La fuerza del mastín no se ve en lo más mínimo respaldada ni por la velocidad del lebrel, ni por la sagacidad del perro de muestra, ni por la docilidad del perro de pastor. Los efectos de esos diferentes genios y talentos, por falta de la facultad o disposición de baratar y cambiar, no pueden reunirse en un fondo común, y no contribuyen en lo más mínimo a una mejor comodidad y bienestar de la especie. Cada animal sigue viéndose obligado a mantenerse y defenderse a sí mismo, por separado e independientemente, y no obtiene ningún tipo de ventaja de esa variedad de talentos con los que la naturaleza ha distinguido a sus semejantes.
Entre los hombres, por el contrario, los genios más disímiles se son mutuamente útiles; los diferentes productos de sus respectivos talentos, debido a la disposición general a negociar, hacer trueque e intercambiar, se reúnen, por decirlo así, en un fondo común, donde cada cual puede adquirir cualquier porción del producto de los talentos de los otros hombres que pueda necesitar.