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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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XL

“Te dije que llegaríamos demasiado pronto; no han venido; la puerta está cerrada. Mira, encerraré a algunos de ustedes en el camarote, y ustedes aceplénlos en la oscuridad y mátenlos cuando lleguen; y los demás repártanse un poco por los alrededores y escuchen a ver si los oyen venir.”

Así que entran, pero no nos veían en la oscuridad, y la mayoría nos pisoteó mientras nos dábamos prisa por meternos debajo de la cama. Pero nos metimos bien, y salimos por el agujero, raudos pero suavecito⁠—Jim primero, yo después, y Tom al último, que era como mandaban las órdenes de Tom.

Ahora ya estábamos en el cobertizo, y oímos pisadas muy cerca afuera. Así que nos arrastramos hasta la puerta, y Tom nos paró ahí y pegó el ojo a la rendija, pero no pudo divisar nada, estaba tan oscuro; y susurró y dijo que iba a esperar a que los pasos se alejaran, y que cuando nos diera un codazo Jim tenía que deslizarse afuera primero, y él al último.

Así que puso la oreja en la rendija y escuchó, y escuchó, y escuchó, y los pasos raspando por ahí afuera todo el tiempo; y al fin nos dio un codazo, y nos deslizamos afuera, y nos agachamos, sin respirar, y sin hacer el menor ruido, y nos escurrimos sigilosos hacia la cerca en fila india, y llegamos bien, y Jim y yo la saltamos; pero los calzones de Tom se engancharon fuerte en una astilla del madero de arriba, y entonces oyó que venían los pasos, así que tuvo que zafarse de un tirón, lo que rompió la astilla e hizo ruido; y justo al dejarse caer donde estábamos y echar a andar, alguien grita:

“¿Quién es? ¡Responde o disparo!”

Pero no respondimos; simplemente estiramos los talones y empujamos. ¡Luego hubo una estampida, y un ¡Pum, pum, pum! y las balas silbaron de verdad a nuestro alrededor! Los oímos exclamar:

“¡Aquí están! ¡Han corrido hacia el río! ¡Tras ellos, muchachos, y suelten a los perros!”

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