providencia, yo seré su amigo y consejero hasta el final. La señorita Catalina es una buena muchacha; no temo que se desvíe a sabiendas, y las personas que cumplen con su deber siempre terminan siendo recompensadas.
La primavera avanzaba; sin embargo, mi amo no cobraba verdaderas fuerzas, aunque reanudó sus paseos por los jardines con su hija. Para sus inespertas nociones, esto era ya una señal de convalecencia; y además sus mejillas solían estar sonrosadas y sus ojos brillantes; ella se sentía segura de su recuperación. En su decimoséptimo cumpleaños, él no visitó el cementerio: estaba lloviendo, y yo comenté: «Seguro que no saldrá esta noche, señor».
Él respondió: —«No, este año lo pospondré un poco más».
Volvió a escribirle a Linton, expresando su gran deseo de verlo; y, de haber estado presentable el enfermo, no dudo que su padre le habría permitido venir.
Tal como estaban las cosas, habiéndosele dado instrucciones, contestó indicando que el señor Heathcliff se oponía a que él visitara la granja; pero el cariñoso recuerdo de su tío lo había encantado, y esperaba encontrárselo a veces en sus paseos, y pedirle en persona que su prima y él no siguieran por mucho tiempo tan completamente separados.
Esa parte de su carta era sencilla, y probablemente suya. Heathcliff sabía cómo suplicar con elocuencia la compañía de Catherine entonces.
“No pido —dijo—, que ella venga de visita aquí; ¿pero es que no voy a verla nunca, porque mi padre me prohíbe ir a su casa y usted le prohíbe venir a la mía? > ¡Haga el favor de dar un paseo a caballo con ella de vez en cuando hacia los Altos, y permítanos intercambiar