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nydus/On Growth and FormPublic
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CAPÍTULO IV SOBRE LA FORMA INTERNA Y LA ESTRUCTURA DE LA CÉLULA

las manifestaciones de fuerza solo pueden deberse a la interacción de las diversas partes, a la transferencia de energía de una a otra. Ciertas propiedades pueden manifestarse, ciertas funciones pueden llevarse a cabo, por el protoplasma aparte {198} del núcleo; pero la interacción de ambos es necesaria para que otras y más importantes propiedades o funciones puedan manifestarse. Sabemos, por ejemplo, que porciones de un infusorio son incapaces de regenerar partes perdidas en ausencia de núcleo, mientras que los fragmentos nucleados recuperan pronto la forma específica del organismo; y se nos dice que la reproducción por fisión no puede iniciarse, aunque al parecer todas sus etapas posteriores pueden llevarse a cabo, de forma independiente de la acción nuclear. Tampoco, como señaló Verworn, puede considerarse en absoluto al núcleo como «el único vehículo de la herencia», puesto que solo en la conjunción de célula y núcleo hallamos los elementos esenciales de la vida celular. «Kern und Protoplasma sind nur vereint lebensfähig», como dijo Nussbaum. En verdad podemos, junto con E. B. Wilson, ir más allá y afirmar que «los términos “núcleo” y “cuerpo celular” deberían considerarse probablemente tan solo como expresiones topográficas que denotan dos áreas diferenciadas en una base estructural común».

Se ha debatido interminablemente acerca del centrosoma; unos sostienen que es una estructura específica y esencial, un corpúsculo permanente derivado de otro corpúsculo preexistente, un «elemento fecundador» en el espermatozoide, un «órgano de división celular» especial, un «centro dinámico» material de la célula (como lo llaman Van Beneden y Boveri); mientras que, por otra parte, se señala que muchas células viven y se multiplican sin centrosomas visibles, que un centrosome puede desaparecer y crearse de nuevo, e incluso que, bajo condiciones artificiales, los estímulos químicos anormales pueden conducir a la formación de nuevos centrosomas. Podemos dar por sentado que el centrosoma, o «esfera de atracción», es esencialmente un «centro de fuerza» y que este centro dinámico puede estar o no constituido por (pero será muy propenso a producir) una concentración de materia concreta y visible.

Dista mucho de ser correcto afirmar, como se suele hacer, que la pared celular, o membrana celular, pertenece «a los productos pasivos del protoplasma más que a la propia célula viva»; o decir que en la célula animal la pared celular, por estar «escasamente desarrollada», es relativamente poco importante en comparación con el papel destacado que asume en las plantas. Por el contrario, es bien seguro que, ya sea diferenciada visiblemente en una membrana semipermeable, o constituida meramente por una película líquida, la superficie de la célula es la sede de {199} importantes fuerzas, capilares y eléctricas, que desempeñan un papel esencial en la dinámica de la célula. Incluso en la pared de celulosa engrosada y ampliamente solidificada de la célula vegetal, al margen de las resistencias mecánicas que ofrece, las fuerzas osmóticas desarrolladas en relación con ella son de una importancia esencial.

Pero si la célula obra de este modo como un todo, interactuando necesariamente cada parte con el resto, lo mismo es ciertamente verdad para todo el organismo multicelular: como dijo Schwann antiguamente, en palabras muy precisas y adecuadas, «el organismo entero subsiste únicamente por medio de la acción recíproca de las partes elementales singulares58».

Como vuelve a decir Wilson, «la autonomía fisiológica de la célula individual pasa a un segundo plano... y el carácter aparentemente compuesto que el organismo multicelular puede exhibir se debe a una distribución secundaria de sus energías entre centros de acción locales59».

Es aquí donde se rompe la homología que con tanta frecuencia se establece, y se exagera, entre el organismo unicelular y la célula individual del metazoo60.

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