando atrás á los Mexicanos, Tepanecas y otras tribus.—Origen de los nombres Ta- rasco y Michhuaque Capítulo II.—Arte militar.—Armas ofensivas y defensivas.—Prisione- ros de guerra.—Sacrificios humanos Capítulo III.—Arribo al Valle de México de los Chalmecas, Olmecas y Xicalancas.—Estos y los Olmecas prosiguen su peregrinación.— Lle- gan al territorio de Tlaxcalla.—Euinas de sus antiguas poblaciones. —Las de la tribu Zacateca.—Arribo de una tribu Chichimeca. Lengua y dialectos de los pobladores.—Se establece aquella en Po- yautitlan, territorio de Tezcuco.—Etimología del nombre Chichi- meca.—Convertido en un título y renombre honoríficos.—Carácter feroz y costumbres salvajes de los Chichimecas.—De ellos han toma- do su denominación los bárbaros que hoy llamamos Mecos Capitulo IV.— Camaxtli.—Deidad tutelar de la tribu Chichimeca.—He- chiceros y mágicos.—Temores y desconfianzas que inspiran á los ve- cinos.—Les hacen la guerra.—Sangrienta batalla en Poyauhtlan en que queda vencedora.—Fiesta ó banquete instituido en su conmemo- ración.—Origen fabuloso del nombre del marisco llamado Ezcahuitl. —Se retira la tribu del territorio de Tezcuco por mandato de su Dios Camaxtli.—Hace antes las paces con los Culhuas y Tezcucanos.
Emprende su peregrinación con dirección á Chalco II INDICE.
Págs.
11a.—Derrotero.—Divinidades que traía.—Caudillos.— Genealogía de los Keyes de Tezcuco.—Monogamia.—Poblaciones que fundó.
Los Teuhtli ó Tecuhtli, especie de orden militar de caballería.—Ce- remonial 39 Capítulo VI—Continúa la peregrinación de los emigrados de Poyauhtlan.
—Menciones y nombres que les imponen.—Sepáranse algunas cua- drillas y fundan poblaciones.'—Llegan al actual territorio de Tlax- calla,—Expulsan los restos que quedaban de los Olmecas y Zacatecas. —Etimología del nombre Tlaxcallan.—Guerra con los pueblos ve- cinos.—Imploran el auxilio de los Tezcucanos.—Se fortifican en sus montañas.—Conducta pérfida de los Tepanecas Mexicanos.—Invo- can los Tlaxcaltecas la protección de su dios Camaxtli.—Prodigios con que los favorece.—Ofrendas que le tributan.—Preparativos para repeler el asalto.—Sacrificio humano.—Lo que es un Xippe.—San- grienta batalla.—Efectos terríficos de las flechas de Camaxtli.-^Pan- tares históricos é historiadores de este suceso.—Costumbres.—Mono- gamia 49 Capítulo VIL—Hacen la paz con todos los pueblos vecinos.—Señalan sus límites.—Progresos de la población.—Fundación de Tlaxcalla. —Cabecera de Tepeticpac.—Su primer Key.—Parte con su hermano el territorio y las cenizas de su dios Camaxtli.—Formación de la ca- becera de Ocotelolco.—Sucesión de sus gobernadores ó Señores.
Conjuración contra Acatentehua.—Danle muerte con su familia y allegados.—Escapan dos hijos suyos 69 Capítulo VIH—Sucede en el Señorío de Ocotelolco, Tlacomihua.—Su- cesores hasta Maxixcatzin.—Disenciones.—Sucesión de Maxixcatzin hasta los últimos tiempos.—Las mujeres estaban excluidas del Seño- río.—Origen y noticias de la familia de Maxixcatzin.—Cuál de sus miembros gobernaba al tiempo de la Conquista 77 Capítulo IX.—Continuación de la historia del Señorío ó cabecera de Te- peticpac.—Sucesión de sus Gobernadores.—Disenciones.—Castigo de los malos Gobernadores.—Exterminio de su parentela.—Fundación ó erección del Señorío y cabecera de Tizatlan.—Sucesión de sus Go- bernadores y Señores. Xicotencatl el viejo.—El primero que se bau- tizó en el territorio mexicano. Sus muchas mujeres é hijos.—Le su- cede en el Señorío Xicotencatl el joven.—Quejas de Cortés contra él. —Sentimientos patrióticos que las motivaban.—El Senado Tlaxcal- teca se lo entrega autorizando su castigo.—Lo manda ahorcar Cor- tés.—Sus sucesores.—Leyes de la Kepública sobre sucesión al Seño- río 81 Capítulo X.—Fundación del Señorío ó cabecera de Quiahuitztlan.—Sus INDICE. III Pág8.
