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nydus/The Secret GardenPublic
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XVIII. “Tha’ Munnot Waste No Time”

la mañana —y traer a tus criaturas contigo— y luego —dentro de un rato, cuando haya más hojas y tal vez algún capullo que otro— lo haremos salir y tú lo empujarás en su silla y lo traeremos aquí y le enseñaremos todo.

Cuando terminó, estaba bastante orgullosa de sí misma. Nunca antes había dado un discurso largo en Yorkshire y se había acordado muy bien.

—Tienes que hablarle un poco de Yorkshire al amo Colin así —se rió Dickon—. Le harás reír, y no hay nada tan bueno para la gente enferma como reírse. Mi madre dice que cree que media hora de buena risa todas las mañanas curaría a un tipo que se estuviera preparando para la fiebre tifoidea.

—Voy a hablarle en aragonés este mismo día —dijo Mary, riéndose entre dientes.

El jardín había llegado al tiempo en que todos los días y todas las noches parecía como si los Magos estuvieran pasando a través de él extrayendo belleza de la tierra y de las ramas con varitas mágicas.

Era difícil marcharse y dejarlo todo, sobre todo porque Nut de verdad se había arrastrado hasta su vestido y Shell había bajado a gatas por el tronco del manzano bajo el que se sentaban y se había quedado allí mirándola con ojos inquisitivos.

Pero ella regresó a la casa y cuando se sentó cerca de la cama de Colin, este comenzó a olfatear como lo hacía Dickon, aunque no de una manera tan experimentada.

—Hueles a flores y—y a cosas frescas —exclamó con bastante alegría—. ¿A qué hueles? Es frío y cálido y dulce al mismo tiempo.

—Es el viento del páramo —dijo Mary—. Es cosa de sentarse en la hierba bajo un árbol con Dickon y con Captain y Soot y Nut y Shell. Es la primavera y el aire libre y el sol lo que huele tan requetebién.

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