muy aparte del placer inmediato que cualquier experiencia sensorial pueda proporcionarnos, nuestra propia actitud moral general al procurar o experimentar dicha vivencia conlleva una satisfacción o desagrado secundario. De hecho, hay algunos hombres y mujeres que pueden vivir de sonrisas y de la palabra «sí» para siempre. Pero para otros (de hecho, para la mayoría), este es un clima moral demasiado tibio y relajado. La felicidad pasiva es floja e insípida, y pronto se vuelve empalagosa e intolerable. Cierta austeridad y negatividad invernal, cierta rudeza, peligro, rigor y esfuerzo, un cierto «¡no! ¡no!» deben mezclarse para producir la sensación de una existencia con carácter, textura y poder. El abanico de diferencias individuales a este respecto es enorme; pero, sea cual sea la mezcla de síes y noes, la persona es infaliblemente consciente cuando ha dado con la proporción adecuada para ella. Esto, siente, es mi auténtica vocación, este es el óptimo, la ley, la vida que
Table of Contents
Conferencias XI, XII y XIII
384