empresa, es un caballero novel, francés de nación, llamado Pierres Papin, señor de las baronías de Utrique; * aquel otro, que con los herrados ijares hiende las espaldas de aquel ligero cebrí malhado, y trae por armas el vairado de azur, es el poderoso duque de Nerbia, Espartafilardo del Bosque, el cual trae por empresa en el escudo un espárrago, con una letra en castellano que dice: Rastrea mi suerte.”
Y así prosiguió nombrando a un sinnúmero de caballeros de una u otra escuadra sacados de su imaginación, y a todos les adjudicó al momento sus armas, colores, divisas y motes, llevado de las ilusiones de su nunca oída locura; y sin parar un punto, prosiguió diciendo: «Gentes de diversas naciones componen esta que se entra por nuestra frente; aquí están los que beben las dulces aguas del famoso Xanto; aquí los que pisan los campos montosos masilios; aquí los que criban el oro puro y fino de la Arabia Feliz; aquí los que gozan las famosas y frescas orillas del cristalino Termodonte; aquí los que desvían por diversos y mil modos las corrientes del dorado Pactolo; los númidas, infieles en las promesas; los persas, famosos en el flechar; los partos y los medos, que pelean huyendo; los árabes, mudables de habitaciones; los escitas, tan crueles como hermosos; los etíopes, de labios horadados, y otras infinitas naciones cuyos rostros reconozco y alcanzo, aunque la memoria no me acuerda de sus nombres.
En este otro escuadrón vienen los que beben las cristalinas corrientes del olivares ataviado Betis; los que lustran sus rostros con el agua del siempre rico y dorado Tajo; los que gozan del fertilizante caudal del divino Genil; los que pacen en las tartesias vegas, de ganado abundantes; los que su alegría disfrutan en los elíseos campos de Xerez; los ricos manchegos, coronados de rubias espigas; los de hierro labrados, reliquias viejas de la sangre goda; los que en el Pisuerga se bañan, de manso corriente mentado; los que el ganado apacientan por las anchas dehesas del tortuoso Guadiana, escondido cursamente famoso; los que tiemblan con el frío de los pinosos Pirineos o de la blanca nieve del altísimo Apenino; en resolución, cuantos los abraza y contiene la Europa toda.