fracaso total del socialismo. El estado socialista tendría entonces millones de enemigos, reclutados en el propio Partido Socialistas, así como en las filas de quienes siempre se habían opuesto al socialismo.
No solo estos enemigos serían mucho más numerosos que los que se oponen a nuestra forma actual de gobierno, sino que su ira y su cólera, llevadas a un punto febril por las muchas causas que hemos enumerado, así como por los errores de los gobernantes marxistas, los instarían a cometer actos de violencia que jamás han sido concebidos ni siquiera por el "escuadrón de bombas" de los revolucionarios de la I. W. W.
La rebelión contra el nuevo gobierno sería el pan de cada día, y el Estado socialista no perduraría por mucho tiempo. Se vendría abajo, y el pobre trabajador, en medio de la anarquía y de la total destrucción de la industria, lamentaría profundamente haber escuchado las imaginaciones enajenadas de los fanáticos de labia dorada.
Los cables de Lincoln Eyre desde Rusia, recibidos por el «New York World» cuando este libro ya estaba en imprenta, más que corroboran el panorama trazado en este capítulo sobre los «peligros para los trabajadores» derivados de cualquier intento de llevar a la práctica las falacias económicas del socialismo.
En primer lugar, según el cable de Eyre del 26 de febrero de 1920, publicado en el «World» del 28 de febrero de 1920, toda la sangre y la violencia infligidas a Rusia no han logrado instaurar el comunismo real en ese país.
Por cortesía del «World», reproducimos parcialmente la declaración de Eyre al respecto, extraída del cable recién mencionado: