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nydus/Three Men in a BoatPublic
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Table of Contents

VII

El río con sus galas dominicales⁠—Un vestido para el río⁠—Una oportunidad para los hombres⁠—Falta de gusto en Harris⁠—La americana de George⁠—Un día con la señorita figurín⁠—La tumba de la señora Thomas⁠—El hombre a quien no le gustan las tumbas, los ataudes y las calaveras⁠—Harris loco⁠—Sus opiniones sobre George, Banks y la limonada⁠—Hace trucos.

Fue al pasar por la esclusa de Moulsey cuando Harris me contó lo de su experiencia en el laberinto.

Nos llevó un buen rato pasar, ya que éramos el único bote, y es una esclusa grande. No creo recordar haber visto nunca antes la esclusa de Moulsey con un solo bote dentro.

Es, supongo, sin excluir siquiera la de Boulter, la esclusa con más tráfico del río.

Me he quedado de pie mirándolo, a veces, cuando no se podía ver el agua en absoluto, sino solo un deslumbrante enredo de chaquetas brillantes, gorras alegres, sombreros descarados, sombrillas multicolores, mantas de seda, capas, cintas ondeantes y delicados blancos; cuando, al mirar hacia la esclusa desde el muelle, uno habría podido imaginar que era una enorme caja en la que se hubieran arrojado flores de todos los matices y tonalidades a troche y moche, y yacían amontonadas en un rimero de arco iris que cubría cada rincón.

En un apacible domingo presenta este aspecto casi todo el día, mientras que, río arriba y río abajo, aguardan su turno, fuera de las compuertas, largas filas de embarcaciones aún más numerosas; y las barcas se acercan y se van alejado, de modo que el soleado río, desde el Palacio hasta la iglesia

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