El Dr. Schiller es de la opinión1 de que el ímpetu evolutivo se ha agotado y, al menos biológicamente, hemos visto el fin del cambio. Me pregunto. ¿Y si tuviera razón? El proceso podría empezar de nuevo; esta vez con los hombres de ciencia al timón.
La vasta y poderosa maquinaria desarrollada para satisfacer las necesidades de la Administración Científica en la industria, el gobierno y la educación puede hacer posible iniciar y controlar el funcionamiento de las leyes naturales del cambio. Codo a codo con el control directo del carácter, las creencias y la acción, podrán llevarse a cabo experimentos a gran escala en el campo de la eugenesia. Tales experimentos no exigirían el torpe expediente de una ley del Parlamento. El triple control proporcionará los medios adecuados para eliminar los factores intratables de la situación.
Quizás la constitución de los Estados Unidos de América proporcione en la actualidad la maquinaria más prometedora para la experimentación sociológica a gran escala. Estos Estados, además, son afortunados por el carácter de su población. Pero ya sea mediante la educación o mediante el control eugenésico, el hombre mismo cambiará.
Físicamente, mediante un proceso de atrofia (al que el Dr. Schiller, confío, no pondrá objeciones), podrá consistir principalmente en una cabeza de la cual penderá una masa de extremidades atrofiadas. Es de suponer que estará montado de forma más o menos permanente sobre un automóvil compacto, viajando por carretera o por aire. Sin duda, se dispondrá de un accesorio submarino para facilitar su baño matutino.2
Pero no es con su apariencia con lo que aquí nos concierne. ¿Cuál es el futuro de su mente?