la “conciencia de una presencia”. Pero la diferencia para mí entre ambos grupos de experiencias es tan grande como la diferencia entre sentir una ligera calidez cuyo origen desconozco y estar en medio de un incendio con todos los sentidos ordinarios alerta. > > »Fue hacia septiembre de 1884 cuando tuve la primera experiencia. La noche anterior, tras meterme en la cama en mis habitaciones del College, había tenido una intensa alucinación táctil de que me agarraban por el brazo, lo que me hizo levantarme y registrar la habitación en busca de un intruso; pero la sensación de presencia propiamente dicha se produjo la noche siguiente. Después de meterme en la cama y apagar la vela, me quedé despierto un rato pensando en la experiencia de la noche anterior, cuando de repente sentí que algo entraba en la habitación y se quedaba cerca de mi cama. Solo permaneció allí un minuto o dos. No lo reconocí por ningún sentido ordinario y, sin embargo, había una “sensación” horriblemente desagradable relacionada con ello. Conmovía algo más profundo en las raíces de mi ser que cualquier percepción ordinaria. El sentimiento tenía algo de la cualidad de un dolor vital muy grande y desgarrador que se extendía principalmente por el pecho, pero dentro del organismo; y, sin embargo, el sentimiento no era tanto dolor como repugnancia. En cualquier caso, algo estaba presente conmigo, y conocía su presencia con mucha más seguridad de la que jamás he conocido la presencia de cualquier criatura viviente de carne y hueso. Fui consciente de su marcha tanto como de su llegada: una marcha a través de la puerta con una rapidez casi instantánea, y la “sensación
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Conferencia III: La realidad de lo invisible
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