Ya publicada su eleccion, á unas personas les placia y á otras les pesaba. Y un domingo, yendo á Misa el Diego Velazquez, como era gobernador, íbanle acompañando las más nobles personas y vecinos que habia en aquella villa, y llevaba á Hernando Cortés á su lado derecho por le honrar; é iba delante del Diego Velazquez un truhan que se decia Cervantes el Loco, haciendo gestos y chocarrerías:
—«Á la gala de mi amo; Diego, Diego, ¿qué capitan has elegido? Que es de Medellin de Extremadura, capitan de gran ventura. Mas temo, Diego, no se te alce con la armada; que le juzgo por muy gran varon en sus cosas.»
Y decia otras locuras, que todas iban inclinadas á malicia. Y porque lo iba diciendo de aquella manera le dió de pescozazos el Andrés de Duero, que iba allí junto con Cortés, y le dijo:
—«Calla, borracho, loco, no seas más bellaco; que bien entendido tenemos que esas malicias, so color de gracias no salen de tí.»
Y todavía el loco iba diciendo:
—«Viva, viva la gala de mi amo Diego y del su venturoso capitan Cortés. É juro á tal, mi amo Diego, que por no te ver llorar tu mal recaudo que ahora has hecho yo me quiero ir con Cortés á aquellas ricas tierras.»
Túvose por cierto que dieron los Velazquez parientes del gobernador ciertos pesos de oro á aquel chocarrero porque dijese aquellas malicias, so color de gracias.
Y todo salió verdad como lo dijo. Dicen que los locos muchas veces aciertan en lo que hablan; y fué elegido Hernando Cortés, por la gracia de Dios, para ensalzar nuestra santa fe y servir á su majestad, como adelante se dirá.