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Los periódicos del martes por la tarde y del miércoles por la mañana estaban llenos de la noticia de su desaparición, pero no se decía nada del cheque. Eso pintaba bien, pero esperamos otro día por si acaso. Para entonces, Fag Kilcourse ya estaba metido en el ajo, por supuesto, y tuve que entregarle los veinte mil dólares, pero aún tenía esperanzas de recuperarlos —o la mayor parte—, así que seguí dándole cuerda. Sin embargo, me costó lo suyo apartarlo de Burke, porque había empezado a creer que tenía algún tipo de derecho sobre mí, y los celos lo ponían furioso. Pero conseguí que Estrella de Lata le metiera el miedo en el cuerpo, y creí que Burke estaba a salvo.
—Esta noche vino uno de los hombres de Tin-Star y nos dijo que un tal Porky Grout, que llevaba rondando el lugar un par de noches, había soltado un par de comentarios que podrían significar que estaba interesado en nosotros. Me señalaron a Grout, me arriesgué a dejarme ver en la zona pública del local y me senté en una mesa cerca de la suya. Es una completa alimaña —como supongo que sabes— y en menos de cinco minutos lo tenía en mi mesa; media hora más tarde supe que había sido él quien te avisó de que Burke y yo estábamos en la Cabaña Blanca. No me lo contó todo abiertamente, pero me dijo más que de sobra para que adivinara el resto.
—Subí y se lo conté a los demás. Fag quería matar a Grout y a Burke enseguida. Pero se lo quité de la cabeza. Eso no nos servía de nada, y yo tenía a Grout en un punto en el que se habría tirado al océano por mí. Creí que había convencido a Fag, pero... Al final decidimos que Burke y yo cogeríamos el biplaza y nos iríamos, y que cuando tú llegaras, Porky Grout fingiría estar drogado y señalaría a un hombre y a una mujer —a cualquiera que tuviera a mano— como los que había tomado por nosotros. Me detuve a buscar una capa y unos guantes, y Burke salió solo hacia el coche... ¡y Fag le disparó! ¡No sabía que iba a hacerlo! ¡No se lo