La presente traducción ha sido hecha a partir de la segunda edición de «Zur Kritik der Politischen Oekonomie» («Contribución a la crítica de la economía política»), publicada por Karl Kautsky en 1897 con ligeras modificaciones respecto a la edición original de 1859; modificaciones que Marx había indicado en los márgenes de su propio ejemplar del libro.
Tal como se desprende del prefacio del autor, la obra se publicó originalmente como la primera entrega de un tratado completo de economía política. Sin embargo, a medida que avanzaba en su labor, Marx modificó sus planes y, ocho años después de la aparición de la «Zur Kritik», publicó el primer volumen de su El capital, cuyo alcance pretendía abarcar todo el campo de la economía política.
El plan al que Marx alude en el prefacio de la presente obra fue abandonado así en sus aspectos formales, pero no en su sustancia. La materia tratada aquí fue reproducida o más bien «resumida», como el propio Marx señala, en El Capital. Pero eso se hizo en la medida necesaria para asegurar la continuidad del tratamiento.
Por otra parte, muchos asuntos importantes son tratados aquí con mayor profundidad que en El Capital, especialmente la parte dedicada a la discusión del dinero. Esto, así como los capítulos sobre la historia de las teorías del valor y del dinero, que no figuran en El Capital, hacen de «Zur Kritik» una obra prácticamente completa en sí misma.
La reciente agitación por la plata en este país demuestra cuán oportuna y útil sigue siendo esta obra, a pesar de haber sido escrita hace casi medio siglo. Que una gran parte de los obreros empleados en las ciudades no se dejara arrastrar por la agitación demócrata-populista en 1896 y 1900 se debe, probablemente en mayor medida de lo que comúnmente se cree, a la influencia directa e indirecta de Marx, cuyas enseñanzas económicas guiaron a los socialistas en su contraagitación.
Y puesto que las condiciones que en su día dieron lugar a una demanda de moneda inflada no han desaparecido ni mucho menos más allá de toda posibilidad de retorno, este libro tiene ante sí un amplio campo, más allá de la biblioteca de la universidad y del estudiante de economía, que el nombre y el prestigio del autor entre la clase trabajadora le garantizan.
Hay otra razón, si es que hace falta dar alguna, por la que este libro debió ser traducido al inglés.
El prefacio de Marx a la presente obra contiene la formulación clásica de su teoría histórico-filosófica conocida como la Interpretación Materialista de la Historia. Esta teoría, que hasta hace poco tiempo era sostenida casi exclusivamente por escritores socialistas y apenas se oía fuera de los círculos socialistas en los países de habla inglesa, está recibiendo por fin no solo el debido reconocimiento, sino también una apreciación comprensiva por parte de los hombres de ciencia.1
Es una coincidencia bastante significativa que la obra que por primera vez formuló claramente la ley que rige la evolución social haya visto la luz del día en el mismo año en que Darwin dio al mundo su teoría de la evolución orgánica. Y así como esta última tuvo que abrirse paso hacia su reconocimiento a pesar de los prejuicios religiosos, el reconocimiento de la primera se ha visto retardado por prejuicios sociales y políticos aún más poderosos.
La Introducción a la Crítica de la Economía Política, que se añade como suplemento a este libro, se publica por primera vez en forma de libro en cualquier idioma.
Fue escrita por Marx en 1857, pero por razones explicadas por él mismo en el prefacio no fue publicada y, de hecho, nunca fue terminada por él, ya que según sus planes modificados habría encajado mejor en el último volumen de El Capital, que debía contener una historia de la economía política. La introducción ha sido publicada recientemente en forma de artículo de revista por Karl Kautsky, editor de la Neue Zeit y albacea literario de Karl Marx.
Aquí son necesarias algunas explicaciones en relación con la labor de traducción.
Nadie es más consciente de las deficiencias de la versión inglesa respecto al original que el propio traductor. Aunque plenamente consciente de que la traducción podría mejorarse considerablemente, a veces ha sacrificado deliberadamente el acabado literario en aras de la fidelidad al original.
Se observará que muchos pasajes han resultado más claros y concisos en El capital, obra en la cual, según la propia declaración de Marx en el prefacio, fueron muy simplificados y popularizados. La fraseología hegeliana se hace más patente en la presente obra, lo que convierte la traducción en una tarea más difícil.
Sin embargo, por esa misma razón parecía particularmente deseable ofrecer a los lectores de habla inglesa una versión del original lo más fiel posible. En los pocos casos en que ciertos pasajes de esta obra fueron reproducidos por Marx en El capital, se recurrió libremente a la traducción de este último realizada por Moore y Aveling, introduciendo aquí y allá ligeras modificaciones.
Apenas la única licencia que se ha tomado con la terminología de Marx ha sido en el caso de la palabra «bürgerlich». Marx habla aquí de «bürgerliche Produktion», «bürgerlicher Reichthum» y «bürgerliche Arbeit», términos para los cuales, ocho años más tarde, utilizó la palabra «kapitalistische» en pasajes correspondientes de El capital.
Como el lector de habla inglesa está más acostumbrado a oír hablar del sistema de producción «capitalista» que del sistema de producción «burgués», etc., el traductor consideró que el propio cambio de este término realizado por Marx pocos años después de la publicación de Zur Kritik era justificación suficiente para verter la palabra «bürgerlich» como «capitalistic» [capitalista] siempre que pareciera más probable que transmitiera el significado al lector.
En vista de que es probable que la obra sea leída por un público amplio, se consideró conveniente traducir las numerosas citas de escritores italianos, griegos, latinos y franceses, ofreciendo la traducción lado a lado con la cita original.
Todas las citas en inglés dadas por Marx en alemán han sido restituidas a partir de las fuentes originales, lo que exigió el uso de cuatro bibliotecas: las de las universidades Astor y de Columbia en Nueva York, la Biblioteca del Congreso en Washington y la biblioteca privada del profesor Seligman, a cuya gentileza debe el traductor el permiso para utilizar obras raras del siglo XVII citadas por Marx.
Se ha descubierto que varias de las referencias de Marx a las páginas de los libros por él citados son erróneas y, por tanto, difieren aquí de las dadas en el original. En dos o tres casos en los que no pudieron encontrarse las citas originales en inglés, fueron retraducidas del alemán omitiendo las comillas.
Esta declaración estaría incompleta si el traductor omitiese mencionar la valiosa participación en esta obra de su esposa, cuya contribución a la traducción es igual a la suya propia.
Nueva York, octubre de 1903.