# LA CONSPIRACIÓN CONTRA LA RELIGIÓN EN EL EXTRANJERO
Es más que propio comenzar este capítulo concediendo que hay muchos feligreses entre los que votan la boleta marxista —no como un refrendo a las enseñanzas del socialismo internacional, sino meramente como una protesta contra la corrupción política y los abusos del capitalismo—.
La justicia, por otra parte, exige que reconozcamos la existencia de una pequeña minoría de miembros que pagan sus cuotas en el Partido Socialista y que ni atacan la religión ni aprueban tácitamente la propaganda atea llevada a cabo en la prensa marxista oficial, así como en los libros, panfletos y revistas a la venta no solo en las principales librerías socialistas de América, sino incluso en la Oficina Nacional del partido en Chicago.
En la mayor parte de los países de Europa, donde la guerra contra la religión es mucho más abierta y generalizada que en América, los socialistas confiesan abiertamente que su movimiento es ateo y antirreligioso.
En nuestro propio país, algunos de los enemigos socialistas más violentos de la iglesia admiten, tanto en sus discursos como en sus escritos, que estarían sumamente felices de ver que la idea misma de Dios se convierta en una cuestión de historia antigua. Los socialistas cristianos de la vieja facción de Carr, que constituyen una minoría de mucho menos del uno por ciento del Partido Socialista de los Estados Unidos, no solo han admitido la existencia de una propaganda atea dentro de sus filas, sino que la han atacado y no han logrado en absoluto suprimirla.
Aparte de estas dos clases de socialistas americanos, que admiten la existencia de una campaña a favor del ateísmo, la mayoría de los socialistas en nuestro país, por temor a que se pierdan votos si nuestra gente se convence del carácter antirreligioso del partido, niegan firmemente que estén conspirando contra la religión.
De hecho, son bastante astutos y mañosos en su esfuerzo por embaucar a los incautos. Si una persona duda en unirse al partido debido a su convicción de que casi todos los líderes socialistas han sido enemigos de la religión, se le informa que sería tan tonto por su parte no hacerse revolucionario por esta razón, como lo sería para alguien no volverse republicano por el hecho de que Robert Ingersoll no creyera en Dios e incluso propagara el ateísmo.
Como los conspiradores contra la religión han conseguido, mediante este plausible argumento que invoca el nombre de Ingersoll, disipar los prejuicios que muchas personas abrigaban anteriormente contra el socialismo debido a las enseñanzas ateas de sus líderes, parece oportuno ofrecer una breve refutación de tan falaz argumento y señalar la absurdidad de la comparación recién mencionada.
En primer lugar, aunque Robert Ingersoll era ateo, nunca afirmó que el republicanismo fuera antirreligioso. Por otra parte, muchísimas de las más altas autoridades del Partido Marxista, cuyo amplio conocimiento del socialismo justifica nuestra creencia de que conocen demasiado bien la política del movimiento revolucionario, admiten que el socialismo postula el ateísmo y la guerra contra las creencias religiosas.
Ingersoll, además, nunca atacó la religión ni enseñó el ateísmo con el fin de promover la causa del republicanismo. Pero un gran número de socialistas, ya sean europeos o americanos, en su empeño por promover lo que consideran los mejores intereses de su partido, han librado en sus libros, revistas, folletos y periódicos una guerra implacable contra la religión.
Las obras ateas de Robert Ingersoll no fueron compradas por las bases del Partido Republicano con fines de propaganda partidaria, pero las bases del Partido Revolucionario gastan grandes sumas de dinero en publicaciones en las que sus líderes declarados enseñan el ateísmo como parte del programa socialista. No contentos siquiera con esto, los miembros hacen todo lo posible por aumentar la circulación de libros, revistas, folletos y periódicos socialistas antirreligiosos.
Antes de presentar las pruebas que condenarán a los líderes socialistas y a las bases del partido por abogar abiertamente por el ateísmo y la hostilidad hacia la religión, o al menos por aprobar tácticamente dicha propaganda, es necesario decir unas pocas palabras en relación con la concepción materialista de la historia, o determinismo económico, como se le llama a menudo.
