de los guías, eran incómodamente ágiles gracias a su falta de equipo y mostraban una insegura confianza en que conocían el camino. El mensaje murmullado de «pásalo y afloja el paso adelante» iba acompañado del habitual repiqueteo y traqueteo apagados de las armas y el equipo. Retrasados a la fuerza, los guías nos adentraban en la penumbra cada vez más densa. No teníamos más de dos millas por delante, pero poco a poco los guías perdieron autoridad. Varias veces se detuvieron para orientarse. Leake bufaba y se irritaba, y ellos se ponían cada vez más nerviosos. Empecé a sospechar que nuestro avance era circular.
En una parada a medianoche, la colina todavía se alzaba oscura frente a nosotros; los guías confesaron que se habían perdido y Leake decidió sentarse a esperar la luz del día. > (Había pocas cosas más incómodas en la vida de un oficial que marchar al frente de