primeros pobladores.—Cronología de sus Gobernadores y Señores. Orden de sucesión 80 Capítulo XI.— Continuación.—Población de las otras cabeceras y sus Se- ñores.—Etimología de la palabra Teochichimeca.—Guerras intesti- nas.—Capitanes Tlaxcaltecas que acompañaron á Cortés en la gue- rra de México.—Armas y divisas de las cabeceras ó Señoríos de la República 93 Capítulo XII.—Formación de la sociedad Tlaxcalteca.—Nobles y plebe- yos.—Distribución de las tierras.—Organización feudal.—Aumento y prosperidad de la nación.—Extenso comercio que hacía.— Mantié- nese en paz con todos los comarcanos.—Envidias que despierta.— Ambición y conquistas del Rey mexicano Ahuizotl —Somete los Es- tados vecinos á Tlaxcalla.—Temores de la República.—Resguarda sus fronteras.—Los Estados limítrofes, ya subyugados, hostilizan su comercio.—Excitan contra ellos la desconfianza de los Mexicanos... 99 Capítulo XIII.—Hostilidades de los Mexioanos.—Pretenden someter á Tlaxcalla á su Señorío.—Embajada.—Respuesta enérgica de los Tlaxcaltecas.—Enciérranlos en su ciudad impidiéndoles el camino. —Se acostumbran á no comer sal.—Convocan los Mexicanos á los circunvecinos para destruir á Tlaxcalla.—Continúa la guerra.—Que- dan victoriosos los Tlaxcaltecas.—Continúan la guerra los Mexica- nos con mayor ímpetu.—Convocan á los comarcanos é intentan un asalto.—Son rechazados-eon grandes pérdidas 109 Capítulo XIV.—Extensión del Imperio Mexicano.—Emprenden la con- quista de Cuauhtemala y Nicaragua.—Reveses que sufren.—Triun- fan con una incidía en Nicaragua y Verapaz, haciéndolas'tributa- rias 119 Capítulo XV.—-Enemistad entre Mexicanos y Tlaxcaltecas.—Motivos y objeto.—La guerra servía para el ejercicio militar y provisión de víctimas humanas.—Sacrificio gladiatorio. Tlahuicole.—Hacen los Mexicanos la guerra á Michoacan encomendándole el mando de sus ejércitos.—Sacrificio voluntario de Tlahuicole 123 Capítulo XVI.—Religión de los Tlaxcaltecas.—Creencia en un Dios Creador.—Politeísmo.—Inmortalidad del alma.—Enterramientos. —Sepultaban con los cadáveres á personas vivas y sus mejores galas. —Genios.—Dios del fuego.—Terremotos, su explicación.—Ideas fí- sicas sobre la forma de la tierra y causas de los meteoros.—Volcanes. —Ideas relativas á la creación del Sol y la Luna.—Eclipses.—Come- tas.—Vientos cardinales.—División del tiempo.—Años meses y se- manas.—Fiestas.—Adivinos, Imbuidores.—Templanza.—Penas de la embriaguez.—Instrumentos músicos.—Bailes.—Atavíos.—Fue- gos.—El Vlli.—El Patol.—Caza.—Otras diversiones.—Baños.—Co- IV INDICE.
Págs.
midas.—Bebidas.—Poligamia.—«Sucesión hereditaria.—Veneración y respeto á los Caciques.—Leyes penales.—Trajes.—Tributos 129 Capítulo XVII—Oñgen de la idolatría.—Culto á los difuntos.—Antro- pofagia.—Sacrificios humanos.—Penitencias.—Educación.—Orato- ria.—Carácter y costumbres.—Cambio perjudicial que sufrieron con la Conquista.—Templos.—Eentas.—.Fuego perpetuo.—Sacerdotes. —Origen del nombre Papa, dado á éstos.—Sumo sacerdote.—Alta- res.—Idolos 141 Capítulo XVIII.—Enterramientos.—Funerales.—Incineración.—Vícti- mas voluntarias.—Estatuas formadas de las cenizas.—Inhumación. — Banquete funerario.— Matrimonios.—Donas.—Festejos.—Naci- miento.—Hitos y fiestas.—Ritos para el estreno de casa nueva.—Pa- ra catar los vinos nuevos.—Ideas sobre la creación del mundo.—Au- gurios.—Visiones diabólicas.—Historia de un hermafrodita 147 Capítulo XIX.—Períodos cíclicos.—Destrucción del globo terrestre por inundaciones y huracanes.—Catástrofe futura por el fuego.—.La Ve- nus Tlaxcalteca.—Esposa de Tlaloc—Su fiesta.—Otras divinidades. —Procesión de perros pelones.—Sacrificio que se hacía de ellos á los dioses del agua.—Expendio de sus carnes.—Ceremonia con las pie- les de las víctimas humanas.—Penitencias y mandas.—Escritores franciscanos de la historia de México.—Ayunos comunes y para ar- marse caballero 153 Capítulo XX.— Distribución de las horas del día —.Modo de señalarlas al público.—Marcha triunfal de los vencedores, cantares y estatuas. —Administración de justicia.—Lengua mexicana.—-Su riqueza.
