Las ventas del último cuarto del siglo XVII son de sumo interés en la historia del tema, pero carecen de gran valor como guías para los precios actuales, pues las circunstancias y los gustos han cambiado enormemente.
Las ventas correspondieron en gran medida a las bibliotecas de trabajo de teólogos, y los libros que sus propietarios consideraban útiles en sus estudios se vendieron bien, mientras que los libros de otras clases que hoy en día ocupan su lugar en la consideración pública alcanzaron precios que nos parecen muy bajos.
Entre el número de ventas mencionadas en el capítulo anterior, solo dos destacan como bibliotecas de verdaderos coleccionistas en la aceptación moderna del término, es decir, de aquellos que coleccionan por el amor a los libros más que por el aprecio de su utilidad.
Casi las mismas condiciones imperaron durante el primer cuarto del siglo XVIII, aunque la biblioteca de Charles Bernard, cirujano de cámara de la reina Ana y hermano del Dr. Francis Bernard, mencionado anteriormente, se vendió en marzo de 1711 en el Café Black Boy, en Ave Maria Lane, y la venta de la vasta colección de Thomas Rawlinson comenzó en 1721. Le siguió la venta de la biblioteca de John Bridges en febrero de 1726, pero ya había pasado la mitad del siglo cuando tuvo lugar la gran venta del Dr. Richard Mead.
Esto (1754-55), si se compara con la venta de Askew en 1775, puede decirse que marca una era en la bibliografía. Estos dos grandes médicos eran amigos de gustos afines. Somos capaces, por lo tanto, de medir el considerable crecimiento de la afición por la bibliofilia durante los pocos años que separaron ambas ventas.
Askew compró muchos libros en la venta de Mead, y cuando esos mismos volúmenes salieron a la venta en la suya propia, alcanzaron el doble y el triple de los precios que había pagado. Veremos en el registro de las ventas posteriores a la época de Askew cómo los precios aumentaron gradualmente, hasta llegar a la culminación del espíritu bibliomaníaco en la venta de Roxburghe de 1812.
Enumeraremos ahora algunas de las principales ventas que tuvieron lugar durante el siglo XVIII, las cuales condujeron a la larga lista de ventas que han constituido un rasgo tan marcado del siglo diecinueve.
La biblioteca de Charles Bernard, vendida en 1711, fue descrita por Oldys como poseedora de «las ediciones más bellas y mejores de los clásicos».
Swift, en su «Journal to Stella» (19 de marzo), escribió: «Fui hoy a ver los libros del pobre Charles Bernard, y me muero por gastar nueve o diez libras en unas buenas ediciones de buenos autores»; y el día 29 añade: «Fui hoy caminando a la ciudad y entré a ver la subasta de los libros del pobre Charles Bernard. Estaban en medio de los libros de Física, así que no compré ninguno; y están tan caros que creo que no compraré ninguno».
La venta de la biblioteca de Thomas Britton, el conocido carbonero de Clerkenwell, en enero de 1715, merece mención debido al mérito de su propietario.
Los libros se vendieron en subasta en el café de San Pablo (St. Paul’s Coffee-House) por Thomas Ballard, y el catálogo de la venta consta de cuarenta páginas impresas de cerca en formato en cuarto.
- Hubo 664 lotes en octavo,
- 274 en cuarto y
- 102 en folio,
- además de 50 panfletos y 23 manuscritos.
Esta fue la segunda biblioteca que Britton había reunido, pues unos años antes de su muerte vendió la primera en subasta.
Thomas Rawlinson (1681-1725) fue uno de los más insaciables coleccionistas de libros, y dejó la mayor biblioteca que se había reunido hasta su época. Sus aposentos estaban tan abarrotados que su cama tuvo que ser trasladada a un pasillo, y alquiló la Casa de Londres, en Aldersgate Street, para dar cabida a su biblioteca en constante crecimiento. Oldys dice de él:
«Si su bolsa hubiera sido mucho más holgada, tenía una pasión superior a ella, y se habría visto llevado a desprenderse de aquello que tanto le entusiasmaba, a tal grado de curiosidad o debilidad había llegado por una edición distinta, un ejemplar más hermoso, un papel de mayor tamaño que veinte de la misma especie de los que ya pudiera estar en posesión. En resumen, su codicia por los libros que no tenía aumentaba con la multiplicación de los que ya poseía, y tal como vivió, así murió entre sus atados, pilas y baluartes de papel, entre polvo y telarañas, en London House».
