Rel. Terc. de Cortés, ap. Lorenzana, pp. 204, 205.—Oviedo, Hist. de las Ind., MS., lib. 33, cap. 19.
Oviedo, in his admiration of his hero, breaks out into the following panegyric on his policy, prudence, and military science, which, as he truly predicts, must make his name immortal. It is a fair specimen of the manner of the sagacious old chronicler. “Sin dubda alguna la habilidad y esfuerzo, é prudencia de Hernando Cortés mui dignas son que entre los cavalleros, é gente militar en nuestros tiempos se tengan en mucha estimacion, y en los venideros nunca se desacuerden. Por causa suya me acuerdo muchas veces de aquellas cosas que se escriven del capitan Viriato nuestro Español y Estremeño; y por Hernando Cortés me ocurren al sentido las muchas fatigas de aquel espejo de caballería Julio César dictador, como parece por sus comentarios, é por Suetonio é Plutarco é otros autores que en conformidad escriviéron los grandes hechos suyos. Pero los de Hernando Cortés en un Mundo nuevo, é tan apartadas provincias de Europa, é con tantos trabajos é necesidades é pocas fuerzas, é con gente tan innumerable, é tan bárbara é bellicosa, é apacentada en carne humana, é aun habida por excelente é sabroso manjar entre sus adversarios; é faltándole á él ó á sus mílites el pan é vino é los otros mantenimientos todos de España, y en tan diferenciadas regiones é aires é tan desviado é léjos de socorro é de su príncipe, cosas son de admiracion.” Hist. de las Ind., MS., lib. 33, cap. 20.
Among other chiefs, to whom Guatemozin applied for assistance in the perilous state of his affairs, was Tangapan, lord of Michoacán, an independent and powerful state in the West, which had never been subdued by the Mexican army. The accounts which the Aztec emperor gave him, through his ambassadors, of the white men, were so alarming, according to Ixtlilxochitl, who tells the story, that the king’s sister voluntarily starved herself to death, from her apprehensions of the