porque dicen que ellos dieron este parecer; por- que dicen ansí, que habiéndoles tratado Hernando Cortés lar- gamente el negocio de la guerra con el más encumbrado enea- recimiento que pudo, y * habiendo dado cada uno su parecer, unos contrarios de otros, los Señores de Tlaxcalla y sus capi- tanes dieron el suyo, y fué que ante todas cosas se conquistase la provincia de Tepeyacac y toda su comarca y las demás pro- vincias sujetas á los Mexicanos, é que haciendo esto, sería desmembrar y cortar las raíces del árbol, y que quedando destron- cado sin fuerza ninguna, con facilidad se derribaría por el suelo, porque ganándole los sujetos que estaban menos fuertes, que- daría la ciudad de México sola, sin que le pudiese entrar nin- gún socorro de parte ninguna, no se podría sustentar mucho tiempo *, y que con esto se ganaría sin riesgo de tantas gentes;
y tomado México *todo lo demás se sujetaría con mucha faci- lidad, y no haciendo esto tenía fuerzas para mandar sus gentes y que se expugnaría á costa de mucha gente, porque sería gran- de su resistencia, y la guerra duraría mucho tiempo, porque al fin los vasallos habían de acudir á su Señor y Rey y á su pa- tria y República, porque todas las provincias y reynos se gober- naban por Señores Mexicanos; cuyo acuerdo, consejo y parecer quieren atribuir, ansí como tengo referido, los Tlaxcaltecas que fuese dado por ellos, que fuese dado por los nuestros: ello fué de mucho efecto y heroico pensamiento y acuerdo, pues se fué por esta orden, y se comenzó á proseguir la guerra, conquis- tando y sujetando toda la redondez de este reyno, y especial- mente los lugares y provincias más * circunstantes y * vecinas de México, y de donde se presumía que podía venirle socorro, hasta que á honra y gloria de Dios Nuestro Señor se conquistó y pacificó toda la máquina de este Nuevo Mundo, como más elegantemente lo tratan los escritores de la conquista de Méxi- co á que me refiero.