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BREVIARIO DE LA JUVENTUD

bastón del manzano con que marchaba habitualmente su propagador, no es más que un leño frágil cuando se trata de subir las altas pendientes.—Tal es la suprema cumbre; pero es en los valles donde hay que buscar la realidad. Aun cuando el criterio moral no hubiera de descender más abajo del utilitarismo probo y mesurado de Franklin, el término forzoso—que ya señaló la sagaz observación de Tocqueville—de una sociedad educada en semejante limitación del deber, sería, no por cierto una de esas decadencias soberbias y magníficas que dan la medida de la satánica hermosura del mal en la disolución de los imperios, pero sí una suerte de materialismo pálido y mediocre, y en último resultado, el sueño de una enervación sin brillo, por la silenciosa descomposición de todos los resortes de la vida moral—Allí donde el precepto tiende a poner las altas manifestaciones de la abnegación y la virtud fuera del dominio de lo obligatorio, la realidad hará retroceder indefinidamente el límite de la obligación.—Pero la escuela de la prosperidad material, que será siempre ruda prueba para la austeridad de las repúblicas, ha llevado más lejos la llaneza de la concepción de la conducta racional que hoy gana los espíritus. Al código de Franklin han sucedido otros de más francas tendencias, como expresión de la sabiduría nacional. Y no hace aún cinco años el voto público consagraba en todas las ciudades norteamericanas, con las más equívocas manifestaciones de la popularidad y de la crítica, la nueva ley moral en que, desde la puritana Boston, anunciaba solemnemente el autor de cierto docto libro que se intitulaba Pushing to the front3, que el éxito debía ser considerado la finalidad suprema de la vida. La revelación tuvo eco aún en el seno de las comuniones cristianas, y se citó una vez, a propósito del libro afortunado, la Imitación, de Kémpis, como término de comparación.

La vida pública no se sustrae, por cierto, a las consecuencias del crecimiento del mismo germen de desorganización que lleva aquella sociedad en sus entrañas. Cualquier mediano observador de sus costumbres políticas os hablará de cómo la obsesión del interés utilitario tiende progresivamente a enervar y empequeñecer en los corazones el

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