Subido al cerezo, ¡mira! ¿Quién trepó sino mi niña? Del tronco me aferré con ambas manos Y vi ante mí los mundos lejanos.
Vi el jardín de la casa vecina, Adornado de flores, ante mi retina, Y muchos sitios más placenteros Que jamás antes viera primeros.
Vi el río ondulante pasar y ser el espejo azul del cielo; los polvorientos caminos subir y bajar con gente marchando hacia el pueblo.
Si pudiera encontrar un árbol más alto,
Más y más lejos podría ver
Hasta donde el río ya crecido se desliza
Al mar entre los barcos,
Hacia donde los caminos a ambos lados conducen al país de las hadas, donde todos los niños cenan a las cinco, y todos los juguetes cobran vida.