Codal
nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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Capítulo XXVII

tomado tanto trabajo y de correr tanto riesgo por ello. Me dije, si pudiera quedarse donde está, todo bien; porque cuando bajemos por el río cien o doscientas millas, podría escribirle a Mary Jane, y ella podría desenterrarlo de nuevo y conseguirlo; pero eso no es lo que va a suceder; lo que va a suceder es que el dinero será encontrado cuando vayan a atornillar la tapa. Entonces el rey lo recuperará otra vez, y pasará mucho tiempo antes de que le dé a nadie otra oportunidad de arrebatárselo. Desde luego, quería bajar a hurtadillas y sacarlo de allí, pero no me atreví a intentarlo. Cada minuto se hacía más temprano, y muy pronto alguno de esos veladores empezaría a moverse, y podrían pillarme —pillarme con seis mil dólares en las manos que nadie me había contratado para cuidar. No deseo meterme en ninguna clase de asuntos como ese, me dije a mí mismo.

Cuando bajé por la mañana, la sala estaba cerrada y los veladores se habían ido. No había nadie alrededor más que la familia y la viuda Bartley y nuestra tribu. Les miré las caras para ver si había pasado algo, pero no pude adivinarlo.

Hacia la mitad del día vino el director de pompas fúnebres con su ayudante, y pusieron el ataúd en medio de la habitación sobre un par de sillas, y luego pusieron todas nuestras sillas en filas, y pidieron prestadas más a los vecinos hasta que el recibidor y la sala y el comedor estuvieron llenos. Vi que la tapa del ataúd estaba como antes, pero no me atreví a ir a mirar debajo con tanta gente alrededor.

Entonces la gente empezó a acudir en masa, y los bribones y las muchachas ocuparon los asientos de la primera fila a la cabecera del ataúd, y durante media hora la gente desfiló despacio, en fila india, y miró un minuto la cara del difunto, y algunos soltaron una lágrima, y todo era muy silencioso y solemne, tan solo las muchachas y los bribones llevándose los pañuelos a los ojos y manteniendo la cabeza bacha, y sollozando un poco. No se oía ningún otro sonido que el arrastrar de los

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