—Ni pensarlo —dice ella—. ¡Puede que toquen bien, pero fíjate en cómo hablan y cómo visten!
—Mira —digo yo—, entre tú y yo, no me voy a tomar cianuro por una noticia como esta. No sé por qué, pero no me seduce la idea de votarme la ley seca todos los martes por la noche en todo el invierno, por no hablar de los dos dólares a la semana de cuota anual para ayudar a comprar un premio que no tengo ninguna posibilidad de ganar y que no sabría qué hacer con él si lo tuviera.
—Habría estado bien, sin embargo —dice—, hacerme amiga de esa gente.
—Bueno —digo—, me sentiré un poco más seguro de hacer eso si los veo una vez al año, o nada en absoluto.