Empédocles y sus discípulos en los días anteriores a Aristóteles, pasaba justo al borde de ese camino real. Fue el camino de Galileo y de Borelli. Fue poco transitado durante mucho tiempo después, pero de vez en cuando Swammerdam y Réaumur miraron hacia allí. Y en años posteriores, Moseley y Meyer, Berthold, Errera y Roux han estado entre el pequeño grupo de viajeros. No debemos extrañarnos si el camino es difícil de seguir, y si estos caminantes aún han cosechado poco. Otros han segado una cosecha, y el rebusco de las uvas es lento.
Nos incumbe recordar siempre que en la física ha hecho falta la presencia de grandes hombres para descubrir cosas sencillas. Son nombres verdaderamente muy grandes los que asociamos con la explicación de la trayectoria de una piedra, la curvatura de una cadena, los tintes de una burbuja, las sombras en una taza.
No es sino el más leve esbozo de una morfología dinámica el que podemos aspirar a tener, hasta que el físico y el matemático hayan hecho propios estos problemas nuestros, o hasta que un nuevo Boscovich haya escrito para el naturalista la nueva Theoria Philosophiae Naturalis.
Hasta dónde, incluso entonces, las matemáticas bastarán para describir, y la física para explicar, la estructura del cuerpo, nadie puede preverlo. Puede ser que todas las leyes de la energía, y todas las propiedades de la materia, y toda la química de todos los coloides sean tan impotentes para explicar el cuerpo como incapaces de comprender el alma. Por mi parte, creo que no es así. De cómo es que el alma da vida al cuerpo, la ciencia física no me enseña nada: la conciencia no se explica a mi entendimiento mediante todas las vías nerviosas y 〜neuronas〠del fisiólogo; tampoco le pido a la física que me explique cómo la bondad resplandece en el rostro de un hombre, y la maldad se delata en el de otro. Pero en cuanto a la construcción, el crecimiento y el funcionamiento {9} del cuerpo, al igual que de todo lo que es puramente terreno, la ciencia física es, en mi humilde opinión, nuestra única maestra y guía18.