Un Hombre compró una vez un Loro y le dio libertad por toda la casa. El ave disfrutaba de su independencia, y al poco tiempo voló hasta la chimenea y se puso a gritar a sus anchas.
El ruido molestó al Gato, que dormía sobre la alfombra del hogar. Mirando al intruso, le dijo: “¿Quién puedes ser tú y de dónde has venido?”.
El Loro respondió: “Tu amo acaba de comprarme y me ha traído a casa con él”.
“Pájaro insolente”, dijo el Gato, “¿cómo te atreves, siendo un recién llegado, a armar un escándalo así? ¡Vaya!, yo nací aquí y he vivido aquí toda mi vida, y sin embargo, si me atrevo a maullar, me tiran cosas y me persiguen por todas partes”.
“Mira, dueña mía”, dijo el Loro, “tú guárdate la lengua. Mi voz les encanta; pero la tuya—la tuya es una auténtica molestia”.