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Inmanencia

Pues el interés que cobramos por el genio tiene su raíz en el interés que cobramos por nosotros mismos. El genio no hace sino expresar experiencias comunes a todos nosotros, consignar percepciones de un orden del mundo que nosotros también hemos atisbado.

El amor, la esperanza, el dolor, la pesadumbre, el desengaño, efectúan a menudo esa purgación momentánea que permite a la conciencia funcionar independientemente de la voluntad tiránica. Estas horas tienen para nosostros un valor noético —«un velo cayó»—, revelando visiones recordadas aun hasta la hora de la muerte.

"MUERTE"

Esa «falta de atención a la vida» que engendra la inspiración en el genio se presenta, en verdad, a diario ante todos, pero sin que nadie pueda aprovecharla.

Pues, ¿qué es el sueño sino una falta de atención a la vida —una falta tan completa que la memoria no trae de vuelta nada salvo aquello pequeño atrapado en la red de los sueños— y, sin embargo, incluso esto tan pequeño está tan cargado de energía creadora que da lugar al dicho de que todo hombre es un genio en sus sueños.

La muerte es también una falta de atención a la vida, la mayor que conocemos y, por tanto, la más pobre en despojos procedentes de los reinos sobrenaturales. Sin embargo, los testimonios de personas que han estado a punto de morir atestiguan al menos que para aquellos emancipados por la muerte, la vida, contemplada desde alguna región superior del espacio, es percibida como una unidad. Cuando el hombre se ve cara a cara con la muerte, los acontecimientos de su vida desfilan ante los ojos de su mente en un instante, y sale de semejante experiencia no solo con una comprensión más profunda de sí mismo, sino también del sentido y propósito de la vida.

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