Él de hecho comenzó la venta de su biblioteca antes de su muerte, y la primera parte se vendió en diciembre de 1721. El catálogo de toda la biblioteca ocupó dieciséis partes, y la última se vendió en 1734.
Una colección completa de estos catálogos es muy rara, y las listas de estos en las diversas obras bibliográficas están en su mayoría incompletas. Sin embargo, hay una colección en la Biblioteca Bodleiana. Los libros de las primeras cinco partes se vendieron por 2409 libras, y solo los manuscritos requirieron dieciséis días de marzo de 1734 para venderse, y se fueron baratos. Hearne escribe en su Diario (9 de noviembre de 1734)—
“Los manuscritos de la última subasta del Dr. Rawlinson de los libros de su hermano Thomas salieron extraordinariamente baratos, y quienes compraron hicieron grandes gangas. El Doctor mismo adquirió muchos, por lo cual uno que otro se mostró disgustado, si bien toda la concurrencia apoyó al Doctor en ello, bajo el argumento de que, en calidad de acreedor, tenía un derecho igual al de cualquier otro.
Mi amigo el Sr. Tom Brome, aquel honrado caballero de Ewithington, en Herefordshire, en una carta dirigida al Doctor, dice que no puede menos que asombrarse ante los bajos precios de la mayoría de los manuscritos, y añade: «de haber estado allí, me habría sentido tentado a gastar una buena cantidad de dinero, sin considerarme en absoluto afectado por la bibliomanía».”42
El 10 de noviembre Hearne escribe además—
“El Dr. Rawlinson con la venta de los libros de su hermano no ha recaudado ni con mucho el dinero esperado. Pues al parecer han tenido mala acogida, por muy buenos que fueran los libros; los manuscritos peor, y lo que harán los grabados está aún por determinarse.”43
Vale la pena mencionar aquí que el Dr. Rawlinson compró los Diarios de Hearne por cien guineas a la viuda y albacea del Dr. William Bedford, a quien se los había regalado Hearne,44 y se los legó, junto con otros bienes, a la Universidad de Oxford.
Los subastadores que dispersaron las grandes colecciones de Thomas Rawlinson fueron Charles Davis y Thomas Ballard.
La venta de la valiosa biblioteca de John Bridges en sus cámaras de Lincoln’s Inn por el señor Cock, en febrero de 1726, fue un acontecimiento de gran interés literario.
El número de lotes fue de 4313, ocupando veintisiete días, y el producto total de la venta ascendió a 4001 libras. Por lo tanto, esto es digno de mención por ser la primera venta en la que los precios promediaron casi una libra por lote.
Había mucha insatisfacción entre los compradores por los precios altos, y se sospechaba de una conspiración para «alzar» el mercado.
Humphry Wanley expresó su opinión firmemente
sobre este punto—
“9 de feb. de 1725-6.—Fui a las cámaras del Sr. Bridges, pero no pude ver los tres magníficos manuscritos de nuevo, ya que el Doctor, su hermano, los había encerrado bajo llave. Pujó abiertamente por sus propios libros, meramente para elevar su precio, y la subasta resulta ser, tal como pensé que llegaría a ser, muy ruin.”
“11 de feb. de 1725-6.—Ayer a las cinco me reuní con el señor Noel y me detuve largo rato con él; zanjamos entonces todo el asunto relativo a su puja en nombre de mi lord [Oxford] en la villana subasta de los libros del señor Bridges. El reverendo doctor, uno de los hermanos, ya se ha manifestado de forma tan notable que es a la vez odiado y despreciado, y pronto se formará una coalición entre los libreros en contra de él y de su cuñado, un abogado. Estos son hombres de la más aguda avaricia, y sus propias miradas (según me cuentan) lanzan arpones. Le he ordenado al señor Noel que retire cada artículo de los encargos de mi lord cuando alcancen un precio demasiado alto. Aun así, desearé que mi lord pueda tener la Biblia rusa, que sé muy bien que es un libro muy raro y muy bueno.”45
El frontispicio del catálogo de la subasta mostraba una encina derribada y a personas llevándose las ramas, lo que significaba que, cuando se corta la encina, todo el mundo hace leña. Nichols, aludiendo al lema, Δρυὸς πεσούσης πᾶς ἀνὴρ ξυλεύεται, se refiere a él como «un conmovedor recordatorio para los coleccionistas de grandes bibliotecas, que no pueden o no quieren legarlas a algún repositorio público accesible».46
Además del catálogo de la venta, había un catalogue raisonné de la biblioteca de Bridges, un ejemplar en gran papel de este, encuadernado en marroquí azul antiguo y rayado con líneas rojas, que el Dr. Gosset compró para Dibdin por cuatro chelines, y este último califica de feliz el día en que lo recibió.
