—Los egipcios —aventuró la señora Jasher con temeridad.
Braddock glared. “Nothing of the sort, dear lady,” he snorted angrily.
“Absurd, ridiculous! I am inclined to believe that Egypt was merely a colony of that vast island of Atlantis mentioned by Plato. There—if my theory is correct—civilization begun, and the kings of Atlantis—doubtless the gods of historical tribes—governed the whole world, including that portion which we now term South America.”
—¿Quiere usted decir que en aquellos días ya había yanquis? —preguntó la señora Jasher con frivolidad.
El Profesor se metió las manos bajo los faldones de su raído chaquetó y se paseó de un lado a otro de la habitación alimentando su ira, que se veía provocada por semejante ignorancia.
—¡Por el amor de Dios, señora, dónde ha vivido usted! —exclamó de forma explosiva—; ¿es tonta o simplemente una mujer ignorante? Le estoy hablando de tiempos prehistóricos, de hace miles de años, cuando usted probablemente era un átomo errante incrustado en el fango.
—¡Oh, criatura aborrecible! —exclamó la señora Jasher indignada, y se disponía a decirle a Braddock lo que pensaba, aunque solo fuera para demostrarle que sabía defenderse, cuando se abrió la puerta.
—¿Cómo está, señora Jasher? —dijo Lucy, acercándose.
“Aquí estoy yo y aquí está Archie. La cena está lista. Y tú—”
—Tengo mucha hambre —dijo la señora Jasher—. Me han llamado un átomo de cieno; luego se rió y se adueñó del joven Hope.
Lucy frunció el ceño; no aprobaba el instinto cazahombres de la viuda.