Creo que la razón por la cual una gran cantidad de personas piensa que Dios no las ama es porque están midiendo a Dios con su propia pequeña regla, desde su propio punto de vista.
Nosotros amamos a los hombres mientras los consideramos dignos de nuestro amor; cuando no lo son, los desechamos.
No ocurre así con Dios. Hay una gran diferencia entre el amor humano y el amor divino.
En Efesios 3:18, se nos habla de la anchura, y la longitud, y la profundidad, y la altura del amor de Dios. Muchos de nosotros creemos que sabemos algo del amor de Dios; pero siglos más tarde admitiremos que nunca hemos descubierto gran cosa al respecto. Colón descubrió América; pero ¿qué sabía él acerca de sus grandes lagos, ríos, bosques y el valle del Misisipi? Murió sin saber mucho de aquello que había descubierto. Así, muchos de nosotros hemos descubierto algo del amor de Dios; pero hay alturas, profundidades y longitudes de este que no conocemos. Ese amor es un gran océano; y necesitamos sumergirnos en él antes de llegar a conocer realmente algo de él. Se cuenta de un arzobispo católico romano de París que, cuando fue encarcelado y condenado a ser fusilado, poco antes de ser conducido a la muerte, vio en su celda una ventana con forma de cruz. En la parte superior de la cruz escribió «altura», en la parte inferior «profundidad», y en el extremo de cada brazo «longitud». Él había experimentado la verdad expresada en el himno:
Al contemplar la excelsa cruz en que el Creador del mundo murió,
Cuando deseamos conocer el amor de Dios, debemos ir al Calvario. ¿Podemos contemplar esa escena y decir que Dios no nos amó? Esa cruz habla del amor de Dios. Jamás se ha enseñado un amor más grande que el que enseña la cruz. ¿Qué impulsó a Dios a entregar a Cristo?, ¿qué