En 1731 se vendió, en el café de St. Paul, la extensa biblioteca de Anthony Collins, el famoso librepensador y autor, y amigo de Locke. Sus libros se vendieron en dos secciones. La parte 1 del catálogo contenía 3451 lotes, y la parte 2, 3442.
La venta de la biblioteca del Dr. Thomas Pellet en 1744 es de especial interés por ser la primera realizada por Samuel Baker, el fundador de la casa Sotheby.
En 1746 tuvieron lugar dos ventas notables, las de Sir Christopher Wren y la de Michael Maittaire, el erudito y bibliógrafo. El siguiente anuncio de la primera está tomado del Daily Advertiser del 26 de octubre de 1748—
“Que se venderán en pública subasta, por los señores Cock y Langford, en la Gran Piazza de Covent Garden, esta tarde y la siguiente, las curiosas y completas bibliotecas del ingenioso arquitecto Sir Christopher Wren, caballero, y de Christopher Wren, esquire, su hijo, difuntos, ambos de Hampton Court;
consistentes en una gran variedad de libros de arquitectura, antigüedades, historias, etc., en griego, latín, francés e inglés; junto con unos pocos lotes de grabados.
Dichos libros podrán verse en casa del señor Cock, en la Gran Piazza antes mencionada, hasta el momento de la venta, la cual dará comienzo cada tarde a las 5 en punto.
Podrán obtenerse catálogos de forma gratuita en el lugar de la venta antes citado.”
La biblioteca de Maittaire se vendió en dos partes, en noviembre de 1748 y en enero de 1749, por el señor Cock, y su venta ocupó cuarenta y cinco tardes.
Por una u otra razón, los libros parecen haber sido vendidos a precio de saldo, y apenas alcanzaron las 700 libras. Una de las razones fue que no tenían un aspecto muy presentable. El subastador escribe en el «anuncio» del catálogo:
“Si bien los libros en su estado actual no presentan el aspecto más ostentoso, sin embargo, al igual que su difunto y digno poseedor, por muy sencillo que sea su exterior, contienen en su interior un tesoro inestimable de ingenio y erudición.
En fin, esta es (tras cincuenta años de diligente búsqueda y labor de recopilación) la biblioteca entera del Sr. Maittaire, cuyo criterio en la elección de libros, así como siempre fue reconocido, lo son indudablemente mucho más allá de lo que pueda intentar decir en su alabanza.
Al exhibirlos así al público, cumplo con la voluntad de mi difunto amigo, y al imprimir el catálogo a partir de su propia copia, tal como la dejó (aunque al hacerlo resulte más voluminoso), tuve la oportunidad no solo de hacer la justicia que debo a su memoria, sino también de gratificar a los curiosos”.
Según una muy interesante relación de la venta en los «Anecdotes» de Beloe (vol. v, págs. 389-452), parece que si «los curiosos» asistieron a la subasta, no hicieron gran cosa por subir los precios.
Beloe escribe:
«La biblioteca de Michael Maittaire era de un valor incalculable por su gran variedad, por el número de libros impresos en los primeros tiempos que contenía, por la extraordinaria colección de opúsculos griegos y latinos de los famosos impresores franceses del siglo XVI, por los libros de crítica más infrecuentes que exhibía y, por último, por la alta reputación de su poseedor».
Y, en conclusión, dice:
«Una colección semejante no se había exhibido antes para su venta pública, y tal vez no vuelva a hacerse jamás».
Un ejemplo sorprendente de los precios absurdamente bajos obtenidos por los libros es el de la Homeri Batrachomyomachia (Venecia, por Leonicum Cretensem, 1486, en 4.º), que se vendió por dieciséis chelines. En este ejemplar, un poseedor posterior escribió la siguiente nota:
“Este libro es tan sumamente raro que nunca he visto ningún otro ejemplar, salvo el de Mons. de Boze, quien me dijo que pagó por él 650 libras. El Sr. Smith, nuestro cónsul en Venecia, me escribió para decirme que había comprado un ejemplar, pero que estaba incompleto. Lord Oxford ofreció al Sr. Maittaire cincuenta guineas por este mismo ejemplar”.
