Pero, después de todo, ¿dónde estaría la poesía del mar si no hubiera olas bravías? Por fin el Spray se encontraba en medio de un mar de coral. El mar en sí bien podría llamarse manso, pero las rocas de coral siempre son rugosas, filosas y peligrosas. Me encomendé entonces a la misericordia del Creador de todos los arrecifes, mientras vigilaba atentamente los peligros por doquier.
¡He aquí la Gran Barrera de Arrecifes y las aguas de muchos colores salpicadas por todas partes de islas encantadas!
Diviso entre ellas, a pesar de todo, muchos puertos seguros, a menos que mi visión esté extraviada.
El 24 de mayo, el balandro, habiendo hecho ciento diez millas al día desde Danger Point, entró entonces en el paso de Whitsunday, y esa noche navegó entre las islas.
Cuando el sol se alzó la mañana siguiente miré hacia atrás y me arrepentí de haber pasado de largo mientras estaba oscuro, pues el paisaje muy a popa era variado y encantador.