pequeños que los glóbulos rojos de la sangre del hombre reptancrujen tras las nalgas de Blake hacia la eternidad de la cual este mundo vegetal no es sino una sombra. Agárrate al ahora, al aquí, a través del cual todo futuro se precipita hacia el pasado.
El señor Best se adelantó, afable, hacia su colega.
—Haines se ha ido —dijo.
―¿De verdad?
―Le estaba enseñando el libro de Jubainville. Está bastante entusiasmado, ya sabe, con Lovesongs of Connacht de Hyde. No pude convencerlo de que entrara a oír la discusión. Ha ido a lo de Gill a comprarlo.
Partid ya, mi librito, veloz, a saludar al público insensible. Escrito, lo sé, no