moral y las teorías sociales del capitalismo; deben demoler en las cabezas de la clase a la que llaman a la acción los prejuicios sembrados en ellas por la clase dominante; deben proclamar ante los rostros de los hipócritas de todos los sistemas morales que la tierra dejará de ser el valle de lágrimas para el trabajador; que en la sociedad comunista del futuro, que estableceremos “pacíficamente si podemos, por la fuerza si debemos”, las pasiones de los hombres tendrán rienda suelta, pues “todas estas pasiones son por naturaleza buenas, no tenemos nada que evitar sino su mal uso y sus excesos”, y estos no se evitarán sino mediante su mutuo contrabalanceo, por el desarrollo armonioso del organismo humano, porque como dice el Dr. Beddoe: “Es solo cuando una raza alcanza su máximo de desarrollo físico, que llega a su punto más alto de energía y vigor moral”. Tal era también la opinión del gran naturalista Charles Darwin.
Esta refutación del «Derecho al trabajo», que republiqué con algunas notas adicionales, apareció en el semanario Egalité, 1880, segunda serie.
P.L.
Prisión de Sainte-Pélagie, 1883.