«redes espaciales» siguen siendo tan útiles como siempre para la definición y explicación de las disposiciones moleculares, se introduce una concepción teórica completamente nueva cuando descubrimos que tales redes espaciales se mantienen en lo que hasta ahora se consideraba la libertad molecular de un campo líquido; y nos vemos obligados, en consecuencia, a postular una fuerza molecular específica, o «Gestaltungskraft» (no muy distinta de la «facultas formatrix» de Kepler), para dar cuenta del fenómeno.
Ahora bien, así como cierta Gestaltungskraft específica fue antiguamente el deus ex machina que explicaba todos los fenómenos cristalinos (gnara totius geometriæ, et in ea exercita, como dijo Kepler), y así como dicha hipótesis, tras ser destronada y repudiada, se ha abierto camino de vuelta y ha reivindicado su derecho a ser escuchada, así puede ocurrir también en biología. Comenzamos con una suposición fácil y general de propiedades específicas, mediante las cuales cada organismo asume su propia forma específica; aprendemos más tarde (como es propósito de este libro mostrar) que en toda la extensión de la morfología orgánica hay innumerables fenómenos de forma que no son peculiares de los seres vivos, sino que son manifestaciones más o menos simples de la ley física ordinaria. Pero de vez en cuando nos topamos con ciertos signos profundos de simetría