Mientras la congregación «vendida» salía en tropel, comentaban que casi estarían dispuestos a hacer el ridículo otra vez con tal de volver a escuchar el Old Hundred cantado de ese modo.
Tom recibió más bofetadas y besos ese día —según los cambiantes estados de ánimo de la tía Polly— de los que se había ganado en un año entero; y apenas sabía cuáles expresaban mayor gratitud hacia Dios y afecto hacia él mismo.