El ejemplar de Askew, supuestamente idéntico a este, alcanzó catorce guineas en su subasta.
Martialis, apud Vindelinum Spirensem—sine anno—, que se describe como «uno de los más raros entre los libros raros», solo alcanzó cuatro chelines y seis peniques.
La editio princeps de Plauto (Venet. per Joh. de Colonia et Vindelinum Spirensem, 1472, en folio) se vendió por dieciséis chelines, mientras que el ejemplar de Pinelli alcanzó las 36 libras. Estas no son excepciones a la regla, pues Beloe menciona un gran número de libros raros que solo alcanzaron uno o dos chelines cada uno.
La gran biblioteca del Dr. Richard Mead fue dispersada por Samuel Baker en noviembre y diciembre de 1754 y en abril y mayo de 1755.
En la primera venta hubo 3280 lotes en 28 días, que recaudaron £2475, 18s. 6d. La segunda venta constó de 6741 lotes en 29 días, recaudando £3033, 1s. 6d., lo que hace que los totales de ambas ventas, 57 días, 10 021 lotes, asciendan a un importe de venta de £5509.
Por lo general se afirma que la biblioteca de Mead constaba de 10 000 volúmenes, pero debió de haber al menos 30 000 volúmenes.
La numeración de los lotes en la venta de Mead siguió la regla confusa adoptada en la primera impresión de los catálogos de subastas, a saber, dejar tres numeraciones separadas para enoctavo, en cuarto y en folio.
Como ya se ha dicho, esta fue la primera venta realmente célebre que tuvo lugar en Inglaterra, y cabe pocas dudas de que su propietario gastó considerablemente más dinero en la colección de sus libros de lo que estos recaudaron tras su muerte.
Johnson dijo de Mead que vivió en la plena luz del sol de la vida más que casi ningún otro hombre. La dispersión de su biblioteca fue una pérdida para el mundo, pues a todo erudito se le había permitido el acceso a ella durante la vida del propietario.
La biblioteca del novelista Fielding fue vendida por Baker en 1755. La venta constó de 653 lotes, ocupó cuatro noches y recaudó 364 libras.
Richard Rawlinson, D.D., hermano menor de Thomas Rawlinson, murió el 6 de abril de 1755, y su numerosa y valiosa biblioteca fue vendida por Baker en marzo del año siguiente.
- La venta de los libros duró cincuenta días, y hubo una segunda venta de panfletos, libros de láminas, etc., que ocupó diez días.
Los precios alcanzados por la literatura inglesa antigua fueron muy bajos, y el total de toda la venta no llegó a las 1200 libras.
El año 1756 fue notable por la venta de la biblioteca de Martin Folkes a cargo de Samuel Baker. Constaba de 5126 lotes y alcanzó la suma de 3091 libras. Martin Folkes ocupaba una posición destacada en el mundo literario y científico como presidente de la Royal Society y de la Society of Antiquaries. Era un hombre de cultura más bien general que un hombre de ciencia, y ha sido costumbre reírse de sus pretensiones a la presidencia de la Royal Society, pero sus contemporáneos tenían un buen concepto de él. El Dr. Jurin, secretario de la Royal Society, dijo que «el hombre más grande que jamás haya vivido (sir Isaac Newton) lo distinguió para ocupar la presidencia y presidir la Sociedad cuando él mismo se veía tan frecuentemente impedido por la indisposición; y que bastaba decir de él que era amigo de sir Isaac».
Edwards, el ornitólogo, dijo de Folkes—
“Parecía haber alcanzado el conocimiento universal, pues en las muchas oportunidades que tuve de estar en su compañía, casi cualquier rama de la ciencia resultó ser el tema de conversación, y de todas ellas habló como un experto. Era un hombre de gran cortesanía en sus modales, exento de toda pedantería y orgullo, y en todos los aspectos un verdadero, sincero y distinguido caballero”.
La primera venta registrada de Samuel Paterson fue la de la biblioteca del «Orador» Henley, que tuvo lugar en junio de 1769 y contenía algunos libros curiosos.
Joseph Smith, cónsul británico en Venecia, era un coleccionista de libros culto. En 1755 imprimió un catálogo de su biblioteca: Bibliotheca Smitheana, seu Catalogus Librorum D. Josephi Smithii, Angli ... Venetiis, typis Jo. Baptistæ Pasquali, MDCCLV. Este tiene valor por contener un apéndice de «los prólogos y epístolas que preceden a aquellas obras de la biblioteca que fueron impresas en el siglo quince».
