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“Y aunque, en fin, desde el lejano Atlántico hasta el Tauro, altivo muro de Escitia, todos vieron que vencías; temible aún permaneces si ningún campo salvo el de Ematia te vio caer:
Tú verás el orgullo triunfante de Alfonso, yacer subyugado, él que a todos subyugó.
Tal destino el Consejo Celestial previó desde hace mucho para ti de un padre, para él de un yerno.