todos sus soldados, que se queria volver al rio de Palmas, y presentó sus provisiones y recaudos que para ello traia, y que por no tener debates ni cuestiones con Cortés, que se queria volver; y aquellos caballeros le respondieron que fuese mucho en buena hora, y que ellos mandarian á todos los soldados que estaban en aquella provincia y por los pueblos amotinados que luego se vengan á su capitan y vayan en los navíos; y le mandaron proveer de todo lo que hubiese menester, así de bastimentos como de armas y tiros ó pólvora, é que escribirán á Cortés lo proveyese muy cumplidamente de todo lo que hubiese menester; y el Garay con esta respuesta y ofrecimiento estaba contento; y luego se dieron pregones en aquella villa, y en todos los pueblos enviaron alguaciles á prender los soldados amotinados para los traer al Garay, y por más penas que les ponian, era pregonar en balde, que no aprovechaba cosa ninguna; y algunos soldados que traian presos decian que ya habian llegado á la provincia de Pánuco y que no eran obligados á más le seguir, ni cumplir el juramento que le habia tomado, y ponian otras perentorias que decian que no era capitan el Garay para saber mandar, ni hombre de guerra.
Como vió el Garay que no aprovechaban pregones ni la buena diligencia que le parecia que ponian los capitanes de Cortés en traer sus soldados, estaba desesperado; pues viéndose desmamparado de todos, aconsejáronle los que venian por parte de Cortés que le escribiese luego al mismo Cortés, é que ellos serian intercesores con él para que volviese al rio de Palmas; y que tenian á Cortés por tan de buena condicion, que le ayudaria en todo lo que pudiese, y que el Pedro de Albarado y el Fraile serian fiadores dello; y luego el Garay escribió á Cortés, dándole relacion de su viaje y trabajos, que si su merced mandaba, que le iria á ver y comunicar cosas cumplideras al servicio de Dios y de su majestad, encomendándole su honra y estado, y que lo ordenase de manera que no fuese disminuida su honra; y tambien escribió fray Bartolomé y Pedro de Albarado, y el Diego de Ocampo y Gonzalo de Sandoval, suplicando al Cortés por las cosas del Francisco de Garay, para que en todo fuese ayudado, pues en los tiempos pasados habian sido grandes amigos; y