De acuerdo con esta doctrina, que es una de las enseñanzas fundamentales de los socialistas, toda la historia de la humanidad, incluido su desarrollo político, intelectual y religioso, no es más que un proceso de evolución cuyo principio rector son las condiciones económicas imperantes y las luchas de clases resultantes.
En consecuencia, los socialistas que creen en esta doctrina niegan la intervención de Dios en el desarrollo y la difusión de la religión cristiana; pues el determinismo económico enseña que el desarrollo de la iglesia no es obra de la Providencia Divina, sino de las condiciones económicas y las luchas de clases de la sociedad.
W. D. P. Bliss, el editor socialista de la «New Encyclopedia of Social Reform», en un artículo de la página 1135 de su obra, admite que es perfectamente verdad que la gran mayoría de los socialistas declarados están desvinculados de la religión reconocida y de la iglesia, y que esto lleva a muchos de ellos a un radicalismo extremo en todas las cuestiones de ética, dinero y familia.
Frederick Engels, uno de los célebres fundadores del socialismo moderno, enseñó que «hoy en día, en nuestra concepción evolucionista del universo, no hay absolutamente ningún lugar ni para un Creador ni para un gobernante».
("Del socialismo utópico al socialismo científico", por Frederick Engels, página 17 de la introducción a la edición de 1901 en inglés —New York Labor News Co.—)
Wilhelm Liebknecht, que hasta poco antes de su muerte en 1900 fue uno de los principales líderes del Partido Socialista en Alemania, dirigiéndose al Congreso de Halle, dijo:
"En lo que a mí respecta, terminé con la religión a una edad temprana... Soy ateo, no creo en Dios... Podemos situarnos pacíficamente sobre el terreno del socialismo y conquistar así la estupidez de las masas en la medida en que la estupidez se manifiesta en formas y dogmas religiosos".
El mismo socialista y ateo alemán enseñó en su libro, "Base materialista de la historia":
"Es nuestro deber como socialistas arrancar de raíz la fe en Dios con todo nuestro celo, ni es digno de tal nombre quien no se consagre a la difusión del ateísmo."
August Bebel, que antes de su muerte en agosto de 1913 era el líder de los socialistas de Alemania, dio muchas pruebas de la íntima relación existente entre el socialismo y el ateísmo. El 16 de septiembre de 1878, declaró en el Reichstag:
«Señores, atacan ustedes nuestras opiniones sobre la religión porque son ateas y materialistas. Reconozco la exactitud de la acusación. Estoy firmemente convencido de que el socialismo conduce en última instancia al ateísmo».
En el Reichstag, el 31 de diciembre de 1881, hizo la siguiente profesión de fe:
"En política profesamos el republicanismo, en economía el socialismo, en religión el ateísmo."
Según el programa de 1903 de los socialistas alemanes, adoptado en Dresde, «No se impartirá instrucción religiosa de ningún tipo a los niños menores de dieciséis años; después de esa edad podrán elegir sus propias doctrinas y enseñanzas religiosas, según les plazca. Las nociones religiosas supersticiosas que prevalecen entre las clases menos educadas deben ser erradicadas mediante una instrucción adecuada».
"The Comrade", de septiembre de 1904, confiesa que el semanario satírico "L'Asino", publicado por los socialistas de Italia y conocido en todo el mundo por sus ataques contra la religión, libra una dura lucha contra la Iglesia Católica.
A principios de 1913, "L'Asino", al referirse a las próximas elecciones italianas, se jactó de que los socialistas proclamarían su anticlericalismo y su ateísmo en las reuniones públicas.