Jorge III compró la biblioteca entera y la añadió a su propia e inigualable colección. Tras la venta de su biblioteca, el cónsul Smith se puso manos a la obra para reunir otra, y en 1773, un año después de su muerte, esta segunda biblioteca fue vendida en subasta por Baker & Leigh, ocupando trece días en su venta.
Los libros se describieron como «en el mejor estado de conservación, y consistentes en las mejores y más escasas ediciones de autores latinos, italianos y franceses, desde la invención de la imprenta, con manuscritos y misales sobre pergamino, bellamente iluminados». El último día de venta contuvo todos los libros ingleses en letra gótica.
Esta magnífica biblioteca recaudó 2245 libras, una cantidad no tan grande como cabría haber esperado. De hecho, Dibdin dice en su Bibliomania que el Sr. Cuthell exclamó en su presencia que «los estaban regalando».
En este mismo año de 1773, fue vendida la espléndida biblioteca de James West, presidente de la Royal Society, cuyo catálogo fue ordenado por Samuel Paterson.
El prólogo informa al lector que «el siguiente catálogo exhibe una colección muy curiosa y poco común de libros impresos y de viajes, de historia y antigüedades británicas, y de literatura inglesa antigua y rara, la más copiosa de cuantas han aparecido en los últimos años; formada con gran gusto y un profundo conocimiento de autores y personajes».
Hubo 4633 lotes, y su venta ocupó veinticuatro días, siendo el subastador Langford. La gran colección de manuscritos de West fue vendida al conde de Shelburne, y se encuentra ahora en el Museo Británico.
Aunque esta venta atrajo mucha atención y contó con una buena asistencia, los precios no fueron altos según nuestros criterios actuales, pero sin duda entonces no se pensó que los siguientes libros de Caxton se vendieran por menos de su valor:
- Chaucer’s Works, primera edición de Caxton, 47 libras, 15 chelines y 6 peniques;
- «Troylus and Cresseyde», 10 libras y 10 chelines;
- «Book of Fame», 4 libras y 5 chelines;
- «Gower de Confessione Amantis», 1483, 9 libras y 9 chelines.
Dibdin ha ofrecido un análisis muy completo de esta magnífica biblioteca en su Bibliomania.
En contraste con esta venta puede mencionarse, debido a la distinción de su propietario, la biblioteca de Oliver Goldsmith, que fue vendida el 12 de julio de 1774 por el señor Good, de Fleet Street. Hubo 162 lotes, y el señor Forster ha reimpreso el catálogo en su «Life of Goldsmith» (vol. II, p. 453).
Una biblioteca muy curiosa fue vendida en este mismo año (1774) por Paterson. El título del catálogo la describe de la siguiente manera:
“Un catálogo de libros raros y folletos en varios idiomas y facultades, que incluye la antigua biblioteca conventual de la abadía de Missenden en Buckinghamshire, junto con algunos restos selectos de la del difunto y eminente sargento de leyes William Fletewode, Esq., registrador de Londres en el reinado de la reina Isabel; entre los cuales hay varios ejemplares de la tipografía más antigua, extranjera e inglesa, incluidos Caxton, Wynkyn de Worde, Pynson y otros; una magnífica colección de historia de Inglaterra, algunos libros jurídicos antiguos y escasos, un gran número de obras de teatro inglesas antiguas, varios manuscritos selectos sobre pergamino y otros temas de curiosidad literaria....”
Se verá por esto que las obras de nuestros primeros impresores empezaban a ponerse de moda, pero no alcanzaban precios muy altos, variando desde las cinco libras hasta las ocho guineas. Dos ejemplares de la primera edición de los «Ensayos» de Bacon, de 1597, se vendieron por seis peniques.
En 1775 tuvo lugar en la sala de subastas de Baker & Leigh una de las mejores ventas del siglo, la de Anthony Askew, M.D. (1722-1772), cuya ambición era poseer todas las ediciones de cada autor griego. Su biblioteca consistía en gran parte en clásicos, y la mayoría de los libros se encontraban en buen estado.
Se vendieron 3570 lotes en veintidós días, que recaudaron 3993 libras, es decir, alrededor de 1 libra por lote. La biblioteca de Mead constaba de 10 021 lotes, que recaudaron 5509 libras, o un poco más de la mitad del precio promedio por lote obtenido en la subasta de Askew.
