La atmósfera de abajo es lánguida y está tan teñida de azul que lo que los artistas llaman el término medio participa también de esa tonalidad, mientras que el horizonte más lejano es de un azul ultramar intenso. Las tierras de labor son escasas y limitadas; salvo raras excepciones, la perspectiva es una amplia y rica masa de hierba y árboles que cubre colinas y valles menores dentro de los mayores. Tal es el Valle de Blackmoor.
El distrito posee un interés tanto histórico como topográfico.
El Valle era conocido en otros tiempos como el Bosque del Ciervo Blanco, a raíz de una curiosa leyenda del reinado del rey Enrique III, en la cual la matanza por parte de cierto Thomas de la Lynd de un hermoso ciervo blanco que el rey había acorralado e indultado, fue motivo de una fuerte multa.
En aquellos días, y hasta hace relativamente poco tiempo, la región era densamente boscosa. Aún hoy se encuentran vestigios de su estado anterior en los viejos bosquecillos de robles y en las irregulares franjas de madera que todavía sobreviven en sus laderas, así como en los árboles de tronco hueco que dan sombra a tantos de sus pastos.
Los bosques se han marchitado, pero algunas viejas costumbres de sus sombras perduran. Muchas, sin embargo, persisten tan solo de forma metamorfoseada o disfrazada. La danza del Primero de Mayo, por ejemplo, se dejaba ver aquella tarde bajo la apariencia de la fiesta del club, o «caminata del club», como allí la llamaban.
Era un acontecimiento interesante para los habitantes más jóvenes de Marlott, aunque su verdadero interés no fuera advertido por los participantes en la ceremonia. Su singularidad radicaba menos en la pervivencia de la costumbre de marchar en procesión y bailar en cada aniversario que en el hecho de que