A prisa se arrodilló sobre un lecho De flores: de azucenas cual las que alzan la frente En el bello cabo Ducato, y brotaron Tan ávidas para enredarse y colgar De los fugaces pasos de —orgullo hondo— De aquella que amó a un mortal— y así murió.
La Cefálica, de jóvenes abejas coronada, su púrpura tallo alzaba junto a su hollada rodada —flor enjoyada, de Trebisonda mal llamada—, habitante de los más altos astros, donde antes avergonzaba a toda otra hermosura: su rocío azucarado (el néctar fabulado que el pagano hubo hallado), delirantemente dulce, del Cielo fue vertido y cayó en los jardines del desasistido Trebisonda, y en una flor tan soleada y a la de arriba tan fiel que, hasta la presente jornada, perdura, torturando a la abeja con la demencia y el insólito ensueño en su querencia: en el Cielo y sus contornos, la hoja y la flor de la planta feérica persisten con dolor desconsolado —dolor que inclina la cabeza, arrepintiéndose de necedades de luenga flaqueza, alzando su blanco pecho al aire embalsamado, cual culpable belleza, purificada y de mayor agrado:
La Nyctanthes también, tan sagrada cual la luz que teme perfumar, perfumando la noche: y Clitia meditando entre un sol y otro sol, mientras lágrimas tercas caen por sus pétalos: y esa flor ambiciosa que en la Tierra brotó— y murió, apenas al nacer exaltada, estallando su corazón oloroso en espíritu para alzar su vuelo al Cielo, desde el jardín de un rey: y el loto de Valisneria que hasta allí voló tras luchar con las aguas del Ródano: ¡y tu purpúreo perfume bellísimo, Zante! Isola d’oro!—Fior di Levante! Y el capullo del Nelumbo que flota por siempre con el Cupido indio por el río sagrado— ¡Flores hermosas y feéricas! a cuyo cuidado se confía llevar la canción de la Diosa, en aromas, hasta el Cielo.
“¡Espíritu! que moras donde, En el cielo profundo, Lo terrible y lo bello En belleza compiten! Más allá de la línea azul— El confín de la estrella Que retrocede al ver Tu barrera y tu cerrojo— De la barrera traspasada Por los cometas que fueron arrojados De su orgullo y de su trono A ser