Sorel
No es que quiera, en realidad, ni un poco; solo trato de entretenerte. Es pan comido hablar en casa ajena, como en el baile la otra noche, pero aquí, en mi propio terreno, me resulta difícil.
Richard
Desconcertado.
Lo siento.
Sorel
Oh, no es culpa tuya; de verdad, no lo es; eres increíblemente amable y atento. ¿Qué vamos a hacer?
Richard
Me siento muy feliz hablando —contigo.
Sorel
¿Sabes jugar al mah-jongg?
Richard
No, me temo que no puedo.