Como el carácter de las bibliotecas de Mead y Askew era algo similar, la diferencia puede explicarse en parte por el aumento en el precio de los buenos libros en el intervalo entre ambas ventas.
El señor Christie vendió en marzo de 1776 la valiosa biblioteca de un bibliófilo muy notable, John Ratcliffe, que regentaba una tienda de ultramarinos en el Borough.
Se cuenta que algunos de sus tesoros los compraba al peso en el ejercicio de su negocio. Su destreza como coleccionista era reconocida por otros coleccionistas y, los jueves por la mañana, tenía la costumbre de ofrecer desayunos en su casa de East Lane, en Rotherhithe, a los que Askew, Croft, Topham Beauclerk, James West y otros acudían asiduamente. En estos desayunos mostraba sus últimas adquisiciones.
Era un hombre muy corpulento y, pocos años antes de su muerte, cuando se declaró un incendio en su vecindario y sus muebles y libros fueron trasladados por seguridad, no pudo ayudar a quienes se ocupaban de la tarea. Se encontraba lamentando la pérdida de sus Caxtons, cuando un marinero que lo escuchó intentó consolarlo y le exclamó: «Válgame Dios, señor, los tengo perfectamente a salvo». Mientras Ratcliffe le expresaba su agradecimiento, el marinero sacó dos de sus magníficas pelucas rizadas que había salvado. No se imaginaba que un hombre pudiera armar semejante alboroto por unos cuantos libros.47
Hubo nueve días de venta de 1675 lotes. Los Caxtones sumaban treinta y alcanzaron un promedio de 9 libras esterlinas cada uno.
Topham Beauclerk, el amigo mundano del Dr. Johnson, reunió una biblioteca muy grande, que fue distribuida por Paterson en 1781. Había treinta mil volúmenes, cuya venta llevó cincuenta días.
La biblioteca era rica en obras de teatro inglesas, historia de Inglaterra, libros de viajes y antigüedades, pero no había muchos libros de alto precio.
La venta de la biblioteca del reverendo Thomas Crofts en 1783, también a cargo de Paterson, fue un acontecimiento mucho más importante. Constaba de 8360 lotes, distribuidos a lo largo de cuarenta y tres días, y recaudó 3453 libras. Se nos dice en el prefacio del catálogo de la venta que—
“La gran reputación que el difunto y docto reverendo señor Crofts había adquirido en lo que respecta al conocimiento bibliográfico no puede quedar mejor establecida que por el siguiente compendio de su excelente biblioteca, en el cual no se han escatimado esfuerzos para hacerla digna del carácter del coleccionista y tal como él mismo, se presume, no habría desaprobado. La colección sobre el «Origen de las Letras», así como la de gramáticas y diccionarios, es admirable, y mucho más nutrida de libros curiosos de lo que suele hallarse en muchas bibliotecas de primera categoría. Las secciones teológicas comprenden muchos artículos curiosos y valiosos... La parte clásica de la biblioteca es en verdad un tesoro de erudición griega y romana, que abarca muchas de las primeras ediciones, casi todas las ediciones aldinas y las de los mejores comentaristas modernos”.
Otras clases bien representadas en la biblioteca eran la poesía, las novelas y las obras de teatro italianas, la poesía española y portuguesa, etcétera, la historia, la topografía, las antigüedades, y los viajes y exploraciones.
Hay un retrato del Sr. Crofts en el Repertorium Bibliographicum de Clarke.
En este mismo año de 1783, el señor Compton vendió la elegante y curiosa biblioteca de un eminente coleccionista (Joseph Gulston), la cual contenía un número considerable de libros impresos en gran papel y bien encuadernados.
La biblioteca se describe en el catálogo como «sin duda la más selecta jamás ofrecida al público por su belleza, escasez y estado».
Fueron once días de venta de 2007 lotes, que recaudaron 1750 libras.
En 1784, la parte restante de la biblioteca del señor Gulston fue vendida por el mismo subastador. Esta consistía principalmente en una fina colección de tipografía inglesa, y los 784 lotes ocuparon cuatro días en su venta.
La biblioteca del Dr. Samuel Johnson, que fue vendida en 1785, no era muy valiosa. Consistía en 650 lotes, los cuales se vendieron por 100 libras. Entre ellos se encontraba el segundo infolio de Shakespeare, que ahora obra en poder de Sir Henry Irving.