Los socialistas austriacos reunidos en congreso en Linz, el 30 de mayo de 1898, aprobaron una resolución propuesta por Pernerstorfer en el sentido de que «el socialismo se contradice directamente con el clericalismo romano, el cual está esclavizado a una autoridad inflexible, a dogmas inmutables y a una absoluta esclavitud intelectual. Dudamos de toda autoridad, no conocemos ningún dogma inmutable, somos los defensores del derecho, la libertad y la conciencia». [Reportado en «Vorwärts», 1898, n.º 126, sup.]
La amarga persecución que durante años se ha librado contra la iglesia en Francia es demasiado conocida como para requerir muchos comentarios. Los representantes del Partido Socialista Francés en Tours, en marzo de 1903, votaron sobre un programa del cual se citarán varias cláusulas:
"El Partido Socialista necesita organizar un mundo nuevo, libre de mentes emancipadas de la superstición y de los prejuicios. Pide y garantiza a todo ser humano, a todo individuo, la absoluta libertad de pensar, escribir y afirmar sus creencias. Frente a todos los dogmas religiosos y a todas las iglesias, así como frente a las concepciones de clase de la burguesía, opone el derecho ilimitado al libre pensamiento, la concepción científica del universo y un sistema de educación pública basado exclusivamente en la ciencia y en la razón. Así acostumbrados al libre pensamiento y a la reflexión, los ciudadanos estarán protegidos contra las sofisterías de la reacción capitalista y clerical." El programa también se pronuncia por la «abolición de las congregaciones, la nacionalización de la propiedad en manos muertas de cualquier tipo que les pertenezca, y la apropiación de esta para obras de previsión y solidaridad social».
En el programa de Tours, por lo tanto, tenemos la abierta confesión del Partido Socialista de Francia de que es antirreligioso y de que favorece el vergonzoso robo a la iglesia que ha venido ocurriendo en ese país durante muchos años.
Los socialistas belgas son tan violentos como los franceses en su odio hacia la Iglesia, pues además del gran número de viles panfletos antirreligiosos distribuidos durante la campaña que precedió a las elecciones de 1912, tenemos el testimonio de una autoridad nada menos que el líder socialista, Émile Vandervelde, en el «Social Democrat», de Inglaterra, enero de 1903:
"Al final, la cuestión por resolver es: ¿cuál es el fin esencial del socialismo? No hay un solo socialista que dude en afirmar que es la emancipación de los trabajadores, la libertad del proletariado —y por esta libertad entendemos su libertad completa, la abolición de toda esclavitud, tanto en la esfera espiritual como en la esfera material..._. ¿Puede un creyente sincero seguir las enseñanzas de la Iglesia y al mismo tiempo ser socialista? Nos vemos obligados a admitir que tanto en la filosofía como en la política debe haber guerra entre el socialismo y la Iglesia."
En Inglaterra, también, los socialistas son los enemigos declarados de la religión.
Blatchford, bien conocido por sus camaradas debido a su intensa labor en la propagación del socialismo a través de la pluma, escribió en el «Clarion» el 4 de octubre de 1907:
"Creyendo que la religión cristiana no era verdadera, y creyendo que todas las religiones sobrenaturales eran enemigas del progreso humano, y previendo que un conflicto entre el socialismo y la religión era inevitable, ataqué la religión cristiana. Estoy trabajando por el socialismo cuando ataco a la religión que lo está obstaculizando."
Nuevamente en su libro, "Dios y mi prójimo", Blatchford profiere las siguientes blasfemias:
"Soy un viejo pagano tranquilo, y no estoy nada enfadado contigo... gracioso pequeño paladín del Altísimo... > "¿Este es el Dios del Cielo? ¿Este es el Padre de Cristo? ¿Este es el Creador de la Vía Láctea? ¡No! No sirve. No es lo suficientemente grande. No es lo suficientemente bueno. No es lo suficientemente limpio. Es una pesadilla espiritual, un mal sueño nacido en las mentes salvajes del terror y la ignorancia y de una lujuria de sangre propia de tigres... > "¿Es este monstruo indescriptible el Padre de Cristo? ¿Es el Dios que inspira a Buda y a Shakespeare, a Beethoven y a Darwin y a Platón? No, él no. Pero en la guerra y la masacre, en el pillaje y la violación, en la negra venganza y en la malicia mortal, en la esclavitud y la poligamia, y la degradación de las mujeres, y en las pompas, vanidades y codicias de la realeza, del clericalismo, y de la usura y el trueque... podemos discernir fácilmente la influencia de su personalidad feroz y aborrecible."