Adagios, proverbios, metáforas, etc.—Culto de Tlaloc.—Solemnidades y sacrificios humanos.—Anécdota relativa á ellos.—Ofrenda de PicietL—Augurios.—Teofanía de Tlaloc.—Rogativas por la lluvia. —Arribo de los tres primeros religiosos franciscanos 169 LIBRO II. CONaUISTA.
españoles.—Terrores que produjeron en Motecuhzoma.— Los mismos en Tlaxcalla.—Considéralos el pueblo como pronósticos del fin del mundo.— Envíanse exploradores para informarse de la calidad délos huéspedes.— Dudas sobre si eran dioses ú hombres.— Efectos que es- ta incertidumbre y la presencia de Marina (Malintzin) en el ejército INDICE. V español, produjo en el espíritu del Emperador.—Su influencia favo- rable á la conquista.—Cortés solicita pasar á México.— Resistencias que opone Motecuhzoma 167 Capítulo II.—Cortés emprende su marcha á Tlaxcalla.—Noticias histó- ricas de Marina, vulgarmente conocida con el nombre de "La Malin- che."—Jerónimo de Aguilar.—Su pretendido matrimonio con Ma- rina.— Ambos intérpretes de Cortés 177 Capituío III. -Cortés en Cempohuallan.—Escribe á la República de Tlaxcalla ofreciéndole su protección y ayuda contra Motecuhzoma. —Mensajeros y presentes que le envía.—Respuesta del Senado acep- tándolas.—Antigua tradición relativa á los hombres blancos y bar- bados.—Prodigios que anuncian grandes calamidades.—Entrada de los españoles en Tlaxcalla y su solemne recibimiento 183 Capítulo IV.—Alojamiento.—obsequios singulares á los caballos.—Su- poníanlos fieras carnívoras.—Los Caciques ofrecen á Cortés sus hi- jas.—Presente de trescientas mujeres.—Nombre que impusieron á Cortés y á Alvarado.—Conferencia con los Caciques.—Dudas que los afligen sobre la procedencia, designios y naturaleza humana ó divi- na de sus huéspedes.—Respuesta lisonjera de Cortés.—Exige la des- trucción de los ídolos.—Resístenla los Caciques.—Persiste Cortés, amagando con retirarles su protección.—Ceden.—Consternación ge- neral.—El pueblo oculta sus ídolos.—Bautizan á los cuatro Caciques y otros Señores.—Destrucción de los ídolos.—Fiestas y regocijos pú- blicos.—Manera de administrar el bautismo en aquella época 189 Capítulo V-—Alianza hispano-tlaxcalteca contra los Mexicanos.—Se pone en marcha el ejército sobre Cholula.—Vana y peligrosa con- fianza de los chololtecas en la protección de su dios Quetzalcoatl.
Ocupación de Cholula y cruel matanza de sus ciudadanos.—Terror que difunde en el país 207 Capítulo VI.—El ejército hispano-tlaxcalteca se pone en marcha y llega á México.—Arribo de Pánfilo de Narvaez á Veracruz.—Lo desbara- ta Cortés.—Sublevación de los Mexicanos.-^-Muerte de Motecuhzo- ma.—Dudas sobre su bautismo.—Etimología de su nombre.—Los españoles abandonan la ciudad. Noche-triste.—Salto de Alvarado. —Práctica y fórmula de adoración de los mexicanos.—Peligros que corrió Cortés.—Pérdida del tesoro de Motecuhzoma.—Continúan su retirada los españoles con dirección á Tlaxcalla.—Batalla de Otumba.—El Apóstol Santiago pelea por los españoles.—Llegan á Tlax- calla 216 Capítulo VIL—Buena acogida que encuentran los españoles en Tlaxca- lla.—Embajada de los Mexicanos á los Señores de Tlaxcalla, invi- tándolos á unirse contra aquellos.—Xicotencatl opina por la liga.— VI INDICE.
