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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO IX.

un cobaco dos dientes (que hay muchos en aquella costa), é hirieron sobre sesenta de los nuestros.

Y desque vimos que todos los contrarios se habian huido, nos fuimos al pueblo, y se curaron los heridos y enterramos los muertos, y en todo el pueblo no hallamos persona ninguna, ni los que se habian retraido en las ciénagas, que ya se habian desgarrado; por manera que todos tenian alzadas sus haciendas.

En aquellas escaramuzas prendimos tres indios, y el uno dellos parecia principal. Mandóles el capitan que fuesen á llamar al cacique de aquel pueblo, y les dió cuentas verdes y cascabeles para que los diesen, para que viniesen de paz; y asimismo á aquellos tres prisioneros se les hicieron muchos halagos y se les dieron cuentas porque fuesen sin miedo; y fueron y nunca volvieron, é creimos que el indio Julianillo é Melchorejo no les hubieran de decir lo que les fué mandado, sino al revés.

Estuvimos en aquel pueblo cuatro dias. Acuérdome que cuando estábamos peleando en aquella escaramuza, que habia allí unos prados algo pedregosos, é habia langostas que cuando peleábamos saltaban y venian volando y nos daban en la cara, y como eran tantos flecheros y tiraban tanta flecha como granizos, que parecian eran langostas que volaban, y no nos rodelábamos, y la flecha que venia nos heria, y otras veces creiamos que era flecha, y eran langostas que venian volando: fué harto estorbo.

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