En 1785 la colección de manuscritos del Dr. Askew fue vendida, diez años después de los libros impresos, cuando alcanzó las 1827 libras. Cuando Askew murió en 1774 se le ofrecieron a un coleccionista por dos mil guineas, pero el precio se consideró demasiado elevado.
La biblioteca del mayor Thomas Pearson (1740-1781) fue vendida por T. & J. Egerton en 1788. La venta se prolongó durante veintitrés días y constó de 5525 lotes.
Esta biblioteca era muy rica en literatura antigua inglesa y contenía dos volúmenes de baladas originales, que fueron comprados por el duque de Roxburghe por 36 libras, 4 chelines y 6 peniques, y que, con las adiciones del duque, se conservan hoy a buen recaudo en el Museo Británico.
La famosa biblioteca Pinelli, fundada por Juan Vicente Pinelli en el siglo XVI, y acrecentada por sus descendientes (el último poseedor fue Maffeo Pinelli, un erudito impresor de Venecia que murió en 1785), fue comprada en 1788 por los señores Robson & Edwards, libreros, por unas 7000 libras; y al ser trasladada a Londres, se vendió en subasta en Conduit Street en dos partes: la primera, en marzo y abril de 1789, constó de sesenta días de venta, y la segunda, en febrero y marzo de 1790, de treinta y un días.
El número total de lotes fue de 14.778, y alcanzaron la cifra de 9356 libras, lo que no dejó mucha ganancia a los compradores tras el pago de aranceles, transporte y costes de la subasta.
La biblioteca era muy rica en clásicos griegos y latinos, y en literatura italiana en general. El lote principal fue la Políglota Complutense (6 vols. en folio, 1514-17), impresa en pergamino, que se vendió por 483 libras.
La venta de la selecta biblioteca de M. Paris de Meyzieux (Bibliotheca Parisina), que tuvo lugar en marzo de 1791, merece mención especial por el hecho de que los precios alcanzados superaron considerablemente a los de cualquier venta anterior, y rara vez han sido igualados, ni siquiera en nuestros días. El título del catálogo inglés es el siguiente:
“A Catalogue of a Collection of Books formed by a Gentleman in France, not less conspicuous for his taste in distinguishing than his zeal in acquiring whatever of this kind was most perfect, curious, or scarce:
- it includes many first editions of the classics:
- books magnificently printed on vellum with illuminated paintings;
- manuscripts on vellum, embellished with rich miniatures;
- books of natural history, with the subjects coloured in the best manner or with the original drawings and books of the greatest splendour and rareness in the different classes of literature.
To these are added from another grand collection, selected articles of high value. The whole are in the finest condition, and in bindings superlatively rich.”
La biblioteca fue comprada a los albaceas de Mons. Paris por M. Laurent de París y el Sr. James Edwards, y traída a Londres para ser vendida. Hubo seis días de venta, y los 636 lotes recaudaron 7095 £, 17 s., 9 d., o un poco más de once libras por lote. Uno de los libros más hermosos de la venta fue el Opere de Petrarca, 1514, impreso en pergamino, con encantadoras miniaturas atribuidas a Giulio Clovio. Seis de estas eran los Triunfos del Amor, la Castidad, la Muerte, la Fama, el Tiempo y la Divinidad. Los márgenes de las páginas estaban ornamentados con 174 exquisitas miniaturas de aves, bestias, peces, monstruos, historias fabulosas y varias composiciones de la mayor ingeniosidad. Este espléndido volumen en folio alcanzó las 116 £, 11 s. Un libro similar, pero al parecer mucho menos elaborado, un Aristóteles en pergamino, alcanzó recientemente las 800 £ en la venta de Ashburnham.
La biblioteca de Michael Lort, D.D., F.R.S., fue vendida por Leigh & Sotheby en este mismo año de 1791; contenía un gran número de libros interesantes, particularmente aquellos sobre historia y antigüedades inglesas, muchos de los cuales estaban enriquecidos con notas manuscritas del Rvdo. George North.
Hubo 6665 lotes, cuya venta llevó veinticinco días, pero la suma recaudada (£1269) no fue grande para una colección tan considerable.
En 1792 tuvo lugar una gran venta en Dublín; se trataba de la biblioteca del Excmo. Sr. Denis Daly, y fue dispersada bajo el martillo de James Vallance.
