En las tierras altas, en los campos,
- Donde los viejos hombres sencillos tienen rostros sonrosados,
- Y las jóvenes hermosas ojos serenos;
Donde el silencio esencial conforta y bendice, Y por siempre en los recovecos de las colinas Su música más encantadora Medita y muere.
Oh, volver a subir donde antes rondaba; donde las viejas colinas rojas están encantadas por aves, y los bajos prados verdes brillan con césped; y cuando la tarde muere, la de millón de tintes, y ha llegado la noche, y los planetas centellean, ¡he aquí que el valle hondo está sembrado de lámparas-estrellas!
¡Oh soñar, oh despertar y errar Allá, y con deleite tomar y dar, A través del trance del silencio, Queda respiración;
¡He aquí! pues allí, entre flores y grama, Solo el más potente movimiento suena y se derrama; Solo vientos y ríos, Vida y muerte.