Este libro, que enseña el ateísmo de cabo a rabo, podía comprarse por un dólar el ejemplar en 1912 en la Oficina Nacional del Partido Socialista en Chicago, Ill. En el número de mayo de 1917 de la «International Socialist Review», «Dios y mi prójimo», de Blatchford, se anuncia de este modo:
¿Es verdadera la Biblia? Este es el principal tema de debate hoy en día entre los cristianos y los científicos en todo el mundo. Robert Blatchford dice: «¿Es la Biblia un libro santo e inspirado y la Palabra de Dios para el hombre, o es una colección incongruente y contradictoria de tradiciones tribales y fábulas antiguas, escrita por hombres de genio e imaginación? El señor Blatchford cree que las religiones no son reveladas, sino evolucionadas. «No podemos aceptar como el Dios de la Creación», escribe, «a este ídolo salvaje, Jehová, de una tribu oscura, y lo hemos renunciado y nos avergonzamos de él, no debido a ninguna revelación divina posterior, sino porque la humanidad se ha vuelto demasiado ilustrada para tolerar a Jehová».
Ernest Bax, un inglés, una de las mayores autoridades del mundo en Socialismo, un autor que, incluso en América, ha sido calificado como "el escritor más consumado en favor del Socialismo en este y quizás en cualquier país", en su libro "Religion of Socialism" (Religión del Socialismo), da testimonio de la relación existente entre el Socialismo y la religión de la siguiente manera:
"En qué sentido el Socialismo no es religioso resultará ahora claro. Este desprecia por completo el otro mundo con toda su tramoya; es decir, los objetos actuales de la religión." ["Religion of Socialism," por Ernest Belfort Bax, página 52 de la edición de 1891.]
¿Quién podría imaginar un testimonio más convincente de la naturaleza atea y antirreligiosa del movimiento socialista que las siguientes palabras del socialista inglés James Leathan en Socialism and Character?:
"En el momento presente no puedo recordar un solo caso de una persona que sea al mismo tiempo un socialista verdaderamente ferviente e inteligente y un cristiano ortodoxo. Aquellos que no atacan abiertamente a la iglesia y al edificio del cristianismo, muestran escaso respeto hacia lo uno o lo otro en privado.... Y aunque todos nosotros somos así indiferentes a la iglesia, muchos de nosotros somos francamente hostiles hacia ella. Marx, Lassalle y Engels entre los socialistas anteriores; Morris, Bax, Hyndman, Guesde y Bebel entre los socialistas de hoy en día —todos son ateos más o menos declarados; y lo que es verdad respecto a los hombres más notables del partido es casi igualmente verdad respecto a las bases en el mundo entero."
En 1910, los revolucionarios de Gran Bretaña publicaron un panfleto titulado «Socialismo y Religión». Una sola cita del mismo bastará sobradamente para mostrar el absoluto desprecio del socialista inglés hacia la religión:
"Si un hombre apoya a la iglesia, o de algún modo permite que las ideas religiosas se interpongan en el camino de los principios del socialismo o de la actividad del partido, demuestra con ello que no acepta el socialismo como fundamentalmente verdadero y de primera importancia, y su lugar está fuera. Ningún hombre puede ser consecuentemente a la vez socialista y cristiano. Debe ser el principio socialista o el religioso el que prevalezca, pues el intento de unirlos a ambos por igual delata charlatanería o falta de reflexión. No hay necesidad, por tanto, de una prueba específicamente antirreligiosa. Tan seguramente conduce la aceptación del socialismo a la exclusión de lo sobrenatural, que el socialista tiene poca necesidad de términos como ateo, librepensador o incluso materialista, ya que la palabra socialista, bien entendida, implica a alguien que (en todas estas cuestiones) se sitúa en la ciencia positiva, explicando todas las cosas mediante una causalidad puramente natural —siendo el socialismo no meramente un credo político-económico, sino una parte integrante de una cosmovisión coherente—."
