La competencia es aquella fuerza de rivalidad entre compradores o entre vendedores que tiende a hacer que los primeros ofrezcan un precio mayor por el producto que desean asegurar, y tiende a hacer que los segundos ofrezcan mejores productos por un precio menor.
Que la competencia es una fuerza, incluso a juicio de la opinión popular, se evidencia en expresiones tan comunes como «la presión de la competencia», «una competencia fuerte» y, ciertamente, «la fuerza de la competencia».
Pero estas mismas expresiones nos muestran también, tal como ya hemos comprobado en los capítulos anteriores, que no se trata de una fuerza constante, sino variable.
¿Cuáles son, entonces, las leyes de su variación?
Veamos qué podemos aprender mediante el estudio de tres ejemplos típicos de la fuerza de la competencia. Tomemos en primer lugar el negocio del cultivo de maíz. Hay tal vez tres millones de agricultores en los Estados Unidos dedicados a producir maíz, y cada uno de ellos compite con todos los demás. ¿Se duda de esto? Hemos definido la competencia como una rivalidad que tiende a hacer que los vendedores ofrezcan mejores productos por un precio menor. Ahora bien, a primera vista puede parecer que no hay rivalidad en absoluto. Los agricultores vecinos trabajan juntos en total armonía; y ningún hombre piensa que, debido a que sus vecinos han cosechado una gran cantidad de maíz, él se vea perjudicado de alguna manera. Y, sin embargo, esta tendencia a dar mejores productos y precios más bajos existe y se siente claramente. Supongamos que se introdujera una variedad de maíz nueva y superior, que los compradores prefirieran.