entran. Desde el principio, las revelaciones se producen de una forma tan flagrante que los sufíes ven ante ellos, estando bien despiertos, a los ángeles y a las almas de los profetas. Escuchan sus voces y obtienen sus favores. Luego el arrobamiento asciende desde la percepción de las formas y figuras hasta un grado que escapa a toda expresión y del cual nadie puede intentar dar cuenta sin que sus palabras incurran en pecado. > > «Quien no haya tenido experiencia del arrobamiento no conoce de la verdadera naturaleza del profetismo más que el nombre. No obstante, puede estar seguro de su existencia, tanto por la experiencia como por lo que oye decir a los sufíes. Así como hay hombres dotados únicamente de la facultad sensitiva que rechazan lo que se les ofrece en el camino de los objetos del puro entendimiento, también hay hombres intelectuales que rechazan y evitan las cosas percibidas por la facultad profética. Un ciego no puede entender nada de los colores salvo lo que ha aprendido por narración y de oídas. Sin embargo, Dios ha acercado el profetismo a los hombres dándoles a todos un estado análogo a él en sus caracteres principales. Este estado es el sueño. Si le dijeras a un hombre que carece de experiencia personal de tal fenómeno que hay personas que a veces sufren desmayos hasta asemejarse a hombres muertos y que [en sueños] perciben sin embargo cosas ocultas, lo negaría [y daría sus razones]. Sin embargo, sus argumentos quedarían refutados por la experiencia real. Por tanto, así como el entendimiento es una etapa de la vida humana en la que se abre un ojo para discernir diversos objetos intelectuales no comprendidos por la sensación; del mismo modo, en el estado profético, la vista es iluminada por una luz que descubre las cosas ocultas
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Conferencias XVI y XVII
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