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nydus/A Connecticut Yankee in King Arthur’s CourtPublic
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XXIV. Un mago rival

“Eso es otra mentira, por espacio de ciento cincuenta millas. Su viaje no estará simplemente medio hecho, estará del todo hecho, y estarán aquí, en este valle”.

¡Ese fue un tiro noble! Puso al abadi y a los monjes en un torbellino de entusiasmo, y sacudió al hechicero hasta los cimientos. Yo seguí la cosa de inmediato:

“Si el rey no llega, haré que me paseen a mí montado en un madero: si llega, en cambio, te haré montar a ti en un madero”.

Al día siguiente subí a la oficina de teléfonos y descubrí que el rey había pasado por dos pueblos que estaban en la línea. Seguí su avance al día siguiente de la misma manera. Me guardé estas cosas para mí.

Los informes del tercer día demostraron que, si mantenía el paso, llegaría a las cuatro de la tarde. Todavía no había indicios en ninguna parte de interés por su llegada; no parecía haber preparativos para recibirlo con pompa; algo extraño, la verdad. Solo una cosa podía explicar esto: aquel otro mago me había socavado el terreno, seguro.

Así era. Le pregunté a un amigo mío, un monje, al respecto, y me dijo que sí, que el mago había intentado otros encantamientos y había descubierto que la corte había decidido no hacer ningún viaje, sino quedarse en casa. ¡Pensad en eso! Observad cuánto valía una reputación en semejante país. Esta gente me había visto hacer el número de magia más vistoso de la historia, y el único en su memoria que tuviera un valor positivo, y sin embargo, ahí estaban, dispuestos a acoger a un aventurero que no podía ofrecer más prueba de sus poderes que su mera palabra sin verificar.

Sin embargo, no era buena política dejar que el rey llegara sin ningún tipo de pompa ni circunstancia, así que bajé, reuní a una procesión de

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