Hay una buena descripción de la biblioteca en el Gentleman’s Magazine (1792, Parte I., págs. 326-28), pero aunque Dibdin ofrece en su Bibliomania una mención de algunos de los libros, no registra los precios de varios de los ejemplares más interesantes mencionados en el Gentleman’s Magazine.
El número de lotes fue de 1441, los cuales recaudaron 3700 libras. La biblioteca fue comprada en su totalidad a los albaceas del Sr. Daly por John Archer y William Jones, dos libreros de Dublín, y el primero le dijo a Dibdin que lord Clare ofreció 4000 libras por ella antes de la subasta, pero esta oferta fue rechazada.
La biblioteca botánica del conde de Bute fue vendida por Leigh & Sotheby en 1794 por 3470 libras esterlinas. Fue una venta de diez días.
La primera parte de la biblioteca de Thomas Allen fue dispersada en junio de 1795, y la segunda parte en 1799, pasando ambas partes bajo el martillo de Leigh y Sotheby. Hubo en total 3460 lotes vendidos durante diecinueve días, los cuales recaudaron 5737 libras.
La venta de la biblioteca de George Mason comenzó en enero de 1798 y continuó hasta 1807, año en que se vendió la quinta parte.
- La primera parte contenía 497 lotes (tres días), que recaudaron 620 £;
- la segunda parte, 480 lotes (tres días), 784 £;
- la tercera parte, 547 lotes (tres días), 670 £;
- la cuarta parte, vendida en 1799, 338 lotes (dos días), 586 £.
Todas fueron vendidas por Leigh & Sotheby. Las cuatro partes contenían 1862 lotes, y el importe total de la venta ascendió a 2663 £.
La quinta parte, vendida en 1807, contenía pocos lotes de alguna importancia.
La biblioteca del Dr. Richard Farmer, vendida por el Sr. King en mayo de 1798, fue singularmente interesante, por contener una rica colección de poesía inglesa antigua, de la cual fue uno de los primeros compradores.
Aunque empleaba agentes para que compraran por él, no era muy generoso y se dice que se había impuesto la regla de no superar los tres chelines por ningún libro.
- El número de lotes en la venta fue de 8199, y se emplearon treinta y seis días en venderlos.
- El importe total de la venta fue de 2210 libras esterlinas, y se supone que reunir la biblioteca le había costado al Dr. Farmer unas 500 libras.
El Dr. Farmer (1735-1797), autor del famoso «Ensayo sobre la erudición de Shakespeare» y durante veintidós años director del Emmanuel College de Cambridge, era un personaje curioso de quien se decía que amaba tres cosas: el oporto viejo, la ropa vieja y los libros viejos.
Se decía asimismo que había tres cosas que nadie podía persuadirlo de hacer, a saber: levantarse por la mañana, acostarse por la noche y saldar una cuenta.
Se cuenta que absorbió su pasión por coleccionar libros del Dr. Askew. El Dr. Parr, quien compuso su epitafio en latín, escribió sobre él:
“¿Cómo hablaré de ti, y de tu maravillosa colección, oh, raro Richard Farmer?; ¿de tu erudición, agudeza, ingenio, singularidades, aprendizaje variado y facultades coloquiales! ¡Tu nombre vivirá largamente entre los eruditos en general, y en los pechos de los bibliómanos virtuosos y letrados tu memoria será siempre consagrada! Las paredes del Emanuel College ya dejan de transmitir los sonidos de tu festivo ingenio; tus volúmenes ya no se ven, como los «haces de libros cosidos» de Richard Smith, esparcidos por el suelo; y has dejado, por la causa de tu amado Shakespeare, de cavar en el fecundo mineral de la literatura de letra gótica. Paz a tu honesto espíritu; porque fuiste sabio sin vanidad, erudito sin pedantería y gozoso sin vulgaridad”.
El Dr. Farmer en una ocasión propuso que se hiciera un catálogo de su biblioteca, al cual se proponía antigponer el siguiente aviso:
“Esta Colección de Libros no debe considerarse de ningún modo como un ensayo con miras a una Biblioteca perfecta; las circunstancias y la situación del Coleccionista hacían tal intento tanto innecesario como impracticable. Hay aquí pocas publicaciones de gran precio que ya se encontraran en la excelente Biblioteca del Colegio Emanuel; pero se cree que no muchas colecciones privadas contienen un mayor número de libros realmente curiosos y escasos; y tal vez ninguna sea tan rica en la antigua literatura filológica inglesa.—R. Farmer.”