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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO PRIMERO.

Y desque nos vimos con tres navíos y matalotaje de pan cazabe, que se hace de unas raices que llaman yucas, y compramos puercos, que nos costaban en aquel tiempo á tres pesos, porque en aquella sazon no habia en la isla de Cuba vacas ni carneros, y con otros pobres mantenimientos, y con rescate de unas cuentas que entre todos los soldados compramos, y buscamos tres pilotos, que el más principal dellos y el que regia nuestra armada se llamaba Anton de Alaminos, natural de Pálos, y el otro piloto se decia Camacho, de Triana, y el otro Juan Álvarez, el Manquillo de Huelva; y asimismo recogimos los marineros que hubimos menester, y el mejor aparejo que pudimos de cables y maromas y anclas, y pipas de agua, y todas otras cosas convenientes para seguir nuestro viaje, y todo esto á nuestra costa y mision.

Y despues que nos hubimos juntado los soldados, que fueron ciento y diez, nos fuimos á un puerto que se dice en la lengua de Cuba, Ajaruco, y es en la banda del Norte, y estaba ocho leguas de una villa que entónces tenian poblada, que se decia San Cristóbal, que desde á dos años la pasaron á donde agora está poblada la dicha Habana.

Y para que con buen fundamento fuese encaminada nuestra armada, hubimos de llevar un Clérigo que estaba en la misma villa de San Cristóbal, que se decia Alonso Gonzalez, que con buenas palabras y prometimientos que le hicimos se fué con nosotros; y demás desto elegimos por veedor, en nombre de su majestad, á un soldado que se decia Bernardino Iñiguez, natural de Santo Domingo de la Calzada, para que si Dios fuese servido que topásemos tierras que tuviesen oro ó perlas ó plata, hubiese persona suficiente que guardase el real quinto.

Y despues de todo concertado y oido Misa, encomendándonos á Dios nuestro Señor y á la Vírgen Santa María, su bendita Madre, nuestra Señora, comenzamos nuestro viaje de la manera que adelante diré.

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