desprestigio, con la diferencia de que estas conservan siempre algo del simpático idealismo de su instinto original, mientras aquella solo conservaba, con su embrollada y empalagosa liturgia, el grotesco aparato mímico y el empolvado atrezzo de las llamas pintadas y las espadas de latón.
A medida que iba avanzando el triunfo, iba decayendo el ritual masónico, simplificándose los símbolos, ralajándose la disciplina en lo relativo a juramentos, pruebas, iniciación. Por eso hemos visto tan empolvados y rotos los tarjetones y huesos de la Cámara de meditaciones, cuya inutilidad empezaba a ser reconocida. Es propio de gente tocada del afán de codicia el no preocuparse de detalles tontos, y bien se sabe que hambre o ambición no tienen espera.