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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CCIII.

Dejemos aquel socorro que el Adelantado hizo, pues á todos los cercados ayudó, y él murió del arte que ya he dicho; é quiero decir que, como se supo en Guatimala de su muerte, la tristeza y lloros que hubo en su casa, y su querida mujer doña Beatriz de la Cueva rompia la cara y se mesaba los cabellos, juntamente con sus damas y doncellas que tenia para casar; pues su amada hija y señores hijos, y un caballero, yerno suyo, que se dice don Francisco de la Cueva, primo segundo del duque de Alburquerque, que dejaba por gobernador de aquella provincia, tuvieron mucho pesar, y todos los vecinos conquistadores hicieron sentimiento y le hicieron solenes honras, porque el Obispo don Francisco Marroquin, de buena memoria, sintió mucho su muerte, y con toda la clerecía y cera y pompa que pudieron rogaban á Dios por su ánima cada dia; y en esto de las honras puso el Obispo gran solicitud.

Y tambien quiero decir que un mayordomo del Adelantado, por mostrar más tristeza por la muerte de su señor, mandó que se entintasen todas las paredes de las casas con un betun de tinta que no se pudiese quitar.

Y tambien oí decir que muchos caballeros iban á consolar á la señora doña Beatriz de la Cueva, mujer del Adelantado, porque no tomase tanta tristeza por su marido, y le decian que diese gracias á Dios, pues que dello fué servido; y ella, como buena cristiana, decia que así se las daba; y como las mujeres son tan lastimosas por lo que bien quieren, y que deseaba morirse y no estar en este triste mundo con tantos trabajos: traigo aquí esto á la memoria por lo que el coronista Francisco Lopez de Gómora dice en su Corónica, que dijo aquella señora que ya no tenia nuestro Señor Jesucristo en qué más mal la pudiese hacer de lo hecho, y por aquella blasfemia fué servido que desde á pocos dias vino en esta ciudad una tormenta y tempestad de agua y cieno y piedras muy grandes y maderos muy gordos, que descendió de un volcan que está media legua de Guatimala, que derribó toda la mayor parte de las casas donde vivia aquella señora, mujer del Adelantado, estando en una recámara rezando con sus damas y doncellas, que las tomó á todas debajo, y las más se ahogaron.

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