Pero las fortalezas le sirvieron de poco después, cuando César Borgia la atacó y cuando el pueblo, su enemigo, se alió con los extranjeros. Por lo tanto, le habría sido más seguro, tanto entonces como antes, no ser aborrecida por el pueblo que tener las fortalezas.
Consideradas, pues, todas estas cosas, alabaré tanto a quien construya fortalezas como a quien no lo haga, y censuraré a quien, confiando en ellas, se preocupe poco de ser aborrecido por el pueblo.