Págs.
Maxixcatzinlo contradice.—Riña entre ambos.—Triunfa la opinión de Maxixcatzin.—Etimología de los nombres Tenochtitlan y Méxi- co.— Auxilios que obtiene Cortés para continuar la guerra contra los Mexicanos.—Construcción de los bergantines.— A.rengade Cortés al Senado Tlaxcalteca.—Contestación 231 Capitulo VIII.—Llegada á México de los primeros misioneros fran- ciscanos.—Singular y humilde recibiento que les hace Cortés.
Primeras predicaciones.—Destrucción de los templos é ídolos.—Eje- cuciones de justicia en los pertinaces.—Denuncia de los restos del dios Camaxtli.—Descripción.—Era hombre blanco.— Miscelánea de anécdotas.—Fray Jerónimo de Mendieta y sus escritos.—Noticia de los llamados Niños mártires de Tlaxcalla.—Desorden político en los tiempos inmediatos á la conquista.—Riesgo que corrían los espa- ñoles por su nombre de cristianos.—Medidas adoptadas para asegu- rarlos 241 Capítulo IX.—Nuevos descubrimientos después de la conquista.—Expe- dición de Cortés á las Hibueras. —Turbaciones en México durante su ausencia.—Yase á España.—Vuelve á México casado y con empleos y honores.—Su desgraciada expedición á California.—La misma á las Islas de la Especería.—Llega á México el primer Virrey D. An- tonio Mendoza.—Expediciones á la Especería, California y Nuevo México.—Coronado, Alarcón y Fray Marcos de Niza.—Otros descu- brimientos y poblaciones.—Llegada del visitador Tello de Sandoval y publicación de las leyes en favor de la libertad de los indios.—Con- juración de los negros. Otra de españoles.—D. Antonio de Mendoza pasa al Perú de Virrey.—Elogio de su gobierno en México.—Pro- tege las artes y todos los establecimientos útiles.—Bate moneda de cobre y los indios la arrojan ala laguna.—Provisión de Obispados.
Primeros religiosos misioneros.—Clérigos 251 Capítulo X.—Entrevista de D. Antonio de Mendoza con el segundo Virrey D. Luis de Velasco.—El falso visitador Vena.—Velasco.-- Hace ejecutar las leyes en favor de los indios.—Es aclamado Padre de la Patria.—Expedición á la Florida.—Pérdida de la flota.—Po- blación de las provincias internas.—Creación de la Audiencia de Guadalajara.—Tercera expedición á las Islas de la Especería.—Lle- gada del Visitador Valderrama.—Muerte de Velasco.—Disenciones que le siguieron.—Conjuración llamada de los hijos de Cortés.—D.
Gastón de Peralta, tercer Virrey.—Desconfía la Corte de él y lo remueve.— D. Martín Henríquez, cuarto Virrey.—Ocupación de Ve- racruz por los corsarios ingleses.—Establecimiento de presidios.
Peste en los indios.—D. Lorenzo Xuárez de Mendoza, Conde de la Coruña, quinto Virrey.—D. Alvaro Manríquez, sexto Virrey 271 página Linea Dice Léase 3 14 notable noble 26 18 desendían descendían 50 9 Cohnatepec Cohuatepec 52 31 la lo 60 2 entre contra n 40 Mixtoatl Mixcoatl 66 25 incitaba incitaba:
94 17 Papatotl ^apalotl 106 32 subsanda subsanada 120 12 bacer hacer 126 23 Taximoloa Taximaloa 134 23 fueron fueran 169 36 * en con 214 10 tierra sierra 219 27 fuentes puentes 220 8 fuentes puentes 242 25 obominables abominables \ * )
**Title.** *Historia de Tlaxcala*
**Edition.** Released 2026-07-14
**Published by.** Nydus Foundation
**By.** Diego Muñoz Camargo
**License.** Public domain in the United States. Believed public domain in life+70 jurisdictions, subject to local copyright term rules.
**Typography.** 152 × 229 mm, 318 pages.
**Available formats.** EPUB · PDF
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**Release OPID.** `OPID-R-01KXF5Z40EB5DA4SA9V3H3Z1Y7-W`
**Release key.** `01KXF5Z40EB5DA4SA9V3H3Z1Y7`
**Verify.** [codal.cc/o/OPID-R-01KXF5Z40EB5DA4SA9V3H3Z1Y7-W](https://codal.cc/o/OPID-R-01KXF5Z40EB5DA4SA9V3H3Z1Y7-W)
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