los Ghichimecas que vinieron rodeando las sierras nevadas y volcán, y hallando pobladas y ocupadas tan buenas y fértiles tierras, trataron con Culhuatecuhtlicuanez les acomodase en alguna parte de lo mucho que tenía como Señor Universal de toda la provincia de Tlaxcalla y Texcalticpac. Dióles cómodamente lo que fué necesario para su poblazón; de suerte que tu- vieron conocido lo que habían de poseer, y esto les sucedió an- tes del gran cerco que se les hizo por los Huexotzincas, porque se hallaron en Texcalticpac á la defensa de su patria, y luego de como pasó la refriega se fueron á poblar la parte de Quia- huitztlan, 1 que es la cuarta cabecera de Tlaxcalla que dicen de Gitlalpopocatzin; y el primer Señor de ella fué Mizquitl, 2 al cual le sucedió Timaltecuhtli, á éste le sucedió Tozcoyohuatecuhtli, 3 á éste Cohuatzintecuhtli, á éste Quetzalhuitzin, á éste Zacaucatzin, que no reynó más de un año, y por su muerte le sucedió Iyac- tzin 4 y á éste Citlalpopocatzin. Llamóse ansí, porque cuando na- ció se vió en el cielo un cometa muy grande y espantoso que echaba muy grande humo de muy grande cola. En el tiempo en que éste reynaba vino Hernando Cortés, que ansímismo le fué leal amigo y de todos los cristianos, y ayudó en la conquista contra los Mexicanos valerosamente, y después de sus días que- dó en el Gobierno de esta cabecera Quetzalcohuatecuhtli; á éste sucedió Tlatlachtzintemilotecuhtli, llamado D. Antonio: muerto 1 Ya hemos dicho que nuestros antiguos pueblos tenían pocas aptitudes para fundar grandes entidades sociales; y esto explica que los teochichimecas se di- vidieran desde el principio y fundaran diversos señoríos, como sucedió con el de Quiahuiztlan. No hubo pues, licencia pedida á Culhuatecuhtlicuanez, ni éste era el señor de todo el territorio, sino solamente del de Texcalticpac.
2 En el manuscrito de Panes se lee Mizquitlalcual, palabra impropia y que sin embargo es muy castiza en la lengua mexicana. El defecto consiste en ha- ber juntado al nombre Mizqicitl, las dos palabras castellanas « al cual, » forman- do de las tres una sola. Esta especie de errores abundan en ambos manuscritos, especialmente en la adición de la a ó de la i