conservarse hasta rehacerse y llegar á Tlaxcalla, si pudiese ser, sin ningún reencuencuentro por no perder más gente de la perdida. Fi- nalmente, que sin reparo ninguno les fué necesario y forzoso romper esta guerra, y entrar por los ejércitos de los Aculhuaques y pelear tan denodadamente, como si no hubieran pasado por ningún trance ni peligro de fortuna; de manera que se trabó la guerra tan cruelmente y tan deveras, que á poco rato se hin- charon los campos de cuerpos muertos y de sangre, que parecía ser cosa increíble, donde los nuestros conocidamente entendie- ron ser por milagro de Dios esta victoria, pues * conocidamen- te de nuestra parte se iba todo aflojando y perdiendo tierra por muchas veces, en vez que á cada momento venían gentes y escuadrones de refresco al socorro de los Aculhuacanenses, que no con poca dificultad los nuestros les resistían, y con me- nos esperanza de salir de entre tantos y tan crueles enemigos, porfiados y prolijos en su dura obstinación y * crueldad.
Viéndose * nuestro capitán Hernando * Cortés en tanto aprie- to y peligro de perderse él y su gente, y el notable desmayo de los nuestros, determinó entrar rompiendo como entró, por me- dio de un escuadrón con una lanza en la mano, alzando é hi- riendo á una y otra parte á enemigos, matando y atrepellando