"The Western Clarion", una publicación de los socialistas canadienses, declaró en su número del 23 de mayo de 1914 que el Partido Socialista de Canadá no tendría «ningún compromiso con los defensores del cristianismo».
Alvarado, el gobernador de Yucatán, y sus partidarios criminales expulsaron hace varios años al clero del país, convirtieron las iglesias en locales de reuniones de los I. W. W., y algunas, como en el caso de la Catedral de Mérida, incluso en almacenes.
La religión fue proscrita y se estableció una tiranía atea. Alvarado es un ferviente socialista de los I. W. W. del tipo más violento. Su llegada a Yucatán, procedente de la anárquica región septentrional de México, estuvo marcada por la confiscación generalizada de propiedades, el robo y el ultraje.
Sus viles subordinados, de su misma procedencia, cometieron crímenes repugnantes, indescriptibles e innumerables, y no se pasó por alto ninguna oportunidad para perseguir al infeliz pueblo cuyas acumulaciones de ahorro y trabajo, y su firme adhesión a su religión, los señalaban como víctimas seguras del robo, el asesinato y el ultraje.
"The Call", New York, 9 de abril de 1919, nos informa que los trabajadores de Yucatán han elegido una sucesión de gobernadores socialistas, y en su edición del 14 de abril de 1919, bajo el titular "Noticias socialistas oficiales al día", leemos lo siguiente:
"Felipe Carrillo, presidente del Partido Socialista de Yucatán, México, habló sobre las condiciones en Yucatán. Entre otras cosas dijo: 'El Partido Socialista de América debería hacer todo lo posible contra la intervención en México.... Todos los funcionarios públicos, desde el más alto hasta el más bajo, son miembros del partido socialista.... No hay clase media en Yucatán.... El Partido Socialista de Yucatán ha estado en el poder tres años'. "Se votó de pie, expresando nuestros saludos fraternales a Felipe Carrillo y a los camaradas de Yucatán".
El número del 9 de abril de 1919 de «The Call» nos informa de que Alvarado organizó en 1915 el Partido Socialista de Yucatán, cuyos 62.700 miembros pertenecen a la Liga de Resistencia, una organización cuyas actividades, según se nos dice, son de carácter puramente económico.
¡Qué nombre tan extraño para una liga económica, especialmente en México, donde la economía se ha enseñado desde hace algunos años a la antorcha, a bomba y a daga!
La edición de marzo de 1919 de "The Eye Opener", el órgano oficial del Partido Socialista de los Estados Unidos, arroja algo de luz sobre esta liga económica de "los caballeros de la bandera roja". En la página 4 de dicho número se nos dice que entre los principios de la Liga de Resistencia se encuentran los siguientes:
"La Tierra es la Madre, y el Trabajo es el Padre de la Humanidad. No ataques a nadie sin motivo, pero jamás presentes la otra mejilla a quien te haya golpeado. Huid de las religiones, principalmente de la religión católica, como de las pestes."
El artículo sobre la Liga Económica de Resistencia termina con el llamamiento de Yucatán al resto del continente: «Trabajadores del mundo, uníos».
A continuación, se cita a Carrillo diciendo:
"rifle y dinamita"
"Necesitamos todos los medios. En todas las épocas de la historia del mundo, el fusil y la dinamita pueden ser necesarios, pero siempre y por encima de todo la solidaridad."
¡Y pensar en la económica Liga de Resistencia de los Socialistas de Yucatán, que se ha estado dedicando a destruir tanto la religión como la civilización!
Carrillo, su presidente, ha sido recibido en todo nuestro país por los socialistas, quienes también han extendido sus saludos fraternales al resto de sus «camaradas en Yucatán».